“Aunque la democracia sea, en definitiva formulación de Abraham Lincoln en 1865 en Gettysburg, “el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo”, nadie desconoce que en el seno de la misma se mueven elementos, factores y segmentos de clara diferenciación y supremacía de unos hombres sobre otros, porque ésa es la condición humana, lo mismo en tiempos de Pericles, que atribuía a unos pocos la alta misión de elaborar las políticas, que en los de Schumpeter, para quien el gobierno democrático no es la ausencia de élites, sino la lucha entre éstas por el acceso al poder; y es que, en palabras de Charles Taylor, “la democracia occidental jamás estuvo escrita en los genes”. Otro tanto ocurre en relación con los hoy justamente omnipresentes derechos humanos, porque los mismos no dan lugar a una igualación obligatoria y esterilizante, sino tan sólo a la exigencia de unas condiciones que permitan a los hombres partir de una plataforma común (el principio de igualdad de oportunidades), y luego sean su capacidad, su esfuerzo y su legítima ambición los que den lugar a escalar las distintas posiciones que los mismos adquieran en la vida (no hay mayor desigualación y mayor imposible que intentar igualar forzadamente a todos los hombres)”, escribe Angel Cristóbal Montes que fue catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza.
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viernes, 23 de mayo de 2025
martes, 9 de agosto de 2022
Las compañías voluntarias del Gobierno republicano escogían sus frentes por votación
Cuenta el historiador James W. Cortada que en la guerra civil española (1936-1939), mientras que los bien entrenados y disciplinados moros y legionarios de Franco cumplían las órdenes de los oficiales al pie de la letra, las compañías voluntarias del gobierno republicano escogían sus frentes por votación, decidían ellos mismos cuándo podían volver a hacer el gamberro por Madrid o dejaban sus posiciones indefensas mientras buscaban comida (un motivo inmejorable, ya que el servicio de aprovisionamiento del gobierno de la república era prácticamente inexistente). Los oficiales, escogidos por votación, echaban por tierra los últimos restos de disciplina discutiendo a voces sobre tácticas mientras sus hombres se reían de ellos.
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