Mostrando entradas con la etiqueta nacionalsocialismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta nacionalsocialismo. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de septiembre de 2025

El fascismo era la base del New Deal

En la campaña de 1976, Ronald Reagan dijo que “en realidad, el fascismo era la base del New Deal”. El historiador alemán Wolfgang Schivelbusch denunciaba “áreas de convergencia entre el New Deal, el fascismo y el nacionalsocialismo” al apoyar “la teoría hegeliana de un Estado fuerte y militarista como la manera más eficiente de organizar las sociedades modernas, que ya no podían ser gobernadas por los principios anárquicos del liberalismo”. El propio Keynes escribía en la edición alemana de su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936) que “la teoría de la producción global, que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y un grado considerable de laissez-faire”. El propio diario alemán Völkischer Beobachter, órgano oficial del Partido Nazi, elogió a Roosevelt por “la adopción de restricciones nacionalsocialistas al pensamiento de sus políticas económicas y sociales” y su “desarrollo hacia un Estado autoritario”.

lunes, 9 de junio de 2025

Para millones de alemanes su atractivo estaba en las promesas de igualdad entre los Volksgenossen

Escribe Götz Aly en La utopía nazi que “la RDA disponía de 190.000 policías profesionales y otros tantos confidentes de la Stasi para controlar a sus 17 millones de habitantes; la Gestapo contaba en 1937 con apenas siete mil empleados, incluyendo las secretarias y administrativos, y el Servicio de Seguridad de las SS (Sicherheitsdienst, SD) con muchos menos; pero entre unos y otros mantenían vigilados a sesenta millones de habitantes, de lo que se deduce que la mayoría no necesitaba ninguna vigilancia”…….“lo que les unía no era el deseo de una nueva dominación de clase, sino de algo que hoy se da por sobrentendido, un marco político en el que la situación social en el momento del nacimiento determinara lo menos posible la trayectoria vital, la ocupación profesional y el prestigio social de una persona. Posteriormente se entendería la doctrina racista del nacionalsocialismo como pura incitación al odio y al asesinato; pero para millones de alemanes su atractivo estaba en las promesas de igualdad entre los Volksgenossen.”

sábado, 9 de noviembre de 2024

Pocos términos históricos, o políticos, admiten una polisemia tan diversa como el de fascista

Para el historiador Julio Gil Pecharromán “el nacionalsocialismo alemán se engloba dentro de lo que, genéricamente, definimos como el totalitarismo fascista, un modelo de organización de la sociedad y del Estado, con variantes nacionales, que se convirtió en sinónimo de triunfo en la Europa de entreguerras. Pocos términos históricos, o políticos, admiten una polisemia tan diversa como el de fascista. Desde su primitiva vinculación a la identidad de un partido político y de una propuesta ideológica, luego a una forma de Estado, más tarde a un bloque geopolítico y militar en guerra, para alcanzar en nuestros días el valor de exabrupto o descalificación de una conducta personal. Pese a su estrepitosa derrota de 1945, la connotación histórica del fascismo ha conservado un cierto aura de prestigio, o siquiera de fascinación, entre colectivos sociales concretos. En la Europa centro-oriental, caído el Muro de Berlín, durante los años noventa se produjo una cierta reivindicación de la fascistización de entreguerras por la vía de un renacido anticomunismo y de la reafirmación nacional frente a los vecinos. En el Oeste, la herencia del fascismo de los años treinta siempre ha sido reivindicada por opciones nacionalistas que, en no pocas ocasiones, han sentado diputados en los Parlamentos democráticos.”
Para el historiador Álvaro Lozano Cutanda, “el nazismo fue un período único y brutal, y su historia levanta todavía una terrible polémica. En Alemania los debates en torno al nazismo son seguidos con gran atención por parte de una opinión pública que se debate todavía entre el olvido y el doloroso recuerdo. El dilema de olvidar fue enfrentado por Chaim Herzog en 1987, cuando se convirtió en el primer presidente de Israel que visitaba Alemania tras la creación del Estado de Israel. En el transcurso del viaje visitó el antiguo campo de concentración de Bergen-Belsen, que él había conocido cuando servía como oficial del ejército británico en 1945. Enfrentado al horror del recuerdo de aquel campo afirmó: “No traigo el perdón conmigo, ni tampoco el olvido. Los únicos que pueden perdonar están muertos, los vivos no tienen derecho a olvidar”.

jueves, 22 de agosto de 2024

Chamberlain pagó muy caro el desoír las propuestas del Vaticano

Chamberlain

Mit brennender Sorge (en español: Con ardiente preocupación) es una encíclica del papa Pío XI sobre la situación de la Iglesia católica en la Alemania nazi, publicada el 14 de marzo de 1937.El Vaticano toma cartas en el asunto abandonando la costumbre de publicar las encíclicas en latín para presentar su Mit brennender Sorge, un texto del cual distribuye clandestinamente más de 300.000 ejemplares, donde condena la confusión panteísta, el así llamado mito de la raza y la sangre y la deificación del Estado.Para no parecer que el ataque al nacionalsocialismo equivale a simpatizar con el comunismo, nueve días después (el 19 de marzo de 1937)Pío XI publica la encíclica Divini Redemptoris, mucho más explícita en su denuncia del régimen soviético, que entre 1918 y 1928 ha eliminado a ocho de cada diez clérigos rusos.
A principios de 1940, cuando el nuevo papa Pío XII, que ha sido nuncio en Alemania, hace saber al Gobierno inglés que la cúpula militar derrocaría al régimen “si se asegura a Alemania una paz honorable, sin renunciar a lo anexionado antes de invadir Polonia”, y ofrece como testimonio de buena voluntad la más importante de las noticias: en pocas semanas habrá un ataque masivo a Francia, usando los Países Bajos como vía de entrada. Más no podía hacer por entonces el Vaticano, y Chamberlain pagará muy caro dudar de lo segundo. En cuanto a lo primero, no es ocioso recordar que Inglaterra rechazó también en 1916 y 1917 propuestas de paz honorable, y quizá nunca sabremos si en 1940 prefirió medio millón de británicos muertos  a tolerar cosa distinta de una rendición incondicional. Lo indudable es que frenó el complot contra Hitler, pues ningún patriota asumiría los riesgos de matarle si el futuro de su país volviese a ser el acordado en Versalles.
Pio XI

Oficialmente, el Foreign Office y el servicio secreto británico desoyeron las propuestas de los conspiradores alemanes en función de su carácter “dudoso”, en parte por creer que Hitler contó siempre con la adhesión de todos o casi todos sus generales, y en parte porque podía tratarse de una maniobra. Sin embargo, Gördeler llegó a departir con Churchill; era innegable que Canaris le respaldaba, y el director del MI6, Stewart Menzies, reconoció más tarde la “asombrosa valentía” del almirante. Es digno de recuerdo también que uno de los principales asesores de Chamberlain entonces fuese E. H. Carr, el historiador, escindido de puertas adentro entre una antigua lealtad hacia Hitler y una naciente adhesión a Stalin. 
Referencia:Los enemigos del comercio, III de Antonio Escohotado

sábado, 24 de julio de 2021

¿Cómo fue posible que se infligiera un final violento a tantas vidas humanas?


Como exclama uno de los personajes de Grossman, la clave tanto del nacionalsocialismo como del estalinismo era la capacidad de privar a grupos de seres humanos del derecho a ser considerados como tales. La única respuesta era proclamar una y otra vez que eso no era cierto; los judíos y los kulaks “son personas. Son seres humanos. Ahora veo que todos somos seres humanos”. Aquí la literatura trabaja contra lo que Arendt llamó el mundo ficticio del totalitarismo. Las personas pueden ser asesinadas en grandes cantidades, sostiene la autora, porque líderes como Stalin y Hitler son capaces de imaginarse un mundo sin kulaks o sin judíos y después adaptar el mundo, aunque sea de manera imperfecta, a sus visiones. La matanza pierde su peso moral, no porque se oculte sino porque se impregna de la ficción que la provocó. Los muertos pierden su carácter humano: se reencarnan desesperadamente como actores de un drama de progreso incluso cuando, o quizá especialmente cuando, un enemigo ideológico contradice y se opone a ese relato. Grossman sustrajo a sus víctimas de la cacofonía de un siglo e hizo que sus voces fueran audibles dentro de la interminable polémica. De Arendt y de Grossman proceden dos sencillas ideas. Primero, la comparación legítima entre la Alemania nazi y la Unión Soviética estalinista no sólo debe explicar los crímenes, sino también asumir la humanidad de todos los implicados, incluidas las víctimas, los perpetradores, los que estaban allí y los líderes. Segundo, una comparación legítima debe empezar por la vida antes que por la muerte. La muerte no es una solución, sólo una cuestión. Debe ser una fuente de inquietud, nunca de satisfacción. Sobre todo, no debe proporcionar la floritura retórica que conduce un relato a un final cerrado. Del mismo modo que la vida da sentido a la muerte, y no al contrario, la pregunta esencial no es qué conclusiones políticas, intelectuales, literarias o psicológicas podemos extraer de los asesinatos en masa. Las conclusiones implican una falsa armonía, un canto de sirena disfrazado de canto de cisne. La pregunta esencial es ¿cómo fue posible (cómo es posible) que se infligiera un final violento a tantas vidas humanas?

martes, 20 de abril de 2021

El cardenal de Múnich criticó desde el principio la ideología anticristiana del nacionalsocialismo


En Italia el fascismo era aceptado como una solución a la amenaza comunista y al caos democrático incluso por los ex presidentes democráticos Nitti y Giolitti en pleno Parlamento; incluso por el último secretario general del Partito Popolare, Alcide de Gasperi. El Vaticano consintió en la retirada gradual de don Luigi Sturzo, fundador del Partido Popular, y muchos católicos se apuntaron con entusiasmo al régimen fascista, escribe Ricardo de la Cierva.


Pío XI había transformado radicalmente el concepto anterior de Acción Católica y quería utilizarla como instrumento para la influencia de la Iglesia en la sociedad. La Acción Católica de Pío XI era una amplia organización clerical, dependiente de la jerarquía pero muy activa en sus movimientos juveniles, universitarios y sociales. Pío XI creyó en 1933 que Hitler sería un valladar contra el comunismo soviético y la Internacional comunista pero en el mes de agosto de ese mismo año 1933 protestó contra las primeras persecuciones antijudías de los nazis.
Deutsche Christen

Los protestantes, consecuentes con la servil doctrina luterana sobre el poder de los príncipes, no sólo aceptaron a Hitler sino que muchos de ellos se integraron en una especie de Iglesia alemana política, los Cristianos Alemanes, que aceptó la imposición, por parte del régimen nazi, de un “Obispo del Reich” vicario de Hitler cuyo único acto consecuente fue el suicidio al hundirse el Tercer Reich.

Cardenal Michael von Faulhaber

El cardenal de Múnich monseñor Faulhaber, que se había inclinado ante los hechos consumados, criticó desde el principio del régimen la ideología anticristiana y las pretensiones totalitarias del nacionalsocialismo, según el historiador alemán Karl Dietrich Bracher. El mismo autor, que no es un panegirista del catolicismo, reconoce: “A pesar de estas limitaciones, el significado de la oposición católica es bastante impresionante” y demuestra ampliamente la tesis con numerosos casos concretos, por ejemplo: “Miles de sacerdotes y laicos fueron encarcelados o llevados a campos de concentración”. El jesuita Alfred Delp fue, junto al teólogo protestante Bonhoeffer, un auténtico mártir de la oposición contra el nazismo. Hubert Jedin califica al concordato como “excelente línea defensiva” y concluye: “El hecho de que el catolicismo alemán pudiera salir de la etapa del Tercer Recih esencialmente mucho más intacto que casi todos los demás grandes grupos de situación similar, es una de las consecuencias a largo plazo del acuerdo de 20 de julio de 1933”.


lunes, 11 de mayo de 2020

No abandonemos los vastos campos de la libertad para perdernos en regiones desoladas, hostiles, sombrías y deprimentes



El 25 de enero de 1937, Winston Churchill pronunció un discurso durante la cena anual de la Cámara de Comercio en Leeds. En su alocución trató de lo que el comunismo y el nacionalsocialismo tenían en común: “El nazismo y el comunismo son dos religiones ateas. Desde el continente y otros lugares se nos insta a elegir de qué lado estamos. Yo las repudio a ambas, y no quiero tener nada que ver con ninguna de ellas. En realidad, son como dos gotas de agua. Tweedledum y Tweedledee eran completamente distintos comparados con ellas. Es como sustituir a Dios por el mal. El amor por el odio. Yo he tomado una decisión. He madurado. He decidido que ni en geografía ni en política me iré nunca al polo norte ni al polo sur. Prefiero una zona templada. Prefiero Londres, París o Nueva York. Mantengámonos fieles a nuestra fe y vayamos y quedémonos allí donde la policía secreta no hiele el aliento de nuestras palabras. No abandonemos los vastos campos de la libertad para perdernos en esas regiones desoladas, hostiles, sombrías y deprimentes.” Churchill había identificado algunos de los elementos clave que el nazismo y el comunismo tenían en común; la antipatía hacia la religión trascendental, el malévolo papel de la policía secreta y una ideología que organizaba el odio de las masas, ya fuera al capitalismo, a la democracia liberal o a razas y clases sociales enteras.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Millones de personas se sintieron deslumbradas por el comunismo, fascismo o el nacionalsocialismo


Por más que a posteriori el comunismo soviético se haya considerado un horroroso paréntesis en la historia de Rusia y del mundo, generaciones enteras de izquierdistas se sintieron fascinados por los objetivos de su proyecto utópico totalitario. Millones de ciudadanos soviéticos contribuyeron a la construcción de esa experiencia política, haciendo oídos sordos a las derivaciones genocidas de miseria y terror que comportó desde sus inicios.


Millones de personas se sintieron deslumbradas en la época por el comunismo, fascismo o el nacionalsocialismo. Las reflexiones sobre los totalitarismos a menudo han perdido de vista los nutridos apoyos sociales que confirieron a dictadores como Lenin, Stalin, Mussolini y Hitler.

martes, 5 de junio de 2018

La criminalidad del nacismo proviene de aquella parte de su inspiración que comparte con el comunismo.

Hitler y Lenin.
“Lenin no escondió en lo más mínimo lo que debía a los jacobinos; Hitler, lo que debía a Lenin”, señala Jules Monnerot. De todo ello se deriva que intentar absolver al comunismo en nombre de su inspiración profunda, acorde con los ideales de la modernidad, equivale a oscurecer el hecho de que esta inspiración constituye la raíz no sólo de sus crímenes, sino también de los del nazismo, afirma el
Jules Monnerot
académico francés Alain de Benoist. Nada es más falso que pensar que, contrariamente al comunismo, el nazismo ha sido un régimen criminal por adecuarse a una ideología exclusivamente propia de él. Por el contrario, su criminalidad proviene de aquella parte de su inspiración que comparte con el comunismo. Es lo que constata François Rouvillois cuando escribe, a propósito del nazismo, que lo que le hace criminal no es lo que le distingue del marxismo, sino muy precisamente lo que comparte con él. Si el marxismo y el nacionalsocialismo, agrega Rouvillois, son igualmente totalitarios, es por lo que les une, es porque ambos provienen de esta modernidad radical que, por sus presupuestos históricos y antropológicos, no podía sino acabar en la pesadilla.

Alain de Benoist
Alain de Benoist escribe que “de igual modo que los logros positivos de un régimen totalitario no pueden justificar sus crímenes, o que los crímenes de un régimen totalitario no pueden justificar los de otro, el recuerdo de los sistemas totalitarios no puede hacer aceptar a la sociedad actual en lo que tiene de más destructivo y deshumanizante. No se tiene el derecho de aceptar una suerte injusta, so pretexto de que se podría sufrir otra peor. Los sistemas políticos tienen que ser juzgados por lo que son, no mediante la comparación con otros, cuyos defectos atenuarían los suyos. Cualquier comparación deja de ser válida cuando se convierte en una excusa, cada patología social tiene que ser estudiada por separado”.

miércoles, 28 de febrero de 2018

Comunismo y nacionalsocialismo, ambos menosprecian la libertad.


El filólogo de Dresde Victor Klemperer el 31 de diciembre de 1933 escribió en su diario: “Nacionalsocialismo y comunismo: ambos son materialistas y tiránicos, ambos menosprecian y niegan la libertad de espíritu y del individuo”.

Fosa común en el bosque de Katyn
Los crímenes nazis se cometieron en su gran mayoría entre 1941 y 1945, y fueron entonces examinados y juzgados en Núremberg por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, mientras que los crímenes de los bolcheviques fueron produciéndose en oleadas a lo largo de un periodo de violencia de veinticinco años, y solo quedaron completamente al descubierto cuando el propio comunismo se derrumbó en 1991. La mayoría de los crímenes nazis se perpetraron contra ciudadanos no alemanes, mientras que la mayoría de las víctimas del comunismo fueron ciudadanos de la Unión Soviética.

La mayoría de los crímenes nazis se perpetraron contra ciudadanos no alemanes, mientras que la mayoría de las víctimas del comunismo fueron ciudadanos de la Unión Soviética

miércoles, 22 de marzo de 2017

De Hegel parte una línea de pensamiento político que a través de Carl Schmitt conduce a la justificación del Estado totalitario.

Hegel.
De Hegel parte una línea de pensamiento político que a través de Carl Schmitt conduce a aquellos constitucionalistas que mirando retrospectivamente la ingobernabilidad de la República de Weimar creyeron un deber justificar al Estado totalitario. 


Totalitarismo del siglo XX.
Hegel, fascinado por el totalitarismo napoleónico, alcanzó con su influjo, a través de la divinización del Estado, a la génesis (o al menos la justificación solemne) del totalitarismo del siglo XX. No ofrece duda la vinculación hegeliana del fascismo (Mussolini la reconoció de manera expresa) y también del nacionalsocialismo alemán. El totalitarismo soviético y el chino se derivaron también de la misma fuente, pero por la izquierda y a través de Carlos Marx.

Hegel, fascinado por el totalitarismo napoleónico, alcanzó con su influjo, a través de la divinización del Estado, a la génesis  del totalitarismo del siglo XX.