El Estrecho de Gibraltar concentra varias particularidades que justifican un enfoque de este tipo. Es un espacio angosto, de tráfico denso y gran valor geopolítico, donde confluyen rutas energéticas y comerciales globales. A la vez, se ha convertido en puerta de entrada de hachís marroquí y cocaína sudamericana hacia Europa. Las mafias han establecido un ecosistema criminal que combina narcolanchas, redes de distribución y control social en barrios costeros. Romper esa dinámica exige algo más que redadas puntuales, requiere recuperar el control del mar. La Armada dispone de capacidades que pueden marcar la diferencia. Los buques de acción marítima, diseñados precisamente para misiones de seguridad marítima, ofrecen autonomía, sistemas de vigilancia y helicópteros embarcados. Integrados con drones y satélites, permitirían cubrir amplias zonas y coordinar operaciones con Guardia Civil y Vigilancia Aduanera. Además, la simple visión de un BAM en aguas del Estrecho transmite el mensaje inequívoco de que el Estado está dispuesto a utilizar su poder naval para proteger su soberanía y frenar el desafío criminal. Las redes de narcotráfico abastecen a mercados de toda Europa y su impacto va más allá de Cádiz o Algeciras. Integrar a la Armada en operaciones conjuntas con otras marinas de la UE podría enviar un mensaje de unidad. Al igual que Estados Unidos muestra bandera en el Caribe, Europa podría hacerlo en el Estrecho, demostrando que considera la seguridad marítima un interés vital compartido.
Referencia: Global Strategy. Augusto Conte de los Ríos, Capitán de Fragata de la Armada española .















