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jueves, 20 de agosto de 2020

Los primeros que rechazaron el régimen de la Segunda República española fueron los comunistas y los anarcosindicalistas



El historiador Stanley Payne cuenta que el régimen de la Segunda República española pareció concentrarse en primer lugar en la esfera religiosa, tolerando o cuasi tolerando la quema de conventos que tuvo lugar en mayo de 1931, coronado por la absoluta negación del principio de una iglesia libre en un país libre y el cercenamiento constitucional de los derechos religiosos, con la idea de poner en marcha un plan para dar fin a la educación católica. Todo ello constituye la variante española de las restricciones que se aplicaron a la Iglesia en Francia en 1905; también se siguieron las prácticas de las repúblicas radicalmente anticlericales de Portugal y México; este último país, en 1926, había intentado simplemente ilegalizar las misas católicas en todo el territorio, siguiendo más tarde una política de asesinatos selectivos de católicos. En junio de 1936 los servicios religiosos quedarían completamente suprimidos en algunas regiones de España y las escuelas católicas se cerrarían. Luego vendrían los asesinatos masivos, en un grado incomparablemente superior a cualquier cosa que se hubiera visto en México.


Los primeros que rechazaron el régimen republicano con violencia e insurrecciones fueron los comunistas (PCE) y los anarcosindicalistas de la FAI-CNT. Entre 1931 y 1933 el Partido Comunista siguió la estrategia del llamado Tercer Período de la Internacional Comunista, que consistía en promover la insurrección y la revolución.Los activistas de la FAI-CNT aprovecharon la inauguración del régimen democrático para causar toda suerte de estragos sobre sus enemigos, provocando veintitrés asesinatos en Barcelona durante las primeras semanas de la República. Más adelante llevaron a cabo tres insurrecciones revolucionarias sucesivas en enero de 1932, en enero de 1933 y en diciembre de ese mismo año. Pequeños sectores de la derecha radical organizaron una revuelta militar, dirigida por José Sanjurjo. Tuvo lugar el 10 de agosto de 1932. Prácticamente la totalidad del Ejército la ignoró.

La República con frecuencia restringió los derechos civiles e impuso una censura más amplia que la que había existido normalmente bajo el régimen de la monarquía parlamentaria. La Ley para la Defensa de la República, de carácter especial, otorgaba al Gobierno amplios poderes para suspender los derechos civiles y las garantías constitucionales.

miércoles, 19 de junio de 2019

Franco no se dio cuenta que su golpe de Estado conduciría a una guerra mundial en miniatura


Francisco Franco, Casares Quiroga y Manuel Azaña

Conferencia Escuela de jefatura y estado mayor, Fort Leavenworth, Kansas, 1937-1938 Lecciones de la Guerra Civil española:  “Franco levantó el estandarte de la revuelta en Marruecos el 17 de julio de 1936 y empezó a trasladar a sus moros y legionarios a través del estrecho de Gibraltar en aviones alemanes e italianos prestados o comprados. No se dio cuenta del todo de que su golpe de estado conduciría casi instantáneamente a una guerra mundial en miniatura. Pero mientras los aviones alemanes e italianos volaban a Marruecos, en Moscú los rusos cerraban con clavos las cajas de otros aviones para enviarlos al Gobierno español, y el Gobierno radical francés permitía la entrega de 22 cazas, destinados en principio a su Ejército, a sus hermanos de la izquierda española. Los aviones comerciales franceses en España fueron intervenidos por parte del Gobierno sin que se levantara ninguna protesta. ¿Qué tipo de hombre es Franco? Principalmente, un soldado. Con treinta y dos años se convirtió en el general más joven del Ejército español. Junto al general Sanjurjo se le atribuye el mérito de sofocar la rebelión mora después de los fracasos de otros durante ocho años. Franco nunca se había metido en política, y por esta razón pudo ponerse al mando de la revuelta sin despertar las antipatías de ninguna de las muchas facciones
existentes. Ha demostrado ser un líder hábil, conciliador y con dotes de organización; la España insurgente es ahora un país bien gobernado. A pesar de empezar sin reservas de oro para su moneda, ha mantenido estable la peseta, mientras que el Gobierno, con siete millones en oro, ha visto cómo su moneda caía a la mitad de su valor en el mercado internacional. Franco ha unificado notablemente a los elementos dispares de su bando, mientras que los partidos del Gobierno han dedicado tanta energía a luchar entre ellos como a luchar contra Franco”.