Imaginemos que nos enteramos en este momento de que nunca moriremos. No pasaremos después de la muerte a un más elevado modo de vida, como nos enseña la fe cristiana; sino que siempre viviremos tal cual ahora somos, sin dolor y sin hacernos viejos. Quien tenga la suficiente fantasía para imaginar lo que esto significa, comprenderá enseguida que sería una catástrofe. Alguno quizá podría vivir a gusto hasta los doscientos años; pero al ser infinito, cada momento, cada alegría y cada encuentro humano caería poco a poco en la intrascendencia. Todo lo que ahora hacemos, podríamos hacerlo igualmente mañana o pasado mañana; todo daría completamente igual. Pero el momento presente tiene justamente valor porque nunca volverá. En una vida sin fin nada sería valioso. Tenemos así una situación paradójica, sin la preocupación por una vida amenazada por el final no cabe una existencia plena. Ni la autoconservación ni el placer son el verdadero sentido de la vida, ya que, de una parte, deberíamos desear vivir eternamente, y de otra, esa vida no sería valiosa. Por lo demás, ni la conservación ni el placer los queremos a cualquier precio. Uno puede sacrificar su vida por otro, y puede, como dice Brecht, “tener más miedo a su mala vida que a la muerte”, escribe Robert Spaemann, filósofo alemán.
Mostrando entradas con la etiqueta viejo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viejo. Mostrar todas las entradas
miércoles, 25 de marzo de 2026
Imaginemos que nos enteramos de que nunca moriremos
Etiquetas:
autoconservación,
catástrofe,
dolor,
existencia,
fe cristiano,
infinito,
intrascendencia,
mala vida,
morir,
muerte,
placer,
sacrificar la vida,
sentido de la vida,
valor,
vida,
vida sin fin,
viejo,
vivir eternamente
domingo, 5 de mayo de 2024
Cuanto más nos acercamos a la tumba, más la muerte se aleja de nuestro pensamiento
Escribe Axel Munthe en su libro La historia de San Michele que “Dios, en su misericordia, ha hecho la muerte invisible a los ojos del hombre. Sabemos que está ahí, a nuestra espalda, como nuestra sombra; que nunca nos pierde de vista y, sin embargo, nunca la vemos y rara vez pensamos en ella. Más extraño es todavía el que cuanto más nos acercamos a la tumba, más la muerte se aleja de nuestro pensamiento. Realmente, era preciso un Dios para obrar tal milagro. Rara vez hablan de la muerte los viejos. Sus velados ojos parecen no querer ver más que lo pasado y lo presente. Poco a poco, mientras la memoria se debilita, lo pasado se va haciendo más indistinto y se vive casi por entero en lo presente. De ahí que, si sus días son tolerablemente indolentes, como quiere la naturaleza, los viejos sean, por regla general, menos infelices de lo que creen los jóvenes. Sabemos que debemos morir. En realidad es lo único que sabemos de lo que nos aguarda. Todo lo demás es pura suposición, la mayor parte de las veces equivocada. Como niños perdidos en el bosque, vamos a tientas por el camino de nuestra vida en la feliz ignorancia de lo que nos espera de un instante a otro, sin saber qué penas habremos de afrontar, qué aventuras más o menos emocionantes encontraremos antes de la Gran Aventura, la más emocionante de todas, la aventura de la muerte. De vez en cuando, perplejos, arriesgamos una tímida pregunta a nuestro destino, pero sin obtener respuesta, porque las estrellas están demasiado lejanas. Cuanto antes nos percatamos de que nuestro sino está en nosotros mismos y no en las estrellas, tanto mejor para nosotros”.
“Tenemos que sufrir solos las penas lo mejor que podamos; no está bien intentar echarlas sobre los demás, sean hombres o mujeres. Solos debemos librar nuestras batallas y herir lo más fuerte posible, puesto que somos combatientes natos. La paz vendrá un día para todos, paz sin deshonor, aun para el vencido si ha intentado desempeñar su papel hasta el fin.”
domingo, 11 de diciembre de 2022
El Anciano de los Días
Cuenta John H. Newman que cuando Jesús en una ocasión se refirió a Abraham y dio a entender que Él había conocido al patriarca, ellos comentaron en son de burla: “¿No tienes aún cincuenta años y has visto a Abraham?”. A lo que Jesús contestó: “Os aseguro que antes de que Abraham fuera creado, yo existía” (cfr. Io VIII, 52 s.). El Señor había visto a Abraham, que vivió dos mil años antes, pero en realidad Jesús no tenía dos mil años, como tampoco tenía cincuenta. No tenía dos mil años porque no tenía años. Era el Anciano de los Días, que nunca tuvo comienzo y que nunca iba a tener fin, que se encuentra por encima y más allá del tiempo, que siempre es joven, que siempre está comenzando, que nunca ha sido, que es tan viejo como joven, que era tan viejo y tan joven en tiempos de Abraham como cuando vino a la tierra para satisfacer por nuestros pecados. Por eso dice: “Antes de que Abraham fuera, yo soy” y no yo era, porque Él no conoce pasado ni futuro. No puede afirmarse de Él, propiamente hablando, que fue o que será, sino que es. Él es siempre. Siempre el mismo: no más viejo por haber vivido dos mil años más, ni más joven por no haberlos vivido.
martes, 28 de junio de 2022
La vejez es el pináculo de la vida
Epicuro creía que la vejez era el pináculo de la vida, la mejor época de todas. En la colección conocida como “Máximas vaticanas” (el manuscrito lleva este nombre porque se descubrió en la Biblioteca del Vaticano en el siglo XIX), se le recuerda afirmando: “No es el joven quien debe ser considerado afortunado sino el viejo que ha bien vivido, pues el joven en la flor de la juventud, yerra guiado por sus ideas confusas, en tanto que el viejo ha arribado a la vejez como a un puerto seguro, habiendo protegido su verdadera felicidad”.
Epicuro nos transmite que “no es lo que tenemos sino lo que disfrutamos, lo que constituye nuestra abundancia”.
domingo, 17 de mayo de 2020
La fe consiste en dar a la vida un sentido que no es destruido por la muerte
Para Lev Nikoláievich Tolstói la fe consiste en dar a la vida un sentido que no es destruido por la muerte. Naturalmente, la fe debe responder a las preguntas de un zar que muere rodeado de lujo, de un viejo esclavo exhausto por el trabajo, de un niño que no piensa, de un viejo sabio, de una vieja chiflada, de una mujer joven y feliz, de un hombre joven consumido por las pasiones; debe responder a las preguntas de personas cuyas condiciones de vida y cuya educación son totalmente diferentes; y si hay una respuesta que responda a la eterna pregunta de la vida “¿Por qué vivo y qué resultará de mi vida?”.
viernes, 8 de mayo de 2020
Preguntando a Tales
Preguntado Tales: ¿Qué es lo más viejo?, contestó: Dios, pues es eterno. ¿Qué lo más hermoso? El universo, pues es creación de Dios. ¿Qué lo más grande? El espacio, pues lo abarca todo. ¿Qué lo más sabio? El tiempo, pues todo lo descubre. ¿Qué lo más rápido? El pensamiento, pues lo recorre todo. ¿Qué es lo más fuerte? La necesidad, pues lo domina todo.
lunes, 5 de agosto de 2019
Con la edad llega la sabiduría
![]() |
| Universidad de Montreal |
Un estudio realizado por la Universidad de Montreal ha revelado que la mente de los ancianos es más eficiente que la de las personas más jóvenes. El doctor Oury Monchi, principal investigador del estudio, escribe: “Ahora existen evidencias neurobiológicas que demuestran que con la edad llega la sabiduría y que a medida que el cerebro envejece, también aprende a emplear mejor sus recursos”. Y las investigaciones llevadas a cabo en la Universidad de California, en San Diego, han descubierto que “un cerebro más lento puede ser un cerebro más sabio”, porque en la vejez las partes del cerebro que rigen el pensamiento abstracto y filosófico y la anticipación perceptiva están libres de las distracciones causadas por la dopamina, un neurotransmisor. El estudio concluyó: “El cerebro de un anciano al depender menos de la dopamina, hace que este sea menos impulsivo y tenga un mayor dominio de las emociones”.
Russell, que vivió hasta los noventa y ocho años (atribuía su longevidad a haber elegido sus antepasados a conciencia), escribió en su ensayo de 1975 Cómo envejecer: “Psicológicamente, existen dos peligros contra los que hay que estar vigilante cuando se llega a viejo. Uno de ellos consiste en absorberse indebidamente en el pasado. No se debe vivir de memorias, lamentándonos por el buen tiempo pasado, tristes por los amigos que murieron. Nuestros pensamientos deben estar dirigidos hacia el futuro y hacia cosas en las que se pueda hacer algo”.
Etiquetas:
anciano,
cerebro,
distracciones,
dominio,
dopamina,
eficiente,
futuro,
hacer,
longevidad,
memorias,
mente,
pasado,
pensamiento,
sabiduría,
viejo
lunes, 22 de abril de 2019
Retroceso de la fecundidad
A corto plazo las consecuencias del retroceso de la fecundidad parecen benéficas, menos permisos por maternidad y menos gastos de salud para los niños de pecho. A más largo plazo, dos consecuencias son ciertas, la disminución del número de habitantes; la disminución de la población y el aumento concomitante de la proporción de personas ancianas, lo que implica que “los jóvenes activos del día de mañana deberán privarse de los frutos provenientes de las ganancias de productividad para subvenir a las necesidades de los viejos convertidos proporcionalmente en más numerosos”.
martes, 26 de diciembre de 2017
Informe sobre la realidad juvenil española .
El Octavo informe general sobre la realidad juvenil española publicado por la Fundación SM entre otras cosas dice que los jóvenes consideran como "muy importante" (por encima del 80% de ellos lo declaran) “la salud” y “la familia”. Todo lo demás está muy por debajo. En el caso de “la política”, un 38,2 % de los jóvenes la consideran “no muy importante” en sus vidas y un 19 % “nada importante”. En el de “la religión” el 33,5 % la consideran “no muy importante” y el 47,7 % “nada importante”.
Un 13% de los jóvenes españoles va a misa al menos una vez al mes o con más frecuencia, a los que hay que sumar otro 7% que va en festividades como Navidad o Semana Santa. Un 78% no van nunca o prácticamente nunca. Los católicos practicantes o "muy buenos católicos" son un 8% de los jóvenes españoles, mientras que los ateos declarados son casi el 24%. Un cálculo rápido permite deducir que hay sólo unos 280.000 varones católicos practicantes en España entre los 18 y 35 años.
Aunque valoran la familia, el matrimonio les resulta una opción no muy atractiva. Un 32% piensa casarse después de cohabitar con una pareja (pese a todos los estudios que demuestran que la cohabitación aumenta el riesgo de ruptura), sólo un 7,4% piensa casarse sin pasar por cohabitaciones previas y apenas un 3,6% ya está casado. Un 31% excluyen directamente la posibilidad de casarse y un 29% dice que no sabe lo que hará (hace diez años, sólo un 17% decía no saber lo que haría).
Los autores del estudio señalan además que quizá por primera vez en la historia, ser viejo protege contra la pobreza, y ser joven aboca a ella: los pensionistas han capeado razonablemente bien la crisis, mientras que los jóvenes, incluso con trabajos, están en la precariedad: "No tenemos vejez desasistida pero asistimos a la inédita aparición de jóvenes con perspectivas vitales quebradas o, incluso, en situación de pobreza", afirma en el informe José Juan Toharia, presidente de Metroscopia.
El informe constata cada vez más laxitud moral: "Se ha producido un paulatino pero cada vez más acelerado aumento de la laxitud moral frente a todos los comportamientos propuestos, incluidos los que implican violencia física, el terrorismo, la violencia de género o la pena de muerte, como los familiares-sexuales. La aceleración de esta erosión es sorprendente dentro de la segunda etapa habida cuenta de los diferenciales, desde el Informe de 2005 hasta el presente, es decir, durante el período de crisis, y apunta cada vez con más claridad a la pérdida de sensibilidad moral y a esa incipiente “ceguera moral” de la que habla Zygmunt Bauman.
La eutanasia y el divorcio tienen menos aceptación que en 2005, y el aborto, después de muchos años de debates sobre las leyes abortistas, sólo ha ganado, 0,4 décimas más de apoyo. En cuanto a instituciones, desde 2005 la Iglesia ha ganado algo de confianza de los jóvenes (del 21% a casi el 23%), mientras que otras instituciones caían en picado: los sindicatos, la prensa, el Parlamento y la monarquía. Ganaban confianza las Fuerzas Armadas, la Policía y las multinacionales.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












