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sábado, 27 de septiembre de 2025

Los británicos pudieron lograr una firme sujeción en la India, fue porque podían contar con sus múltiples fragmentaciones

Los británicos pudieron lograr y mantener una firme sujeción en la India, fue porque podían contar con sus múltiples fragmentaciones; étnicas, lingüísticas, dinásticas, sociales, confesionales. Charles Wood, secretario de Estado para India con Palmerston, no se complicaba respecto al objetivo, “quiero tener un espíritu diferente y rival entre los diferentes regimientos, de modo que en caso de necesidad los sijs puedan disparar contra hindúes, o los gurjas contra los demás, sin ningún escrúpulo”.
Los Gurjas
Desde mediados del siglo XIX, y en relación a la población, Gran Bretaña siempre había desplegado un número de tropas mucho mayor en Irlanda que en India, con una menor proporción de reclutas locales. Habitualmente se trataba de un despliegue militar de unos 25.000 efectivos, y un cuerpo policial de 10.000, para una isla de cuatro millones y medio de habitantes, a menos de cien millas de Inglaterra; una proporción de 1 a 130. En India, a 6.500 kilómetros de distancia, donde la maquinaria de represión reunía a unos 400.000 efectivos para una población de trescientos millones, la relación era de 1 a 750. Y, en menos de tres años, una fuerza guerrillera irlandesa de no más de 3.000 combatientes había acabado con la policía colonial y de hecho había expulsado al ejército colonial, que llegó a destinar hasta 40.000 efectivos para la contrainsurgencia, de gran parte del país. De haber habido en India una campaña sincronizada, siendo allí enormemente favorable el equilibrio de efectivos militares potenciales, por no hablar de la logística, la cuestión difícilmente podría haber estado en duda. En vez de ello, tenían el fiasco de Bardoli, y la posposición de la independencia durante un cuarto de siglo. El coste de la liberación nacional no fue pequeño en Irlanda; la división del país y una guerra civil. Pero era pequeño en comparación con el precio que finalmente se pagaría en India.

viernes, 2 de mayo de 2025

Los oficiales debían exponerse a riesgos mayores que los hombres a los que mandaban

La experiencia de la Primera Guerra Mundial conformó la actitud británica hacia el liderazgo. Durante el período de entreguerras, la imagen popular de los generales de la Primera Guerra Mundial ordenando a sus hombres avanzar hacia una muerte segura mientras ellos permanecían muy por detrás de la línea del frente, tuvo gran influencia a la hora de modelar la conducta de los mandos británicos que luego operaron en Italia y el resto de teatros. Hombres como Montgomery visitarían el frente repartiendo ánimos y cigarrillos, e incluso Alexander, el comandante en jefe del teatro de operaciones aparecía por primera línea frecuentemente, a veces para gran inconveniente de los soldados allí presentes. Los G. I. norteamericanos quedaban a menudo sorprendidos e impresionados por encontrar oficiales británicos de muy alto rango en peligrosas posiciones de primera línea. Algunos fusileros estadounidenses ni siquiera conocían el nombre del comandante de su regimiento, y pocos tenían algún aprecio por sus generales. No obstante, en ambos ejércitos, era crucial el papel de liderazgo de los oficiales subalternos, un jefe de pelotón o de compañía. En el Ejército de Estados Unidos, donde los oficiales subalternos y los soldados a menudo se trataban unos a otros como iguales, “el sustituto de la jerarquía, así como de la disciplina y del entrenamiento adecuado, era la vieja receta americana; un liderazgo inspirador». Esto significaba que los oficiales subalternos debían mandar desde el frente y exponerse a riesgos aún mayores que los hombres a los que mandaban. El resultado eran pérdidas terribles. Un estudio sobre las tropas de combate norteamericanas en Italia mostró que bastaban apenas ochenta y ocho días de combate para causar un 100 por cien de bajas entre los subtenientes de una división de infantería……La mayoría de los oficiales subalternos sentían que no tenían otra opción que ponerse a sí mismos en mayor peligro que sus hombres. Como dejó escrito un teniente de la Durham Light Infantry, que libró duras batallas en Monte Cassino, “fuera correcto o erróneo, ejercí el mando desde primera línea siempre que fue posible. Me sentía más seguro de ese modo, sentía que era mi deber, para ser sincero, verdaderamente sentía que no podía enviar a cualquier otro allí si no estaba preparado para hacerlo yo mismo”. También había otro factor, tal y como continuaba explicando ese oficial,”tenía bastante claro que, a menos que los jefes de pelotón se pusieran al frente de sus unidades, no ocurría nada”.
Alex Bowlby, en su clásico relato sobre sus experiencias como fusilero británico en Italia, cuenta un incidente que se produjo al comienzo de la campaña; “los alemanes hicieron dos disparos. La compañía se precipitó al suelo como si hubieran sido doscientos. Sólo el capitán Kendall permaneció en pie. Una “Spandau” (una ametralladora alemana) abrió fuego. Nos aferramos al terreno como si sólo éste pudiera salvamos. El capitán Kendall se movía lentamente entre los miembros de la compañía. Miradme, decía yendo de un hombre a otro bajo el fuego. No pueden alcanzarme. Miradme”. Le miramos. Podía haber estado perfectamente paseándose bajo el sol. Los alemanes no le alcanzaron, pero su coraje nos alcanzó a nosotros. Nos pusimos en pie”.
Referencia: La batalla de Monte Cassino (Matthew Parker)

domingo, 22 de noviembre de 2020

Capellán castrense

El gobierno de España quiere suprimir la figura del capellán castrense, que es un sacerdote destinado a ejercer las funciones de su ministerio en un regimiento o batallón. Desde los siglos más remotos se ven capellanes entre las tropas de los ejércitos antiguos.

¿Cual es la misión de un capellán castrense? Cuenta Frank G. Slaughter en su novela “La espada y el bisturí” la siguiente respuesta del sacerdote que ejercía su misión en el ejercito:  “Supongo que los soldados tienen derecho a ser héroes. Y el derecho a matar, cuando se les ordena matar. Mis órdenes son las de salvar almas, incluyendo la mía propia”.


viernes, 27 de abril de 2018

El militar tiene valores de un mundo distinto.

La guerra, como han demostrado los teóricos, está relacionada con la economía, la diplomacia y la política; pero esta relación no significa identidad ni similitud. La guerra es totalmente distinta de la diplomacia y de la política porque tienen que hacerla hombres cuyos valores y cuya capacidad no son los de los políticos y los diplomáticos. Son valores de un mundo muy distinto, un mundo muy antiguo que existe en sintonía con el mundo cotidiano, pero que no forma parte de él. Ambos mundos cambian con el paso del tiempo, y el del guerrero sigue los pasos del civil, pero a una cierta distancia. Y esa distancia nunca se anula, pues la cultura del guerrero no puede ser nunca la de la civilización, dice el historiador militar ingles Sir John Desmond Patrick Keegan.



Un general, dice Keegan, puede ser o no objeto de admiración, ya que esta es suscitada por algo más que las simples insignias de superioridad. La admiración radica en la fama que ostente como hombre entre los demás, fama que se ha ido atesorando a lo largo de muchos años a la vista de la tribu que constituye su regimiento. Y esa tribu la componen no solo los oficiales de igual rango, sino también los sargentos y la tropa. “Malo para la tropa” era la descalificación suprema. Un oficial puede ser listo, competente, trabajador; pero si sus soldados abrigan dudas respecto a él, ninguna de tales cualidades cuenta. No forma parte de la tribu.