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lunes, 19 de mayo de 2025

La responsabilidad del fracaso de la Armada Invencible habría que atribuírsela a la Luna

Se ha tratado de explicar el fracaso de la Armada Invencible por el borrascoso verano de 1588. Ya frente a las costas de Galicia tuvieron los barcos que detenerse ante una fuerte borrasca. Muchos de ellos se refugiaron en La Coruña. Luego la armada sufrió otra galerna en el Cantábrico, que dispersó a los navíos, que tardaron varios días preciosos en poder reagruparse. Cuando finalmente llegaron frente a las costas británicas, hubieron de sufrir continuos temporales, tampoco los ingleses pudieron zarpar a tiempo de Plymouth, y los combates se desarrollaron sin apenas avistarse los navíos unos a otros en el canal de La Mancha, entre nubes y cortinas de agua. Un famoso climatólogo británico, Hubert Lamb, calcula que hubo una sucesión de siete borrascas distintas en el plazo de un mes, un hecho que representaría un régimen de circulación atmosférica francamente anormal, especialmente para el ritmo del verano. Sin embargo, es posible que buena parte de la responsabilidad del fracaso haya que atribuírsela a la Luna. No olvidemos que el propósito de la Armada era, más que un combate naval, el transporte de los famosos Tercios de Flandes de las costas de los Países Bajos a las de la Gran Bretaña, en una travesía rápida. Una vez en tierra, la victoria de los españoles estaba prácticamente asegurada. Por los días en que los navíos temporizaban frente a las costas de Flandes, hostigados de lejos por los ingleses, se registraban mareas de cuadratura o “mareas muertas”, que impedían a los buques pesados, encargados de transportar a los ejércitos de Alejandro Farnesio (unos 40.000 hombres), franquear las barras de los puertos flamencos. Sin aquellas tropas no era posible invadir Inglaterra. Y la expedición no tenía otra finalidad. Cuando el régimen de mareas mejoró, los galeones españoles habían sido arrojados por los vientos hacia el mar del Norte.
Referencia:  Historia de los cambios climáticos (José Luis Comellas)

sábado, 31 de agosto de 2024

Los milicianos de la República se convirtieron en las tropas mejor pagadas del mundo

Milicianos

En cuanto a las posibilidades económicas de ambos bandos en la guerra civil española, los republicanos al principio gozaron de una enorme ventaja, pues contaban con el apoyo de cinco de las siete ciudades más grandes de España y de la mayoría de las zonas industriales, además de la reserva de oro y plata del Banco de España, la cuarta más importante del mundo (por más que se haya difundido la imagen de que España era un país totalmente subdesarrollado). El 9 de agosto, Indalecio Prieto pronunció un discurso fundamental por radio en el que declaraba que la victoria de la izquierda sería inevitable: “Una guerra no es simple heroísmo… Si la guerra, cual dijo Napoleón, se gana principalmente a base de dinero, dinero y dinero, la superioridad del Estado … es evidente. Con los recursos financieros totalmente en manos del Gobierno, podría ascender hasta la esfera de lo legendario el valor heroico de quienes impetuosamente se han alzado en armas contra la República, y aun así …, serían inevitable, inexorable, fatalmente vencidos.” Así podría haber sido si hubiera habido un Gobierno fuerte y coherente, tal y como se suponía en la proclama de Prieto, pero ese no era el caso. El gobierno republicano no desapareció, como han sugerido algunos estudios históricos, pero su autoridad se redujo enormemente, puesto que en casi todas las localidades el poder quedó en manos de los grupos revolucionarios.
Los milicianos de la República se convirtieron, al menos oficialmente, en las tropas mejor pagadas del mundo, con un sueldo de diez pesetas diarias, pero carecían de liderazgo, adiestramiento y disciplina, manifiesta Stanley George Payne.

jueves, 14 de octubre de 2021

Sabemos quienes quemaron Amorebieta, por tanto, imaginamos quienes incendiaron Guernica

Peter Kemp

El militar y escritor ingles Peter Kemp ( 1913-1993) cuenta que el famoso incidente de Guernica fue muy bien dirigido y se emplearon grandes sumas de dinero. "La oficina central de Botteau le informó que los republicanos gastaron alrededor de seiscientas mil libras esterlinas en París, únicamente en propaganda sobre Guernica. La historia que circulaba afirmaba que Guernica, ciudad abierta, fue destruida con bombas incendiarias arrojadas por la aviación nacionalista. Cardozo se indignaba, por el éxito de esa propaganda en Inglaterra. Estuvo en Guernica inmediatamente después de su ocupación por los nacionalistas, pudiendo examinarla y recorrerla a sus anchas. Afirmaba estar convencido, por lo que había visto, de que los propios republicanos incendiaron la población, antes de abandonarla, como habían igualmente hecho en Irún, Eibar y Amorebieta, durante su retirada en las provincias vascas. Él, personalmente, presenció el incendio de Amorebieta. Guernica fue ciertamente bombardeada por los nacionalistas, pero entonces no era ciudad abierta, puesto que estaba llena de tropas republicanas, y, además, era cuartel general divisional. Después de contemplar el incendio de Amorebieta, Cardozo entró en la población al día siguiente y hablo con algunos de los pocos habitantes que allí quedaron. Antes de abandonar la pequeña ciudad, los milicianos penetraron en las casas, llevándose cuanta comida y ropas encontraron, incluso los vestidos que las gentes llevaban puestos, por lo que estos últimos tuvieron que cubrirse con sacos; luego incendiaron las casas. Sabemos quienes quemaron Amorebieta, dijeron aquellas pobres gentes a Cardozo; por tanto, imaginamos muy bien quienes incendiaron Guernica”.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Al miedo hay que oponerle también miedo, o algo que resulte igual de poderoso.

John Keegan
Nos engañaríamos si pensáramos que los hombres pueden ser conducidos a la batalla solo mediante estímulos, halagos o inspiración, cuenta John Keegan. Las meras palabras constituyen un antídoto un tanto incierto contra el miedo. Al miedo hay que oponerle también miedo, o algo que resulte igual de poderoso o más. El comandante que no se atreva a amenazar a sus tropas con el castigo, o que no se digne sobornarlas o recompensarlas, será una presa fácil.
Arthur Wellesley. Duke of Wellington

Wellington que mandaba hombres que se habían alistado en el ejército por necesidad y que servían en él sin el menor sentido del deber público,consideraba indispensables el castigo feroz y la recompensa en forma de botín.

Napoleón, el primero que mandó algo parecido a un ejército de ciudadanos, había comprendido desde el primer momento que la dignidad del ciudadano soldado exigía que se lo recompensase por su conducta excepcional no con el premio arbitrario del botín, sino mediante signos que expresasen la estima de la sociedad. La Legión de Honor, instituida en 1802, fue la primera condecoración al valor creada en un ejército que se le podía conceder a cualquier soldado, al margen de su rango.

Entrega de condecoraciones de la Legión de Honor por el emperador Napoléon, el 14 de julio de 1804.
Hitler, que era dueño del mecanismo de ascensos y condecoraciones, hizo abundante uso de él con sus generales de éxito. De manera astuta, restituyó el estilo de conquista de los antiguos, y benefició a algunos escogidos de alto rango con las llamadas donaciones, es decir, concesiones de tierras o de dinero entregadas en privado y
en secreto. Era un procedimiento calculado para socavar la integridad de la Generalität, sembrando la desunión y desarmando a la oposición. Con todo, hasta su ruptura total con el ejército en julio de 1944, Hitler fue curiosamente poco severo con los derrotados, aun si eran contrarios a él.

Stalin, quien, tras haber asesinado a la mitad de los oficiales veteranos del ejército rojo en 1938, no vaciló al ejecutar a los generales que fracasaron en la crisis de 1941; algunos se suicidaron, anticipándose a su destino.

sábado, 24 de junio de 2017

España apoyó a Juárez.

El general Prim pasando revista a las tropas españolas en Veracruz
Los españoles, al mando del general Prim, rebasaban los seis mil hombres. Francia envió tres mil e Inglaterra ochocientos. A su llegada se extendió por México un intenso movimiento monárquico que contaba con el apoyo de Napoleón III. El general español, miembro de la masonería, casado con una mexicana y muy bien informado sobre el apoyo de los Estados Unidos a Juárez, apostó por la victoria de Juárez y decidió la retirada de sus tropas. Convenció de lo mismo a los ingleses; pero no a los franceses que deciden apoyar militarmente a los conservadores y monárquicos mexicanos. Negar la influencia masónica sobre estos sucesos equivale a negarse a la evidencia, dice el profesor de la Cierva.

miércoles, 21 de junio de 2017

La entrada de las tropas de Franco en Cataluña resultó apoteósica.

La apoteosis del triunfo tuvo su escenario en la Plaza de Cataluña
Se ha repetido gratuitamente que Cataluña fue vencida en la guerra civil española, hay que aclarar que fue muy al contrario. Cataluña se dividió como el resto de España y ante los disparates de separatistas, anarquistas y demás sectores del Frente Popular la entrada de las tropas de Franco en Cataluña resultó apoteósica, como reconoció el propio jefe de Estado mayor del ejército vencido, general Vicente Rojo en su tremendo libro “Alerta los pueblos”.
Cardenal Gomá. 

Por otro lado, hay que aclarar que antes de que el general Franco llegase al poder supremo el 1 de octubre de 1936 las columnas de Mola habían fusilado a varios eclesiásticos nacionalistas, unos dieciséis, lo que motivo la intercesión posterior del cardenal Gomá ante Franco que le garantizó el cese de las ejecuciones.

miércoles, 14 de junio de 2017

Muchos se derrumbaban debido a la tensión del combate continuado.

General George Patton 
El general George Patton abogaba por fusilar a los cobardes, y  abofeteó, en Sicilia, a un soldado con fatiga de combate al que acusaba de simularla. Los altos mandos británicos del norte de África e Italia rogaban a su gobierno que restaurara la pena de muerte por deserción, como en la primera guerra mundial. Otros mandos, cuyas opiniones prevalecieron, estaban a favor de proporcionar atención psiquiátrica (así como la atención médica tradicional) en puestos de auxilio avanzados. Reconocían que la mente, sujeta a la amenaza cotidiana de la muerte, los impactos de bombardeos aéreos y de artillería de alta velocidad, el miedo a minas y trampas explosivas, la desnutrición, una higiene deplorable y la falta de sueño, infligía heridas tan reales como las del cuerpo. 

Muchos se derrumbaban debido a la tensión del combate continuado
Proporcionar atención a hombres destrozados, así como comida caliente, buenas ropas y descanso, hacía que su restablecimiento y vuelta al campo de batalla fuera más probable que mediante amenazas de ejecución por fusilamiento. Pocos desertores eran cobardes. Muchos se derrumbaban debido a la tensión del combate continuado, tras haberse enfrentado al enemigo del Eje sin descanso durante, a veces, meses enteros. Debido al defectuoso sistema aliado de reemplazo de tropas en el frente, se forzaba a los hombres hasta más allá de su límite. El mal liderazgo ejercido por suboficiales pobremente entrenados, muchos de los cuales se abstenían de entrar en combate personalmente, dejaba a los jóvenes soldados sin ninguna inspiración a la hora de soportar oleadas de artillería a lo largo de líneas de combate a menudo estáticas, cuenta el escritor e historiador Charles Glass.

En cualquier compañía, batallón o división, los altos índices de deserción apuntaban a fallos en la línea de mando y aprovisionamiento, de los que tan responsables eran los líderes como los hombres que desertaban. La cohesión en las unidades de combate era mala, como demostraron estudios de posguerra, dice Glass, porque se distribuía individualmente a los soldados de reemplazo por diferentes
Su propia muerte parecía inevitable. 
compañías y divisiones, en lugar de como cuerpos de hombres que se conocían y confiaban los unos en los otros. Algunos hombres desertaban cuando todos sus demás compañeros de unidad habían caído y su propia muerte parecía inevitable. 

desertores 
Los que mostraban más simpatía hacia los desertores eran los demás soldados del frente. En algún momento todos habían tenido la tentación de abandonar el combate mediante la deserción, disparándose en el pie o quedándose atrás cuando se les ordenaba avanzar. Raro era el soldado de infantería que recomendaba a sus colegas no abandonar la línea de combate. Lo sorprendente no es que tantos hombres desertaran, sino que lo hicieran tan pocos.

domingo, 11 de diciembre de 2016

La formación de tropas durante el siglo XVI y XVII.

Los Tudor.
En el siglo XVI era frecuente que los gobiernos reclutasen parte de sus soldados en el extranjero, bien porque las tropas extranjeras estuvieran mejor entrenadas, o porque fueran más de fiar, o tal vez con el único fin de impedir que las pudiese utilizar un gobierno enemigo. Lo ha observado sir George Clark: “El mapa de las fuertes de recursos humanos en una guerra normalmente no solía coincidir de forma exacta con el mapa de los componentes políticos de los dos bandos”. Así, entre 1544 y 1551, los Tudor emplearon caballería albana y un regimiento de infantería española contra los escoceses, y hasta el 20 por 100 de los ejércitos franceses de este período lo constituían tropas suizas y alemanas. En ambos casos, las tropas extranjeras formaban preferentemente la élite, sirviendo en la vanguardia de todas las acciones de guerra, puesto que se confiaba en ella más que en ninguna otra y puesto que sin ellas no se atrevían a emprender ni la operación más insignificante, dice el profesor Parker. 

Los ejércitos de los Habsburgo dependían todavía más de las tropas extranjeras; el Ejército de Flandes, por ejemplo, estaba integrado por tropas de hasta seis naciones diferentes. Al lado de las tropas reclutadas en el país, las valonas, prestaban servicio unidades españolas, italianas, borgoñonas, alemanas y británicas. Con el fin de reducir las fricciones, se las mantenía como unidades independientes administrativamente; los españoles podían servir y mandar sólo contingentes españoles y así los demás. No obstante, raras veces las tropas extranjeras del Ejército de Flandes eran simples mercenarios como las tropas auxiliares españolas que servían en el ejército de los Tudor o las suizas en el de los Valois. La inmensa mayoría eran a la vez súbditos y soldados del rey de España. Las tropas españolas, borgoñonas y las de los Países Bajos, así como las italianas reclutadas en los dominios españoles de Lombardía, Nápoles o Sicilia servían todas a su propio príncipe soberano. Las alemanas se reclutaban cuidadosamente en los Estados patrimoniales de los Habsburgo, en Austria, en el Tirol y en Alsacia, pretendiéndose con ello ganar su conformidad política y religiosa. Incluso las tropas británicas antes de 1605 eran las que habían traicionado a las ciudades holandesas al seguir a España o bien católicos inconformistas que buscaban asilo en la persecución; en ambos casos eran totalmente adictos al rey de España y a su causa. Con anterioridad a la década de 1640 los simplemente mercenarios eran pocos.
El ejército de Flandes
Sin embargo,ningún estado podía otorgar comisiones para reclutar tropas fuera de sus límites territoriales,ello infringiría la soberanía de otro príncipe. Durante el Imperio, el Ejército de Flandes tenía que hacer sus levas, en las Islas Británicas y en la Italia no española, mediante asentistas. Obviamente eran menores las implicaciones políticas que suponía reclutar soldados para una potencia extranjera si una agencia neutral o nativa actuaba como intermediario, como empresario. 
Los Tercios y la Guerra franco-española (1635)
En 1631 el rey pedía algunas tropas valonas para emplearlas en España, siendo ésta la primera de una larga serie de peticiones semejantes. A raíz de estallar la guerra con Francia en 1635, fueron embarcadas para España tropas alemanas, irlandesas y valonas, mientras que se enviaban por mar al Ejército de Flandes tropas españolas y unas pocas italianas. En ambos escenarios los extranjeros sirvieron como tropa de élite. España había creado un sistema de expatriación militar, dice Parker.

En el siglo XVI era frecuente que los gobiernos reclutasen parte de sus soldados en el extranjero

Durante el Imperio, el Ejército de Flandes tenía que hacer sus levas, en las Islas Británicas y en la Italia no española, mediante asentistas

jueves, 10 de noviembre de 2016

Fuenterrabía: 1638.

Fuenterrabía en 1476.
En 1638 un poderoso ejército francés cercó Fuenterrabía; la alarma fue grande, porque en el interior de España apenas existían fuerzas militares organizadas; las mejores estaban en los frentes europeos y una parte había tenido que ser desviada a la frontera de Cataluña. 


Sitio de Fuenterrabia de 1638
El Conde Duque de Olivares desplegó una gran actividad. Se rebañó todo lo disponible, hasta los cuatrocientos soldados que guarnecían la costa de Granada y cuyo atuendo, era más de bandoleros que de soldados. La invasión del suelo patrio suscitó cierta respuesta popular; muchos señores y simples hidalgos partieron por su cuenta al frente obedeciendo al llamamiento del gobierno. Fue la última movilización espontánea. Los irlandeses que defendían Fuenterrabía aguantaron hasta que aquellas tropas heterogéneas y en su mayoría bisoñas pasaron al ataque y rechazaron a los invasores.

En 1638 un poderoso ejército francés cercó Fuenterrabía

Los irlandeses que defendían Fuenterrabía aguantaron valientemente hasta que aquellas tropas heterogéneas y en su mayoría bisoñas pasaron al ataque y rechazaron a los invasores