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| Catherine L’Ecuyer |
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jueves, 9 de julio de 2026
Rebajar la exigencia a los alumnos llevaría al caos y a la apología de la ignorancia
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Rousseau
martes, 7 de abril de 2026
Le quedaba por conquistar la realidad cotidiana, pero esta le estaba prohibida
Cuando le preguntábamos si le gustaba ser famoso, contestaba, con una sonrisa maliciosa y soberbia, que siempre se lo había esperado; tenía a veces una sonrisa astuta y soberbia, infantil y malévola, que centelleaba y se desvanecía. Pero el hecho de que siempre se lo hubiera esperado significaba que lo había logrado ya no le daba ninguna alegría, porque era incapaz de gozar de las cosas, amarlas en cuanto las tenía. Decía que conocía tan a fondo su arte, que ya no le ofrecía ningún secreto y, como no le ofrecía ningún secreto, ya no le interesaba. Nos decía que ni siquiera nosotros, sus amigos, teníamos ya secretos para él y que lo aburríamos infinitamente; y nosotros, mortificados porque lo aburríamos, no lográbamos decirle que veíamos claramente en qué se equivocaba; en su resistencia a doblegarse y amar el curso cotidiano de la existencia, que avanza uniforme y aparentemente sin secretos. Así pues le quedaba por conquistar la realidad cotidiana, pero esta le estaba prohibida y era inasible para él, escribe Natalia Ginzburg en Las pequeñas virtudes .
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sábado, 2 de diciembre de 2017
Una señal del valor literario de un libro es que pueda leerse de varias maneras distintas.
Una señal del valor literario de un libro es que pueda leerse de varias maneras distintas. A la inversa, la prueba de que la pornografía no posee el menor valor literario es que, si intentamos desviar nuestra lectura del estímulo sexual, si, por ejemplo, pretendemos leerla como si fuera un informe psicológico de las fantasías sexuales del autor, nos aburrimos hasta las lágrimas.
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