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viernes, 31 de octubre de 2025

Dios no cancela a nadie


Robert Barron, filósofo estadounidense, hablando de la cultura de la cancelación dice que “los relatos de la resurrección del Señor revelan lo contrario de la cultura de la cancelación. A las mismas personas que lo habían negado, traicionado y abandonado, Jesucristo pronuncia la incomparablemente bella palabra shalom (paz, en hebreo). En cualquier narración convencional de una historia como esta, el personaje ofendido, que regresa del reino de los muertos, sin duda intentaría vengarse. Pero en la historia de los Evangelios, el hombre que había sido herido tan en profundidad como se pueda ofender a una persona, regresa con un amor que perdona. Si alguien en la historia de la humanidad ha merecido ser cancelado, es todo aquel que contribuyó a la muerte de Jesús. Pero en lugar de ello, se le concede el perdón. Lo cual implica que todo pecado se puede perdonar. Dios no cancela a nadie. Así que la cultura de la cancelación, que dice que todo está permitido pero que nada es perdonado, ha de ser contrarrestada por los cristianos. A la luz de la cruz, sabemos que muchas cosas no han de ser permitidas, pero a la luz de la resurrección, en principio todo puede ser perdonado”.

jueves, 20 de marzo de 2025

La Iglesia católica opuso una dura resistencia y condenó el racismo antijudío

La historia de las relaciones entre la Iglesia católica y el judaísmo ha atravesado momentos difíciles, de controversia, con frecuencia de conflicto, con acusaciones y ofensas recíprocas. Si bien, fue precisamente durante la difusión de las tesis racistas y de la intolerancia antijudía cuando la Iglesia se acercó más a aquellos que Juan Pablo II llamó, durante su famosa visita a la sinagoga de Roma, “nuestros hermanos mayores”. La Iglesia opuso una dura resistencia y condenó el racismo que se extendió por Europa y Estados Unidos durante los años veinte y treinta. Denunció desde el primer momento el régimen nazi, como muestra la encíclica Mit brennender Sorge, publicada por Pío XI en 1937, pero es necesario esperar al Concilio Vaticano II para que los pasos de reconciliación entre judíos y católicos lleguen a concretarse.En 1986, por primera vez en la historia, un papa visitó la sinagoga de Roma. Un hecho histórico que estableció un clima de confianza entre ambas comunidades. El cardenal Johannes Willebrands anunció su intención de escribir un documento sobre la Shoah del 31 de agosto de 1987, durante un encuentro con el Comité Judío Internacional. Al día siguiente, Juan Pablo II se mostró convencido de la importancia del texto y dio su aprobación para que comenzara la redacción.
Tullia Zevi, presidenta de la Unión de Comunidades Judías Italianas, afirmó que “este documento corona cincuenta años de diálogo” y “demuestra el coraje de Juan Pablo II, que más que cualquier otro papa ha encontrado palabras de fuego para condenar el antisemitismo”. Zevi añadía que “la Iglesia ha dado pasos de gigante en su reflexión sobre el judaísmo en estos cincuenta años” y “Pío XII, a pesar de no haber condenado públicamente a los perseguidores, estuvo siempre muy cerca de los perseguidos, judíos o no”. Para la premio Nobel Rita Levi Montalcini, que tuvo que abandonar Italia a causa de las leyes raciales, el documento vaticano “es un acto muy hermoso”. “Estoy contenta por esta toma de posición de la Iglesia, que creo que favorecerá un nuevo diálogo”. Massimo Caviglia, director de Shalom, el mensual más difundido y acreditado de la comunidad hebrea italiana, explicaba que “creo que Pío XII no pudo actuar de otra manera, sabía que si tomaba una posición oficial contra Hitler la persecución se habría vuelto también contra los católicos. Sin embargo, en privado ayudó a los judíos, dándoles asilo en edificios eclesiásticos. También mis padres se salvaron en un convento”. Sobre el documento, Caviglia ha afirmado que “representa un paso adelante”.

jueves, 9 de marzo de 2017

Las murallas de Jerusalén.

Histórica puerta de Damasco en las antiguas murallas de Jerusalén
Sigue el conflicto entre Israel y Palestina. 
Israel nunca se dejara arrebatar lo que considera suyo. Es la herencia de sus padres.

—¿Qué valen nuestras vidas? —preguntó a sus soldados—. Nada, en comparación con nuestra misión. Recordad: lo que nosotros defendemos aquí son las murallas de Jerusalén.

Mishka Rabinovich, el artillero herido en el brazo que, dos meses antes, detuviera a los blindados de la Legión Árabe con su bazuka, mandaba una de las compañías. Daba sus instrucciones cuando uno de sus hombres, un judío ortodoxo, preguntó: —¿Qué tendremos que hacer cuando lleguemos ante la mezquita de Omar? —¡Quitarnos los zapatos y continuar luchando!

¿Os acordáis de la carta que escribe Esther a sus padres y que esta recogida en el libro “Oh, Jerusalén “(Larry Collins y Dominique Lapierre)

Queridos papá y mamá: Os escribo para suplicaros que
aceptéis todo lo que me pueda ocurrir, con la serenidad que deseo. Libramos un difícil combate. He saboreado el infierno, pero ha valido la pena, porque estoy convencida de que el fin de esta batalla verá la realización de nuestras esperanzas. He vivido plenamente mi vida, y me ha sido muy dulce vivir aquí, en nuestra tierra. Espero que un día, pronto, vengáis todos y gocéis de los frutos de nuestra lucha. Sed felices y acordaos de mí sólo en la alegría. Shalom, ESTHER