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miércoles, 27 de agosto de 2025

Aristarquía

Un ministro de educación socialista, Fernández de los Ríos, hablaba de aristarquía, un término que habla de la posibilidad de ascender de los mejores. Para él, el socialismo era precisamente eso, el régimen político que no cerraba las puertas a la mejora. Es diferente de la aristocracia, que es el gobierno de los mejores, pero no contempla el ascenso. Cuando quieres un mecánico quieres el mejor, lo mismo con un médico o un dentista… Si para tu satisfacción personal quieres lo mejor, ¿por qué no para la comunidad? ¿Qué ha sido del bien común?, se pregunta el filósofo Gregorio Luri.
Si miras a los ojos a un niño pobre, ¿puedes asegurar cuáles serán sus resultados en matemáticas? No. El individuo no está determinado, por mucho que se quiera determinarlo sociológicamente. Ese niño, dice  el filósofo Luri, exige que le des todo lo que puedas, y necesitas que él te corresponda de alguna manera.La inspiración a mejorar no es ni de derechas, ni del neoliberalismo; tiene que ver con la concepción de la virtud de cada persona. Cualquier defensor y cualquier crítico de la meritocracia, delante de un niño pobre, ¿justificarán sus suspensos por su pobreza? Eso es dar por supuesto que si eres pobre eres menos moral.La aspiración a superarnos es lo que nos hace humanos. No se trata ni de pobres ni de ricos, sino de aceptar que somos responsables de nuestros actos. Diluir la responsabilidad en ideología es inmoral.

miércoles, 10 de agosto de 2022

Lo que importa es la libertad


Para el filósofo francés Luc Ferry lo que es moral o inmoral tiene que ver con la libertad de elección, aquello a lo que los filósofos denominarán libre albedrío y no con los talentos naturales. Puede que esto parezca secundario o evidente. En su tiempo era algo literalmente inaudito, porque al abrirse paso esta idea, el mundo entero se tambaleó. El cristianismo nos sacó de un universo aristocrático y nos llevó hacia la meritocracia, es decir, hacia un mundo que valorará, en primer lugar y sobre todo, no las cualidades naturales de partida, sino los méritos que cada cual despliegue al hacer uso de ellos.

La dignidad es la misma en todos los seres humanos, sean cuales fueren las desigualdades de hecho, y que lo que importa es la libertad y no los talentos naturales. Existe una prueba indiscutible de que los talentos heredados de la naturaleza no son intrínsecamente virtuosos, que no hay nada de moral en ellos y es que todos, sin excepción, pueden utilizarse tanto para el bien como para el mal. La fuerza, la inteligencia, la memoria, etcétera, todos los dones que se obtienen en el momento del nacimiento son, ciertamente, cualidades, pero no en el plano moral, pues todos ellos pueden ponerse al servicio de lo mejor o de lo peor. Sólo se puede decir que es virtuoso el uso que se haga de ellos como, por otro lado, pone de manifiesto una de las parábolas más célebres de los evangelios, la parábola de los talentos. Puedes elegir hacer el uso que quieras de tus talentos naturales, bueno o malo. Pero es ese uso el que será moral o inmoral, no los talentos en sí.

jueves, 11 de noviembre de 2021

Relaciones clientelares que no se ajustan a la meritocracia


En 1921, la burocracia bolchevique era diez veces mayor que la de los zares, con dos millones y medio de empleados, cifra que duplicaba la de los trabajadores de la industria. Pese a todas las diferencias ideológicas, el Partido Nazi desempeñaba funciones similares a las de los comunistas. Ambos partidos ocultaban complejas redes personales basadas en relaciones clientelares que no se ajustaban a la meritocracia que formalmente propugnaban. En teoría, sus miembros eran élites activistas que comunicaban la voluntad de sus jefes a las masas de población, a la vez que ejercían una tutela vigilante sobre estas. En ambos sistemas, informar sobre los demás constituía un deber a nivel celular, en el que el partido permeaba toda la vida cotidiana.


lunes, 30 de marzo de 2020

No hay arte ni oficio más noble que el de ser hombre



* “Después de la desaparición de la nobleza a principios del siglo XX, hoy día vemos la desaparición acelerada de la clase media, que ha sido el estabilizador de las sociedades democráticas; no quedarán más que ricos muy ricos y pobres con la particularidad de que serán tan pobres de cultura los más ricos como los más pobres. Tarea prioritaria sería educar a los poderosos, animarlos a alternar la vida activa con la contemplativa, el ocio con el negocio. El ocio puede ser fecundo, ser otra cosa que the entertainment. Si la oligarquía es pobre culturalmente, la “cultura general” de las naciones nunca va a poder renacer; dado que  el pueblo observa el mimetismo de la clase dirigente.

Meritocracia
El elitismo bien pensado, la “meritocracia”, es democrático; la cultura humanística es promoción humana; la formación meramente profesional es segregacionista. Un mundo de asalariados, sin otro horizonte que la producción y el consumo, está condenado a la barbarie. La terrible verdad es que la mercadotecnia ha engendrado la regresión cultural en escala “global”. Decididamente la humanidad tiene urgente necesidad de tomar a pecho las plagas más dolorosas: el hambre, las epidemias, las drogas, las mafias, la corrupción judicial, el fariseísmo político, y sobre todo el insaciable afán de lucro, explicación última de las demás plagas. A falta de un nuevo renacimiento cultural, el mundo se hundirá en la violencia individual y estatal. Hay que apoyarse en una evidencia, no hay más culturas que las tradicionales, porque la cultura y la tradición son una simbiosis; la innovación cultural es retoño de una tradición. Radicalmente distinta es la mal llamada “cultura posmoderna”, mero conglomerado de escombros culturales, desechos de medios audiovisuales, resultado precario de un proceso de “desculturación” avanzada, privilegio exclusivo de las sociedades que se consideran más “avanzadas” justamente, y por ello están en crisis.

Rabelais declaró: “Ciencia sin conciencia no es sino ruina del alma”. Muy pocos políticos y estadistas modernos tienen conciencia del provecho que se puede sacar de la cultura; si hablan de “educación”, piensan en la formación profesional. Pero el humanismo es la formación humana; no hay arte ni oficio más noble que el de ser hombre, es la profesión que cada uno debería profesar antes que cualquier otra.”

*Jacques Lafaye

domingo, 31 de marzo de 2019

Los conceptos de élite, aristocracia, meritocracia, excelencia y competencia se han convertido en España en graves blasfemias


Alfonso Lazo escribía en un artículo en el Diario de Sevilla: “Los conceptos de élite, aristocracia, meritocracia, excelencia y competencia se han convertido en España en graves blasfemias que atentan contra la moral obligatoria de la igualdad por abajo. Espero de los más insumisos de los jóvenes que sean capaces de romper el tabú. Sentir orgullo de ser los mejores, competir noblemente, esforzarse, agruparse, celebrar las victorias, puesto que esos sentimientos y actitudes lejos de ser innobles caracterizan la nobleza de espíritu. Son precisamente los tiempos de barbarie y decadencia los que forjan las nuevas aristocracias que han de llegar”.

lunes, 6 de noviembre de 2017

La socialdemocracia y el Estado del bienestar fueron los que vincularon a las clases medias profesionales y comerciales a las instituciones liberales tras la II Guerra Mundial.


La socialdemocracia y el Estado del bienestar fueron los que vincularon a las clases medias profesionales y comerciales a las instituciones liberales tras la II Guerra Mundial. Esta cuestión era de gran trascendencia, dice el profesor Judt, fue el temor y la desafección de la clase media lo que había dado lugar al fascismo. Volver a atraerla a las democracias fue, con mucho, la tarea más importante de los políticos de la posguerra, y en absoluto fácil. En la mayoría de los casos se logró gracias a la magia del “universalismo”. En vez de hacer depender los beneficios de la renta, en cuyo caso los profesionales bien retribuidos o los comerciantes prósperos podrían haberse quejado de que con sus impuestos estaban pagando unos servicios de los que ellos no se beneficiaban, a la clase media educada se le ofreció la misma asistencia social y servicios públicos que a la población trabajadora y a los pobres, educación gratuita, atención médica barata o gratuita, pensiones públicas y seguro de desempleo. 

Con tantas necesidades cubiertas por sus impuestos, al llegar la década de 1960 la clase media europea tenía mucha más renta disponible que en ningún otro momento desde 1914. Es interesante que aquellas décadas se caracterizaran por una mezcla de innovación social y conservadurismo cultural que tuvo un éxito extraordinario. El
Keynes 
propio Keynes es un ejemplo de ello. Hombre de gustos y educación elitistas, aunque excepcionalmente abierto a las nuevas creaciones artísticas, comprendía la importancia de llevar un arte, una interpretación y unos textos de la máxima calidad a un público lo más amplio posible, a fin de que la sociedad británica superase sus divisiones paralizantes. Fueron sus iniciativas las que condujeron a la creación del Royal Ballet, el Arts Council y muchas otras instituciones, innovadoras provisiones públicas de alta cultura sin concesiones, en la misma línea que la BBC de lord Reith, con su autoimpuesto compromiso de elevar el nivel de los gustos populares en vez de limitarse a satisfacerlos. 

Para Reith o Keynes, o para el ministro de Cultura francés André Malraux, en este nuevo enfoque no había ningún paternalismo, como tampoco lo había para los jóvenes estadounidenses que trabajaron con Lyndon B. Johnson en la fundación de la Corporation for Public Broadcasting o del
meritocracia.
National Endowment for the Humanities. En esto consistía la meritocracia, en que, gracias a la aportación del erario público, pudieran abrirse las instituciones de la élite a una masa de aspirantes. Comenzó el proceso de sustituir la selección basada en la herencia o la riqueza por la movilidad ascendente mediante la educación.