Un par de siglos atrás, parecería un mercado de esclavos: una web del Departamento de Educación de la región ucraniana de Lugansk, ocupada militarmente por Rusia y subordinada al Kremlin,ha creado un catálogo de niños ucranianos “huérfanos o sin cuidado parental” que pueden solicitarse en adopción, sin que los potenciales padres adoptivos tengan que cumplir demasiados requisitos. La “oferta” permite seleccionar a los menores según sus rasgos físicos, como el color de los ojos y el cabello, así como de comportamiento: “Es obediente”, “es tranquila”, “le gusta bailar”…Moscú le ha robado niños a su adversario (más de 19.500), se los ha llevado a su territorio y busca “cambiarles el chip” por métodos soviéticos. Un entrenamiento militar que no han pedido ni autorizado sus familiares, un violento adoctrinamiento ideológico, la prohibición de usar los colores patrios de Ucrania… Con el mencionado catálogo, los rusos pasan además por encima de las muy necesarias cautelas que conlleva todo proceso de adopción; esto, sin mencionar que ningún gobierno tiene autoridad para iniciar procesos de este tipo con niños de un país con el que está en guerra.
“Si Rusia puede secuestrar a decenas de miles de niños con impunidad durante una gran guerra europea sin enfrentar consecuencias reales, entonces ninguna norma que proteja a los niños en conflicto podrá sostenerse en ningún lugar”, asegura Kristina Hook, investigadora no residente del Atlantic Council.
Los niños son sometidos a adoctrinamiento tanto en las familias de acogida como en los campamentos. Hemos tenido niños que, por ejemplo, se negaban a tomar en sus manos la bandera ucraniana. Más tarde descubrimos que esto se debía a que los colores amarillo y azul, así como la bandera, estaban prohibidos en los territorios ocupados. Usar estos colores o la bandera estaba vedado, y, al tenerlos delante, a los niños se les activaba una alerta, pues lo relacionaban con un castigo, manifiesta Mykola Kuleba.
Los niños son sometidos a adoctrinamiento tanto en las familias de acogida como en los campamentos. Hemos tenido niños que, por ejemplo, se negaban a tomar en sus manos la bandera ucraniana. Más tarde descubrimos que esto se debía a que los colores amarillo y azul, así como la bandera, estaban prohibidos en los territorios ocupados. Usar estos colores o la bandera estaba vedado, y, al tenerlos delante, a los niños se les activaba una alerta, pues lo relacionaban con un castigo, manifiesta Mykola Kuleba.
Se ha conversado con el Vaticano para que medie en las negociaciones con Rusia para el retorno de niños. Ha habido cierto éxito, aunque muy pequeño; unos 20 niños han sido repatriados gracias a esta mediación. Hasta donde sé, la Santa Sede no participa activamente en este proceso, pero sí ayuda a nuestros niños a reintegrarse, al organizarles viajes a Italia y al Vaticano para que tengan la oportunidad de relajarse, de recuperarse y de experimentar emociones positivas, lo que contribuye enormemente a su rehabilitación y reinserción. Melania Trump declaró que mantiene un canal de comunicación abierto con Putin, a través del cual ayuda a repatriar a niños. Este es el segundo caso de este tipo. Sin embargo, los detalles se mantienen en la confidencialidad, al igual que los de todos los canales de retorno. Procuramos no revelarlos, ya que su publicidad y divulgación podrían perjudicar tanto la existencia de estos canales como las futuras devoluciones. Estamos sumamente agradecidos por todos los esfuerzos de Melania Trump y la Santa Sede para repatriar a los niños, afirma Mykola Kuleba.
Fuente: Aceprensa
Fuente: Aceprensa


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