Mostrando entradas con la etiqueta narrador. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta narrador. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de agosto de 2026

Marx creía que los individuos son un reflejo del mundo en el que viven

Karl Marx
Karl Marx era un judío burgués en una ciudad predominantemente católica, de un país cuya religión oficial era el protestantismo evangélico. Murió ateo y apátrida, habiendo dedicado su vida a predecir el derrocamiento de la burguesía y la disolución del Estado-nación. En este distanciamiento de la religión, de la estructura de clases y de la nacionalidad personificaba la alienación, a la que identificaba como maldición infligida por el capitalismo sobre la humanidad. Tal vez este respetable alemán de clase media pueda parecer poco representativo de las masas oprimidas, pero su emblemática posición social no hubiese sorprendido al propio Marx, que creía que los individuos son un reflejo del mundo en el que viven.
Su hija Leonor afirmaba que su padre “era un narrador de historias incomparable, excepcional”.

miércoles, 8 de marzo de 2023

El pasado ya no ilumina el porvenir

Hannah Arendt, una de las filósofas más influyentes del siglo XX, se mantuvo siempre alejada de la literatura histórica por una razón muy clara: “La literatura histórica no es otra cosa, en última instancia, que justificación de lo que sucedió”, o, lo que es lo mismo, historia deformada por la mano de los vencedores. No hay conocimiento histórico neutro, y eso queda explicitado desde la cita de Isak Dinesen: “Todas las penas pueden soportarse si las ponemos en una historia o contamos una historia sobre ellas”. Historia para la vida, si se quiere decir así, pero en ningún caso para el consuelo.Las historias nos revelan un actor, pero no un autor. Aquel significado sólo emerge a la superficie de la narración merced al narrador: “No es el actor sino el narrador quien acepta y hace la historia”, afirma Hannah Arendt. 
Decía Tocqueville, “el pasado ya no ilumina el porvenir, el espíritu humano camina entre tinieblas”.


viernes, 7 de febrero de 2020

Necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos



El Papa Francisco en Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales ha dedicado su mensaje a la narración. Desde la infancia, dice el Papa, tenemos hambre de historias como tenemos hambre de alimentos. Ya sean en forma de cuentos, de novelas, de películas, de canciones, de noticias…, las historias influyen en nuestra vida, aunque no seamos conscientes de ello. A menudo decidimos lo que está bien o mal hacer basándonos en los personajes y en las historias que hemos asimilado.

El hombre no es solamente el único ser que necesita vestirse para cubrir su vulnerabilidad (cf. Gn 3,21), sino que también es el único ser que necesita “revestirse” de historias para custodiar su propia vida. El hombre es un ser narrador porque es un ser en realización, que se descubre y se enriquece en las tramas de sus días. Pero, desde el principio, nuestro relato se ve amenazado; en la historia serpentea el mal.



Mientras que las historias utilizadas con fines instrumentales y de poder tienen una vida breve, una buena historia es capaz de trascender los límites del espacio y del tiempo. A distancia de siglos sigue siendo actual, porque alimenta la vida. En una época en la que la falsificación es cada vez más sofisticada y alcanza niveles exponenciales (el deepfake), necesitamos sabiduría para recibir y crear relatos bellos, verdaderos y buenos. Necesitamos valor para rechazar los que son falsos y malvados.

sábado, 25 de agosto de 2018

Las novelas ponen al descubierto los colores y las complejidades de nuestras vidas.


Orhan Pamuk, escritor turco y Premio Nobel de Literatura 2006 dice que las novelas son segundas vidas. Como los sueños de los que habla el poeta francés Gérard de Nerval, las novelas ponen al descubierto los colores y las complejidades de nuestras vidas y están llenas de gente, rostros y objetos que creemos reconocer. Cuando nos sumergimos en una novela, y al igual que sucede en los sueños, a veces es tan honda la impresión que nos causa la extraordinaria naturaleza de las cosas que leemos, que olvidamos dónde estamos y es como si estuviésemos rodeados de la gente y los acontecimientos imaginarios que estamos presenciando. En esas ocasiones, tenemos la sensación de que el mundo ficticio que descubrimos es más real que el propio mundo real. El hecho de que esas segundas vidas puedan parecemos más reales que la realidad significa a menudo que sustituimos las novelas por la realidad, o al menos que las confundimos con la vida real.

Orhan Pamuk
Cuando recreamos en nuestra imaginación lo que nos están diciendo las palabras, los lectores completamos la historia. Al hacerlo, damos impulso a nuestra imaginación buscando lo que dice el libro o lo que el narrador quiere que diga, lo que pretende decir, lo que suponemos que dice; en otras palabras, buscando el centro de la novela.