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sábado, 18 de abril de 2026

John M. Keynes pronosticó el fin del trabajo

Que los humanos vamos a tener que seguirnos especializando en aquellos trabajos que requieran flexibilidad, intuición y creatividad para seguir siendo necesarios. Otro de los valores en alza para las profesiones del futuro es la empatía, porque las personas vamos a seguir necesitando que nos entiendan. Los trabajos que requieran despertar emociones o reaccionar ante imprevistos son los que deberán ser necesariamente humanos. Además de la creatividad y la innovación, a salvo de la robotización, están también muchas de las ocupaciones relacionadas con el entretenimiento y el ocio, especialmente en España, donde el turismo es una pieza clave de su economía.
La mitad de los trabajos en el sector público, incluido el de los policías, serán automatizados antes de 2030. Tampoco los empleos de alta cualificación están exentos del riesgo de ser sustituidos por la inteligencia artificial. La buena noticia es que el proceso ahorraría a las arcas públicas millones de euros. Los robots, además, no acumulan moscosos. La mala no solo es la pérdida de empleos, sino que, en el caso de las fuerzas de seguridad, el dilema va mucho más allá de lo económico. Las implicaciones éticas de la robotización de los servicios públicos cobran otra dimensión con las armas autónomas y los drones de vigilancia a las ciudades. El trabajo policial robotizado cambiaría por completo, igual que ha transformado el militar. ¿Qué labores podrían ser sustituidas por la robotización? ¿Solo la vigilancia o también el ejercicio de la fuerza como en Dallas? ¿Dónde está el límite? Según el profesor Sharkey, es fundamental exigirles una caja negra a los robots que permita abrirlos y reprogramarlos. Por inofensivos que sean, si su comportamiento se basa en imitar patrones humanos, pueden reproducir conductas racistas o violentas. Todo depende de los humanos que los programen o imiten. La ventaja en el caso de que las redadas las hagan los policías automáticos es que,si se detectaran comportamientos inmorales, a ellos sí se los podrá reprogramar, siempre cuando respetar los derechos humanos esté en los planes de su dueño.
Más difícil será hacerles entender que quejarnos de lo ocupados que estábamos era, en realidad, una manera enrevesada de presumir de ello. El fin del trabajo no es nuevo. John M. Keynes lo pronosticaba en 1930. Decía que los avances tecnológicos del capitalismo reducirían la semana laboral a quince horas en el próximo siglo (o sea, en este) y ocupar el tiempo libre se convertiría en nuestra mayor preocupación. Todavía parece difícil de creer, pero su profecía podría cumplirse un siglo después, antes incluso de 2030.

Referencia:El fin del mundo tal y como lo conocemos  de Marta García Aller

viernes, 7 de noviembre de 2025

Preferir lo que es bueno a lo que es útil


Uno de los más influyentes economistas del siglo XX, John Maynard Keynes, seguía esperando que llegaría inevitablemente el día en que la sociedad se centraría en los fines (la felicidad y el bienestar, por ejemplo) antes que, como hasta ahora, en los medios (el crecimiento económico y la persecución individual del beneficio). Keynes escribió que “la avaricia es un vicio, la práctica de la usura es un delito, y el amor al dinero es detestable… Debemos una vez más valorar los fines por encima de los medios y preferir lo que es bueno a lo que es útil”. E insistió en que “no está lejos el día en que el problema económico estará en el asiento de atrás, donde debe ir, y el corazón y la cabeza volverán a ser ocupados y reocupados por nuestros problemas reales, los problemas de la vida y de las relaciones humanas, de la creación, del comportamiento y de la religión”.

martes, 16 de septiembre de 2025

El fascismo era la base del New Deal

En la campaña de 1976, Ronald Reagan dijo que “en realidad, el fascismo era la base del New Deal”. El historiador alemán Wolfgang Schivelbusch denunciaba “áreas de convergencia entre el New Deal, el fascismo y el nacionalsocialismo” al apoyar “la teoría hegeliana de un Estado fuerte y militarista como la manera más eficiente de organizar las sociedades modernas, que ya no podían ser gobernadas por los principios anárquicos del liberalismo”. El propio Keynes escribía en la edición alemana de su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936) que “la teoría de la producción global, que es la meta del presente libro, puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario que la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia y un grado considerable de laissez-faire”. El propio diario alemán Völkischer Beobachter, órgano oficial del Partido Nazi, elogió a Roosevelt por “la adopción de restricciones nacionalsocialistas al pensamiento de sus políticas económicas y sociales” y su “desarrollo hacia un Estado autoritario”.

martes, 16 de abril de 2024

El Gobierno no tiene que hacer cosas que estén haciendo ya los individuos

En palabras de Keynes, “el gobierno no tiene que hacer cosas que estén haciendo ya los individuos, para hacerlas un poco mejor o un poco peor, sino que tiene que hacer las cosas que no se están haciendo en absoluto”. Iniciativas estatales como la creación del Banco de Inglaterra o, posteriormente, la Sociedad Británica de Radiodifusión (BBC), son buenos ejemplos del tipo de acciones gubernamentales en las que Keynes estaba pensando. En su opinión, el Estado por medio de sus políticas monetarias (tipo de interés a través de la existencia de un Banco Central) y fiscales (manejo de los impuestos a fin de ordenar la demanda y el ahorro) podía ejercer como regulador del juego económico en momentos de contracción de la demanda y la inversión. En conceptos macroeconómicos, para Keynes el incremento del gasto estatal no tenía por qué significar algo catastrófico, sino una manera de permitir que la población obtuviese las ganancias suficientes para tirar de una demanda periclitada, por ejemplo, debido a una crisis especulativa y de sobreproducción como la de 1929. De esta manera, en su opinión, se podría dar salida a amplias producciones acumuladas en stocks imposibles de colocar a nadie, se crearía empleo y se evitaría así la terrible realidad del paro masivo. En realidad, la propuesta Keynesiana estaba destinada a salvar la democracia de corte occidental, ya que la teoría clásica no parecía poder resolver por sí misma la existencia de las innegables crisis periódicas del sistema capitalista.

lunes, 6 de noviembre de 2023

Desempleo tecnológico

Gran parte del ensayo de Keynes, titulado Posibilidades económicas de nuestros nietos, se ocupa de la cuestión de lo que la gente podría hacer con su tiempo libre cuando la productividad ha aumentado hasta el punto en que las máquinas hacen todo el trabajo. ¿Realmente no queda suficiente trabajo que puedan hacer los humanos? Keynes no lo creía. Ahora mismo estamos sufriendo un fuerte ataque de pesimismo económico. “Estamos sufriendo,no del reuma de la vejez, sino de los dolores de crecimiento debido a cambios demasiado rápidos, del dolor debido al reajuste entre un período económico y otro”, escribió Keynes. “La automatización va a destruir los empleos no manuales de la misma manera que una vez destruyó empleo en las fábricas. Tenemos una economía que se basa en el crecimiento, pero la era del crecimiento ha pasado”. Keynes, de manera profética, le dio un nombre a nuestra actual angustia, “desempleo tecnológico”. Lo definió como nuestra incapacidad para hallar nuevos usos para la mano de obra a la misma velocidad que hallamos maneras de eliminar su necesidad.“Pero esta es solo una fase temporal de desajuste” concluyo.

lunes, 1 de mayo de 2023

El capitalismo en sí mismo no genera los valores que hacen posible el éxito

Adam Smith

Adam Smith sostenía en La teoría de los sentimientos morales que el capitalismo en sí mismo no genera los valores que hacen posible el éxito; los hereda del mundo precapitalista o no capitalista, o bien los toma prestados (por decirlo así) del lenguaje de la religión o la ética. Valores como la confianza, la fe, la creencia en la fiabilidad de los contratos, la asunción de que el futuro mantendrá los compromisos pasados, etcétera, no tienen nada que ver con la lógica de los mercados per se, pero son necesarios para su funcionamiento. A esto Keynes añadió el argumento de que el capitalismo no genera las condiciones sociales necesarias para su propio sustento.

miércoles, 5 de abril de 2023

Mediante la inflación, los gobiernos pueden confiscar, secretamente,la riqueza de sus ciudadanos

Keynes recordaba a los lectores que la pérdida de valor de las monedas era una invitación para la revolución. “Dicen que Lenin ha dicho que la mejor forma de destruir el Sistema Capitalista es corromper la moneda”, escribe Keynes. “Mediante un proceso continuado de inflación, los gobiernos pueden confiscar, secretamente y sin ser observados, una parte importante de la riqueza de sus ciudadanos”. Keynes reconoció la perspicacia del líder bolchevique. “Lenin tenía toda la razón”, escribió. “No hay una forma más sutil y más segura de acabar con la sociedad que corrompiendo la moneda”. En noviembre de 1918, según los cálculos de Keynes, “en Rusia y el Imperio austro-húngaro este proceso de emitir dinero ha llegado a un punto en el que de cara al comercio internacional la moneda no tiene prácticamente ningún valor”. Pero Keynes advirtió de que “la preservación de un valor falso o falaz de la moneda, con tal de cumplir la ley expresada en la regulación de los precios, contiene, en sí misma, las semillas de la decadencia económica final”.

jueves, 9 de marzo de 2023

Se puede lograr un aumento del nivel de vida

Keynes

Keynes no deseaba la abolición de los mercados, como sugieren los pensadores comunistas, y rechazó el comunismo ruso por tres motivos. En primer lugar, “destruye la libertad y la seguridad en la vida cotidiana”; en segundo lugar, su teoría marxista “no sólo está equivocada desde un punto de vista científico, sino que no posee interés ni es de aplicación práctica en el mundo moderno”, y las obras marxistas son, en general, “una basura rimbombante”; por último, “exalta al rudo proletariado frente a la burguesía y los intelectuales”; dicho de otro modo, se mofa de gente como Keynes y su círculo. Hayek no deseaba abolir el Estado, tal como sugerían los pensadores anarco-capitalistas. 

Alfred Marshall

Para el economista británico Alfred Marshall, “se puede lograr un gran aumento del nivel de vida si se restringen ciertos tipos de gasto que no sirven a ningún fin elevado y se destinan los recursos así liberados al bienestar de los miembros menos prósperos de las clases trabajadoras”.

viernes, 4 de marzo de 2022

Keynes y Hayek

Hayek y Keynes

Keynes creía que el hombre era responsable de su propio destino, mientras que Hayek, con cierta reticencia, creía que el hombre estaba destinado a vivir según las leyes naturales de la economía del mismo modo que estaba obligado a vivir según el resto de las leyes naturales. En este sentido, los dos hombres llegaron a representar dos visiones alternativas de la vida y el gobierno, Keynes adoptando una visión optimista de que la vida no sería tan dura si los que ocupan las posiciones de poder tomaran las decisiones adecuadas, y Hayek suscribiendo la noción pesimista de que los humanos tenían unos límites muy estrictos y que los intentos por alterar las leyes de la naturaleza, por bienintencionados que fueran, estaban condenados a tener como mínimo consecuencias no deseadas.

miércoles, 23 de febrero de 2022

Para Keynes el Tratado de Versalles preparaba el terreno para una segunda guerra mundial

John Keynes

Al terminar la Primera Guerra Mundial, en 1918, pidieron John Keynes para que les asesorara sobre la mejor forma de conseguir las máximas indemnizaciones de los derrotados alemanes. Lo que Keynes descubrió en las conversaciones de paz de París le sorprendió. Mientras que los victoriosos líderes aliados soñaban con la miseria que esperaban provocar en el país alemán mediante penas financieras severas, Keynes veía las cosas de una forma ligeramente diferente. Creía que para provocar deliberadamente la miseria de un país como Alemania, había que imponer la pobreza total a sus ciudadanos, lo cual crearía las condiciones perfectas para el extremismo político, la insurrección e incluso la revolución. Keynes creía que el Tratado de Versalles, en lugar de propiciar un final justo para la primera guerra mundial, había preparado el terreno para la segunda guerra mundial. De vuelta a casa, escribió Las consecuencias económicas de la paz, una crítica devastadora a la locura de los líderes aliados. Keynes, creyendo que las indemnizaciones podían ser desastrosas para la posibilidad de conseguir la paz permanente en Europa, se sentía cada vez más miserable. “Estoy totalmente agotado, en parte por el trabajo y en parte por la depresión que me produce ver el mal que hay a mi alrededor, escribió a su madre, la paz es aberrante e imposible y no puede traer nada más que desgracia… supongo que he sido cómplice de toda esta maldad y locura, pero el fin está muy próximo”.



“Los que firmen este Tratado firmarán la sentencia de muerte de muchos millones de hombres, mujeres y niños alemanes, escribió,la condena afecta tanto a los austríacos, como a los alemanes”. Keynes citó un editorial publicado en Arbeiter Zeitung, el periódico vienés. “Todas las cláusulas (del Tratado de Saint-Germain) están impregnadas de crueldad y de implacabilidad, y no se puede detectar en ellas ni un ápice de humanidad, lo cual va en contra de lo que une a los hombres y es un crimen contra la propia humanidad, contra unas personas que sufren y son torturadas”. Keynes comentó: “Conozco con detalle el Tratado Austríaco y estuve presente durante la redacción de algunas de sus condiciones, pero no me resulta fácil rebatir la justicia de este ataque”.

lunes, 23 de abril de 2018

Paraísos fiscales.


En el año 2010, la Universidad de Michigan publicó un estudio que constataba la existencia de cincuenta y dos paraísos fiscales. La mayoría, en territorio de países miembros del G-20. Keynes proponía la eliminación de esos paraísos porque perturban un orden medianamente justo.

lunes, 18 de septiembre de 2017

La economía es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos.

Los despropósitos en materia económica que escuchamos a los políticos se pueden resumir con una frase de Keynes: “La economía es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos”. En efecto, los estados utilizan la economía de una forma mediatizada. La auténtica necesidad pública se mezcla con la ideológica, con el ansia de poder y con la corrupción, dando lugar a algo llamado “política económica”, eufemismo de malversación de caudales públicos.
Se está produciendo abundancia material y empobrecimiento personal. Es una catástrofe y una mala economía; se está organizando la producción usando al hombre como medio, una lamentable economía de la pobreza. Una economía, donde un pequeño porcentaje de población acumula la mayoría de la renta, mientras que el resto padece necesidad es una economía con poco futuro, ineficiente por inhumana.

lunes, 31 de julio de 2017

La guerra fría resultó tener que ver más con la mantequilla que con los cañones.


Si la guerra fría se hubiera calentado en algún momento, es muy probable que la hubiese ganado la Unión Soviética. Con un sistema político mucho más capaz de absorber fuertes bajas de guerra (la tasa de mortalidad de la Segunda Guerra Mundial, expresada como porcentaje de la población de antes de la guerra, había sido allí cincuenta veces superior a la de Estados Unidos), la Unión Soviética también tenía un sistema económico idealmente adaptado para la producción masiva de armamento sofisticado, cuenta el profesor Ferguson. De hecho, en 1974 los soviéticos tenían un arsenal de bombarderos estratégicos y misiles balísticos considerablemente mayor. Desde el punto de vista científico, iban solo un poco por detrás de Estados Unidos.  Asimismo,
estaban provistos de una ideología que resultaba mucho más atractiva que la alternativa norteamericana en las sociedades poscoloniales de todo lo que pasaría a conocerse como el Tercer Mundo, donde a los campesinos pobres les esperaba una vida de servidumbre bajo la bota de unas élites corruptas que poseían toda la tierra y controlaban las fuerzas armadas. 

Allí donde había una lucha de clases significativa, el comunismo podía prevalecer. No obstante, al final la guerra fría resultó tener que ver más con la mantequilla que con los cañones, con los juegos de pelota que con las bombas. Las sociedades que vivían en un perpetuo temor al apocalipsis tenían, sin embargo, que seguir con su vida civil, dado que hasta los grandes ejércitos de las décadas de 1950 y 1960 eran mucho más pequeños que los de la década de 1940. De un máximo del 8,6 por ciento de la población en 1945, las fuerzas armadas de Estados Unidos pasaron a menos
del 1 por ciento en 1948, y desde entonces nunca superaron el 2,2 por ciento, ni siquiera en el apogeo de las intervenciones norteamericanas en Corea y Vietnam. La Unión Soviética se mantuvo más militarizada, pero, aun así, la parte militar de la población disminuyó después de su máximo posbélico del 7,4 por ciento en 1945, y permaneció constantemente por debajo del 2 por ciento a partir de 1957. El problema de la Unión Soviética era muy simple, Estados Unidos ofrecía una versión mucho más atractiva de la vida civil que los soviéticos. Y ello no solo se debía a una ventaja intrínseca en términos de dotación de recursos; se debía también a que la planificación económica centralizada, aunque indispensable para el éxito en la carrera armamentística nuclear, resultaba del todo inadecuada para satisfacer las demandas de consumo. Puede que el planificador sea el más capacitado para inventar y entregar el arma definitiva a

un solo cliente, el Estado; pero nunca puede esperar satisfacer los deseos de millones de consumidores individuales, cuyos gustos se hallan, en cualquier caso, en constante cambio. Esta era una de las muchas ideas expuestas por el eterno rival de Keynes, el economista austríaco Friedrich von Hayek, en cuyo Camino de servidumbre (1945) había advertido a Europa occidental de que debía resistirse a la quimera de la planificación en tiempos de paz. Fue, dice Ferguson, en la satisfacción (y la creación) de demandas de consumo donde el modelo mercantil estadounidense, revitalizado durante la guerra por el mayor estímulo fiscal y monetario de todos los tiempos, y resguardado por la geografía de las depredaciones de la guerra total, se reveló invencible.


sábado, 4 de marzo de 2017

Marx se equivoco al creer que las recesiones se debían a una superproducción generalizada.

Keynes
El profesor Joseph Heath  manifiesta que se equivocó Marx al creer que las recesiones se debían a una superproducción generalizada. Keynes demostró que las recesiones no las producía un exceso de bienes, sino una escasez de dinero. La solución no sería crear nuevas necesidades a los consumidores para incrementar la demanda general de bienes, ya que esto no produciría efecto alguno. Lo que habría que hacer es simplemente poner más dinero en circulación. Éste fue precisamente el remedio que aplicaron, cada uno a su manera, los países occidentales después de la II Guerra Mundial, dominando así el ciclo económico. La publicidad no tuvo nada que ver. Por desgracia, el diagnóstico keynesiano ha popularizado el concepto de “estimular la demanda” durante una recesión, como si realmente se paralizara la demanda al escasear la oferta. De hecho, una crisis sólo produce una disminución del volumen y número de intercambios, acompañada de una menor demanda de todos los demás bienes excepto el dinero. 
Lo que quieren es hacer que el dinero circule.
Cuando los políticos animan al consumidor a salir de compras para ayudar a levantar la economía, no pretenden generar más demanda (porque una mayor demanda se corresponde siempre con el correspondiente incremento de la oferta). Lo que quieren es hacer que el dinero circule. Sin embargo, esto no lo entienden los políticos ni la población en general. Por eso ha tenido tanto éxito la teoría marxista sobre el consumismo. Los anticapitalistas insisten en tratar el consumo y la producción como dos procesos completamente independientes. La revista Adbusters, por ejemplo, ha obtenido una notoriedad mundial con su campaña para instaurar el Día Mundial del No Comprar. Pero ignora el hecho de que, sea como sea, no podemos evitar gastar la
Producción.
totalidad de nuestros ingresos. Si no lo gastamos nosotros mismos, mientras lo tengamos en el banco lo gastarán otras personas. Lo único que podemos hacer para reducir el consumo es reducir nuestra contribución a la producción. Pero, claro, el Día Mundial de No Ganar Dinero no suena igual de bien.


una crisis sólo produce una disminución del volumen y número de intercambios, acompañada de una menor demanda de todos los demás bienes excepto el dinero.