domingo, 11 de agosto de 2024
Dios confía el hombre al hombre
jueves, 25 de abril de 2024
Suplantar al Creador por lo creado
jueves, 6 de abril de 2023
Ayudar al hermano necesitado
martes, 10 de noviembre de 2020
Fratelli Tutti
La encíclica Fratelli Tutti es profundamente inclusiva y está dirigida a todas las mujeres y hombres que componen la gran familia de la humanidad, no solo a los cristianos. En la encíclica, se citan ilustres autores romanos como Virgilio o Cicerón, notables intelectuales judíos como Hilel el Sabio, o grandes líderes sociales como Mahatma Gandhi, Martin Luther King o Desmond Tutu. El papa cuenta que las conversaciones que mantuvo con el gran imán Ahmad Al-Tayyeb, en Abu Dhabi en 2019, le han estimulado a escribir el documento. Al final de la encíclica ofrece como modelo a Charles de Foucauld (1858-1916), un militar y explorador francés, luego místico ermitaño y mártir, quien supo ver en cada mujer y hombre un verdadero hermano.
El profesor Rafael Domingo Oslé comenta que aunque son muchos y muy diversos los temas tratados, la encíclica tiene un hilo conductor claro. Solo seremos capaces de reconocer en nuestro prójimo a un hermano, con independencia de razas, fronteras, lenguas y culturas, si nos abrimos a los demás; es decir, si adoptamos la actitud del buen samaritano. No hemos cambiado suficientemente, dirá el papa si “ver a alguien sufriendo nos molesta, nos perturba, porque no queremos perder nuestro tiempo por culpa de los problemas ajenos”. Esta conversión, que implica la reconciliación, es un hecho personal y “nadie puede imponerla al conjunto de una sociedad, aun cuando deba promoverla”.
En esta encíclica, añade Rafael Domingo, el papa Francisco traza una senda clara para guiar a la humanidad hacia una unidad política, social y jurídica sin precedentes. Si el siglo XIX fue el siglo de la libertad, y el XX el de la igualdad, nuestro siglo XXI está llamado a ser el siglo de la fraternidad.
domingo, 12 de mayo de 2019
¿Dónde está Abel, tu hermano?
“Cuando la relación fraterna se daña, cuando se arruina la relación entre hermanos, se abre el camino hacia experiencias dolorosas de conflicto, de traición, de odio. El relato bíblico de Caín y Abel constituye el ejemplo de este resultado negativo. Después del asesinato de Abel, Dios pregunta a Caín: ¿Dónde está Abel, tu hermano? (Gen 4, 9a). Es una pregunta que el Señor sigue repitiendo en cada generación. Y lamentablemente, en cada generación, no cesa de repetirse también la dramática respuesta de Caín: No sé; ¿soy yo el guardián de mi hermano? (Gen 4, 9b). La ruptura del vínculo entre hermanos es algo feo y malo para la humanidad. Incluso en la familia, cuántos hermanos riñen por pequeñas cosas, o por una herencia, y luego no se hablan más, no se saludan más. La fraternidad es algo grande, cuando se piensa que todos los hermanos vivieron en el seno de la misma madre durante nueve meses, vienen de la carne de la madre. Y no se puede romper la hermandad” enseña el Papa Francisco.
viernes, 19 de enero de 2018
La madre del odio.
De la envidia nace la murmuración, la detracción, el gozo en lo adverso y la aflicción en lo próspero del prójimo. Con mucha frecuencia, la envidia es la causa de que se resquebraje la amistad entre amigos y la fraternidad entre hermanos; es como un cáncer que corroe la convivencia y la paz. Santo Tomás de Aquino la llama madre del odio.
domingo, 9 de octubre de 2016
El amor se muestra en las obras.
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| Aprender a amar |
El Papa Francisco en su viaje por Ecuador, Bolivia y Paraguay se preguntaba ¿Amamos nuestra sociedad o sigue siendo algo lejano, algo anónimo, que no nos involucra, no nos mete, no nos compromete? ¿Amamos nuestro país, la comunidad que estamos intentando construir? ¿La amamos sólo en en el mundo de las ideas? San Ignacio, contestaba el Papa, nos decía en los Ejercicios que el amor se muestra más en las obras que en las palabras. ¡Amémosla a la sociedad en las obras más que en las palabras! En cada persona, en lo concreto, en la vida que compartimos. Y además nos decía que el amor siempre se comunica, tiende a la comunicación, nunca al aislamiento. Dos criterios que nos pueden ayudar a mirar la sociedad con otros ojos. No solo a mirarla, sino a sentirla, a pensarla, a tocarla, a amasarla. A partir de este afecto, irán surgiendo gestos sencillos que refuercen los vínculos personales. 








