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miércoles, 5 de noviembre de 2025

La diplomacia de cañoneras


La diplomacia de cañoneras funciona creando dilemas a la parte más débil, que se ve atrapada entre la humillación de no responder y el riesgo existencial de hacerlo.
En el Estrecho de Gibraltar hablamos de redes criminales que han conseguido desafiar al Estado español y a la Unión Europea en uno de los corredores marítimos más transitados del planeta. Las narcolanchas que cruzan entre Marruecos y Cádiz representan un fenómeno de seguridad transnacional que ha puesto en evidencia las limitaciones de los cuerpos policiales. La diplomacia de cañoneras aplicada al Estrecho supone plantear si la Armada debe asumir un papel más activo. No se trata de bombardear lanchas con fragatas, sino de utilizar la superioridad naval como factor de disuasión y control. La presencia de buques de acción marítima, corbetas y sistemas aéreos no tripulados puede alterar el cálculo de los clanes. Una cosa es desafiar a la Guardia Civil en mar abierto, y otra muy distinta hacerlo frente a la sombra de un buque de guerra con radares y helicópteros. La propia esencia de la diplomacia de cañoneras es utilizar medios militares de forma limitada, sin llegar a la guerra abierta y es empleada en todo el mundo. La Armada no sustituiría a la Policía o la Guardia Civil, pero sí aportaría un respaldo estratégico en situaciones de alta intensidad. Su misión no sería tanto disparar, sino demostrar presencia y capacidad para hacerlo. La disuasión se construye con credibilidad, no necesariamente con fuego real.
El Estrecho de Gibraltar concentra varias particularidades que justifican un enfoque de este tipo. Es un espacio angosto, de tráfico denso y gran valor geopolítico, donde confluyen rutas energéticas y comerciales globales. A la vez, se ha convertido en puerta de entrada de hachís marroquí y cocaína sudamericana hacia Europa. Las mafias han establecido un ecosistema criminal que combina narcolanchas, redes de distribución y control social en barrios costeros. Romper esa dinámica exige algo más que redadas puntuales, requiere recuperar el control del mar. La Armada dispone de capacidades que pueden marcar la diferencia. Los buques de acción marítima, diseñados precisamente para misiones de seguridad marítima, ofrecen autonomía, sistemas de vigilancia y helicópteros embarcados. Integrados con drones y satélites, permitirían cubrir amplias zonas y coordinar operaciones con Guardia Civil y Vigilancia Aduanera. Además, la simple visión de un BAM en aguas del Estrecho transmite el mensaje inequívoco de que el Estado está dispuesto a utilizar su poder naval para proteger su soberanía y frenar el desafío criminal. Las redes de narcotráfico abastecen a mercados de toda Europa y su impacto va más allá de Cádiz o Algeciras. Integrar a la Armada en operaciones conjuntas con otras marinas de la UE podría enviar un mensaje de unidad. Al igual que Estados Unidos muestra bandera en el Caribe, Europa podría hacerlo en el Estrecho, demostrando que considera la seguridad marítima un interés vital compartido.


Referencia: Global Strategy. Augusto Conte de los Ríos, Capitán de Fragata de la Armada española .




lunes, 19 de mayo de 2025

La responsabilidad del fracaso de la Armada Invencible habría que atribuírsela a la Luna

Se ha tratado de explicar el fracaso de la Armada Invencible por el borrascoso verano de 1588. Ya frente a las costas de Galicia tuvieron los barcos que detenerse ante una fuerte borrasca. Muchos de ellos se refugiaron en La Coruña. Luego la armada sufrió otra galerna en el Cantábrico, que dispersó a los navíos, que tardaron varios días preciosos en poder reagruparse. Cuando finalmente llegaron frente a las costas británicas, hubieron de sufrir continuos temporales, tampoco los ingleses pudieron zarpar a tiempo de Plymouth, y los combates se desarrollaron sin apenas avistarse los navíos unos a otros en el canal de La Mancha, entre nubes y cortinas de agua. Un famoso climatólogo británico, Hubert Lamb, calcula que hubo una sucesión de siete borrascas distintas en el plazo de un mes, un hecho que representaría un régimen de circulación atmosférica francamente anormal, especialmente para el ritmo del verano. Sin embargo, es posible que buena parte de la responsabilidad del fracaso haya que atribuírsela a la Luna. No olvidemos que el propósito de la Armada era, más que un combate naval, el transporte de los famosos Tercios de Flandes de las costas de los Países Bajos a las de la Gran Bretaña, en una travesía rápida. Una vez en tierra, la victoria de los españoles estaba prácticamente asegurada. Por los días en que los navíos temporizaban frente a las costas de Flandes, hostigados de lejos por los ingleses, se registraban mareas de cuadratura o “mareas muertas”, que impedían a los buques pesados, encargados de transportar a los ejércitos de Alejandro Farnesio (unos 40.000 hombres), franquear las barras de los puertos flamencos. Sin aquellas tropas no era posible invadir Inglaterra. Y la expedición no tenía otra finalidad. Cuando el régimen de mareas mejoró, los galeones españoles habían sido arrojados por los vientos hacia el mar del Norte.
Referencia:  Historia de los cambios climáticos (José Luis Comellas)

lunes, 2 de octubre de 2023

Los detectores de mentiras pueden ser engañados

Los detectores de mentiras pueden ser engañados por sociópatas que no muestran remordimiento por sus acciones. El caso más famoso fue el del doble agente de la CIA Aldrich Ames, que se embolsó enormes sumas de dinero de la antigua Unión Soviética por enviar a numerosos agentes de Estados Unidos a la muerte y por divulgar secretos de la armada nuclear norteamericana. Durante décadas, Ames superó una batería de pruebas de detectores de mentiras de la CIA. También lo hizo el asesino en serie Gary Ridgway, conocido como el infame asesino del río Verde; llegó a matar hasta cincuenta mujeres.En 2003 la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos publicó un informe sobre la habilidad de los detectores de mentiras, con una lista de todas las formas en que los detectores de mentiras podían ser engañados y personas inocentes calificadas como mentirosas.


viernes, 16 de julio de 2021

El poder marítimo era la clave de la política imperial inglesa


No podía esperarse que las colonias británicas se sometiesen a un monopolio salvo en el caso de que la armada fuese bastante fuerte para hacer cumplir el sistema, para proteger el territorio colonial contra los ataques y para defender a los buques contra los piratas y corsarios. Entre las muchas leyes y órdenes que acogían estos principios tres disposiciones legales destacan como fundamentos jurídicos de todo el sistema. La Ley de navegación de 1660, la Ley del mercado fijo de 1663 y la Ley de aduanas coloniales de 1673. Las secciones de la Ley de navegación relativas a las colonias disponían que ningún artículo podía ser importado por cualquier colonia inglesa o exportado de ella a no ser en buques ingleses, escribe el historiador británico John H. Parry.




El Atlántico del Norte, dice Parry, estaba infestado de piratas, no sólo los proscritos filibusteros del Caribe, ni sólo los corsarios holandeses y franceses de tiempo de guerra, sino también las poderosas flotas sostenidas por los sultanes del norte de África al objeto de pillar las naves europeas. En 1679 los piratas argelinos que operaban frente a las islas de Sully apresaron trece naves de Virginia. Inglaterra sostenía patrullas navales permanentes a lo largo de las principales rutas marítimas. Una escuadra de fragatas tuvo como base Jamaica para operar contra los bucaneros de las Antillas. El poder marítimo era la clave de la política imperial inglesa.



Las pugnas coloniales del siglo XVII estuvieron en gran medida fuera de la órbita de la diplomacia normal de Europa, y, conforme a las ideas de la época, las constantes infracciones de Holanda a las leyes de comercio justificaban las represalias sin la formalidad de la guerra. Carlos II no hizo declaración de guerra cuando, en 1664, concedió como propiedad todo el territorio comprendido entre Connecticut y Maryland a Jacobo, duque de York. Jacobo preparó una flota bajo el mando de un militar profesional llamado Nicolls, quien recibió instrucciones para anexionar Nueva Holanda y también para realizar una investigación acerca del gobierno de Nueva Inglaterra; estando evidentemente los dos asuntos, desde un punto de vista comercial, muy relacionados. La anexión se llevó a cabo sin resistencia, y concedió a los colonos holandeses condiciones generosas. Ni ellos ni el gobierno de Holanda protestaron mucho. Nueva Amsterdam se convirtió en Nueva York; Nueva York, Nueva Jersey y Delaware se volvieron colonias de propietarios.