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miércoles, 27 de agosto de 2025

Aristarquía

Un ministro de educación socialista, Fernández de los Ríos, hablaba de aristarquía, un término que habla de la posibilidad de ascender de los mejores. Para él, el socialismo era precisamente eso, el régimen político que no cerraba las puertas a la mejora. Es diferente de la aristocracia, que es el gobierno de los mejores, pero no contempla el ascenso. Cuando quieres un mecánico quieres el mejor, lo mismo con un médico o un dentista… Si para tu satisfacción personal quieres lo mejor, ¿por qué no para la comunidad? ¿Qué ha sido del bien común?, se pregunta el filósofo Gregorio Luri.
Si miras a los ojos a un niño pobre, ¿puedes asegurar cuáles serán sus resultados en matemáticas? No. El individuo no está determinado, por mucho que se quiera determinarlo sociológicamente. Ese niño, dice  el filósofo Luri, exige que le des todo lo que puedas, y necesitas que él te corresponda de alguna manera.La inspiración a mejorar no es ni de derechas, ni del neoliberalismo; tiene que ver con la concepción de la virtud de cada persona. Cualquier defensor y cualquier crítico de la meritocracia, delante de un niño pobre, ¿justificarán sus suspensos por su pobreza? Eso es dar por supuesto que si eres pobre eres menos moral.La aspiración a superarnos es lo que nos hace humanos. No se trata ni de pobres ni de ricos, sino de aceptar que somos responsables de nuestros actos. Diluir la responsabilidad en ideología es inmoral.

miércoles, 18 de junio de 2025

La música era utilizada para levantar pasiones y apaciguar los temores

Los nazis explotaron la riqueza musical alemana. La música era utilizada para levantar pasiones y apaciguar los temores, por lo que acompañaba todos los actos públicos importantes. Por encima de todo, la música debía hacer sentirse a los alemanes superiores e invencibles…..El régimen era partidario de la música clásica y romántica como la de Beethoven, Brahms y, por encima de todo, Wagner, cuya obsesión por la sangre germánica, el heroísmo y la leyenda había inspirado a Hitler desde sus humildes días en Viena. El festival de Wagner en Bayreuth era una fecha destacada en el calendario del Tercer Reich y sobrevivió incluso durante los años de guerra como inspiración para los soldados convalecientes.
El régimen consiguió una espectacular producción musical. Incluso durante el año 1942, en plena guerra, en Berlín se podía disfrutar de 80 óperas y numerosos ballets, y la orquesta filarmónica siguió actuando hasta 1944.
Referencia: La Alemania Nazi. 1933-1945 (Álvaro Lozano Cutanda)

sábado, 4 de noviembre de 2023

La mentira y la poesía tienen su técnica

Oscar Wilde

La gente dice, hablando con descuido, “un mentiroso nato”, como dice “un poeta nato”. En ambas cosas se equivoca. La mentira y la poesía son artes; artes que, como supo ver Platón, no carecen de parentesco, y que requieren el estudio más atento, la entrega más desinteresada. De hecho tienen su técnica, lo mismo que las artes más materiales de la pintura y la escultura tienen sus secretos sutiles de forma y color, sus misterios del oficio, sus métodos artísticos deliberados. Así como se descubre al poeta por su fina música, así se conoce al mentiroso por su elocución rica y ritmada, y ni en un caso ni en otro basta la inspiración fortuita del momento. En esto como en todo, no se llega a la perfección sin la práctica, escribe Oscar Wilde en La decadencia de la mentira. 

lunes, 31 de julio de 2023

Para el desarrollo de toda facultad hay una condición indispensable, el ejercicio

Jaime Balmes, filósofo, en su libro El Criterio escribe que “para el desarrollo de toda facultad hay una condición indispensable, el ejercicio. En lo intelectual, como en lo físico, el órgano que no funcione se adormece, pierde de su vida; el miembro que no se mueve se paraliza. Aun los genios más privilegiados no llegan a adquirir su fuerza hercúlea sino después de largos trabajos. La inspiración no desciende sobre el perezoso; no existe cuando no hierven en el espíritu ideas y sentimientos fecundantes. La intuición, el ver del entendimiento, no se adquiere sino con un hábito engendrado por el mucho mirar.”
“La enseñanza tiene dos objetos, primero, instruir a los alumnos en los elementos de la ciencia; segundo, desenvolver su talento para que al salir de la escuela puedan hacer los adelantos proporcionados a su capacidad. Podría parecer que estos dos objetos no son más que uno sólo, sin embargo no es así. Al primero alcanzan todos los profesores que poseen medianamente la ciencia; al segundo no llegan sino los de un mérito sobresaliente. Para lo primero basta conocer el encadenamiento de algunos hechos y proposiciones cuyo conjunto forma el cuerpo de la ciencia; para lo segundo es preciso saber cómo se ha construido esa cadena que enlaza un extremo con otro; para lo primero bastan hombres que conozcan los libros; para lo segundo son necesarios hombres que conozcan las cosas.”



martes, 1 de enero de 2019

Soñar.


Se dice que perdemos mucho tiempo soñando; pero ¿quién no sueña? Dudo que haya alguien que no le dedique siquiera unos breves momentos conscientes a elevarse por encima del mundo que le rodea, refugiándose en un ensueño deliberado. Y aunque no lo queramos, los sueños tienen una extraña habilidad para invadir nuestras vidas. Nos conducen hasta el mismísimo umbral de tierras a la vez cercanas y remotas.Soñando, superamos las hazañas de los gigantes que pueblan nuestros libros de cuentos.


Los escritores son los mayores soñadores de todos. Sus sueños aparecen en esos momentos en los que bajan la guardia, dejándose llevar por la inspiración, y componen con pluma y tinta esas frases que tanto amarán las generaciones venideras. Pero sólo veneramos los libros cuyos personajes y acontecimientos están directamente asociados a nuestros propios sueños. En este terreno no admitimos nada que nos suene a falso. Los escritores son los únicos soñadores que comparten sus sueños con otros.

viernes, 29 de diciembre de 2017

La Marsellesa.


El autor de la Marsellesa no fue en rigor de verdad ni poeta ni compositor. Fue oficial técnico del ejército francés y prestaba servicio en Estrasburgo. Cierto día llegó la noticia de que Francia había declarado la guerra a los reyes europeos en nombre de la libertad. Al instante, toda la ciudad cayó en una embriaguez de entusiasmo. Por la tarde de ese mismo día, el alcalde ofreció a los oficiales del ejército un banquete. Y como por azar supo que Rouget de Lisle poseía talento para componer versos fáciles y fáciles de comprender, propúsole que compusiera a la ligera una marcha-canción para las tropas que debían dirigirse al
Rouget de Lisle
frente. Rouget de Lisle prometió hacer lo mejor posible. El banquete duró hasta muy pasada la medianoche, y entonces Rouget de Lisle volvió a su aposento. Muchas palabras de los discursos guerreros revoloteaban todavía dentro de su cabeza, frases aisladas, como le jour de gloire est arrivé o allons, marchons. Apenas hubo llegado a su casa, se sentó y bosquejó unas cuantas estrofas, a pesar de que nunca había sido un poeta cabal. Luego sacó su violín del armario y ensayó una melodía para acompañar aquellas palabras, a pesar de que nunca había sido un compositor de verdad. A la mañana siguiente llevó al alcalde, la canción creada que, sin modificación alguna, sigue siendo al cabo de siglo y medio, el himno de Francia. Sin saberlo, y sin proponérselo, un hombre perfectamente mediocre había creado, en virtud de una inspiración única, una de las poesías y una de las melodías inmortales del mundo. O, para ser más exacto, no fue él precisamente quien producía ese milagro, sino que lo fue el genio de la hora, pues, a partir de aquel instante, nunca más logró un poema de verdad, ni melodía real alguna. Fue una inspiración única, que había elegido por órgano a un hombre cualquiera por perfecta casualidad.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

La mujer china.



Las chinas son las mujeres más puritanas de Oriente. Para una china que se respete, caminar por la calle del brazo de un hombre, aunque sea su marido, es vergonzoso. Besarle en público es sencillamente monstruoso. Casarse con él sin intención de tener hijos es execrable. Los chinos jamás fueron un pueblo demasiado religioso, pero siempre fueron puritanos, y lo demuestra su absoluta incapacidad para representar artísticamente el cuerpo de una mujer. Para ellos el cuerpo de la mujer no fue jamás fuente de inspiración, y para describirlo tomaron siempre de prestado las bellezas de la naturaleza. La curva de la espalda o del cuello fue parangonada con los sauces llorosos; los ojos se compararon con los albaricoques; las cejas, con la luna creciente; la mirada se parangonó con las aguas silenciosas
Confucio.
de un lago otoñal; los dientes, con los granos de la granada; los dedos, con los brotes primaverales del bambú. Jamás se permitieron alusiones más atrevidas. El respeto por la castidad llegó a ser, a raíz del confucionismo, una especie de obsesión, como la doctrina de la casta viudez, el respeto por la familia hasta la exasperación, el matrimonio entendido exclusivamente como medio de procreación.


El Estado proclama la unidad familiar y la devoción filial, que constituyen una de las principales enseñanzas de las madres a sus hijos. Las chinas modernas son tan puritanas que hasta han moralizado la palabra amor. Antes, en vez de decir marido o mujer, se decía Nui Jan, la persona de casa. Ahora se dice Ai Yen, la persona que amo. Con tal juego de palabras no se puede decir la persona que amo al referirse a alguien con quien no se esta ligado en legítimo vínculo, el amor no legalizado no es verdadero amor.

familia china tradicional
“Nada más chocante para un chino que contemplar una estatua de mujer en el puerto de Nueva York, escribía en 1940 el escritor Lin Yu-tang. Y cuando el chino se entera de que aquella estatua de mujer no representa la femineidad, sino la idea de libertad, aún siente mayor asombro. Le resulta totalmente incomprensible que los occidentales representen con cuerpos de mujer la Victoria, la Paz y la Justicia”.

Dice Oriana Fallaci que las mujeres chinas nunca fueron débiles y resignadas como las musulmanas; al contrario: siempre se mostraron fuertes y orgullosas, habituadas a soportar dolores y fatigas, capaces de ejercer la autoridad.

martes, 7 de noviembre de 2017

En el proceso creador la inteligencia no desempeña más que un papel secundario.


Proust considera que en el proceso creador la inteligencia no desempeña más que un papel secundario. Muchos escritores comparten esta opinión. Colette dijo a Emmanuel Berl: “Es usted demasiado inteligente para ser un buen novelista”. Y Claudel observaba: “La inteligencia no es la cualidad esencial de un artista en mayor medida que la prudencia lo es de un militar”. Lo cual no quiere decir, evidentemente, que para un artista sea más ventajoso ser un imbécil, Proust mismo tenía una inteligencia formidable; pero todos esos escritores saben por experiencia que, en la creación literaria, dice Simon Leys, no es su inteligencia lo
Marcel Proust
que se moviliza, sino más bien su sensibilidad y su imaginación. Lo que importa sobre todo es la inspiración, el “estado de gracia”, la comunicación directa establecida con las fuentes profundas de la memoria y del inconsciente; y para captar esas fuentes a menudo es preferible dar descanso a la inteligencia. Aragon era más inteligente que Eluard, pero Eluard era mejor poeta. La inteligencia no inhibe ese don poético; el don poético simplemente es de otra naturaleza, puede coexistir con una inteligencia mediocre, incluso con una mente confusa.


Henri Michaux dice: “La poesía es un regalo de la naturaleza, una gracia, no un trabajo. La sola ambición de hacer un poema basta para matarlo”. Toda verdadera creación tiene un aspecto extático. Un pintor chino del siglo XVII había adquirido la costumbre de destruir sus pinturas a medida que las acababa, pues era la experiencia espiritual de la ejecución lo que le interesaba, mientras que la obra acabada no era más que el residuo. D. H. Lawrence habló
claramente de esta experiencia: “Esa absorción feliz e intensa en un trabajo que se lleva tan cerca como es posible de la perfección es un estado en el que se está con Dios, y la gente que no lo ha conocido jamás ha orillado la vida”. Sin este éxtasis inspirado, no hay poema. Pero ello entraña un corolario que es subrayado por Jean-François Revel: “El genio poético no solamente es escaso, sino que raras veces se manifiesta en quienes lo poseen”. Los propios poetas se muestran de acuerdo con esto. Ted Hughes estimaba que 
Ted Hughes
incluso los más grandes poetas sólo han escrito tres o cuatro páginas de verdadera poesía, y que el resto es simple versificación. Y Randall Jarrell era más pesimista aún: “Un buen poeta es alguien que, pasando una vida entera en el exterior expuesto a todas las tormentas, consigue hacerse fulminar cuatro o cinco veces por el rayo”. El drama, opina Simon Leys, es que los momentos demasiado breves y demasiado raros en que el artista está “con Dios”, en que el poeta “es fulminado por el rayo”, crean en ellos una inagotable necesidad; y el agotamiento de su inspiración los deja inconsolables. “La recompensa del arte no es ni la gloria, ni el éxito, sino la intoxicación. Y por eso muchos malos artistas son incapaces de renunciar a ella”, decía Cyril Connolly.