Catherine Ruth Pakaluk, profesora en la Catholic University of America, cuenta que “se avecinan crisis fiscales para las naciones que pagan las prestaciones prometidas a su población de mayor edad mientras que recurren a un número cada vez menor de trabajadores jóvenes. Los países tendrán que acoger (y gestionar) los crecientes flujos de inmigrantes para evitar el estancamiento económico. Resolver el problema de la baja natalidad es la cuestión más acuciante para el Estado moderno.El dogma de la superpoblación era totalmente infundado. La verdad era que las tasas de natalidad ya eran peligrosamente bajas en la década de 1990 y lo habían sido desde hacía años”.
“Las familias numerosas surgen cuando las personas valoran mucho el ser padres en comparación con otras cosas. Tienden a estar motivados por la convicción de que tener un hijo vale más que cualquier otra cosa que puedan hacer con su tiempo, talento o dinero. Para la mayoría de las personas con las que hablé (el 98%) esa convicción procedía de una fe profundamente bíblica. Creían que el primer mandamiento de Dios, “creced y multiplicaos” era inseparable de la Providencia de Dios. No sólo en el sentido de que Dios proveería en caso de tener más hijos, sino más fundamentalmente en que los hijos son una expresión de la bondad de Dios y de su plan. Los hijos son bendiciones……El tipo de religión que se correlaciona con tener familias numerosas es el tipo de religión con un contenido muy específico en relación con los hijos, un contenido que valora la santidad de la vida por encima de la calidad de vida. Acoger a un niño siempre es bueno. Los hijos son la finalidad del matrimonio. Nuestros matrimonios y nuestras vidas adultas deberían organizarse para tener y criar bien a nuestros hijos. Si encuentras una comunidad religiosa que habla vagamente o que guarda silencio sobre el valor de los hijos, una comunidad que pone muchas condiciones para el momento adecuado de tener un hijo, una comunidad que guarda silencio sobre el significado del matrimonio y la procreación en el plan de Dios, entonces no será una religión en la que abunden las familias numerosas.”
“Tanto las madres más ricas como las menos pudientes hablaban de las alegrías de la infancia que no cuestan dinero, de la bondad de reutilizar, de compartir cosas. Y coincidían en que, al tener hermanos, sus hijos no necesitaban tantas cosas. Se tienen los unos a los otros, dijo una madre, y eso es muchísimo.Las madres delegaban responsabilidades de forma muy natural (y deliberada) y daban independencia a los hijos mayores que participaban en el cuidado de los más pequeños. También insistían en una conexión entre las responsabilidades y la felicidad, señalando que cuando los niños, incluso los relativamente pequeños, asumen tareas de cuidado de los más pequeños, saben que tienen un propósito y que marcan la diferencia.”
“El descubrimiento de que mujeres de tradiciones religiosas muy diversas (judías, mormonas, católicas, evangélicas, baptistas) habían llegado a razones del corazón comunes para tener hijos confiando en la providencia de Dios todopoderoso. Estas mujeres tenían diferentes credos y diferentes creencias sobre el control de la natalidad. Lo que las unía era una actitud de fondo, los hijos son bendiciones y Dios recompensa nuestros sacrificios con una retribución sin igual.”


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