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jueves, 29 de mayo de 2025

El trabajo no remunerado realizado por una mujer

La economista feminista Marilyn Waring se dedicó a observar el trabajo no remunerado realizado por una mujer joven en el Bajo Veld de Zimbabue. Se despierta a las cuatro de la madrugada para llevar un cubo de agua hasta el pozo, que se halla a once kilómetros. Tres horas más tarde, está de vuelta en casa con el agua. Se pone entonces a recoger leña, lavar los platos, preparar el almuerzo, volver a lavar los platos y recolectar verduras. Tras ello, va a buscar agua por segunda vez, hace la cena, acuesta a los hermanos pequeños y termina su jornada de trabajo a las nueve de la noche. Según los modelos económicos estándar, esta joven es un sujeto improductivo, que no trabaja ni contribuye activamente a la economía. Picar la carne, poner la mesa, secar los platos, vestir a los niños, conducir hasta la escuela, separar la basura, quitar el polvo de las ventanas, clasificar la ropa sucia, planchar las sábanas, reparar el cortacésped, ir a por gasolina para el coche, recoger los libros de estudio y los juguetes, contestar el teléfono, pasar la aspiradora por el pasillo, ayudar a los niños a hacer los deberes, fregar el suelo, barrer las escaleras, hacer las camas, pagar las facturas, limpiar el lavabo y acostar a los niños. El principal argumento para no incluir el trabajo doméstico en el PIB suele ser que no tiene relevancia; las tareas del hogar siempre serán las mismas en una sociedad. Pero ¿cómo pueden los economistas saber esto si nunca lo incluyen en sus estadísticas? Se estima que una mujer en nuestro mundo emplea algo más de las dos terceras partes de su jornada en el trabajo no remunerado; los hombres, en cambio, una cuarta parte. En los países en desarrollo con gran peso del sector agrícola, la diferencia es aún mayor. En Nepal, las mujeres trabajan veintiuna horas más a la semana que los hombres. En la India, alrededor de doce. En algunas partes de Asia y África, donde a menudo los hombres emigran a las ciudades, las mujeres se quedan en el campo, donde, sin ayuda de los hombres ni del Estado, tienen que hacer frente a la triple carga de un empleo, el trabajo doméstico y las faenas agrícolas.

jueves, 21 de mayo de 2020

Hay más profundidad humana en Homero, Shakespeare o Dostoievski que en la totalidad de la neurología o de la estadística


George Steiner 

Escribe George Steiner en su libro Lenguaje y silencio que “las ciencias remoldearán nuestro entorno y el contexto de ocio o de subsistencia donde la cultura sea viable. Pero aunque sea inextinguible su fascinación y frecuente su belleza, las ciencias naturales y matemáticas rara vez poseen un interés definitivo. Me refiero a que poco han aportado a nuestro conocimiento o a nuestro gobierno de la posibilidad humana, a que puede demostrarse que hay más profundidad humana en Homero, Shakespeare o Dostoievski que en la totalidad de la neurología o de la estadística”.

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Lo bello es asqueroso y lo asqueroso es bello



Al comienzo del Macbeth de Shakespeare las brujas pronuncian una sentencia que, al decir de Borges, “de manera bestial o demoníaca trasciende la razón de los hombres” y abre el camino del vasto desorden que llenará esas páginas tremendas: Fair is foul and foul is fair. “Lo bello es asqueroso y lo asqueroso es bello”. Shakespeare, de alguna manera, anunciaba con ello el nihilismo que se ha convertido en el alma de esta civilización. Ya todos parecemos querer negar nuestros errores no demostrando nuestra inocencia sino señalando los errores ajenos. Ospina dirá que “ya el hecho de que muchos incurran en una conducta descalifica a los otros para señalarla o censurarla. Sólo en ese sentido se ha impuesto la democracia, en su arbitrariedad estadística. Pero también la estadística se convierte a menudo en un instrumento falaz de manipulaciones y de desinformaciones. Todos los discursos del poder son tramposos, pero sólo los discursos del poder alcanzan efectivamente a las muchedumbres, ya que el progreso consiste en la capacidad de la técnica para permitir la manipulación espiritual de millones de seres humanos”.

martes, 23 de abril de 2019

Las ciencias naturales y matemáticas rara vez poseen un interés definitivo

Las ciencias remoldearán nuestro entorno y el contexto de ocio o de subsistencia donde la cultura sea viable. Pero aunque sea inextinguible su fascinación y frecuente su belleza, las ciencias naturales y matemáticas rara vez poseen un interés definitivo. Me refiero, dice el profesor Steiner,  a que poco han aportado a nuestro conocimiento o a nuestro gobierno de la posibilidad humana, a que puede demostrarse que hay más profundidad humana en Homero, Shakespeare o Dostoievski que en la totalidad de la neurología o de la estadística.

domingo, 10 de marzo de 2019

Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de la cultura, encerrados en cenáculos.


“Se comprende muy bien la impaciencia, la angustia, los deseos inquietos de quienes no se resignan ante la injusticia personal y social que puede crear el corazón humano. Tantos siglos de convivencia entre los hombres y, todavía, tanto odio, tanta destrucción, tanto fanatismo acumulado en ojos que no quieren ver y en corazones que no quieren amar. Los bienes de la tierra, repartidos entre unos pocos; los bienes de la cultura, encerrados en cenáculos. Y, fuera, hambre de pan y de sabiduría, vidas humanas tratadas como simples cosas, como números de una estadística”, escribía Josemaría Escrivá, y añadía que “humanamente el trabajo es fuente de progreso, de civilización y de bienestar”. “El trabajo profesional es medio imprescindible para el progreso de la sociedad y el ordenamiento cada vez más justo de las relaciones entre los hombres”.

martes, 11 de julio de 2017

El rostro de los que sufren.


El Papa Francisco en uno de sus viajes decía que “cuando miramos el rostro de los que sufren, el rostro del campesino amenazado, del trabajador excluido, del indígena oprimido, de la familia sin techo, del migrante perseguido, del joven desocupado, del niño explotado, de la madre que perdió a su hijo en un tiroteo porque el barrio fue copado por el narcotráfico, del padre que perdió a su hija porque fue sometida a la esclavitud; cuando recordamos esos “rostros y esos nombres” se nos estremecen las entrañas frente a tanto dolor y nos conmovemos, todos nos conmovemos… Porque “hemos visto y oído”, no la fría estadística sino las heridas de la humanidad doliente, nuestras heridas, nuestra carne. Eso es muy distinto a la teorización abstracta o la indignación elegante”. 

viernes, 30 de junio de 2017

Los intelectuales, los economistas y los sociólogos.

Sándor Márai
Decían que el odio, al igual que el deseo del adicto al opio, ni desaparece ni puede satisfacerse. Cuenta Sándor Márai en su libro ¡Tierra, tierra! que los intelectuales odiaban a los economistas y los sociólogos, esos pensadores con gafas de montura de concha que veían a los seres y los productos humanos como pura materia prima estadística, porque no creían en los seres humanos ni en la vida, sino en sus propios métodos y en los resultados financieros.