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martes, 23 de junio de 2026

Las historias de perdedores

Las historias de perdedores siempre han funcionado muy bien, y lo siguen haciendo en el cine y en la literatura. Quizá porque, como explican más adelante en este reportaje algunos psicólogos, mirarse en el espejo de un perdedor ayuda a superar frustraciones propias.Charles Chaplin robó el corazón de millones de personas en Luces de la ciudad (1931) al ponerse en la piel de un vagabundo que hará lo imposible y pasará por todo tipo de avatares para ayudar a una chica ciega que vive en la calle y de la que se enamora.Nadie ha vivido el fracaso con tanta dignidad como Charlot. Se comía los zapatos y cordones con el mismo porte que un sibarita degusta un manjar en un restaurante de lujo. Y se sacudía el polvo de sus raidos pantalones para recuperar la compostura con una elegancia envidiable.El Quijote o El Lazarillo de Tormes, eran también perdedores. Personajes que atrapan de inmediato al lector por sus particulares circunstancias y generan al mismo tiempo admiración por su entereza o esfuerzo en sus actos para alcanzar, aunque pueda parecer imposible, sus particulares objetivos, escribe Javier Ricou.
¿Continúa hoy viva esa admiración por los perdedores? Responde Helena Romeu, psicóloga clínica. “Vivimos en una sociedad en la que todos llevamos una máscara, con patrones que hay que seguir. Se supone que tenemos que ser buenas personas, ganar dinero, tener éxito en el trabajo, triunfar en las relaciones de pareja, aprovechar los estudios... Y eso provoca que haya mucha frustración al percibir o descubrir que no estamos alcanzado todos esos objetivos. Es lo que vemos en las consultas”. Romeu confirma que sí, que se sigue empatizando con los perdedores. Y además eso nos aporta más efectos positivos que negativos. “Conocer sus historias es como mirarse en un espejo y comprobar que todo no puede ser tan perfecto, ese reflejo del perdedor nos hace sentir más humanos”.
Para Helena Romeu hay muchos perfiles de perdedores. Todo va a depender del mundo o entorno en el que se viva. Y se pregunta quién decide qué es éxito y qué es fracaso. “Para algunos trabajar diez horas en una fábrica puede ser una frustración, mientras que para otros los perdedores son los que viven atrapados en una sociedad de consumo”. Para Arantxa Coca, doctora en Psicología, un perdedor “sería el que no tiene reconocimiento o admiración social, pero también la persona anónima, que no destaca en nada y por los tanto es vista a ojos de los demás como una persona plana, aburrida, e incluso tonta”. También podría considerarse como perdedor “a la persona que asume un rol de víctima…todo me sale mal, no tengo suerte en el amor o en el trabajo...”. O el que clínicamente arrastra un guión de perdedor, o sea, el que no tiene autoestima o tiene algún tipo de depresión. “Estas personas a veces no son vistas como perdedoras por su entorno. Son ellas mismas las que se sienten perdedoras”, concluye la doctora Coca.

viernes, 17 de abril de 2026

Charlot resume en su alma lo más bello y fragante del espíritu humano

Manuel Villegas, estudioso de Charles Chaplin concibe al personaje Charlot diciendo que “Charlot resume en su alma lo más bello y fragante del espíritu humano, el ensueño, la soledad, la ingenuidad, la sencillez, la generosidad inútil, la bondad sin objeto, la libertad interior, el desprendimiento por todas las cosas, la ausencia de todo acto voluntario que decida su destino….Es el vagabundo arquetipo, en el sentido más alto y noble “metafísico” de la palabra. Vagabundaje de filósofo, de artista, de místico, de investigador, de profeta, de todos los que han descubierto el fondo perenne de la vida o de las leyes del universo…El hombre absoluto, sin tiempo, sin patria, sin raíces, sin destino, sin amigos, sin costumbres; el hombre universal y eterno, solo en el mundo, solo bajo las estrellas”. Y añade Villegas que “Chaplin es un luchador, el self-made man, el hombre salido de la nada y que llega a la riqueza y a la fama universal por su propio esfuerzo, sin ayuda de nadie”.
Candilejas, cuenta el profesor Juan Orellana, es el testamento fílmico de Chaplin, testimonio de su ocaso profesional y vital, la constancia del fracaso de su tesis voluntarista. Cualquier conquista de la voluntad acaba topándose con un muro inexpugnable, la muerte. Candilejas es un autentico ensayo sobre la muerte. Basta escuchar la famosa melodía que introduce la película, compuesta por el propio Chaplin, para intuir la melancolía trágica de la historia que se nos va a contar.