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viernes, 17 de abril de 2026

Charlot resume en su alma lo más bello y fragante del espíritu humano

Manuel Villegas, estudioso de Charles Chaplin concibe al personaje Charlot diciendo que “Charlot resume en su alma lo más bello y fragante del espíritu humano, el ensueño, la soledad, la ingenuidad, la sencillez, la generosidad inútil, la bondad sin objeto, la libertad interior, el desprendimiento por todas las cosas, la ausencia de todo acto voluntario que decida su destino….Es el vagabundo arquetipo, en el sentido más alto y noble “metafísico” de la palabra. Vagabundaje de filósofo, de artista, de místico, de investigador, de profeta, de todos los que han descubierto el fondo perenne de la vida o de las leyes del universo…El hombre absoluto, sin tiempo, sin patria, sin raíces, sin destino, sin amigos, sin costumbres; el hombre universal y eterno, solo en el mundo, solo bajo las estrellas”. Y añade Villegas que “Chaplin es un luchador, el self-made man, el hombre salido de la nada y que llega a la riqueza y a la fama universal por su propio esfuerzo, sin ayuda de nadie”.
Candilejas, cuenta el profesor Juan Orellana, es el testamento fílmico de Chaplin, testimonio de su ocaso profesional y vital, la constancia del fracaso de su tesis voluntarista. Cualquier conquista de la voluntad acaba topándose con un muro inexpugnable, la muerte. Candilejas es un autentico ensayo sobre la muerte. Basta escuchar la famosa melodía que introduce la película, compuesta por el propio Chaplin, para intuir la melancolía trágica de la historia que se nos va a contar.

lunes, 29 de noviembre de 2021

Son las ideas las que estructuran nuestra vida

“Las palabras son solamente las notas. Son las ideas las que forman la melodía. Son las ideas las que estructuran nuestra vida”, escribe Irvin D. Yalom, catedrático de psiquiatría en la Universidad Stanford. 

jueves, 30 de enero de 2020

No basta que el pintor sea un hábil maestro

Michelangelo Buonarrot (Caprese, 6 de marzo de 1475 - Roma, 18 de febrero de 1564), conocido en español como Miguel Ángel cuenta en una carta que “la buena pintura se acerca a Dios, se une con Él… No es sino copia de sus perfecciones, sombra de su pincel, su música, su melodía… Por lo que no basta que el pintor sea un grande, un hábil maestro. Más bien pienso que su vida debe ser tan pura y santa como sea posible, para que el Espíritu Santo gobierne sus pensamientos”.

martes, 22 de mayo de 2018

Gregoriano.


El gregoriano se concibe en una sociedad religiosa y el músico actúa movido por sentimientos religiosos. Implica una mística sin la cual desaparecería la esencia de este canto. Sirve a un rito ordenado, la liturgia de la Iglesia.El gregoriano es como el instrumento vital de la plegaria. Por ello lo vital del gregoriano es el texto y los saltos de notas. No suele utilizar los contrastes porque pretende reflejar el concepto de “paz turbada”. A veces da el sentido de preguntas y respuestas con ecos melódicos. Actúa de manera sobria. No se puede concebir sin ligarlo al texto religioso. Es un canto latino cristiano que se combina para asegurar la paz. Prescinde de todo lo que pueda excitar los nervios. Es un canto unísono, a capella, sin instrumentos. Es reflejo de un espíritu emocional.
La cualidad característica del gregoriano es la falta de puntos de tensión que representa al resto de la música occidental. Cada nota de la melodía es independiente y tónica; cada punto tiene una dignidad y se impone al resto. Es la música de una sociedad que canta coralmente, como si cantaran al unísono todos los fieles. Es música para una comunidad en la que no existe diferenciación entre música popular y música culta. Se convertirá en la única música del occidente cristiano, que surgió de tradiciones romano bizantinas y se mantendrá mientras predomine el románico y lo impongan las condiciones sociales.



Carlos Javier Taranilla pone de manifiesto que el instinto de galos y francos termina provocando la aparición de dos ramas del gregoriano hacia nuevas formas musicales, los tropos y las secuencias. Los primeros surgieron en la abadía de Saint-Gall, basándose en comentarios intercalados en un texto litúrgico aplicando una sílaba a cada nota que desemboca en un diálogo, perdiéndose la monodia gregoriana. Las secuencias son parecidas a los tropos, pero más creativas, formadas por una estrofa cantada por un coro seguida de otras dos a cargo de un solista, añadiendo textos libres con una carga poética. Ambas formas musicales alcanzan su mayor difusión al ser acogidas por los seglares. Se inicia la polifonía, es decir, el canto a varias voces.

viernes, 30 de marzo de 2018

Quería morir el Viernes Santo.


Cuenta Stefan Zweig que como todo artista verdadero y riguroso, Händel no alababa sus propias obras. Pero amaba una, El Mesías. Amaba esa obra por gratitud, porque le había salvado de la propia sima, porque con ella él mismo se había redimido. Se representó en Londres año tras año, y siempre todos los ingresos, quinientas libras cada vez, se destinaron a la mejora de hospitales. Del que se había curado, a los necesitados. Del que había sido liberado, a aquellos que aún estaban en prisión. Y con esta obra, con la que se había remontado desde el Hades, quiso también
Interior de Covent Graden en 1804.
despedirse. El 6 de abril de 1759, ya muy enfermo, el maestro de setenta y cuatro años dejó que una vez más le llevaran hasta el podio del Covent Garden. Y allí estaba, aquel hombre inmenso, ciego, en medio de sus fieles, rodeado por los músicos y los cantantes. Sus ojos vacíos, apagados, no podían verlos, pero cuando con gran estrépito las ondas de la melodía rodaron hasta él, cuando el júbilo de certeza que emanaba de cientos de voces creció como un huracán, entonces su rostro cansado se iluminó y cobró vida. Balanceó los brazos, llevando el compás, y cantó con tal seriedad y tal fe como si fuera un sacerdote y se encontrara a la cabecera de su propio féretro, rogando con todos por su salvación y por la de los demás. Sólo una vez, cuando, obedeciendo la invocación "The trumpet shall sound", las trompetas se alzaron bruscamente, dio un respingo y, con los ojos fijos, miró hacia arriba, como si estuviera ya dispuesto para el Juicio Final. Sabía que su obra estaba bien hecha. Podía presentarse ante Dios con la cabeza erguida.

Viernes Santo.
Conmovidos, sus amigos llevaron al ciego a su casa. También ellos tenían la sensación de que se trataba de una despedida. En la cama aún movió suavemente los labios. Quería morir el Viernes Santo, murmuró. Los médicos se asombraron, no le entendían, pues no sabían que aquel Viernes Santo era 13 de abril, el día en el que aquella pesada mano le arrojara al suelo, el día también en el que El Mesías sonara por vez primera en el mundo. Y el día en el que todo en él había muerto, también había resucitado. En el día que había resucitado quería morir, para estar seguro de que resucitaría a la vida eterna. Y, en efecto, aquella voluntad única tuvo también poder sobre la muerte, como lo había tenido sobre la vida. El 13 de abril a Händel le fallaron las fuerzas.

jueves, 1 de febrero de 2018

La música nos ha acompañado desde que conquistamos nuestra humanidad.

Las canciones nos ofrecen un contexto con múltiples capas y dimensiones, presentes en la armonía, la melodía y el timbre. Las podemos disfrutar de muchas formas, como música de fondo, como objetos estéticos carentes de significado, como música para cantar con los amigos o cuando nos duchamos. Pueden transformar nuestro estado de ánimo y nuestras ideas. Podemos apreciar la melodía, el ritmo, el timbre, la métrica, la línea y las palabras por separado o como elementos combinados. Dice Daniel Levitin que la música, que nunca morirá, nos ha acompañado desde que conquistamos nuestra humanidad. La música ha modelado el mundo con seis clases de canciones, canciones de amistad, de alegría, de consuelo, de conocimiento, de religión y de amor.


domingo, 28 de enero de 2018

Lógos


Cuando un griego llama lógos a una tragedia o comedia, o a una oda de Píndaro, no se refiere a que allí haya una secuencia de palabras y oraciones; a lo que en ese caso es llamado lógos pertenecen inseparablemente una melodía, un ritmo, gestos, movimientos. A ningún griego hasta el final de la época clásica, tampoco, pues, a Platón ni a Aristóteles, podría ocurrírsele prever que quizá alguna vez alguien compondría un texto para que otro le pusiese la melodía y el ritmo, quizá incluso un tercero añadiese los movimientos del coro, etcétera. Estos aspectos, dice
Píndaro.
Matinez Marzoa, sólo para nosotros separables unos de otros, pertenecen inseparablemente unos a otros en la unidad del lógos; tal unidad es de inmediato la obvia unidad del habérselas siempre ya con las cosas; pero una diversidad de aspectos y momentos que nosotros separamos, como por ejemplo melodía, ritmo, gesto, movimiento.

viernes, 29 de diciembre de 2017

La Marsellesa.


El autor de la Marsellesa no fue en rigor de verdad ni poeta ni compositor. Fue oficial técnico del ejército francés y prestaba servicio en Estrasburgo. Cierto día llegó la noticia de que Francia había declarado la guerra a los reyes europeos en nombre de la libertad. Al instante, toda la ciudad cayó en una embriaguez de entusiasmo. Por la tarde de ese mismo día, el alcalde ofreció a los oficiales del ejército un banquete. Y como por azar supo que Rouget de Lisle poseía talento para componer versos fáciles y fáciles de comprender, propúsole que compusiera a la ligera una marcha-canción para las tropas que debían dirigirse al
Rouget de Lisle
frente. Rouget de Lisle prometió hacer lo mejor posible. El banquete duró hasta muy pasada la medianoche, y entonces Rouget de Lisle volvió a su aposento. Muchas palabras de los discursos guerreros revoloteaban todavía dentro de su cabeza, frases aisladas, como le jour de gloire est arrivé o allons, marchons. Apenas hubo llegado a su casa, se sentó y bosquejó unas cuantas estrofas, a pesar de que nunca había sido un poeta cabal. Luego sacó su violín del armario y ensayó una melodía para acompañar aquellas palabras, a pesar de que nunca había sido un compositor de verdad. A la mañana siguiente llevó al alcalde, la canción creada que, sin modificación alguna, sigue siendo al cabo de siglo y medio, el himno de Francia. Sin saberlo, y sin proponérselo, un hombre perfectamente mediocre había creado, en virtud de una inspiración única, una de las poesías y una de las melodías inmortales del mundo. O, para ser más exacto, no fue él precisamente quien producía ese milagro, sino que lo fue el genio de la hora, pues, a partir de aquel instante, nunca más logró un poema de verdad, ni melodía real alguna. Fue una inspiración única, que había elegido por órgano a un hombre cualquiera por perfecta casualidad.