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viernes, 13 de septiembre de 2019

Se necesitan gobiernos que hagan respetar la ley y el derecho a la propiedad.

Prototipo internacional del kilogramo que se guarda en Sèvres, cerca de París.
Sólo existe un objeto en el mundo que pese oficialmente un kilogramo preciso, y reposa en una cámara acorazada a las afueras de París, Francia. El prototipo internacional del kilogramo, un pequeño cilindro de platino e iridio hecho en 1889, es el objeto con relación al cual están calibradas todas las balanzas del mundo. Ese trozo de metal se guarda bajo fuertes medidas de seguridad, pues muchos temen que si se dañara o perdiera, la actividad económica en todo el mundo poco a poco se paralizaría. Una compañía que comprara una tonelada de acero a una fábrica al otro lado del mundo ya no podría estar segura de que recibe la cantidad correcta y no se le ha timado mediante el uso de una escala mal calibrada. El establecimiento de estándares.


Cuenta el periodista británico Edmund Conway que la economía no puede funcionar aprovechando plenamente sus capacidades sin estándares oficiales, establecidos en la ley tanto en el nivel nacional como internacional. Incluso los más ardientes abanderados del libre mercado aceptan que seguimos necesitando gobiernos que hagan respetar la ley y el derecho a la propiedad. Sin tales leyes, el libre mercado no podría funcionar de manera apropiada y lo que tendríamos sería la anarquía (un peligro que ya había señalado Adam Smith). Necesitamos un gobierno para hacer cumplir los contratos entre las personas y las empresas y para establecer los estándares que los ciudadanos han de seguir. Las personas necesitan estar seguras sabiendo que si poseen algo no les será confiscado de manera arbitraria, y que las trampas y el robo no quedarán impunes.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Europa actúa a la americana, aunque le cueste reconocerlo


Europa actúa a la americana. Las familias europeas toman Kellog’s en el desayuno y comen Oscar Mayers a la hora de cenar, pero en el intermedio, de la mañana a la noche, reciben impactos mediáticos, discusiones éticas y sanitarias, órdenes financieras, programas de software, idolatrías y mercancías norteamericanas. El mercado cultural europeo es ya un mercado de negocios a la americana; las industrias editoriales y cinematográficas, las emisoras de radio y televisión, asumen los prototipos de espacios americanos, y los jóvenes trabajan o se divierten con patrones transportados desde allá. En Europa los asesinos matan ya en los McDonald’s como en Estados Unidos y los viajantes europeos dormirán cada vez más en alguno de los cientos de Holiday Inn o Ramada que se están abriendo junto a las antiguas cañadas. La cultura pragmática a la americana induce a la supresión de las asignaturas de humanidades de los planes de estudio antes o dentro de la universidad. Los másters son americanos o inspirados en Estados Unidos. Los jóvenes sueñan en culminar su preparación en USA mientras la universidad europea ha tomado una deriva empresarial a su semejanza.

viernes, 1 de junio de 2018

A lo largo de la historia los paises han tenido que inventar historias para hacer historia.


Dibujo del Partenón de Atenas
A lo largo de la historia los paises han tenido que inventar historias para hacer historia. Un ejemplo lo encontramos en Grecia. Lo primero que tuvo que hacer la nueva nación griega en 1833 fue la de inventar su propia historia. Los griegos se hicieron con un rey y hablaron de convertir el Partenón en su residencia. El proyecto de Karl Friedrich Schinkel para este palacio era un collage de edificios clásicos apiñados alrededor de su prototipo, el Partenón. Éste se dejó en ruinas a modo de memento mori, para recordar a la joven nación que todas las civilizaciones quedarían un día reducidas a ruinas. El proyecto de Schinkel simulaba una Grecia que nunca había existido. Su palacio era una lección de historia, ofrecida a una nación que no poseía historia propia alguna.