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jueves, 18 de junio de 2026

Adecuar las formas diplomáticas a la naturaleza de los regímenes políticos

   Neville Chamberlain y Winston Churchill

Hace casi un siglo Winston Churchill explicó la necesidad de adecuar las formas diplomáticas a la naturaleza de los regímenes políticos. Una determinada acción puede tener efectos muy distintos si el otro gobierno es democrático o dictatorial, explica el profesor Florentino Portero . Donde reina el derecho legítimo una cesión es interpretada como un gesto de buena voluntad y anima a responder con la misma moneda. Por el contrario, cuando nos encontramos frente a una dictadura, más aún si es totalitaria, ese mismo gesto puede ser interpretado como una prueba de debilidad, animando a una mayor presión. Churchill se lo trató de explicar a Neville Chamberlain, premier británico, que pensaba contener al III Reich permitiendo que se quedara por la fuerza con los Sudetes checos. Chamberlain era un político sensato y muy cualificado, pero un resto arqueológico del siglo XIX. No entendía de totalitarismos y, con buena intención, no fue capaz de comprender que con aquella cesión estaba animando a Adolf Hitler a invadir Polonia.


jueves, 22 de agosto de 2024

Chamberlain pagó muy caro el desoír las propuestas del Vaticano

Chamberlain

Mit brennender Sorge (en español: Con ardiente preocupación) es una encíclica del papa Pío XI sobre la situación de la Iglesia católica en la Alemania nazi, publicada el 14 de marzo de 1937.El Vaticano toma cartas en el asunto abandonando la costumbre de publicar las encíclicas en latín para presentar su Mit brennender Sorge, un texto del cual distribuye clandestinamente más de 300.000 ejemplares, donde condena la confusión panteísta, el así llamado mito de la raza y la sangre y la deificación del Estado.Para no parecer que el ataque al nacionalsocialismo equivale a simpatizar con el comunismo, nueve días después (el 19 de marzo de 1937)Pío XI publica la encíclica Divini Redemptoris, mucho más explícita en su denuncia del régimen soviético, que entre 1918 y 1928 ha eliminado a ocho de cada diez clérigos rusos.
A principios de 1940, cuando el nuevo papa Pío XII, que ha sido nuncio en Alemania, hace saber al Gobierno inglés que la cúpula militar derrocaría al régimen “si se asegura a Alemania una paz honorable, sin renunciar a lo anexionado antes de invadir Polonia”, y ofrece como testimonio de buena voluntad la más importante de las noticias: en pocas semanas habrá un ataque masivo a Francia, usando los Países Bajos como vía de entrada. Más no podía hacer por entonces el Vaticano, y Chamberlain pagará muy caro dudar de lo segundo. En cuanto a lo primero, no es ocioso recordar que Inglaterra rechazó también en 1916 y 1917 propuestas de paz honorable, y quizá nunca sabremos si en 1940 prefirió medio millón de británicos muertos  a tolerar cosa distinta de una rendición incondicional. Lo indudable es que frenó el complot contra Hitler, pues ningún patriota asumiría los riesgos de matarle si el futuro de su país volviese a ser el acordado en Versalles.
Pio XI

Oficialmente, el Foreign Office y el servicio secreto británico desoyeron las propuestas de los conspiradores alemanes en función de su carácter “dudoso”, en parte por creer que Hitler contó siempre con la adhesión de todos o casi todos sus generales, y en parte porque podía tratarse de una maniobra. Sin embargo, Gördeler llegó a departir con Churchill; era innegable que Canaris le respaldaba, y el director del MI6, Stewart Menzies, reconoció más tarde la “asombrosa valentía” del almirante. Es digno de recuerdo también que uno de los principales asesores de Chamberlain entonces fuese E. H. Carr, el historiador, escindido de puertas adentro entre una antigua lealtad hacia Hitler y una naciente adhesión a Stalin. 
Referencia:Los enemigos del comercio, III de Antonio Escohotado

martes, 8 de marzo de 2022

Hitler había mostrado una capacidad excepcional de seducir a los políticos británicos

Halifax a la derecha de Hitler

Los temores de la amenaza soviética aún eran muy poderosos y, como dice Martin Gilbert en The Roots of Appeasement, “el propio Hitler aseguraba que actuaba como principal guardián de Europa frente a la propagación del comunismo”, de modo que las clases más elevadas de Inglaterra en particular eran reacias a condenarlo y a considerarlo peligroso. Los británicos se hallaban fundamentalmente distraídos por la crisis provocada por la abdicación de Eduardo VIII tras declarar su deseo de contraer matrimonio con una divorciada, la americana Wallis Simpson. En octubre de 1937 el primer ministro convenció al vizconde de Halifax de que aceptara una invitación para reunirse con Hitler cuando visitara Alemania para participar en una cacería. Desde su llegada al poder, Hitler había mostrado una capacidad excepcional de seducir a los políticos británicos; y Halifax no iba a ser diferente en este sentido. Regresó de la entrevista mantenida en Alemania cantando las alabanzas del Führer.

Chamberlain con Hitler
El primer ministro Chamberlain insistió en seguir negociando con Hitler, y viajó a Múnich para intentar resolver los problema.Cuando el 30 de septiembre Chamberlain regresó a Inglaterra después de poco más de un día de negociaciones, estaba esperándolo en el aeródromo una multitud de partidarios suyos. Bajó la escalerilla del avión agitando en las manos el papel firmado que pasaría a ser conocido como los acuerdos de Múnich, y proclamó lleno de júbilo ante los periodistas que lo esperaban que el pacto era un “símbolo del deseo de nuestros dos pueblos de no volver a enfrentarnos nunca más en una guerra”*. Muchos pensaron que en realidad había aceptado todas las exigencias de Hitler.

*Chamberlain regresa de Múnich con el acuerdo anglo-alemán, 30 de septiembre de 1938, BBC National Programme 30-09-1938


viernes, 5 de noviembre de 2021

Lo imposible que es salir de una guerra más fuerte o más feliz

Chamberlain

Chamberlain, primer ministro británico entre 1937 y 1940, advirtió de los peligros de ir de farol: “Puede que sea cierto que las probabilidades de que no haya guerra sean de cien a uno, pero en tanto que exista una sola posibilidad, deberíamos considerar con cuidado cuál debe ser nuestra actitud y cómo prepararnos para la eventualidad de una guerra”. Después de añadir que la opinión pública británica no aprobaría ninguna medida que supusiera el riesgo de entrar en guerra, Chamberlain terminó con un toque personal: “El primer ministro había participado en una guerra, y había visto lo imposible que es para nadie salir de una guerra más fuerte o más feliz. Por tanto, uno solo debía pasar por ella en caso de ineludible.”