Asumir que hay algo que transciende al ser humano es algo absolutamente poderoso. Todos somos responsables frente a algo, y eso afecta a nuestro comportamiento. Considerar que estamos al servicio de algo transcendental es maravilloso, pero considerar que lo transcendental está a nuestro servicio es una perversión absoluta.
Vivimos en un mundo en el que no tienes que ser virtuoso, sino mostrar que lo eres, y eso es lo contrario a la virtud cristiana, al menos, a la humildad, que ha desaparecido de la ecuación de las buenas virtudes públicas. En muchos casos, la supuesta virtud se demuestra atacando a los demás y mostrando los vicios ajenos, sin ver la viga en el ojo propio. La hipocresía se ha impuesto como un modus operandi admitido en la conversación pública, sobre todo en las redes sociales, manifiesta Victor Lapuente, catedrático de la Universidad de Goemburgo en Suecia.
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