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viernes, 7 de agosto de 2026

Ser lo primero el uno para el otro y que lo tengáis muy claro

Nacho Tornel, mediador familiar y experto en resolución de conflictos en la pareja, da algunas claves para una relación feliz y duradera.Es fundamental, indica, ser lo primero el uno para el otro y que lo tengáis muy claro porque os lo expresáis y os lo manifestáis así en detalles concretos en el día a día. No basta con declararlo y decirlo de boca sino que se trata de vivirlo.
Hablar con frecuencia y respaldaros en todo lo que sea necesario tanto dentro como fuera de casa, explica Tornel. Ese apoyo es lo que se traduce en agradecimiento que fácilmente toma el color de la admiración.Esta admiración se pierde, según indica el experto, cuando la crítica interna crece, cuando los pensamientos negativos acerca del otro van cobrando fuerza y los vamos rumiando hasta ir poco a poco destruyendo la buena imagen que teníamos de nuestra pareja, continúa. Tornel explica que ello se notará mucho en el modo en el que miramos a nuestra pareja que ya no será con indulgencia, con cariño y con amor sino con rencor con espíritu crítico y quizás con la escopeta cargada.
La afectividad entre los dos es lo que mantiene la temperatura de la relación con el nivel de calor adecuado. No podéis abandonar esos gestos diarios de cariño, de ternura, de atención del uno hacia el otro, de detalles pequeños, enumera Tornel. La razón, indica, es que todo esto serán ramas que mantengan el fuego encendido y permitan que cuando se den las circunstancias se pueda incrementar la temperatura y avanzar hacia vuestras relaciones sexuales que serán plenas e integradoras de todo aquello que os une. Dejar de lado la afectividad trae consigo, lo que le ocurre a una máquina que no tiene aceite lubricante, las piezas irán oxidándose, se irán rozando cada vez más costará mucho el movimiento producirán un incómodo chirrido y podrían acabar rompiéndose.


martes, 23 de junio de 2026

Las historias de perdedores

Las historias de perdedores siempre han funcionado muy bien, y lo siguen haciendo en el cine y en la literatura. Quizá porque, como explican más adelante en este reportaje algunos psicólogos, mirarse en el espejo de un perdedor ayuda a superar frustraciones propias.Charles Chaplin robó el corazón de millones de personas en Luces de la ciudad (1931) al ponerse en la piel de un vagabundo que hará lo imposible y pasará por todo tipo de avatares para ayudar a una chica ciega que vive en la calle y de la que se enamora.Nadie ha vivido el fracaso con tanta dignidad como Charlot. Se comía los zapatos y cordones con el mismo porte que un sibarita degusta un manjar en un restaurante de lujo. Y se sacudía el polvo de sus raidos pantalones para recuperar la compostura con una elegancia envidiable.El Quijote o El Lazarillo de Tormes, eran también perdedores. Personajes que atrapan de inmediato al lector por sus particulares circunstancias y generan al mismo tiempo admiración por su entereza o esfuerzo en sus actos para alcanzar, aunque pueda parecer imposible, sus particulares objetivos, escribe Javier Ricou.
¿Continúa hoy viva esa admiración por los perdedores? Responde Helena Romeu, psicóloga clínica. “Vivimos en una sociedad en la que todos llevamos una máscara, con patrones que hay que seguir. Se supone que tenemos que ser buenas personas, ganar dinero, tener éxito en el trabajo, triunfar en las relaciones de pareja, aprovechar los estudios... Y eso provoca que haya mucha frustración al percibir o descubrir que no estamos alcanzado todos esos objetivos. Es lo que vemos en las consultas”. Romeu confirma que sí, que se sigue empatizando con los perdedores. Y además eso nos aporta más efectos positivos que negativos. “Conocer sus historias es como mirarse en un espejo y comprobar que todo no puede ser tan perfecto, ese reflejo del perdedor nos hace sentir más humanos”.
Para Helena Romeu hay muchos perfiles de perdedores. Todo va a depender del mundo o entorno en el que se viva. Y se pregunta quién decide qué es éxito y qué es fracaso. “Para algunos trabajar diez horas en una fábrica puede ser una frustración, mientras que para otros los perdedores son los que viven atrapados en una sociedad de consumo”. Para Arantxa Coca, doctora en Psicología, un perdedor “sería el que no tiene reconocimiento o admiración social, pero también la persona anónima, que no destaca en nada y por los tanto es vista a ojos de los demás como una persona plana, aburrida, e incluso tonta”. También podría considerarse como perdedor “a la persona que asume un rol de víctima…todo me sale mal, no tengo suerte en el amor o en el trabajo...”. O el que clínicamente arrastra un guión de perdedor, o sea, el que no tiene autoestima o tiene algún tipo de depresión. “Estas personas a veces no son vistas como perdedoras por su entorno. Son ellas mismas las que se sienten perdedoras”, concluye la doctora Coca.

viernes, 10 de enero de 2025

El resentimiento impide encontrarnos con las mañanas del mundo

Nietzsche se dio cuenta de que una convivencia social asentada sobre la lucha por el poder genera resentimiento. A quien piensa que los demás le deben algo que no le reconocen se le pone un rictus justiciero y va por la calle enrabiado, ceñudo. 
“El resentimiento tiene otras repercusiones, escribe José María Carabante. Los resentidos tienen una incapacidad manifiesta para admirarse.La admiración es lo que hace que contemplemos el mundo desde el prisma del milagro, del don. El resentido es sordo al por qué. Mientras que la admiración abre, explaya, difunde y engrandece, el resentimiento es la fuerza que encorva, que subyuga, que nos ensimisma y nos impide encontrarnos con las mañanas del mundo.”


miércoles, 24 de febrero de 2021

Lo que mundo llama las claves para la realización personal


Para Henri Jozef Machiel Nouwen, sacerdote católico holandés, “nuestras adicciones nos hacen agarrarnos a lo que el mundo llama las claves para la realización personal; acumulación de poder y riquezas; logro de status y admiración; derroche de comida y bebida, y la satisfacción sexual sin distinguir entre lujuria y amor.

viernes, 27 de abril de 2018

El militar tiene valores de un mundo distinto.

La guerra, como han demostrado los teóricos, está relacionada con la economía, la diplomacia y la política; pero esta relación no significa identidad ni similitud. La guerra es totalmente distinta de la diplomacia y de la política porque tienen que hacerla hombres cuyos valores y cuya capacidad no son los de los políticos y los diplomáticos. Son valores de un mundo muy distinto, un mundo muy antiguo que existe en sintonía con el mundo cotidiano, pero que no forma parte de él. Ambos mundos cambian con el paso del tiempo, y el del guerrero sigue los pasos del civil, pero a una cierta distancia. Y esa distancia nunca se anula, pues la cultura del guerrero no puede ser nunca la de la civilización, dice el historiador militar ingles Sir John Desmond Patrick Keegan.



Un general, dice Keegan, puede ser o no objeto de admiración, ya que esta es suscitada por algo más que las simples insignias de superioridad. La admiración radica en la fama que ostente como hombre entre los demás, fama que se ha ido atesorando a lo largo de muchos años a la vista de la tribu que constituye su regimiento. Y esa tribu la componen no solo los oficiales de igual rango, sino también los sargentos y la tropa. “Malo para la tropa” era la descalificación suprema. Un oficial puede ser listo, competente, trabajador; pero si sus soldados abrigan dudas respecto a él, ninguna de tales cualidades cuenta. No forma parte de la tribu.