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miércoles, 15 de diciembre de 2021

Platón se dio cuenta de que la posesión de bienes era un esfuerzo por compensar una vida espiritualmente empobrecida

Platón veía claramente que una comunidad ideal debía tener un nivel de vida material común, y que la riqueza desaforada o los deseos y los placeres inmoderados nada tenían que ver con que éste fuera satisfactorio. El bien era lo necesario, y lo necesario no era, esencialmente, contar con muchos bienes. Como Aristóteles, Platón deseaba un modo de vida que no fuese ni de privaciones ni de lujo. Quienes hayan leído algo sobre la historia de Grecia comprobarán que este ideal ateniense de la vida buena se encuentra simbólicamente a mitad de camino entre Esparta y Corinto, entre las ciudades que, respectivamente, asociamos con una vida militar dura y con un esteticismo suave y extremadamente sensual. ¿Deberíamos moderar nuestras necesidades o incrementar la producción? Platón no veía dificultades en responder a esta pregunta. Mantenía que un hombre razonable moderaría sus necesidades y que si desease vivir como un buen granjero o como un buen filósofo, no intentaría imitar los gastos de un vulgar jugador que acabase de hacer un buen negocio con el trigo, o los de una vulgar cortesana que acabase de conquistar a un vulgar jugador que acabase de hacer un buen negocio con el trigo. La riqueza y la pobreza,afirmaba Platón,son las dos causas del deterioro de las artes. Es probable que, bajo el influjo de la una o de la otra, tanto el trabajador como su trabajo degeneren, “porque la una engendra la molicie, la holgazanería y el amor a las novedades; y la otra este mismo amor a las novedades, la bajeza y el deseo de hacer el mal”.
Platón se dio cuenta de que la posesión de bienes no era un medio para alcanzar la felicidad, sino más bien un esfuerzo por compensar una vida espiritualmente empobrecida.

domingo, 28 de mayo de 2017

Promover el desarrollo humano integral requiere diálogo e implicación con las necesidades y los anhelos de la gente.

La lucha contra la pobreza, dice el Papa Francisco, exige una mejor comprensión de la misma como un fenómeno humano y no meramente económico. Promover el desarrollo humano integral requiere diálogo e implicación con las necesidades y los anhelos de la gente. Requiere escuchar a los pobres y su cotidiana experiencia de privaciones múltiples y sobrepuestas, ideando respuestas específicas a situaciones concretas. Ello requiere dar vida, en el interior de las comunidades y entre las comunidades y el mundo de los negocios, a estructuras de mediación capaces de reunir a las personas y los recursos, iniciando procesos en los cuales los pobres sean protagonistas principales y beneficiarios. Este enfoque de la actividad económica, basado en la persona, alentará la iniciativa y la creatividad, el espíritu empresarial y a las comunidades de trabajo y de empresa, de modo que se pueda favorecer la inclusión social y el crecimiento de una cultura de solidaridad eficaz.




Y continua el Papa Francisco diciendo "¿Cómo no estar preocupado por el grave problema del desempleo entre los jóvenes y adultos que no tienen los medios para promoverse a sí mismos? Es un problema que ha asumido proporciones verdaderamente dramáticas tanto en los países desarrollados como en aquellos en vías de desarrollo y que pide ser afrontado por sentido de justicia entre las generaciones y de responsabilidad para el futuro. Del mismo modo, los esfuerzos para afrontar el conjunto de las cuestiones enlazadas con el desarrollo de las nuevas tecnologías, con la transformación de los mercados y con las legítimas aspiraciones de los trabajadores, deben considerar no sólo a los individuos, sino también a las familias. Ésta, como saben, ha sido una preocupación expresada en las recientes asambleas sinodales sobre la familia, que han destacado cómo la incertidumbre en las condiciones laborales aumenta la presión y los problemas de la familia y tiene un efecto sobre la capacidad de la familia de participar fructuosamente en la vida de la sociedad".