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jueves, 22 de enero de 2026

El hombre caritativo no actúa ni buscando la aprobación, ni temiendo el rechazo

En los Ensayos morales, Pierre Nicole juzga que el hombre caritativo no actúa ni buscando la aprobación, ni temiendo el rechazo pues hace siempre su deber con el prójimo independientemente  de su disposición hacia él y atiende a un objeto estable y permanente, que es el de obedecer a Dios.
Complacernos en el amor que los hombres sienten por nosotros es un mal, “pero es un mal mayor sentir indiferencia por los hombres, ser insensible a sus bienes y a sus males, encerrarse en uno mismo”. De esta manera, “deseando practicar la caridad demasiado espiritualmente”, perdemos “el afecto humano, que constituye el lazo de la sociedad civil”. Por otra parte, continua Nicole, los “servicios reales” que presta la caridad en forma de “actos puramente interiores”, por medio de los cuales se honran todas las virtudes cristianas, son raros y excepcionales, pero “el comercio de la civilidad es ordinario y continuo”,lo que permitiría practicar la caridad cotidianamente en una escala menos espiritual y recogida y más social y efusiva. “Es necesario actuar con los hombres, dice Nicole, como con los hombres, y no como con los ángeles”. Es decir, tolerando las imperfecciones del “estado común” en que se funda “la amistad y la unión”.
La piedad ha de hacerse “amable a los mundanos”, y no lo conseguirá hasta que “los ame, desee servirlos y esté llena de ternura por ellos”. Hay que “purificar la civilidad, y no suprimirla”, volverse amable con los hombres no por amor propio, sino para servirlos mejor.


miércoles, 9 de octubre de 2024

Afabilidad

Tomás de Aquino señala la importancia de afabilidad, que ordena “las relaciones de los hombres con sus semejantes, tanto en los hechos como en las palabras”. Esta afabilidad nos lleva a hacer la vida más grata a quienes vemos todos los días.Cuando falta se echa mucho de menos, se vuelven tensas las relaciones entre los hombres y se falta frecuentemente a la caridad; a veces, este trato se torna difícil o quizá imposible. La afabilidad y las otras virtudes con las que se relaciona hacen amable la vida cotidiana (la familia, el trabajo, el tráfico, la vecindad…).

jueves, 8 de agosto de 2024

La amabilidad es un requisito que debería tener toda persona

La amabilidad es un requisito que debería tener toda persona, pero en particular el que ocupa una posición de liderazgo.¡Cuan eficaz es la amabilidad sincera, el buen trato recibido, por parte de una persona que nos ofrece un producto o servicio! Solemos decantar la balanza de nuestra decisión de compra por aquellas personas que se han conducido con una exquisita amabilidad, aunque el producto o servicio sea algo más costoso. A veces es más eficaz el trato de nuestro personal hacia los clientes que una costosa campaña de publicidad. Nuestro liderazgo se fortalece gracias a una actitud correcta y amable con los subordinados y empleados. Dirigir una compañía es ejercer el liderazgo bajo presión, y qué mejor que esta presión sea compartida con amabilidad para ganar más aliados que enemigos en el camino. La amabilidad es compatible con la presión, pero no lo es con la agresividad. Platón lo declaró como: La amabilidad es más que acciones. Es una actitud, una expresión, una mirada, un toque. Es cualquier cosa que levanta a otra persona.Ser amable es más efectivo que ser agresivo en los negocios.


sábado, 6 de junio de 2020

La ilusión de los comienzos



Decía Josemaría Escrivá que tendría un pobre concepto del matrimonio y del cariño humano quien pensara que, al tropezar con esas dificultades, el amor y el contento se acaban. Precisamente entonces, cuando los sentimientos que animaban a aquellas criaturas revelan su verdadera naturaleza, la donación y la ternura se arraigan y se manifiestan como un afecto auténtico y hondo, más poderoso que la muerte.


Josemaría Escrivá aconsejaba que para que en el matrimonio se conserve la ilusión de los comienzos, la mujer debe tratar de conquistar a su marido cada día; y lo mismo habría que decir al marido con respecto a su mujer. El amor debe ser recuperado en cada nueva jornada, y el amor se gana con sacrificio, con sonrisas y con picardía también. Todo lo que haga imposible esta tarea, es malo, no va. 

Al referirse al modo de ser fieles y mantener vivo el amor del matrimonio, siempre insistía de una u otra forma en la misma recomendación: “Evitad la soberbia, que es el mayor enemigo de vuestro trato conyugal”; y, poco después, de manera positiva: “es siempre actual el deber de aparecer amables”. “La autenticidad del amor requiere fidelidad y rectitud en todas las relaciones matrimoniales”.

viernes, 12 de julio de 2019

Podemos tener esperanza


Si hubiera usted podido preguntar al apóstol Pablo por qué tenía él esperanza, dice Howard Mumma a Albert Camus, le hubiera respondido algo así: “Recuerdo la clase de hombre que era yo antes de que Cristo entrase en mi vida. Era un duro fariseo, contumaz, censurador, severo en mis juicios. Perseguí a gente inocente hasta su muerte. Entonces Cristo entró en mi vida y fundió mi dureza. Él me sorprendió. Él hizo de mí una criatura nueva. Donde yo antes odié, ahora amo. Donde yo fui una vez impaciente, estoy ahora dispuesto a aguantar y ser amable. Donde una vez fui altivo, ahora puedo ser humilde. Y lo que Cristo hizo por mí, lo hace por otros. El cambia a Zaqueo de estafador en filántropo, él transforma a una adúltera en una persona pura”. Entonces Pablo hubiera añadido: “Tengo esperanza, porque lo que Cristo hizo por Pedro, por Zaqueo, por una adúltera y por mí, lo puede hacer por cualquiera”.

miércoles, 3 de octubre de 2018

Una mala persona no puede ser un buen político.

Vladímir Putin
“Las personas que se meten en política son, ante todo y sobre todo, seres humanos; de lo contrario no podrían ser buenos políticos, en mi opinión. Una mala persona no puede ser un buen político”, dice Vladímir Putin.

“¿Y qué significa ser una buena persona, una persona decente?”, se pregunta Putin. “Significa mantener buenas relaciones personales con los amigos, con los colegas. No se puede pulsar un interruptor como quien apaga la luz al salir de la habitación, no se puede olvidar a la gente con la que has tratado cuando las cosas dependían de ellos. Es decir, que no se debe dejar de tratar con una persona solo porque ya no sea quien toma las decisiones.Hay gente así en todas partes, incluida la política, pero no me dan envidia porque tienen una vida muy aburrida”.

Berlusconi y Putin.
Berlusconi hablando de Putin opina que “es todo lo contrario de la imagen que pintan de él los medios occidentales. Es una persona muy sensible, un hombre de sentimientos profundos, siempre respetuoso con los demás. Es muy amable, un hombre de una sensibilidad delicada”.

sábado, 16 de septiembre de 2017

María Estuardo e Isabel Tudor.

María Estuardo
Escribe Stefan Zweig que María Estuardo es como mujer completamente mujer, mujer en primer término y en último término, y precisamente las más importantes decisiones de su vida vienen de esa fuente subyacente de su sexo. No es que fuera una naturaleza constantemente apasionada, una naturaleza dominada tan sólo por sus instintos… al contrario, el primer rasgo de carácter que llama la atención en María Estuardo es su larga contención femenina. Pasaron años y años antes de que la vida sentimental despertara siquiera en ella. Durante mucho tiempo tan sólo se ve a una mujer amable, tierna, dulce, relajada, con una ligera languidez en los ojos, una sonrisa casi infantil en la boca, un ser indeciso e inactivo, una mujer niña. Es llamativamente sensible (como toda naturaleza de verdad femenina), su ánimo vibra con facilidad, puede ruborizarse o palidecer con el menor de los motivos, y las lágrimas le brotan con rapidez y facilidad. Pero esas olas rápidas y superficiales de su sangre no revuelven sus profundidades durante mucho tiempo; y precisamente porque es una mujer completamente normal, una auténtica, verdadera mujer, María Estuardo sólo descubre su auténtica,
Maria Estuardo Reina de Escocia
su verdadera fuerza en una pasión… por completo, una sola vez en su vida. Pero entonces se siente lo enormemente mujer que es, su carácter instintivo, la forma en que está encadenada sin voluntad a su sexo. Porque en ese gran momento de su éxtasis desaparecen de pronto, como arrasadas, las fuerzas superiores de la cultura en esta mujer hasta entonces fría y medida; todos los diques levantados por la educación, la dignidad y las costumbres se rompen, y, obligada a elegir entre su honor y su pasión, María Estuardo, como una auténtica mujer, no opta por su realeza, sino por su feminidad. El manto real cae con brusquedad, y tan sólo se siente desnuda y ardiente como una de las incontables personas que toman amor y quieren dar amor, y nada da a su figura tanta grandeza como el hecho de que, en aras de esos instantes de su existencia plenamente vividos, haya tirado a un lado con desprecio el reino, el poder y la dignidad real. Isabel en cambio jamás fue capaz de una entrega como ésa, por razones misteriosas. Porque físicamente no era “como todas las demás mujeres”. No sólo le estuvo vedada la maternidad, sino probablemente también la forma natural de total entrega femenina. No fue la reina virgen («virgin Queen») tan voluntariamente como aparentaba, y aunque
Retrato de la reina Isabel I de Inglaterra
ciertas noticias contemporáneas (como las transmitidas por Ben Jonson) sobre una malformación física de Isabel son dudosas, es cierto que una inhibición física o psíquica la trastornó en las zonas más secretas de su feminidad. Semejante desdicha tiene que determinar de manera decisiva la esencia de una mujer, y en ese secreto están contenidos, en germen, por así decirlo, todos los demás secretos de su carácter. Ese carácter voluble, vacilante, distraído y veleta de sus nervios, que sumerge su ser constantemente en una vacilante luz de histeria, lo desigual e imprevisible de sus decisiones, ese eterno cambio del fuego al frío, del «sí» al «no», todo lo que tenía de comediante, de refinado, de traicionero, y no menos aquella coquetería que jugaba las peores pasadas a su dignidad de estadista, procedían de esa inseguridad interior. Sentir, pensar, actuar de forma inequívoca y natural estaba vedado a esta mujer herida en lo más hondo, nadie podía contar con ella, y ella misma era la que menos segura estaba de sí misma. Pero aunque mutilada en sus ámbitos más íntimos, aunque de nervios vacilantes, aunque peligrosa
Ben Jonson
en su astucia de intrigante, Isabel jamás fue cruel, inhumana, fría y dura. Nada es más falso, superficial y banal que la idea, que ya se ha vuelto esquemática (como la recogía Schiller en su tragedia) de que Isabel jugó como un gato malvado con una dulce e indefensa María Estuardo. Quien mire con más atención percibirá en esta mujer, helada de solitario frío en medio de su poder, que no hace sino atormentarse histéricamente con sus medio amantes porque a ninguno puede entregarse por completo, un calor oculto y disfrazado, y detrás de todas sus extravagancias y vehemencias una voluntad sincera de ser generosa y bondadosa. La violencia no casaba con su naturaleza temerosa, prefería refugiarse en las pequeñas artes nerviosas de la diplomacia, el juego de menor responsabilidad entre bastidores; en cambio, titubeaba y se estremecía ante cualquier declaración de guerra, cada sentencia de muerte pesaba como una losa sobre su conciencia, y empleó lo mejor de sus energías en preservar la paz en su país. Si combatió a María Estuardo fue únicamente porque se sentía amenazada por ella, y aun así hubiera preferido rehuir la lucha abierta, porque era jugadora y tahúr por naturaleza, pero no luchadora. Ambas, María Estuardo por dejadez e Isabel por temor, hubieran preferido mantener una falsa paz a medias. Pero la constelación del momento no permitía convivencia alguna. Indiferente a la voluntad más íntima del individuo, la voluntad de la Historia, a menudo más fuerte, empuja a los hombres y a las potencias a su criminal juego.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Caballero.

Newman
“Un caballero es alguien que nunca inflige dolor”, dice el cardenal Newman. Un caballero, añade Lawrence Lovasikse, se fija en todos los presentes, es atento con el tímido, amable con el distante y misericordioso con el ausente. Evita sacar cualquier tema de conversación molesto o hiriente; a veces resulta aburrido. Quita importancia a los favores que hace. Nunca habla de sí mismo, excepto cuando se ve obligado a ello; nunca se defiende con acalorados argumentos, ni le gustan las difamaciones y los chismes. Procura no atribuir motivos torcidos a quienes disienten de él y, siempre que puede, lo interpreta todo en positivo; y si no puede, se calla. Un caballero nunca es mezquino ni desagradable cuando 
Lovasikse
discute, no se aprovecha de su superioridad, no tergiversa ni los dichos agudos ni las frases célebres para apoyar sus argumentos; jamás insinúa nada malo que no se atreva a decir abiertamente. Sigue la máxima de comportarse con el enemigo como si algún día fuera a ser amigo suyo.



En la vida de los seres humanos hasta un “gracias” tiene su importancia.

“Un caballero es alguien que nunca inflige dolor”, dice el cardenal Newman

En la vida de los seres humanos hasta un “gracias” tiene su importancia

Un caballero nunca es mezquino ni desagradable