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jueves, 21 de septiembre de 2017

Cuando un pueblo se ve abandonado por el espíritu militar, la profesión de las armas deja inmediatamente de ser tenida por honrosa.


Cuando quienes hubieran podido elegir la carrera militar ven cómo decaen los atractivos de este oficio, se ven disuadidos por ello. Según Alexis de Tocqueville, éste es un hecho que se da especialmente en los ejércitos democráticos en tiempo de paz. “Cuando un pueblo se ve abandonado por el espíritu militar, la profesión de las armas deja inmediatamente de ser tenida por honrosa y los militares descienden por debajo de los funcionarios públicos; se les estima en muy poco y dejan de ser comprendidos… De ahí procede un círculo de causa y efecto del que resulta difícil escapar, lo mejor de la nación vuelve la espalda a la profesión militar porque esta profesión no recibe honores, y la profesión no recibe honores porque lo mejor de la nación ha dejado de seguirla”. En pocas palabras, personas seguramente menos capacitadas son llamadas a llevar a cabo una tarea más difícil en la que el error se paga más caro, y en la que la responsabilidad, en las esferas más altas, es asombrosa.


Una decisión incorrecta del gerente de una empresa, o de un consejo de administración, puede costar mucho dinero y dejar muy deprimidos a una gran cantidad de accionistas, pero los errores militares han costado cientos de miles de vidas e incalculables sufrimientos tanto a soldados como a civiles. 

viernes, 8 de septiembre de 2017

La independencia de España fue impopular en la generalidad de los habitantes hispanoamericanos.


Al mediar la tercera década del siglo XIX, los pueblos de Hispanoamérica terminaron de acceder a su independencia que se había planteado más contra Francia que contra España, con ocasión de la agresión napoleónica contra el reino y la corona de España en 1807-1808. Al hundirse el Ejercito de la Junta Central a fines de 1809, y caer Sevilla, capital de Hispanoamérica, en manos de los invasores en 1810, los núcleos criollos de poder iniciaron el proceso de independencia. Pero en realidad, escribe Ricardo de la Cierva, lo que hicieron desde nuestra perspectiva fue cambiar la dependencia de España por la dependencia de otros dos imperialismos económicos y, al fondo, políticos: el de Inglaterra y el de los Estados Unidos. Esta sustitución del Imperio español, clave anterior de la unidad hispanoamericana, por el imperialismo anglosajón es la trama fundamental de la historia iberoamericana (en Brasil, la sustitución del Imperio portugués fue formalmente algo más tardía, pero el proceso es el mismo) en el siglo XIX, que por muchos motivos parece prolongarse hasta la mitad del siglo XX cuando los intentos populistas trataban inútilmente de proporcionar a Iberoamérica una alternativa a la dependencia. 


 Indalecio Lievano
Opina Indalecio Lievano Aguirre, hombre de izquierda, sobre el trasfondo social de la emancipación que “a los esclavos, los indios los desposeídos y las razas de color, les resultaron ininteligibles los despliegues de falsa erudición de los abogados criollos y la misma premura demostrada por la nueva clase gobernante para servirse del poder en beneficio exclusivo de sus intereses, se encargó de devolverle su antiguo prestigio a la causa española y de convertirla en una alternativa para los humildes menos desastrosa que la posible hegemonía del patriciado criollo, cuyos personeros solo aceptaban la independencia si ella se traducía en la institucionalización de un orden social que les garantizara el monopolio de la riqueza y les protegiera de la atormentada inconformidad de los desposeídos”. “Ello explica, prosigue Lievano, el escaso calado que tuvo en el pueblo el movimiento de rebelión contra España, mientras ese movimiento se identifico con los intereses del patriciado criollo. Así lo confiesa paladinamente, por ejemplo, uno de los generales granadinos de la Independencia, Joaquín
Posada Gutiérrez
Posada Gutiérrez, quien al respecto anota en sus Memorias Histórico-Políticas “He dicho poblaciones hostiles porque es preciso que se sepa que la independencia fue impopular en la generalidad de los habitantes, que los ejércitos españoles se componían de cuatro quintas partes de hijos del país, que los indios, en general, fueron tenaces defensores del Gobierno del rey, como que presentían que tributarios eran más felices de lo que serian como ciudadanos de la república”. “Resultan por tanto, termina Lievano, ajustadas a la realidad histórica de la época las siguientes observaciones del historiador socialista venezolano Carlos Irazabal: “Nada más natural entonces que el pueblo bajo adoptara frente a la independencia, al iniciarse esta, una posición hostil. Prefirió el pueblo, a la bandera revolucionaria, los estandartes reales. Lo contrario hubiera sido un contrasentido, pues para él luchar por la causa de España era objetivamente luchar por su libertad (contra la opresión criolla) como combatir en las filas patriotas significaba reforzar sus cadenas”.

lunes, 31 de julio de 2017

La guerra fría resultó tener que ver más con la mantequilla que con los cañones.


Si la guerra fría se hubiera calentado en algún momento, es muy probable que la hubiese ganado la Unión Soviética. Con un sistema político mucho más capaz de absorber fuertes bajas de guerra (la tasa de mortalidad de la Segunda Guerra Mundial, expresada como porcentaje de la población de antes de la guerra, había sido allí cincuenta veces superior a la de Estados Unidos), la Unión Soviética también tenía un sistema económico idealmente adaptado para la producción masiva de armamento sofisticado, cuenta el profesor Ferguson. De hecho, en 1974 los soviéticos tenían un arsenal de bombarderos estratégicos y misiles balísticos considerablemente mayor. Desde el punto de vista científico, iban solo un poco por detrás de Estados Unidos.  Asimismo,
estaban provistos de una ideología que resultaba mucho más atractiva que la alternativa norteamericana en las sociedades poscoloniales de todo lo que pasaría a conocerse como el Tercer Mundo, donde a los campesinos pobres les esperaba una vida de servidumbre bajo la bota de unas élites corruptas que poseían toda la tierra y controlaban las fuerzas armadas. 

Allí donde había una lucha de clases significativa, el comunismo podía prevalecer. No obstante, al final la guerra fría resultó tener que ver más con la mantequilla que con los cañones, con los juegos de pelota que con las bombas. Las sociedades que vivían en un perpetuo temor al apocalipsis tenían, sin embargo, que seguir con su vida civil, dado que hasta los grandes ejércitos de las décadas de 1950 y 1960 eran mucho más pequeños que los de la década de 1940. De un máximo del 8,6 por ciento de la población en 1945, las fuerzas armadas de Estados Unidos pasaron a menos
del 1 por ciento en 1948, y desde entonces nunca superaron el 2,2 por ciento, ni siquiera en el apogeo de las intervenciones norteamericanas en Corea y Vietnam. La Unión Soviética se mantuvo más militarizada, pero, aun así, la parte militar de la población disminuyó después de su máximo posbélico del 7,4 por ciento en 1945, y permaneció constantemente por debajo del 2 por ciento a partir de 1957. El problema de la Unión Soviética era muy simple, Estados Unidos ofrecía una versión mucho más atractiva de la vida civil que los soviéticos. Y ello no solo se debía a una ventaja intrínseca en términos de dotación de recursos; se debía también a que la planificación económica centralizada, aunque indispensable para el éxito en la carrera armamentística nuclear, resultaba del todo inadecuada para satisfacer las demandas de consumo. Puede que el planificador sea el más capacitado para inventar y entregar el arma definitiva a

un solo cliente, el Estado; pero nunca puede esperar satisfacer los deseos de millones de consumidores individuales, cuyos gustos se hallan, en cualquier caso, en constante cambio. Esta era una de las muchas ideas expuestas por el eterno rival de Keynes, el economista austríaco Friedrich von Hayek, en cuyo Camino de servidumbre (1945) había advertido a Europa occidental de que debía resistirse a la quimera de la planificación en tiempos de paz. Fue, dice Ferguson, en la satisfacción (y la creación) de demandas de consumo donde el modelo mercantil estadounidense, revitalizado durante la guerra por el mayor estímulo fiscal y monetario de todos los tiempos, y resguardado por la geografía de las depredaciones de la guerra total, se reveló invencible.


miércoles, 15 de febrero de 2017

Los tests se han utilizado masivamente.

Los tests se han utilizado masivamente para seleccionar candidatos a puestos de empresa, y también por los ejércitos en las dos guerras mundiales. Las empresas emplean todavía los tests para elegir candidatos, y los ejércitos para decidir rápidamente entre la enorme masa de reclutas cuáles están más capacitados para aprovechar el adiestramiento y convertirse en suboficiales u oficiales, y así no perder el tiempo entrenando a soldados menos capacitados intelectualmente que otros. Pero si en un grupo de jóvenes no buscan un empleado o un sargento, sino un socio para hacer una fortuna, no valen los tests convencionales, no miden tal capacidad. Hasta hace poco no se ha intentado una valoración técnica de estas y otras variantes de aptitudes superiores. 
R. Sternberg
R. Sternberg desarrolló hace poco en la Universidad de Yale un nuevo concepto de la medida de la inteligencia por tests que tengan en cuenta tales aptitudes para el triunfo no académico, como, por ejemplo (si queremos mencionar algo extravagante), la capacidad de comunicación de los mimos profesionales y la de sobrevivir de los timadores hábiles. En
Howard Gardner
otra universidad, la de Harvard, Howard Gardner ha trabajado en la detección de los doce tipos de inteligencia práctica que no suelen valorarse en colegios y universidades, entre ellos los de manipulación de personas, esencial para los líderes, y la aptitud creativa clave en los escritores y artistas. La importancia de estos conceptos, que no son nuevos, pero que al fin reciben una vía de aplicación real, no sólo está en el diagnóstico precoz de talentos escondidos, sino también en la reorientación de los pedagogos para que estimulen en las aulas estas aptitudes.
 

domingo, 11 de diciembre de 2016

La formación de tropas durante el siglo XVI y XVII.

Los Tudor.
En el siglo XVI era frecuente que los gobiernos reclutasen parte de sus soldados en el extranjero, bien porque las tropas extranjeras estuvieran mejor entrenadas, o porque fueran más de fiar, o tal vez con el único fin de impedir que las pudiese utilizar un gobierno enemigo. Lo ha observado sir George Clark: “El mapa de las fuertes de recursos humanos en una guerra normalmente no solía coincidir de forma exacta con el mapa de los componentes políticos de los dos bandos”. Así, entre 1544 y 1551, los Tudor emplearon caballería albana y un regimiento de infantería española contra los escoceses, y hasta el 20 por 100 de los ejércitos franceses de este período lo constituían tropas suizas y alemanas. En ambos casos, las tropas extranjeras formaban preferentemente la élite, sirviendo en la vanguardia de todas las acciones de guerra, puesto que se confiaba en ella más que en ninguna otra y puesto que sin ellas no se atrevían a emprender ni la operación más insignificante, dice el profesor Parker. 

Los ejércitos de los Habsburgo dependían todavía más de las tropas extranjeras; el Ejército de Flandes, por ejemplo, estaba integrado por tropas de hasta seis naciones diferentes. Al lado de las tropas reclutadas en el país, las valonas, prestaban servicio unidades españolas, italianas, borgoñonas, alemanas y británicas. Con el fin de reducir las fricciones, se las mantenía como unidades independientes administrativamente; los españoles podían servir y mandar sólo contingentes españoles y así los demás. No obstante, raras veces las tropas extranjeras del Ejército de Flandes eran simples mercenarios como las tropas auxiliares españolas que servían en el ejército de los Tudor o las suizas en el de los Valois. La inmensa mayoría eran a la vez súbditos y soldados del rey de España. Las tropas españolas, borgoñonas y las de los Países Bajos, así como las italianas reclutadas en los dominios españoles de Lombardía, Nápoles o Sicilia servían todas a su propio príncipe soberano. Las alemanas se reclutaban cuidadosamente en los Estados patrimoniales de los Habsburgo, en Austria, en el Tirol y en Alsacia, pretendiéndose con ello ganar su conformidad política y religiosa. Incluso las tropas británicas antes de 1605 eran las que habían traicionado a las ciudades holandesas al seguir a España o bien católicos inconformistas que buscaban asilo en la persecución; en ambos casos eran totalmente adictos al rey de España y a su causa. Con anterioridad a la década de 1640 los simplemente mercenarios eran pocos.
El ejército de Flandes
Sin embargo,ningún estado podía otorgar comisiones para reclutar tropas fuera de sus límites territoriales,ello infringiría la soberanía de otro príncipe. Durante el Imperio, el Ejército de Flandes tenía que hacer sus levas, en las Islas Británicas y en la Italia no española, mediante asentistas. Obviamente eran menores las implicaciones políticas que suponía reclutar soldados para una potencia extranjera si una agencia neutral o nativa actuaba como intermediario, como empresario. 
Los Tercios y la Guerra franco-española (1635)
En 1631 el rey pedía algunas tropas valonas para emplearlas en España, siendo ésta la primera de una larga serie de peticiones semejantes. A raíz de estallar la guerra con Francia en 1635, fueron embarcadas para España tropas alemanas, irlandesas y valonas, mientras que se enviaban por mar al Ejército de Flandes tropas españolas y unas pocas italianas. En ambos escenarios los extranjeros sirvieron como tropa de élite. España había creado un sistema de expatriación militar, dice Parker.

En el siglo XVI era frecuente que los gobiernos reclutasen parte de sus soldados en el extranjero

Durante el Imperio, el Ejército de Flandes tenía que hacer sus levas, en las Islas Británicas y en la Italia no española, mediante asentistas