El hombre es un ser relacional. Si se trastoca la primera y fundamental relación del hombre, la relación con Dios, entonces ya no queda nada más que pueda estar verdaderamente en orden. De esta prioridad se trata en el mensaje y el obrar de Jesús. El quiere en primer lugar llamar la atención del hombre sobre el núcleo de su mal y hacerle comprender que si no eres curado en esto, no obstante todas las cosas buenas que puedas encontrar, no estarás verdaderamente curado, escribe Joseph Ratzinger.
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domingo, 10 de mayo de 2026
La relación con Dios
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domingo, 14 de diciembre de 2025
Un Estado de derecho bajo un dogma ateísta radical no tiene ninguna oportunidad de sobrevivir
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| Joseph Ratzinger |
“Toda dictadura comienza condenando el derecho como una herejía. Quien lucha por Europa, lucha, por consiguiente, por la democracia, pero en el vínculo indisoluble con la eunomía. Si la eunomía es una premisa de la capacidad vital de la democracia, como oposición a la tiranía y la oclocracia, entonces, a su vez, una premisa fundamental de la eunomía sería el respeto común y vinculante para el derecho público de los valores morales y de Dios. Esto incluye la tolerancia y el espacio para las personas ateas, y no puede tener nada que ver con una obligatoriedad de la fe. Solo que, en cierto sentido, las cosas deberían estar a la inversa de como empiezan a perfilarse en la actualidad. El ateísmo empieza a ser el dogma público fundamental, mientras que la fe se tolera como una opinión privada, con lo cual, a fin de cuentas, deja de ser tolerada en su esencia.”
“A la larga, un Estado de derecho bajo un dogma ateísta radical no tiene ninguna oportunidad de sobrevivir y que, en este sentido, necesitamos una reflexión profunda, tratada como una cuestión de supervivencia. De igual modo, me atrevo a afirmar que la democracia solo está en condiciones de funcionar si la conciencia funciona; también afirmo, dice Benedicto XVI, que esa conciencia se queda sin enunciados cuando no se orienta según la vigencia de los valores morales básicos de lo cristiano, los cuales pueden realizarse también sin adherirse a la fe cristiana, incluso en el contexto de una religión no cristiana."
“A la larga, un Estado de derecho bajo un dogma ateísta radical no tiene ninguna oportunidad de sobrevivir y que, en este sentido, necesitamos una reflexión profunda, tratada como una cuestión de supervivencia. De igual modo, me atrevo a afirmar que la democracia solo está en condiciones de funcionar si la conciencia funciona; también afirmo, dice Benedicto XVI, que esa conciencia se queda sin enunciados cuando no se orienta según la vigencia de los valores morales básicos de lo cristiano, los cuales pueden realizarse también sin adherirse a la fe cristiana, incluso en el contexto de una religión no cristiana."
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sábado, 22 de marzo de 2025
Europa necesita una nueva aceptación crítica y humilde de sí misma, de su herencia
Benedicto XVI recuerda qué Europa no es el islam, qué la constituye (Grecia, Jerusalén, Jesucristo, Roma, Edad Media y algunas contribuciones de la era moderna). Sobre el islam, su punto de vista es que aferrarse a determinadas tradiciones religiosas produce fanatismo político y militar y que la instrumentalización de las energías religiosas en función de la política es algo muy cercano a la traducción islámica.
Liberalismo y marxismo coincidían en negar a la religión tanto el derecho como la capacidad de plasmar la Res publica y el futuro común de la humanidad. En el transcurso de la segunda mitad del siglo XX, la religión fue redescubierta como una fuerza inalienable de la vida individual y social, y se puso en evidencia, según Benedicto XVI, que el futuro del ser humano no puede ser planeado ni construido a espaldas de ella. Lo anterior no implica involucrar a la religión en las contiendas políticas y en las discusiones ideológicas. Hay que evitar a su vez que la pérdida de una ideología que antes sustentaba la vida, como el marxismo, desemboque en el nihilismo. El relativismo desarrolla una creciente inclinación al nihilismo.
La acción política bajo el signo del mito del progreso desconoce la libertad del hombre, llamada a decidir en cada generación, y la sustituye por supuestas leyes naturales de la historia. Esta concepción, según Ratzinger, es contraria a la libertad en su punto de partida e implica a la vez un carácter antimoral. La moral se sustituye por la mecánica, y con ello se niega el fundamento auténtico de una política humanamente digna.
Para Europa, el peligro no es la economía, sino el desprecio al ser humano por subordinar la moral a las necesidades del sistema y a las promesas de futuro. La verdadera catástrofe no es de naturaleza monetaria; es la desolación de los espíritus, la destrucción de la conciencia moral. El problema del viejo continente, para Ratzinger, tiene que ver con la liquidación de las certidumbres originarias del ser humano acerca de Dios, de sí mismo y del universo; en segundo lugar, con la supresión de la conciencia de unos valores morales que no son de libre disposición.
Sobre el futuro de Europa, una de las grandes pegas, para Ratzinger, se halla en la línea política iniciada últimamente por sus dirigentes. Se ha esfumado el entusiasmo inicial, tras la Segunda Guerra Mundial, por el retorno a las grandes constantes de la herencia europea. La unión se lleva a cabo casi exclusivamente en aspectos económicos, dejando a un lado en gran medida la cuestión de los fundamentos espirituales de la comunidad. Sin embargo, la verdadera garantía de la libertad y de la grandeza del ser humano es la existencia de valores no manipulables, la preeminencia de la dignidad humana y de los derechos fundamentales sobre cualquier decisión política.Para sobrevivir, Europa necesita una nueva aceptación crítica y humilde de sí misma, de su herencia. La tolerancia y el multiculturalismo no presuponen la huida de lo propio. Al contrario, ni siquiera el multiculturalismo y la tolerancia pueden existir sin constantes comunes y sin respeto a lo sagrado.
Liberalismo y marxismo coincidían en negar a la religión tanto el derecho como la capacidad de plasmar la Res publica y el futuro común de la humanidad. En el transcurso de la segunda mitad del siglo XX, la religión fue redescubierta como una fuerza inalienable de la vida individual y social, y se puso en evidencia, según Benedicto XVI, que el futuro del ser humano no puede ser planeado ni construido a espaldas de ella. Lo anterior no implica involucrar a la religión en las contiendas políticas y en las discusiones ideológicas. Hay que evitar a su vez que la pérdida de una ideología que antes sustentaba la vida, como el marxismo, desemboque en el nihilismo. El relativismo desarrolla una creciente inclinación al nihilismo.
La acción política bajo el signo del mito del progreso desconoce la libertad del hombre, llamada a decidir en cada generación, y la sustituye por supuestas leyes naturales de la historia. Esta concepción, según Ratzinger, es contraria a la libertad en su punto de partida e implica a la vez un carácter antimoral. La moral se sustituye por la mecánica, y con ello se niega el fundamento auténtico de una política humanamente digna.
Para Europa, el peligro no es la economía, sino el desprecio al ser humano por subordinar la moral a las necesidades del sistema y a las promesas de futuro. La verdadera catástrofe no es de naturaleza monetaria; es la desolación de los espíritus, la destrucción de la conciencia moral. El problema del viejo continente, para Ratzinger, tiene que ver con la liquidación de las certidumbres originarias del ser humano acerca de Dios, de sí mismo y del universo; en segundo lugar, con la supresión de la conciencia de unos valores morales que no son de libre disposición.
Sobre el futuro de Europa, una de las grandes pegas, para Ratzinger, se halla en la línea política iniciada últimamente por sus dirigentes. Se ha esfumado el entusiasmo inicial, tras la Segunda Guerra Mundial, por el retorno a las grandes constantes de la herencia europea. La unión se lleva a cabo casi exclusivamente en aspectos económicos, dejando a un lado en gran medida la cuestión de los fundamentos espirituales de la comunidad. Sin embargo, la verdadera garantía de la libertad y de la grandeza del ser humano es la existencia de valores no manipulables, la preeminencia de la dignidad humana y de los derechos fundamentales sobre cualquier decisión política.Para sobrevivir, Europa necesita una nueva aceptación crítica y humilde de sí misma, de su herencia. La tolerancia y el multiculturalismo no presuponen la huida de lo propio. Al contrario, ni siquiera el multiculturalismo y la tolerancia pueden existir sin constantes comunes y sin respeto a lo sagrado.
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domingo, 18 de agosto de 2024
Tenemos que aprender la valentía de la bondad
¿Y no encontramos también a nuestro alrededor personas explotadas y maltratadas? Las víctimas de la droga, del tráfico de personas, del turismo sexual; personas destrozadas interiormente, vacías en medio de la riqueza material. Todo esto nos afecta y nos llama a tener los ojos y el corazón de quien es prójimo, y también el valor de amar al prójimo. Pues quizás el sacerdote y el levita pasaron de largo más por miedo que por indiferencia. Tenemos que aprender de nuevo, desde lo más íntimo, la valentía de la bondad; sólo lo conseguiremos si nosotros mismos nos hacemos buenos interiormente, si somos prójimos desde dentro y cada uno percibe qué tipo de servicio se necesita en mi entorno y en el radio más amplio de mi existencia, y cómo puedo prestarlo yo.
¿No es cierto que el hombre, la criatura hombre, ha sido alienado, maltratado, explotado, a lo largo de toda su historia? La gran mayoría de la humanidad ha vivido casi siempre en la opresión; y desde otro punto de vista, los opresores, ¿son realmente la verdadera imagen del hombre?, ¿acaso no son más bien los primeros deformados, una degradación del hombre? Karl Marx describió drásticamente la alienación del hombre; aunque no llegó a la verdadera profundidad de la alienación, pues pensaba sólo en lo material, aportó una imagen clara del hombre que había caído en manos de los bandidos.
Referencia: Jesús De Nazaret de Joseph Ratzinger
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viernes, 2 de febrero de 2024
Con la difusión de los anticonceptivos todas las formas de sexualidad quedaron equiparadas
Joseph Ratzinger afirma que la legalización del "matrimonio homosexual" responde a "una deformación de la conciencia que evidentemente ha calado de forma profunda en sectores del pueblo católico”. El concepto mismo de "matrimonio homosexual, está en contradicción con todas las culturas de la humanidad que se han sucedido hasta hoy, y por tanto significa una revolución cultural que se contrapone a toda la tradición de la humanidad hasta hoy”. En efecto, pese a las grandes diferencias que la configuración familiar ha conocido, se ha mantenido siempre lo "fundamental", a saber, que "la comunidad de hombre y mujer y la apertura a la transmisión de la vida determinan la esencia de lo que se denomina matrimonio". Era, hasta ahora, "una certeza originaria obvia para la humanidad”.
¿Cómo se ha podido producir una ruptura de esta naturaleza, llegando a quebrar esta convicción? Benedicto XVI se remonta a la difusión de la píldora anticonceptiva,"que hizo posible la separación entre fecundidad y sexualidad". Con ello, "todas las formas de sexualidad quedan equiparadas". "Este nuevo mensaje contenido en la invención de la píldora, ha transformado profundamente la conciencia de los hombres, al principio lentamente, luego cada vez con mayor claridad”. Pero hay una segunda consecuencia, y es que la fecundidad empieza a ser vista como algo separado de la sexualidad. "Parecerá justo entonces no seguir confiando la procreación del hombre a la ocasional pasión del cuerpo, sino planificar y producir el hombre racionalmente". Un proceso en el que estamos inmersos, y que implica que el hombre "deja de ser engendrado para ser fabricado" y deja de ser "un don recibido" para ser "un producto planificado”.
“Se renuncia a la grandeza del hombre, se renuncia a su indisponibilidad y a su dignidad, que está por encima de toda planificación”. "El hombre posee una naturaleza que le ha sido dada, y violentarla o negarla conduce a la autodestrucción", concluye que "de esto se trata también en el caso de la creación del hombre como hombre y mujer, que ignora el postulado del matrimonio homosexual".
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domingo, 4 de junio de 2023
Amar también al enemigo
Joseph Ratzinger escribe que contraponiendo a las antiguas disposiciones de la Torá una nueva radicalidad de la justicia ante Dios: no sólo no matar, sino salir al encuentro del hermano con el que se está enfrentado para buscar la reconciliación. No más divorcios; no sólo igualdad en el derecho (ojo por ojo, diente por diente), sino dejarse pegar sin devolver el golpe; amar no sólo al prójimo, sino también al enemigo.
domingo, 12 de diciembre de 2021
El Vaticano II se apoya en la misma autoridad que el Vaticano I y el concilio Tridentino
| Concilio Vaticano II |
Contestando a algunos opinadores radiofónicos, busco a Ratzinger y utilizando sus palabras tengo que decir que “frente a estas dos posiciones contrapuestas hay que dejar claro, ante todo, que el Vaticano II se apoya en la misma autoridad que el Vaticano I y el concilio Tridentino, es decir, el Papa y el Colegio de los obispos en comunión con él. En cuanto a los contenidos, es preciso recordar que el Vaticano II se sitúa en rigurosa continuidad con los dos concilios anteriores y recoge literalmente su doctrina en puntos decisivos”.
lunes, 19 de julio de 2021
El punto de vista político
Pensemos, dice Joseph Ratzinger, en la resurrección de Lázaro de Betania que nos narra el Evangelio de Juan. ¿Qué ocurre? Muchos judíos. creyeron en él, nos dice el evangelista. Van a los fariseos y les cuentan lo ocurrido, tras lo cual se reúne el Sanedrín para deliberar. Allí se ve la cuestión desde el punto de vista político. Se podía producir un movimiento popular que alertaría a los romanos y provocar una situación peligrosa. Entonces se decide matar a Jesús, el milagro no conduce a la fe, sino al endurecimiento.
domingo, 13 de junio de 2021
Es propio de la tentación adoptar una apariencia moral
Es propio de la tentación, dice Joseph Ratzinger, adoptar una apariencia moral. No nos invita directamente a hacer el mal, eso sería muy burdo. Finge mostrarnos lo mejor; abandonar por fin lo ilusorio y emplear eficazmente nuestras fuerzas en mejorar el mundo. Además, se presenta con la pretensión del verdadero realismo. Lo real es lo que se constata, poder y pan. Ante ello, las cosas de Dios aparecen irreales, un mundo secundario que realmente no se necesita.
viernes, 11 de septiembre de 2020
No es lo mismo Verdad y veracidad
Cuenta Angel Cabrero Ugarte (Segovia 1952), doctor en Derecho en la Universidad de Navarra que no es lo mismo Verdad y veracidad. Son dos conceptos distintos. La verdad es un concepto ontológico. Las cosas son como son. El mundo es como es y cuando decimos cómo es el mundo, sin inventar nada, estamos mostrando la verdad de las cosas. Pero en nuestra conversación habitual cuando hablamos de lo que es verdadero andamos más cerca de la veracidad. Somos veraces cuando queremos decir exactamente lo que es como es.
Tenemos la impresión de que los políticos mienten como bellacos. Esto es un problema gordo porque, aunque haya personas perfectamente de fiar, llega un momento que la desconfianza prevalece. La vida se complica mucho cuando predomina la duda.
La veracidad no está de moda. Esto enreda mucho la convivencia. Solo estás a gusto en un grupo de amigos en quienes confías plenamente. Cuando ni se te ocurre pensar en que estén mintiendo. Lo malo es cuando se miente en conversaciones esenciales. Cuando se procura engañar, para salir de un atolladero, en cuestiones profesionales o familiares de importancia. Lo malo es cuando tienes la convicción de que un político te engaña, si ves que mienten con toda tranquilidad. Y, lo que es peor, se llega a saber, con el tiempo, que aquello era falso y al escándalo del momento al saberlo, sigue un acostumbramiento, manifiesta Angel Cabrero.
“Por supuesto, dice Joseph Ratzinger, el camino alto y arduo que conduce a la verdad y al bien no es un camino cómodo. Es un desafío al hombre. Pero quedarse tranquilamente encerrados en sí mismos no libera, antes bien, actuando así nos malogramos y nos perdemos. Escalando las alturas del bien, el hombre descubre cada vez más la belleza que hay en la ardua fatiga de la verdad y descubre también que justo en ella está para él la redención”.
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martes, 20 de junio de 2017
Si falta la verdadera esperanza.
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| si falta la verdadera esperanza..... |
Contaba Joseph Ratzinger que si falta la verdadera esperanza, se busca la felicidad en la embriaguez, en lo superfluo, en los excesos, y los hombres se arruinan a sí mismos y al mundo. La moderación no solo es una regla ascética, sino también un camino de salvación para la humanidad. Solo adoptando un estilo de vida sobrio, acompañado del serio compromiso por una distribución equitativa de las riquezas, será posible instaurar un orden de desarrollo justo y sostenible.
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domingo, 6 de noviembre de 2016
Frente al tentador brillo de la imagen del hombre que da Nietzsche.
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| Nietzsche |
La verdadera moral del cristianismo es el amor, escribe Joseph Ratzinger. Y éste, obviamente, se opone al egoísmo; es un salir de uno mismo, pero es precisamente de este modo como el hombre se encuentra consigo mismo. Frente al tentador brillo de la imagen del hombre que da Nietzsche, este camino parece en principio miserable, incluso poco razonable. Pero es el verdadero camino; sólo por la vía del amor se descubre la riqueza de la vida, la grandiosidad de la vocación del hombre.
el verdadero camino de alta montaña de la vida; sólo por la vía del amor, cuyas sendas se describen en el Sermón de la Montaña
la grandiosidad de la vocación del hombre
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