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viernes, 30 de mayo de 2025

La ruptura del Partido Socialista con la Segunda República

Prieto, político español del Partido Socialista Obrero Español, titular de las carteras ministeriales de Hacienda, Obras Públicas, Marina y Aire y Defensa Nacional durante la Segunda República, declaró en las Cortes: “Yo declaro, en nombre del grupo parlamentario socialista, absolutamente seguro de interpretar el criterio del Partido Socialista Obrero Español, que la colaboración del Partido Socialista en gobiernos republicanos cualesquiera que sean sus características, su matiz y su tendencia, ha concluido definitivamente”; una ruptura que calificó de “indestructible e inviolable”.
Ha escrito Santos Juliá: “De hecho, inmediatamente que perdieron su posición en el Gobierno, los dirigentes de la UGT adoptaron a su vez la práctica de la huelga general revolucionaria cuyo objetivo manifiesto no era ya la simple obtención de mejoras para la clase obrera sino la destrucción de la República y la toma del poder”. Juliá explica: “Quizá convenga recordar en este contexto que las primeras manifestaciones de dirigentes socialistas sobre la necesidad de adueñarse de todo el poder o de conquistarlo por los medios que fuese (lo que no excluía naturalmente el empleo de la violencia) no guardan relación alguna con un presunto temor a la amenaza del fascismo. A los socialistas les bastó sentirse excluidos, expulsados de la responsabilidad de gobernar para anunciar sus nuevas intenciones políticas: “Ese cambio, todavía incipiente, es incomprensible si no se tiene en cuenta que todos consideraban a la República como una criatura propia y todos creían gozar de un derecho, anterior a las elecciones y al voto popular, para gobernarla”.”


Referencias: El colapso de la República (Stanley George Payne)////S. Juliá, Historia del socialismo español (1931-1939), vol. 3, en M. Tuñón de Lara, ed., Historia del socialismo español.

sábado, 31 de agosto de 2024

Los milicianos de la República se convirtieron en las tropas mejor pagadas del mundo

Milicianos

En cuanto a las posibilidades económicas de ambos bandos en la guerra civil española, los republicanos al principio gozaron de una enorme ventaja, pues contaban con el apoyo de cinco de las siete ciudades más grandes de España y de la mayoría de las zonas industriales, además de la reserva de oro y plata del Banco de España, la cuarta más importante del mundo (por más que se haya difundido la imagen de que España era un país totalmente subdesarrollado). El 9 de agosto, Indalecio Prieto pronunció un discurso fundamental por radio en el que declaraba que la victoria de la izquierda sería inevitable: “Una guerra no es simple heroísmo… Si la guerra, cual dijo Napoleón, se gana principalmente a base de dinero, dinero y dinero, la superioridad del Estado … es evidente. Con los recursos financieros totalmente en manos del Gobierno, podría ascender hasta la esfera de lo legendario el valor heroico de quienes impetuosamente se han alzado en armas contra la República, y aun así …, serían inevitable, inexorable, fatalmente vencidos.” Así podría haber sido si hubiera habido un Gobierno fuerte y coherente, tal y como se suponía en la proclama de Prieto, pero ese no era el caso. El gobierno republicano no desapareció, como han sugerido algunos estudios históricos, pero su autoridad se redujo enormemente, puesto que en casi todas las localidades el poder quedó en manos de los grupos revolucionarios.
Los milicianos de la República se convirtieron, al menos oficialmente, en las tropas mejor pagadas del mundo, con un sueldo de diez pesetas diarias, pero carecían de liderazgo, adiestramiento y disciplina, manifiesta Stanley George Payne.

martes, 9 de agosto de 2022

Las compañías voluntarias del Gobierno republicano escogían sus frentes por votación


Cuenta el historiador James W. Cortada que en la guerra civil española (1936-1939), mientras que los bien entrenados y disciplinados moros y legionarios de Franco cumplían las órdenes de los oficiales al pie de la letra, las compañías voluntarias del gobierno republicano escogían sus frentes por votación, decidían ellos mismos cuándo podían volver a hacer el gamberro por Madrid o dejaban sus posiciones indefensas mientras buscaban comida (un motivo inmejorable, ya que el servicio de aprovisionamiento del gobierno de la república  era prácticamente inexistente). Los oficiales, escogidos por votación, echaban por tierra los últimos restos de disciplina discutiendo a voces sobre tácticas mientras sus hombres se reían de ellos.