Mostrando entradas con la etiqueta sistema capitalista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sistema capitalista. Mostrar todas las entradas

martes, 16 de abril de 2024

El Gobierno no tiene que hacer cosas que estén haciendo ya los individuos

En palabras de Keynes, “el gobierno no tiene que hacer cosas que estén haciendo ya los individuos, para hacerlas un poco mejor o un poco peor, sino que tiene que hacer las cosas que no se están haciendo en absoluto”. Iniciativas estatales como la creación del Banco de Inglaterra o, posteriormente, la Sociedad Británica de Radiodifusión (BBC), son buenos ejemplos del tipo de acciones gubernamentales en las que Keynes estaba pensando. En su opinión, el Estado por medio de sus políticas monetarias (tipo de interés a través de la existencia de un Banco Central) y fiscales (manejo de los impuestos a fin de ordenar la demanda y el ahorro) podía ejercer como regulador del juego económico en momentos de contracción de la demanda y la inversión. En conceptos macroeconómicos, para Keynes el incremento del gasto estatal no tenía por qué significar algo catastrófico, sino una manera de permitir que la población obtuviese las ganancias suficientes para tirar de una demanda periclitada, por ejemplo, debido a una crisis especulativa y de sobreproducción como la de 1929. De esta manera, en su opinión, se podría dar salida a amplias producciones acumuladas en stocks imposibles de colocar a nadie, se crearía empleo y se evitaría así la terrible realidad del paro masivo. En realidad, la propuesta Keynesiana estaba destinada a salvar la democracia de corte occidental, ya que la teoría clásica no parecía poder resolver por sí misma la existencia de las innegables crisis periódicas del sistema capitalista.

lunes, 8 de mayo de 2023

Sociedad del conocimiento

Dice Antoni Brey que tal y como hoy está planteada, la sociedad del conocimiento no es más que una nueva etapa de un sistema capitalista de libre mercado que aspira a poder seguir creciendo gracias a la incorporación de un cuarto factor de producción, el conocimiento, al clásico trío formado por la tierra, el trabajo y el capital. Desde la concepción democrático liberal en que nos encontramos inmersos, no alcanzamos a vislumbrar alternativas consistentes a la sociedad del conocimiento….El conocimiento es un producto, es el resultado de procesar internamente la información que obtenemos de los sentidos, mezclarla con conocimientos previos, y elaborar estructuras que nos permiten entender, interpretar y en último término, ser conscientes de todo lo que nos rodea y de nosotros mismos. Es decir, el conocimiento reside en nuestro cerebro y es el fruto de los procesos mentales humanos. Lo que proviene del exterior es, simplemente, información……La biblioteca recoge el saber, la transcripción del conocimiento de determinados individuos, que se torna nuevamente conocimiento cuando es estudiado y entendido.



miércoles, 5 de abril de 2023

Mediante la inflación, los gobiernos pueden confiscar, secretamente,la riqueza de sus ciudadanos

Keynes recordaba a los lectores que la pérdida de valor de las monedas era una invitación para la revolución. “Dicen que Lenin ha dicho que la mejor forma de destruir el Sistema Capitalista es corromper la moneda”, escribe Keynes. “Mediante un proceso continuado de inflación, los gobiernos pueden confiscar, secretamente y sin ser observados, una parte importante de la riqueza de sus ciudadanos”. Keynes reconoció la perspicacia del líder bolchevique. “Lenin tenía toda la razón”, escribió. “No hay una forma más sutil y más segura de acabar con la sociedad que corrompiendo la moneda”. En noviembre de 1918, según los cálculos de Keynes, “en Rusia y el Imperio austro-húngaro este proceso de emitir dinero ha llegado a un punto en el que de cara al comercio internacional la moneda no tiene prácticamente ningún valor”. Pero Keynes advirtió de que “la preservación de un valor falso o falaz de la moneda, con tal de cumplir la ley expresada en la regulación de los precios, contiene, en sí misma, las semillas de la decadencia económica final”.

viernes, 24 de junio de 2016

El mercado capitalista acabará ocupando unos nichos limitados.

Cada vez hay más autores que escriben libros y los venden en Internet a un precio muy bajo, incluso gratuitamente, prescindiendo de editoriales, correctores, impresores, mayoristas, distribuidores y minoristas. El coste de vender y distribuir cada copia es prácticamente nulo.

Miles de millones de personas tienen acceso a más y más información de una manera casi gratuita. Hoy, más de una tercera parte de la especie humana genera su propia información mediante teléfonos móviles y ordenadores relativamente baratos y la comparten en forma de vídeo, audio o texto en un mundo conectado en red y caracterizado por la colaboración.  En todo el mundo ya hay millones de consumidores que a la vez son productores que generan su propia electricidad verde, y se calcula que cerca de cien mil personas fabrican sus propios productos mediante impresoras 3D. Hay cerca de seis millones de estudiantes matriculados en cursos abiertos y masivos por Internet (MOOC, por sus siglas en inglés) impartidos por los mejores profesores del mundo; estos cursos otorgan créditos universitarios.

Conectados en inmensas redes continentales y mundiales
En los tres casos, los costes iniciales siguen siendo relativamente elevados, pero estos sectores crecen siguiendo una curva exponencial muy parecida a la que ha seguido la informática, cuyos costes marginales se han ido aproximando a cero en los últimos decenios. Entre los próximos veinte y treinta años se estará conectados en inmensas redes continentales y mundiales,se producirá y compartirá energía verde y productos y servicios físicos, y se aprenderá en aulas virtuales, todo ello con un coste marginal cercano a cero que llevará la economía a una era de bienes y servicios casi gratuitos, dice el profesor Jeremy Rifkin.


Chris Anderson
Muchos de los actores principales de la revolución del coste marginal cercano a cero sostienen que los bienes y servicios casi gratuitos serán mucho más corrientes, pero también abrirán nuevas posibilidades para crear otros bienes y servicios con unos márgenes de beneficio suficientes para mantener el crecimiento e incluso para permitir que el sistema capitalista pueda prosperar. Chris Anderson, exdirector de la revista Wired, nos recuerda que desde hace mucho tiempo se regalan productos para atraer a posibles clientes con el fin de que compren otros productos, y cita el ejemplo de Gillette, el primer fabricante de hojas de afeitar desechables que regala las maquinillas de afeitar para que los consumidores compren las hojas de repuesto. Del mismo modo, muchos músicos y cantantes de hoy dejan que millones de personas compartan sus obras en Internet con la esperanza de atraer a fans que paguen por asistir a sus conciertos en directo. The New York Times y The Economist ofrecen a millones de personas la lectura gratuita de algunos artículos en Internet con la esperanza de que un porcentaje de esos lectores decidan suscribirse y pagar por leer sus noticias y reportajes con más detalle. En este sentido, la gratuidad es una estrategia de marketing para crear una cartera de clientes de pago. Estas aspiraciones pecan de cortedad de miras y hasta puede que de ingenuidad. Cuantos más bienes y servicios que conforman la vida económica de la sociedad se acerquen a un coste marginal cercano a cero y sean casi gratuitos, más irá menguando el mercado capitalista hasta acabar ocupando unos nichos limitados donde las empresas rentables solo podrán sobrevivir en los márgenes de la economía, con una clientela cada vez más escasa para unos productos y servicios muy especializados.