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domingo, 22 de marzo de 2026

Un concepto fundamental para comprender la agresividad del nazismo es el conocido como Lebensraum o espacio vital

Lebensraum o espacio vital
Una de las causas que nos permiten comprender el estallido de la Segunda Guerra Mundial es, sin duda, la puesta en práctica de políticas nacionalistas expansionistas muy agresivas por parte de las potencias del Eje: Alemania, Japón e Italia. En el caso alemán, el principal sustento teórico de su expansión era la gran cantidad de alemanes que, tras la reordenación fronteriza del Tratado de Versalles, habían quedado fuera de su nación; en particular en países como Austria, Polonia y Checoslovaquia. Además, un concepto fundamental para comprender la agresividad del nacionalismo nazi es el conocido como Lebensraum o espacio vital, acuñado en el siglo XIX por el geógrafo alemán Friedrich Ratzel. Esta idea establecía que era necesaria una correlación entre la población y el espacio que ocupaba una nación, puesto que, si esto no era posible, dicha nación no podía satisfacer las necesidades de sus habitantes. Así, Adolf Hitler utilizó este concepto para justificar su política expansiva, que comenzó con el Anschluss o anexión de Austria para luego ocupar Checoslovaquia y, finalmente, invadir Polonia el 1 de septiembre de 1939 y dar inicio, con ello, a la Segunda Guerra Mundial. 
Nacionalsocialistas alemanes estaban obsesionados con que su país no tenía tierras suficientes para alimentar a su población, por lo que consideraban necesario ampliar territorios mediante conquistas, sobre todo en el este. Más allá de las teorías de Ratzel, Hitler utilizó además términos biológicos para establecer la necesidad de expandir la nación alemana hacia el este. El expansionismo era necesario para garantizar la supervivencia de la raza aria, identificada con el Estado alemán, y eliminar a las razas inferiores, como la eslava, que podían contaminarla. Esta teoría fue puesta en práctica de forma definitiva con la invasión alemana de la Unión Soviética en 1941.

Referencia: Breve historia de los nacionalismos (Iván Romero)

miércoles, 23 de febrero de 2022

Para Keynes el Tratado de Versalles preparaba el terreno para una segunda guerra mundial

John Keynes

Al terminar la Primera Guerra Mundial, en 1918, pidieron John Keynes para que les asesorara sobre la mejor forma de conseguir las máximas indemnizaciones de los derrotados alemanes. Lo que Keynes descubrió en las conversaciones de paz de París le sorprendió. Mientras que los victoriosos líderes aliados soñaban con la miseria que esperaban provocar en el país alemán mediante penas financieras severas, Keynes veía las cosas de una forma ligeramente diferente. Creía que para provocar deliberadamente la miseria de un país como Alemania, había que imponer la pobreza total a sus ciudadanos, lo cual crearía las condiciones perfectas para el extremismo político, la insurrección e incluso la revolución. Keynes creía que el Tratado de Versalles, en lugar de propiciar un final justo para la primera guerra mundial, había preparado el terreno para la segunda guerra mundial. De vuelta a casa, escribió Las consecuencias económicas de la paz, una crítica devastadora a la locura de los líderes aliados. Keynes, creyendo que las indemnizaciones podían ser desastrosas para la posibilidad de conseguir la paz permanente en Europa, se sentía cada vez más miserable. “Estoy totalmente agotado, en parte por el trabajo y en parte por la depresión que me produce ver el mal que hay a mi alrededor, escribió a su madre, la paz es aberrante e imposible y no puede traer nada más que desgracia… supongo que he sido cómplice de toda esta maldad y locura, pero el fin está muy próximo”.



“Los que firmen este Tratado firmarán la sentencia de muerte de muchos millones de hombres, mujeres y niños alemanes, escribió,la condena afecta tanto a los austríacos, como a los alemanes”. Keynes citó un editorial publicado en Arbeiter Zeitung, el periódico vienés. “Todas las cláusulas (del Tratado de Saint-Germain) están impregnadas de crueldad y de implacabilidad, y no se puede detectar en ellas ni un ápice de humanidad, lo cual va en contra de lo que une a los hombres y es un crimen contra la propia humanidad, contra unas personas que sufren y son torturadas”. Keynes comentó: “Conozco con detalle el Tratado Austríaco y estuve presente durante la redacción de algunas de sus condiciones, pero no me resulta fácil rebatir la justicia de este ataque”.

viernes, 4 de enero de 2019

El tratado de Versalles condenó a Alemania al hambre y la miseria, era una bomba de relojería.

Copia inglesa del Tratado de Versalles 
Cuenta el escritor soviético Víctor Suvórov que el Tratado de Versalles no solo era clamorosamente injusto, asolador y humillante para Alemania, sino que también resultaba estúpido. Era un pacto que no suponía la reconciliación. Lenin fue el primero en darse cuenta de que la Primera Guerra Mundial iba a dejar en pos de sí una herencia explosiva. Los países triunfantes, sobre todo Francia, habían sobrepasado todos los límites e impusieron a Alemania unas indemnizaciones bestiales. El desembolso de esas sumas ingentes provocó en el país una aguda crisis económica y condenó al pueblo alemán al hambre y la miseria, lo situó al borde de un abismo. Lenin fue el primero en entender que, para Europa, el Tratado de Versalles era una bomba de relojería, que Alemania nunca iba a consentir tamaña injusticia, que iba a encontrar fuerzas para vengarse del Tratado de Versalles, para conseguir la revisión de los resultados de la Primera Guerra Mundial, para tomar la revancha y reparar agravios. El 15 de octubre de 1920, Lenin declaró que “la estabilidad, proveniente del Tratado de Versalles, pende de un hilo, puesto que las siete décimas partes de la población mundial, que vive en esclavitud, lo único que esperan es que llegue alguien y los conduzca a la lucha y que empiecen a tambalearse todos esos estados”.

jueves, 15 de febrero de 2018

La Santa Sede consideró que los tratados de Versalles y Saint-Germain se inspiraron en sentimientos de venganza.

Château de Saint-Germain-en-Laye. lugar de firma del tratado.
El Tratado de Saint-Germain-en-Laye fue firmado el 10 de Septiembre de 1919 entre las potencias aliadas vencedoras de la Primera Guerra Mundial  y Austria. En este tratado se establecía de modo definitivo el desmembramiento de la antigua monarquía de los Habsburgo, el Imperio Austrohúngaro, y en su lugar quedó reconocida la República de Austria como "estado sucesor", la cual quedó limitada a algunas zonas en las que se hablaba solamente el alemán.

Firma del Tratado de Versalles.
El Tratado de Versalles (1919) fue un tratado de paz firmado por las potencias europeas que puso fin oficialmente a la Primera Guerra Mundial, después de seis meses de negociación, en la ciudad de Paris. El Tratado de Versalles fue firmado como continuación al armisticio de noviembre de 1918, en Compiègne, que había puesto fin a los enfrentamientos. El principal punto del Tratado de Versalles determinaba que Alemania aceptaría todas las responsabilidades por causar la Gran Guerra y fijaba indemnización de guerra para las potencias vencedoras.

La Santa Sede consideró que los tratados de Versalles y Saint-Germain se inspiraban en sentimientos de venganza y compensación más que de justicia, consideración manifestada en varias ocasiones durante los dos años siguientes, sobre todo en la encíclica Pacem Dei munus, del 23 de mayo de 1920. Resultó muy eficaz la ayuda de los organismos vaticanos en favor de los prisioneros y de sus familiares a través de una sorprendente organización internacional que agrupaba a obispos, al servicio diplomático vaticano y a numerosas organizaciones de laicos. Se encargaron de recoger noticias y de ofrecer informaciones sobre prisioneros, combatientes
Benedicto XV.
desaparecidos y dispersos, y sobre los muertos y los heridos, lo que facilitó el intercambio de prisioneros inválidos y la recuperación en Suiza de los enfermos. Se distribuyeron medicinas y alimentos en las regiones más necesitadas, sin tener en cuenta la identidad religiosa o étnica. Aunque los resultados prácticos fueron escasos, Benedicto XV intercedió ante el sultán turco en favor del pueblo armenio, que estaba siendo sistemáticamente aniquilado en uno de los genocidios más escandalosos de la historia.