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sábado, 22 de agosto de 2026

La política condiciona la mayor parte de la vida humana y del destino personal de cada cual

“La política puede parecer algo muy alejado de las vidas comunes, como si constituyera un mundo aparte, pero su funcionamiento condiciona la mayor parte de las facetas de la vida humanas, y, en consecuencia , del destino personal de cada cual”, escribe José Luis González Quirós en La virtud de la política.
Gonzales Quirós añade que “el poder político está siempre alerta, tiende a excederse y nunca ha tenido más medios a su disposición para lograrlo que en las condiciones actuales, y es fácil que le acaben siendo más favorables en el futuro. Es necesario que frente a la tendencia al control desde arriba se consoliden mejores maneras de hacer política, pero sería imposible que eso llegara a suceder si se impusieran las ideas dogmáticas y cerradas que tratan de promover formas de absolutismo, de negación de la política.”
“La política es algo necesario. La política exigirá determinación y audacia, pero que no hará nada memorable si su actuación no está inspirada en la piedad hacia los demás, en consecuencia, en el empeño por contribuir a la consecución de un mundo cada vez más humano y menos ajeno.”
“El concepto moderno de ley supone la existencia de una capacidad de resistencia frente al poder, de una clase definida de límites del poder político que sirven, al tiempo, para reconocerla legitimidad de sus actuaciones y, como contrapartida, la existencia de ciertos derechos que el ciudadano puede reclamar para ponerse a salvo de dicciones que le parezcan arbitrarias o sin base legal.”


sábado, 14 de mayo de 2022

Somos siervos de la ley con el fin de poder ser libres



La libertad política sirve para proteger al ciudadano de la opresión. ¿Pero cómo? Lo decía ya, con espléndida concisión, hace más de dos mil años, Cicerón: “Somos siervos de la ley con el fin de poder ser libres” (Oratiopro Cluentio); y volvía a decirlo, de forma aún más concisa, Locke en el siglo XVII: “Donde no hay ley no hay libertad”. No obstante, quien más remachó la tesis de que la libertad está fundada por la ley y sobre la ley fue Jean-Jacques Rousseau: “Cuando la ley está sometida a los hombres”, escribe, “no quedan más que esclavos y amos; es la certidumbre de la que estoy más seguro: la libertad siempre sigue la misma suerte que las leyes, reina y perece con ellas”. ¿Por qué la libertad necesita de la ley? Porque si gobiernan las leyes, que son reglas generales e impersonales, no gobiernan los hombres, y a través de ellos, la voluntad arbitraria, despótica o simplemente estúpida del otro hombre. Es verdad, dice Giovanni Sartori, que la ley es también coerción (puesto que prohíbe y condena), pero al mismo tiempo nos tutela porque está constituida por normas que se aplican a todos sin distinción, incluso a quienes las hacen. Lo que es un formidable freno.

miércoles, 5 de febrero de 2020

Un mero recital de hechos no es historia



Un mero recital de hechos no es historia, ni siquiera si se les añaden hipótesis científicamente comprobables; sólo sirve su ubicación en la textura concreta, opaca en ocasiones, pero continua, rica, plena, de la vida real, en el continuo intersubjetivo, directamente reconocible, de la experiencia, dice Isaiah Berlin. Pero estas ideas son tan difíciles de formar, añade Isaiah Berlin, tan subjetiva parece también una sucesión de enfoques, que existe una tentación natural de evitarlas por parte de los historiadores que se toman en serio su tarea, o, al menos, de reducirlas al mínimo. De ahí el alegato de aquellos investigadores austeros que declaran que establecer que el buen rey Dagoberto o el emperador León Isaurio fallecieron tal o cual día de tal o cual año, por trivial o tedioso que pueda parecer, es establecer un hecho firme, algo que los investigadores del futuro no se verán obligados a descubrir de nuevo, un sólido sillar en el templo del saber; mientras que un intento de analizar la mente medieval, de aportar una descripción tan vivida de alguna parcela de la sociedad franca o bizantina que haga posible que el lector se adentre en ella de forma imaginativa, es, en definitiva, una mera conjetura y periodismo, una fantasía coherente, concebida, tal vez, en términos modernos irrealizables que probablemente dará paso, en una fecha no muy distante, a alguna otra interpretación no menos arbitraria, que refleje todos los intereses y temperamentos de los nuevos intérpretes; ni historia ni ciencia, una pieza de expresión caprichosa, agradable, incluso fascinante, pero no ciencia, solo arte.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Se necesitan gobiernos que hagan respetar la ley y el derecho a la propiedad.

Prototipo internacional del kilogramo que se guarda en Sèvres, cerca de París.
Sólo existe un objeto en el mundo que pese oficialmente un kilogramo preciso, y reposa en una cámara acorazada a las afueras de París, Francia. El prototipo internacional del kilogramo, un pequeño cilindro de platino e iridio hecho en 1889, es el objeto con relación al cual están calibradas todas las balanzas del mundo. Ese trozo de metal se guarda bajo fuertes medidas de seguridad, pues muchos temen que si se dañara o perdiera, la actividad económica en todo el mundo poco a poco se paralizaría. Una compañía que comprara una tonelada de acero a una fábrica al otro lado del mundo ya no podría estar segura de que recibe la cantidad correcta y no se le ha timado mediante el uso de una escala mal calibrada. El establecimiento de estándares.


Cuenta el periodista británico Edmund Conway que la economía no puede funcionar aprovechando plenamente sus capacidades sin estándares oficiales, establecidos en la ley tanto en el nivel nacional como internacional. Incluso los más ardientes abanderados del libre mercado aceptan que seguimos necesitando gobiernos que hagan respetar la ley y el derecho a la propiedad. Sin tales leyes, el libre mercado no podría funcionar de manera apropiada y lo que tendríamos sería la anarquía (un peligro que ya había señalado Adam Smith). Necesitamos un gobierno para hacer cumplir los contratos entre las personas y las empresas y para establecer los estándares que los ciudadanos han de seguir. Las personas necesitan estar seguras sabiendo que si poseen algo no les será confiscado de manera arbitraria, y que las trampas y el robo no quedarán impunes.

martes, 13 de febrero de 2018

La pregunta de Poncio Pilato.

La pregunta de Poncio Pilato.
El relativismo se apoya en ciertos argumentos que se desprenden de la pregunta ¿qué es la verdad?, formulada por un escéptico confiado que sabe, con certeza, que no hay respuesta alguna. No obstante, la pregunta de Poncio Pilato puede contestarse de forma simple y razonable, aunque de una manera que difícilmente le habría satisfecho, como sigue, una aserción, proposición, enunciado, o creencia, es verdadera si, y sólo si, se corresponde con los hechos.

Karl Popper dice que debe admitirse que hay un núcleo de
Karl Popper
verdad, tanto en el escepticismo como en el relativismo. Tal núcleo lo constituye el hecho de que no existe ningún criterio general de verdad. Pero esto no justifica la conclusión de que la elección entre teorías en competencia es arbitraria. Simplemente significa que siempre podemos errar en nuestra elección, siempre podemos no dar con la verdad, siempre podemos no alcanzarla, que la certeza no es para nosotros, que somos falibles. Por lo que sabemos, esto no es más que la simple verdad. Hay pocos ámbitos del esfuerzo humano, si hay alguno, que estén libres de la falibilidad humana. Lo que una vez creímos bien establecido o incluso cierto, puede resultar más tarde no tan cierto (lo cual significa falso) y necesitado de corrección.

La creencia en la certeza científica y en la autoridad de la ciencia es un mero deseo, la ciencia es falible, porque es humana. Pero la falibilidad no debe entenderse como apoyo al escepticismo o relativismo, dice Popper. Y añade que del hecho de que podemos errar, y de que no existe un criterio de verdad que pueda salvarnos del error, no se sigue que la elección entre teorías sea arbitraria o irracional; que no podamos aprender, o conseguir acercarnos a la verdad. Aunque podemos aspirar a la verdad, aunque podemos incluso encontrar la verdad, como ocurre en muchos casos, nunca podemos estar muy seguros de que la hemos encontrado. Siempre existe la posibilidad del error.

Roger Martin du Gard
Cada descubrimiento de un error constituye un avance real del conocimiento. Como Roger Martin du Gard dijo en Jean Barois, “ya es algo si sabemos dónde no se encuentra la verdad”. 

Un enunciado es verdadero si se corresponde con los hechos. Está más cerca de la verdad que otro enunciado si se corresponde con los hechos más estrechamente que el otro. De una teoría como la de Kepler, que describe la trayectoria de los planetas con una precisión remarcable, podemos sostener que contiene mucha información verdadera, incluso aunque sea una teoría falsa, puesto que las desviaciones de las elipses de Kepler son un hecho. Y la teoría de Newton (incluso aunque demos por sentado que es falsa) contiene, por todo lo que sabemos, una cantidad asombrosa de información verdadera, mucha más que la teoría de Kepler. Así, la teoría de Newton es una aproximación mucho mejor que la de Kepler, se acerca más a la verdad. Pero eso no la hace verdadera, puede estar más cerca de la verdad y puede, pese a ello, ser una teoría falsa.


viernes, 12 de enero de 2018

El sabio puede inclinarse por el buen sentido o por la extravagancia.



Un gran sabio puede forjarse sus opiniones políticas y morales de manera tan arbitraria y bajo el imperio de consideraciones tan insensatas como los hombres carentes de toda experiencia sobre el razonamiento científico, dice Jean-François Revel. No existe dentro de su persona una osmosis entre la actividad en que su disciplina le obliga a no afirmar nada sin pruebas y sus opiniones sobre las cosas de la vida y los asuntos corrientes, en que obedece a las mismas incitaciones que cualquier otro hombre. Puede, igual que éste, de manera idénticamente imprevisible, inclinarse por el buen sentido o por la extravagancia, y eludir la evidencia cuando ésta contradice sus creencias, sus preferencias o sus simpatías.

lunes, 3 de abril de 2017

Las autoridades están obligadas a respetar los derechos fundamentales e inalienables de la persona humana.

El Catecismo de la Iglesia Católica dice que la autoridad no saca de sí misma su legitimidad moral. No debe comportarse de manera despótica, sino actuar para el bien común como una “fuerza moral, que se basa en la libertad y en la conciencia de la tarea y obligaciones que ha recibido”. La legislación humana sólo posee carácter de ley cuando se conforma a la justa razón; lo cual significa que su obligatoriedad procede de la ley eterna. En la medida en que ella se apartase de la razón, sería preciso declararla injusta, pues no verificaría la noción de ley; sería más bien una forma de violencia (S. Tomás de A., s. th. 1-2, 93, 3 ad 2). La autoridad sólo se ejerce legítimamente si busca el
bien común del grupo en cuestión y si, para alcanzarlo, emplea medios moralmente lícitos. Si los dirigentes proclamasen leyes injustas o tomasen medidas contrarias al orden moral, estas disposiciones no pueden obligar en conciencia.“En semejante situación, la propia autoridad se desmorona por completo y se origina una iniquidad espantosa”. “Es preferible que un poder esté equilibrado por otros poderes y otras esferas de competencia que lo mantengan en su justo límite. Es éste el principio del “Estado de derecho” en el cual es soberana la ley y no la voluntad arbitraria de los hombres”