“Aunque la democracia sea, en definitiva formulación de Abraham Lincoln en 1865 en Gettysburg, “el gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo”, nadie desconoce que en el seno de la misma se mueven elementos, factores y segmentos de clara diferenciación y supremacía de unos hombres sobre otros, porque ésa es la condición humana, lo mismo en tiempos de Pericles, que atribuía a unos pocos la alta misión de elaborar las políticas, que en los de Schumpeter, para quien el gobierno democrático no es la ausencia de élites, sino la lucha entre éstas por el acceso al poder; y es que, en palabras de Charles Taylor, “la democracia occidental jamás estuvo escrita en los genes”. Otro tanto ocurre en relación con los hoy justamente omnipresentes derechos humanos, porque los mismos no dan lugar a una igualación obligatoria y esterilizante, sino tan sólo a la exigencia de unas condiciones que permitan a los hombres partir de una plataforma común (el principio de igualdad de oportunidades), y luego sean su capacidad, su esfuerzo y su legítima ambición los que den lugar a escalar las distintas posiciones que los mismos adquieran en la vida (no hay mayor desigualación y mayor imposible que intentar igualar forzadamente a todos los hombres)”, escribe Angel Cristóbal Montes que fue catedrático de Derecho Civil de la Universidad de Zaragoza.
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viernes, 23 de mayo de 2025
miércoles, 1 de abril de 2020
Las mujeres no necesitan niños grandes ni los hombres eternas niñas
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| Clara Campoamor |
Clara Campoamor, la diputada que defendió el derecho al voto femenino en la Segunda República española manifestaba que “la definición de feminista con la que el vulgo pretende malévolamente indicar algo extravagante indica la realización plena de la mujer en todas sus posibilidades, por lo que debiera llamarse humanismo”. El feminismo es un humanismo, es la lucha por el reconocimiento de las mujeres como sujetos humanos y sujetos de derechos, es y ha sido siempre la lucha por la igualdad entre los dos sexos. Y, sin embargo, dice Ana de Miguel, buena parte de su mala prensa procede de que muchas personas asocian el feminismo con la lucha por la supremacía femenina, es decir, con dar la vuelta a la tortilla, y también con el odio a los varones, la convicción de que las feministas quieren transformar a las mujeres en hombres o, en otro orden de cosas, con la confusa creencia de que las feministas están en contra de que las mujeres se enamoren, sean madres o quieran verse guapas.
Ana de Miguel dice que las mujeres tienen que asumir que nadie les va a resolver la vida, ni en el terreno económico ni en otros. La vida es en sí misma un problema que vamos resolviendo poco a poco. A su vez, los hombres tienen que aprender que no van a encontrar una sirvienta doméstica ni una persona que se ocupe de gestionar sus emociones y sus afectos como si fueran niños grandes. Las mujeres no necesitan niños grandes ni los hombres eternas niñas. Al mundo le irá mejor si los adultos dejan de mirarse el ombligo y considerarse eternos jóvenes.
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sábado, 29 de julio de 2017
A donde lleva la divinización de la raza.
La historia enseña el espanto al que se llega con los nacionalismo.Un tipo de nacionalismo es el racismo. Richard J. Evans en su libro “La llegada del Tercer Reich” cuenta como la política internacional fue un campo de batalla entre diferentes razas por la supremacía o la supervivencia, y se había convertido en algo habitual entre la élite política de Alemania en la época de la Primera Guerra Mundial. Individuos como el ministro de la Guerra Erich von Falkenhayn, el ministro de Marina Elfred von Tirpitz, el asesor del canciller del Reich Bethmann-Hollweg, Kurt Riezler, y el jefe del gabinete de la Marina imperial Georg Alexander von Müller, consideraban la guerra un medio de preservar o afirmar la raza alemana frente a los latinos y los eslavos.
La guerra, como afirmaba en una frase célebre el general
Friedrich von Bernhardi en un libro publicado en 1912, era una necesidad biológica: “Sin guerra, las razas inferiores y decadentes asfixiarían fácilmente a los elementos sanos incipientes en su desarrollo, y esto provocaría una decadencia universal”.
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| Friedrich von Bernhardi |
La política exterior no debía desarrollarse ya entre Estados, sino entre razas. Se iniciaba así la disminución de la importancia del Estado que habría de tener un papel tan decisivo en la política exterior nazi.
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| Alexander Tille |
Esta divinización de la raza llevo al darwinista Alexander Tille a abogar abiertamente por la eliminación de los física y mentalmente incapaces, considerando, como Ploetz y Schallmayer, que no debían tratarse las enfermedades de los niños para que pudiera eliminarse a los débiles de la cadena de la herencia. En vísperas de la Primera Guerra Mundial sus ideas se habían propagado de una forma u otra a sectores como la medicina, los servicios sociales, la criminología y el derecho.
Los socialmente anormales, como prostitutas, alcohólicos,
rateros, vagos y demás, pasaron a considerarse cada vez más hereditariamente contaminados, y las peticiones de esterilización forzosa por parte de los especialistas habían llegado a ser demasiado ruidosas para que se las pudiera ignorar. La influencia de esas ideas en el medio de los profesionales de los servicios sociales era tal que hasta los socialdemócratas pudieron llegar a tomarse en serio la propuesta de Alfred Grotjahn de vincular las mejoras en la vivienda y el auxilio social con la esterilización forzosa de los locos, los "vagos" y los alcohólicos.
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| Alfred Grotjahn |
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