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miércoles, 25 de febrero de 2026

No hay nada mejor para un niño que tener un padre y una madre que lo hayan concebido al calor del abrazo

Rémi Brague
Rémi Brague sostiene que el ser humano siempre se nos escapa, pero no como un fluido que cabe en cualquier molde que se nos antoje, sino como un misterio que se nos confía, y al que debemos rodear con nuestra solicitud.
A Rémi Brague hoy se la critica demasiado por defender lo natural y carnal. Los hijos del Altísimo se presentan incluso como adictos al sexo, argumentando que no hay nada mejor para un niño que tener un padre y una madre que lo hayan concebido al calor del abrazo.
En nuestros tiempos extremos, la fórmula de Atanasio de que Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera convertirse en dios cristaliza en torno a una de sus consecuencias decisivas, si Dios se hizo hombre fue para salvarlo y, por tanto, también, esencialmente para que el hombre siguiera siendo humano. Frente a las tentaciones de nuestra época (que ya no es una época, como decía Günther Anders, sino una prórroga), frente a las fantasías de una regresión bestial, de un mejoramiento cibernético, de un fundamentalismo avasallador o de un suicidio colectivo, la ayuda no puede venir ni del humanismo ni del humanitarismo, en la medida en que pretenden defender al ser humano a partir de una concepción finita y egocéntrica. La imagen cristiana del hombre, por basarse en las promesas de lo Eterno, es la única que aún puede quedar en pie. Hostil a toda desfiguración, sigue siendo hospitalaria con todos los desfigurados.
Nuestro centro no está en nosotros mismos, sino en el otro, y ante todo en lo incomprensible, lo que supera incluso la “alta fantasía” (Dante, Paradiso, XXX111,142).Esto es lo que la basílica de Vézelay permite que contemplemos. Gigantes, enanos, tipos con orejas de elefante, hocico de cerdo o boca de tiburón, todo lo cual, nos dice el escultor, es digno de Pentecostés, atrapado en la red de la antropología divina. Rémi Brague declara que la verdad sobre el hombre no está en el club, sino en la corte de los milagros.

viernes, 2 de enero de 2026

La Celestina

Con el personaje de la Celestina irrumpe en la obra de Fernando de Rojas el elemento de subversión definitivo contra las categorías que compartimentan el mundo social en espacios clausurados. Su aliento corruptor alcanza hasta los últimos recovecos de su entorno. Nadie escapa a su hechizo. Como el erizo de Arquíloco, Celestina sabe ante todo una cosa, pero la sabe muy bien y es que todos estamos siempre a una distancia mínima de corrompernos. Basta que alguien que conozca nuestras debilidades nos susurre al oído las palabras adecuadas para que, sin detenernos a pensar en las consecuencias ulteriores, nos precipitemos en la tentación.
Para Celestina, la naturaleza humana no esconde secretos. Dicha naturaleza se halla, en el momento que a Rojas le toca vivir, en el trance de una crisis profunda. No aparece por ninguna parte el optimismo que los humanistas del Renacimiento italiano habían empezado a difundir por Europa. La alcahueta, docta en gramática parda, manipula a su antojo la psicología de unos seres cuyos deseos y flaquezas demuestra conocer mejor que ellos mismos. El lenguaje es la única herramienta de que dispone, pero le basta. Su astucia diabólica la vierte en el manejo de unas palabras que se infiltran en la psique de cada personaje hasta tocar las zonas más recónditas de su ser……Celestina está orgullosa de lo que es porque tiene conciencia de vivir en una sociedad donde los principios de nobleza y virtud han sido desmantelados. Nadie, por tanto, está en situación de juzgarla. Conoce la podredumbre que anida bajo la capa de respetabilidad de una emergente clase burguesa cuya supremacía se basa exclusivamente en el dinero. 
Queda así retratado un tiempo que, en esencia, es el nuestro. Un tiempo definido, en sus contornos más sombríos, por una concepción materialista de la existencia e impregnado por un venenoso aire de nihilismo. Lujuria, envidia, codicia, afán de dominio y violencia son ahora los ejes sobre los que gira un mundo que ha extraviado su centro. Fuera de ese centro (como al final de la obra razona el padre de Melibea ante el cadáver reciente de su hija) sólo hay lugar para el caos. Nuestro caos. Fernando de Rojas fue el genio llamado a describirlo, escribe Carlos Marín-Blázquez.

miércoles, 30 de abril de 2025

Una tendencia muy fuerte de eliminar el alma

“En los últimos años hay una tendencia muy fuerte de eliminar, sin sustitución adecuada, la palabra y el concepto de “alma”. Si la palabra “alma” desapareciera de nuestro uso vivo, se nos cerraría la comprensión de una fracción impresionante de la literatura, del pensamiento religioso, de lo que ha sido la vida real y el lenguaje humano durante “, escribe Julián Marías, filósofo y ensayista español.
“La vitalidad o “alma corporal” es aquello de donde manan todos los actos; la vitalidad, ascendente o descendente, es “contagiosa”, nutre todo el resto de nuestra persona, y como una savia animadora asciende a las cumbres de nuestro ser, manifiesta Julián Marías. Esa cumbre, el centro último y superior, lo más personal de la persona es lo que llamamos espíritu, el conjunto de actos íntimos de que nos consideramos actores y protagonistas; por ejemplo, la voluntad o los actos de pensamiento…..Entre vitalidad y espíritu se interpone la zona del alma, en la cual todo dura y se alarga en el tiempo.” 

domingo, 28 de enero de 2024

Donde los hombres construyen una torre babilónica, allí impera la confusión babilónica

El filósofo alemán Robert Spaemann escribe que la impiedad es aquella orientación en la que el hombre rechaza a Dios o vive como si no existiera.El impío se pone a si mismo, como individuo o como colectivo, en el centro a partir del cual juzga lo que es bueno y lo que es malo, lo que es bello y lo que es feo, lo que ha de hacerse y lo que ha de omitirse. Los hombres  de perspectiva impía forman un “consejo”, esto es, una comunidad de entendimiento. En esa comunidad no reina una autentica paz porque, donde los hombres se erigen en el centro, donde construyen una torre babilónica, allí impera la confusión babilónica. El conflicto está preprogramado.

sábado, 25 de diciembre de 2021

Recuperaremos la paz dejando de ser nosotros mismos el centro de nuestro afecto y atención.

Fernando Ocáriz

Escribe Don Fernando Ocáriz que la paz suele identificarse con la estabilidad en la vida personal, profesional y de relaciones; en las familias, esperanza de un futuro para los hijos; buena salud; tranquilidad económica; saber que alguien se ocupará de nosotros con cariño cuando seamos ancianos; que los sueños se cumplan, también los de las personas queridas. En el fondo, lo que da paz es amar y ser amados.


Dejemos de ser nosotros mismos el centro de nuestro afecto y atención

Sin embargo,manifiesta monseñor Ocáriz, la vida parece consistir en esperar algo que nunca se alcanza del todo. Proyectos cumplidos y otros malogrados, felicidad y sufrimiento, salud y enfermedad. Esta experiencia de límites inexorables indica que una herida de origen atraviesa la humanidad...Recuperaremos la paz ante las dificultades y problemas, dejando de ser nosotros mismos el centro de nuestro afecto y atención.

domingo, 23 de diciembre de 2018

El hombre es el centro de todo lo que ocurre en el mundo.

Giovanni Pico della Mirandola (1463-1494), cuyo Discurso sobre la dignidad del hombre puede ser considerado la obra señera de la corriente humanista dice que “el hombre es el centro de todo lo que ocurre en el mundo, con su libertad y capacidad de decisión, que deberían conducirle hacia Dios”.