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martes, 23 de junio de 2026

Sonrisa

Existe una diferencia entre la sonrisa de una vendedora de tienda, la de un hombre que es nuestro enemigo pero quiere ocultar su enemistad, y la de un amigo que se alegra de vernos. Sabemos que hay diferencia entre muchos centenares de maneras de sonreír, que provienen de distintos motivos anímicos; esto vale para toda sonrisa, pero lo que ésta expresa puede ser algo totalmente opuesto, que ningún aparato puede medir ni siquiera percibir, pues sólo puede hacerlo alguien que no es ningún aparato, y somos nosotros mismos. Nosotros realizamos nuestras observaciones no sólo con el cerebro, sino también con el corazón. Captamos con toda nuestra persona lo que ocurre en ese caso, y tenemos una idea acerca de la clase de sonrisa de que se trata, y si no la tenemos, sufrimos naturalmente muchas desilusiones en nuestra vida, escribe Erich Fromm.

martes, 7 de abril de 2026

Le quedaba por conquistar la realidad cotidiana, pero esta le estaba prohibida

Cuando le preguntábamos si le gustaba ser famoso, contestaba, con una sonrisa maliciosa y soberbia, que siempre se lo había esperado; tenía a veces una sonrisa astuta y soberbia, infantil y malévola, que centelleaba y se desvanecía. Pero el hecho de que siempre se lo hubiera esperado significaba que lo había logrado ya no le daba ninguna alegría, porque era incapaz de gozar de las cosas, amarlas en cuanto las tenía. Decía que conocía tan a fondo su arte, que ya no le ofrecía ningún secreto y, como no le ofrecía ningún secreto, ya no le interesaba. Nos decía que ni siquiera nosotros, sus amigos, teníamos ya secretos para él y que lo aburríamos infinitamente; y nosotros, mortificados porque lo aburríamos, no lográbamos decirle que veíamos claramente en qué se equivocaba; en su resistencia a doblegarse y amar el curso cotidiano de la existencia, que avanza uniforme y aparentemente sin secretos. Así pues le quedaba por conquistar la realidad cotidiana, pero esta le estaba prohibida y era inasible para él, escribe Natalia Ginzburg en Las pequeñas virtudes .

jueves, 20 de noviembre de 2025

Un diálogo amable es un regalo, y, tener con quien establecerlo, un tesoro


Decir el nombre del otro, crea cercanía; dejarle hablar y escucharle, genera confianza; confundir u olvidar su nombre, muestra poco aprecio. Para una persona, su nombre es el sonido más importante del idioma; sentirse escuchado, estimula su autoestima y demuestra nuestro interés por él. Un diálogo amable es un regalo, y, tener con quien establecerlo, un tesoro.


La alegría que brota del corazón sereno suele ir acompañada de un buen humor discreto, que no exige el chiste fácil, sino que genera sintonía y confianza. El buen humor nos lleva, incluso, a descubrir y aceptar las incoherencias de la propia vida y a concentrar nuestro esfuerzo no en el lamento inútil del fracaso sino en el deseo de superación. El buen humor y la sonrisa amable es una fuente de felicidad gratuita para los demás; una sonrisa cuesta poco y hace mucho, es descanso para el fatigado, luz para el abatido, un rayo de sol para el triste y el mejor remedio contra las preocupaciones.


domingo, 23 de febrero de 2025

Me lo han quitado todo, pero me queda la tinta de la vida

Armando Valladares, poeta cubano que pasó 22 años en las cárceles de Fidel Castro, cuenta en su libro Contra toda esperanza que pasaba mucha hambre; pero para no perder la dignidad, siempre apartaba unos granos de arroz de la escudilla y no los comía. Esto le hacía sentirse libre; le diferenciaba de un irracional; era dueño de su vida, de sus actos, a pesar de las circunstancias.
En un poema se expresaba así: “Me lo han quitado todo/ la pluma/ los lápices/ la tinta/ porque ellos no quieren/ que yo escriba/ y me han hundido/ en esta celda de castigo/ pero ni así ahogarán mi rebeldía. / Me lo han quitado todo / bueno, casi todo/ porque me queda la sonrisa/ el orgullo de sentirme un hombre libre/ y en el alma un jardín/ de eternas florecitas. / Me lo han quitado todo/ la pluma/ los lápices/ pero me queda la tinta de la vida/ mi propia sangre/ y con ella escribo versos todavía”.

lunes, 25 de diciembre de 2023

La sonrisa eterna de Dios

Dante convierte el universo en una sonrisa:


Todo cuanto veía parecíame una sonrisa

del universo, tal era la venturosa embriaguez

que me invadía por el oído y la vista


Oh santa alegría, gozo inefable, 

oh vida entera de paz y de amor,

oh, sin deseo, segura abundancia


La eterna primavera que florece en las orillas del río paradisiaco es una sonrisa. Los elegidos son pura sonrisa, pues de hecho, no son más que luz y amor. La Virgen María, que concederá a Dante la gracia de contemplar a Dios, sonríe también, en el centro de la rosa mística:


Y allí vi, al fin, ante sus juegos y sus cantos,

sonreír a una beldad que infundía alegría

en los ojos de todos los demás santos


Por último la sonrisa vuelve al seno del propio Dios, de donde procede. La Trinidad que no es más que una sonrisa., la de Dios contemplándose, amándose y sonriéndose. No hay nada, absolutamente nada, en toda la literatura, comparable a esto:


Oh luz eterna, que solo en Ti resides,

y sola Te comprendes, y que comprendiéndote

y por Ti comprendida, Te amas y sonríes


Después del sufrimiento, el pecado y la muerte, llegamos a la sonrisa eterna de Dios.






domingo, 6 de noviembre de 2022

Sólo podemos hacer cosas pequeñas con gran amor

La compasión es algo que podemos desarrollar mediante la práctica, escribe Richard Carlson. “Implica dos cosas, voluntad y acción. La voluntad no significa otra cosa que acordarse de abrir el corazón a los demás; aprender a ver que hay otras cosas y personas que tienen importancia aparte de ti mismo. La acción es simplemente lo que haces al respecto. Puedes donar un poco de dinero o de tiempo (o ambas cosas) de modo regular para una causa afín a tus sentimientos. O quizá puedes ofrecerles una hermosa sonrisa y un saludo auténtico a las personas que te encuentras por la calle. No es tan importante lo que hagas, lo que importa es que hagas algo. Como nos recuerda la madre Teresa, no podemos hacer grandes cosas en esta tierra. Sólo podemos hacer cosas pequeñas con gran amor. La compasión nos ayuda”.

domingo, 2 de octubre de 2022

Que os diga cuál es el origen de sus lágrimas y la razón de su sonrisa

La Virgen y el Niño. Abadía de Notre-Dame de Sept-Fons
En L’Art d’être disciple, el padre Jérôme, monje de Notre-Dame de Sept-Fons, abadía de la Orden Cisterciense de la estricta observancia, escribía: “No pidáis a vuestro maestro que os hable para no decir nada. Preguntadle sobre los problemas del destino humano y sobre problemas afines, problemas siempre actuales. ¿Cómo los vive él? ¿Cómo hace para aceptarlos con valor y serenidad? Preguntadle por lo que conoce con certeza, por lo que no se cuestiona, por lo que considera indiscutible e inmutable. Hacedle hablar sobre el drama de su verdadera personalidad, no sobre la comedia artificial que pueden imponerle las circunstancias. Hacedle hablar sobre su insatisfacción y sus esperanzas, sobre su fe, sobre su confianza en Dios, sobre su oración. Preguntadle cómo y hasta qué punto, mediante la entrega de sí, se ha liberado de sí mismo. Averiguad de dónde viene el discernimiento de sus negaciones. Que os confíe lo que descubre en su silencio. Que os diga cuál es el origen de sus lágrimas y la razón de su sonrisa. Id a lo esencial del hombre. Y si para ayudaros accede a recuperar sus cuadernos escolares o sus herramientas de aprendiz, agradecédselo con vuestra docilidad”.

sábado, 6 de junio de 2020

La ilusión de los comienzos



Decía Josemaría Escrivá que tendría un pobre concepto del matrimonio y del cariño humano quien pensara que, al tropezar con esas dificultades, el amor y el contento se acaban. Precisamente entonces, cuando los sentimientos que animaban a aquellas criaturas revelan su verdadera naturaleza, la donación y la ternura se arraigan y se manifiestan como un afecto auténtico y hondo, más poderoso que la muerte.


Josemaría Escrivá aconsejaba que para que en el matrimonio se conserve la ilusión de los comienzos, la mujer debe tratar de conquistar a su marido cada día; y lo mismo habría que decir al marido con respecto a su mujer. El amor debe ser recuperado en cada nueva jornada, y el amor se gana con sacrificio, con sonrisas y con picardía también. Todo lo que haga imposible esta tarea, es malo, no va. 

Al referirse al modo de ser fieles y mantener vivo el amor del matrimonio, siempre insistía de una u otra forma en la misma recomendación: “Evitad la soberbia, que es el mayor enemigo de vuestro trato conyugal”; y, poco después, de manera positiva: “es siempre actual el deber de aparecer amables”. “La autenticidad del amor requiere fidelidad y rectitud en todas las relaciones matrimoniales”.

domingo, 1 de marzo de 2020

El valor de lo inútil



* “Habrá que reivindicar el valor de lo inútil. De la belleza que no sirve para nada. De la sonrisa que tampoco sirve. Del amor que no sirve para nada… práctico y, por tanto, es lo único que sirve para algo verdadero. Sin olvidar que cuando los creyentes servimos a Dios en realidad no le servimos para nada, ya que Dios nada necesita. Y lo mismo habrá que decir, a la inversa, cuando alguien nos pregunte: Y creer en Dios, ¿para qué os sirve? Pues… para nada. Creer en Dios nos llena, nos hace felices, es maravillosamente inútil, aunque no nos cure nuestras enfermedades, aunque nos siga dejando en la noche oscura. No le sirvo a Él para que Él me sirva. Le quiero porque le quiero, lo mismo que Él me quiere porque me quiere. Eso es todo. Y no me dirán ustedes que preferirían que Dios se pareciera a los tornillos (que sirven para tanto) y no a las flores (que, felizmente, no sirven para nada).”


*José Luis Martín Descalzo

jueves, 1 de noviembre de 2018

Estoy esperando en la puerta del Cielo.

Gereon Goldmann en su libro autobiográfico “Un seminarista en las SS” cuenta la siguiente historia:
“Herr Unteroffizier", dijo con dificultad, “el pecho me arde, me arde”. Lo tendí en la blanca arena y le abrí la guerrera. La sangre roja que le brotaba de los pulmones como una fuente, una fuente de muerte, cubrió mi rostro y mi uniforme. Yo apreté la mano sobre el enorme agujero para detener su flujo, pero seguía resbalando entre mis dedos. “¿Voy a morir?”, preguntó el joven con voz temblorosa y entrecortada. “Sí, no hay solución”. Estuve a punto de preguntarle si era católico, pues llevaba conmigo la Sagrada Comunión. Entonces, una sonrisa iluminó su rostro, una sonrisa radiante, amplia, gozosa, y dijo con voz débil: “Por favor, escriba a mi madre y dígale que la estoy esperando en la puerta del Cielo. Que no debe llorar, que la estoy esperando”. Con la sonrisa feliz e inocente de un niño, entró en la eternidad. Raramente me he visto tan afectado por una muerte. Y he visto demasiadas. Hubo otras, otras muertes que no puedo olvidar fácilmente. Una vez cayó una bomba en medio de un batallón. El cuadro fue terrible. Mi
Gereon Goldmann
fiel conductor, Faulborn, me llevó al lugar. Salvó muchas veces mi vida y las de otros soldados. Encontramos muertos a todos los soldados excepto a dos. Los colocamos rápidamente en unas camillas y los cargamos en el camión. Le pedí a Faulborn que condujera lo más rápidamente posible, pues para
 
aquellos hombres era cuestión de minutos. Corrió haciendo caso omiso del fuego de los buques. Yo me senté con los heridos y los observé. Era demasiado tarde para salvarlos y le dije que se detuviera, para evitarles al menos los dolores que les producía el movimiento del vehículo. Uno de los soldados me miraba serenamente. Le saqué la documentación del bolsillo, era católico, hijo de un granjero de Westfalia. Le dije que su estado era grave y le pregunté si deseaba recibir la Sagrada Comunión. “¿Es usted sacerdote?”, me dijo. “No, pero llevo conmigo la Sagrada Comunión”. Sonrió con gozo y musitó: “Rápido, rápido, señor”. Rezamos juntos el acto de contrición y le administré el Viático. Susurró algo que alcancé a oír poniendo el oído junto a su boca. Sus últimos pensamientos fueron para su madre. “Por favor, escríbale y
dígale que morí con el Salvador en mi corazón”. ¡Qué muerte!, pensé. Miré al otro soldado. Era un obrero de la región del Ruhr. “Deberías recibir también la Sagrada Comunión”, le dije. Con un esfuerzo, replicó despectivamente, “Ese pedazo de pan no me salvará. Es mejor que me ponga un cigarro en la boca”. Me saqué uno del bolsillo, lo encendí y se lo entregué. Le dio tres chupadas, lo dejó caer y murió. Ahora estaba enfrentándose al juicio de Dios junto al otro soldado. Recordé durante mucho tiempo este incidente, que traía a mi mente las palabras de nuestro Señor: “Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Si no coméis la carne del hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”.

miércoles, 5 de julio de 2017

La sonrisa de una familia.


Monseñor Javier Echevarría decía que “la sonrisa de una familia es capaz de vencer esta desertificación de nuestras ciudades. Y esta es la victoria del amor de la familia. El proyecto de Babel edifica rascacielos sin vida. El Espíritu de Dios, en cambio, hace florecer los desierto”.

viernes, 10 de febrero de 2017

El pueblo norteamericano.

Albert Einstein en su libro “Mi visión del mundo” manifiesta que con respecto al pueblo de los Estados Unidos llama la atención del visitante una actitud gozosa, positiva ante la vida. La sonrisa de las gentes en las fotografías simboliza una de las primacías americanas. El norteamericano es amistoso, simpático, optimista y nada envidioso. El europeo siente la comunicación con él candorosa, agradable. El europeo es en cambio más crítico, más reflexivo, menos bondadoso, menos dispuesto a ayudar, más exigente en sus diversiones y en sus lecturas; mucho más, o mucho menos, pesimista. La comodidad de la vida, el confort, tienen un gran papel aquí. Pero a la vez se ha sacrificado la paz, la despreocupación, la seguridad. El norteamericano vive una meta, un futuro. La vida para él es un será, no un es. En este
sentido se parece más a los rusos, a los asiáticos, que a los europeos. Se parece aún más a un asiático en otro aspecto,es mucho menos individualista que el europeo, desde el punto de vista psicológico, no económico. El “nosotros” es aquí más fuerte que el “yo”. De ello resulta que las costumbres y las convenciones sean tan poderosas, y que la concepción de la vida de los individuos, así como sus ideas morales y sus gustos, sean mucho más uniformes que en Europa. Esta circunstancia permite en gran parte la superioridad económica de Norteamérica sobre Europa. Pues facilita la cooperación y el reparto del trabajo, sea en fábricas, en universidades o en instituciones benéficas privadas.


El norteamericano considera obvio poner gran parte de sus posesiones y de su esfuerzo laboral al servicio de la comunidad. La opinión pública (muy poderosa) se lo exige categóricamente.Y así se da el hecho de que las funciones culturales puedan dejarse en manos de la iniciativa privada, mientras que las funciones que retiene el Estado son limitadas.

Gran admiración siento por los resultados de la investigación norteamericana. Injustamente se atribuye esa superioridad creciente a su mayor riqueza, cuando es una superioridad que se basa sobre todo en la paciencia, la entrega, el espíritu de compañerismo y la inclinación natural por el trabajo en colaboración.

El norteamericano es amistoso, simpático, optimista y nada envidioso