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sábado, 27 de septiembre de 2025

Los británicos pudieron lograr una firme sujeción en la India, fue porque podían contar con sus múltiples fragmentaciones

Los británicos pudieron lograr y mantener una firme sujeción en la India, fue porque podían contar con sus múltiples fragmentaciones; étnicas, lingüísticas, dinásticas, sociales, confesionales. Charles Wood, secretario de Estado para India con Palmerston, no se complicaba respecto al objetivo, “quiero tener un espíritu diferente y rival entre los diferentes regimientos, de modo que en caso de necesidad los sijs puedan disparar contra hindúes, o los gurjas contra los demás, sin ningún escrúpulo”.
Los Gurjas
Desde mediados del siglo XIX, y en relación a la población, Gran Bretaña siempre había desplegado un número de tropas mucho mayor en Irlanda que en India, con una menor proporción de reclutas locales. Habitualmente se trataba de un despliegue militar de unos 25.000 efectivos, y un cuerpo policial de 10.000, para una isla de cuatro millones y medio de habitantes, a menos de cien millas de Inglaterra; una proporción de 1 a 130. En India, a 6.500 kilómetros de distancia, donde la maquinaria de represión reunía a unos 400.000 efectivos para una población de trescientos millones, la relación era de 1 a 750. Y, en menos de tres años, una fuerza guerrillera irlandesa de no más de 3.000 combatientes había acabado con la policía colonial y de hecho había expulsado al ejército colonial, que llegó a destinar hasta 40.000 efectivos para la contrainsurgencia, de gran parte del país. De haber habido en India una campaña sincronizada, siendo allí enormemente favorable el equilibrio de efectivos militares potenciales, por no hablar de la logística, la cuestión difícilmente podría haber estado en duda. En vez de ello, tenían el fiasco de Bardoli, y la posposición de la independencia durante un cuarto de siglo. El coste de la liberación nacional no fue pequeño en Irlanda; la división del país y una guerra civil. Pero era pequeño en comparación con el precio que finalmente se pagaría en India.

jueves, 4 de abril de 2024

Lo que denominamos Guerra de los Siete Años (1756-1763),Churchill la calificó de primera guerra mundial

La salida de la escuadra francesa el 10 de abril de 1756 para el ataque contra Port Mahon

Lo que denominamos Guerra de los Siete Años (1756-1763), que Churchill calificó de primera guerra mundial, y que causó alrededor de un millón de muertos en sus diversos escenarios, fue en realidad un conjunto de conflictos que afectaron a la propia Europa, América, África occidental, la India y las islas Filipinas. En el Viejo Continente se enfrentaron dos bandos, uno compuesto por Gran Bretaña, Prusia, Portugal y algunos pequeños estados alemanes contra otro, formado por Francia, Austria, Rusia, España y Suecia. El conflicto, que se había iniciado en América, en una disputa entre colonos franceses y británicos, adquirió una dimensión internacional en Europa con la lucha por la posesión de Silesia entre Prusia y Austria, que comportó un enfrentamiento entre Gran Bretaña, aliada de Prusia, y Francia, aliada de Austria y Rusia, hasta que esta última cambió finalmente de bando. Prusia salió victoriosa y dejó establecida un gobierno de las cinco grandes potencias que dominarían la historia de Europa hasta la Guerra Mundial de 1914-1918: Francia, Gran Bretaña, Austria, Prusia y Rusia. El mayor impacto de la guerra fue el que se produjo en los escenarios coloniales, donde Gran Bretaña consiguió grandes beneficios sobre Francia y éxitos espectaculares contra España, como la ocupación de La Habana. En Norteamérica el resultado más destacable fue la pérdida, por parte de los franceses, de sus territorios en Canadá. En el África occidental la contienda tuvo como protagonistas a los británicos y a los franceses, en disputa por los dos puertos de Senegal, Saint-Louis y Gorée, que, además de servir de punto de embarque para el tráfico de esclavos, facilitaban el acceso a la goma arábiga producida en el interior, un producto muy buscado por su utilidad en la industria textil. El escenario más trascendental desde el punto de vista de la expansión colonial fue posiblemente el de la India. Allí los franceses y los ingleses no buscaban ganancias territoriales, sino que se limitaban a mantener factorías cercanas a la costa y bien defendidas, a la vez que trataban de asegurarse privilegios para el comercio, una actividad en la que la compañía inglesa era muy superior a la francesa por el volumen de tráfico y por unos costes de transporte más bajos.

domingo, 27 de agosto de 2017

Atuendo femenino andino.

Mujeres quechuas

Túpac Amaru
El historiador británico Niall Ferguson cuenta que hay solo un puñado de lugares donde la gente se resiste a la gigantesca apisonadora de la moda. Uno de ellos es el Perú rural. En las montañas de los Andes las mujeres quechuas todavía llevan sus vestidos y chales de vivos colores, y sus pequeños sombreros de fieltro, colocados con aire desenfadado y decorados con su insignia tribal. El único problema es que esa no es en absoluto la indumentaria tradicional quechua. Los vestidos, chales y sombreros son, de hecho, de origen andaluz, y fueron impuestos por el virrey español Francisco de Toledo en 1572, tras la derrota de Túpac Amaru. El atuendo femenino andino verdaderamente tradicional consistía en una túnica (anacu),
asegurada en la cintura por una faja (chumpi), sobre la que se llevaba una capa (lliclla), que a su vez se sujetaba con un alfiler (tupu). Los populares sombreros hongos de las mujeres bolivianas vinieron más tarde, cuando llegaron los trabajadores británicos para construir los primeros ferrocarriles del país.

lunes, 5 de diciembre de 2016

¿Quien realmente hundió el Lusitania?

El 1 de mayo de 1915 el RMS Lusitania, de la compañía Cunard Steamship, con capacidad para dos mil trescientos pasajeros y novecientos tripulantes, zarpa del puerto de Nueva York con destino al puerto inglés de Liverpool. El Lusitania lleva a bordo 1.959 pasajeros, de los que 136 son norteamericanos. En su registro consta que también transporta víveres. En el almirantazgo de Londres existe una sala en la que, sobre unos enormes mapas oceánicos, se registra la posición de los navíos con destino a las islas Británicas. El oficial del servicio secreto naval Joseph Kenworthy le señala a Churchill que el HMS Juno, el crucero al que se ha encomendado la escolta del Lusitania por las peligrosas aguas irlandesas, carece de diseño estanco, lo que lo inhabilita para la lucha antisubmarina. Al oficial le preocupa este hecho porque se tienen noticias de que ronda aquellas aguas el submarino alemán U-20, que lleva hundidos tres barcos. Churchill se lo piensa y tres días después decide que el HMS Juno regrese a puerto. O sea, que deja al Lusitania sin escolta, abandonado a su suerte. El 7 de mayo de 1915, el Lusitania navega en medio de una niebla espesa por las aguas peligrosas de Irlanda. En el puesto telegráfico de la nave se suceden las comunicaciones del almirantazgo. 7.50: “Submarinos en acción frente a la costa meridional de Irlanda”. Una hora después: “A todos los barcos ingleses: tomen al piloto de Liverpool en la barra y eviten los promontorios. Pasen a toda velocidad por los puertos. Naveguen por medio del canal. Submarinos en aguas de Fastnet…”. 12.30: “Desviarse a queenstown”. 12.40: “Submarino a cinco millas de cabo Clear. Se dirigía hacia el oeste a las 10.00 horas”. Alarmado, el capitán del Lusitania altera el rumbo para acercarse a la costa. La niebla se va despejando y el familiar promontorio de Kinsale se dibuja en la lejanía. El levantamiento de la niebla también favorece la visibilidad de Walther Schwieger, comandante del submarino U-20, que avista el gigantesco navío desde su periscopio y anota en su bitácora: “Frente a nosotros aparece un cuatro chimeneas y dos mástiles […] Sigue curso perpendicular al nuestro virando desde Galley Head. Parece un buque de pasajeros de grandes dimensiones”. 14.05: “El vapor vira a estribor, rumbo a queenstown, lo que facilita nuestro acercamiento para lanzar torpedos. Navegamos a gran velocidad para colocarnos en posición al frente”. Al U-20 le queda un único torpedo. A las 14.12 lo dispara desde setecientos metros de distancia. El torpedo, de seis metros de largo, equipado con una ojiva de 160 kilos de TNT, impacta en el costado del Lusitania bajo su línea de flotación. La bitácora del submarino anota: “Alcanzado por el disparo en la banda de estribor detrás del puente. Se percibe una detonación seguida de otra fuerte explosión. Una gigantesca nube que se eleva. Debe de haber habido, además de la explosión del torpedo, otra cosa (caldera, carbón o municiones transportadas). La nave se detiene y se escora rápidamente. Al mismo tiempo, se hunde cada vez más a proa… Parece que el barco permanecerá a flote muy poco tiempo”. Comprobado el estropicio, el submarino se sumerge a veinticinco metros y se aleja del lugar. El capitán del Lusitania ha ordenado poner rumbo a tierra, pero la gigantesca nave escora tan rápido que pronto las hélices giran inútilmente fuera del agua. Los despavoridos pasajeros no pueden mantenerse en pie en la cubierta. Con esa inclinación es muy difícil arriar los botes salvavidas. Algunos caen bocabajo, otros vacían su carga humana antes de tocar el agua. De los 48 botes, sólo seis se lanzan correctamente. En dieciocho minutos la nave se va a pique a diez kilómetros de la costa, arrastrando consigo a 1.198 pasajeros. Sólo se han salvado 761. 

Oleada de indignación en los EE. UU. En el naufragio han perecido más de un centenar de estadounidenses. La opinión pública norteamericana reacciona con indignación ante la noticia de la muerte de sus compatriotas en el torpedeamiento del transatlántico. Los periódicos califican el acto como “crimen de lesa humanidad y de atentado contra el derecho de gentes”. Los votantes americanos empiezan a considerar la conveniencia de ajustarles las cuentas a esos bárbaros alemanes que no se detienen ante nada. Por si quedara alguna duda, los alemanes, en lugar de disculparse por el incidente y lamentar la pérdida de vidas humanas, condecoran al comandante del U-20 con la Cruz de Hierro. El presidente de Estados Unidos envía una nota de protesta tan enérgica que el káiser escribe al margen: “De lo más impertinente: vejatoria”, pero ordena restringir la lucha submarina y prohíbe atacar buques de pasajeros sin previo aviso y sin antes poner a salvo a los civiles que viajen a bordo. No irritemos a los americanos, que están buscando un pretexto para declararnos la guerra. El gobierno estadounidense tardará todavía dos años en declarar la guerra a Alemania (lo hará el 2 de abril de 1917). Una de las razones esgrimidas entonces será precisamente el caso del Lusitania, que la prensa subvencionada por los británicos se encarga de mantener vivo en la memoria popular. 

Se ha especulado que Churchill expuso deliberadamente la nave al submarino alemán para inclinar a favor de la intervención en la guerra a la opinión pública estadounidense. Pudiera ser. Parece que, al comienzo de la guerra, Winston Churchill inspeccionó el Lusitania, anclado en el puerto de Londres para clasificarlo como nave de la flota de reserva (susceptible de armarse y participar en la guerra); y, cuando se le hizo ver que no estaba diseñado para soportar un torpedo, Churchill respondió cínicamente: “¡Mejor, así tenemos un cebo vivo de cuarenta y cinco mil toneladas!”. También se ha señalado que la segunda explosión que se percibió en el barco podría haber procedido de la munición almacenada en su bodega. Hoy se ha confirmado lo que los alemanes sospecharon entonces;que transportaba abundante material de guerra cuya existencia conocía y aprobaba el presidente Wilson. Eso explica que, en el periodo de entreguerras, la armada inglesa usara el resto de la nave naufragada del  Lusitania como blanco para sus prácticas con torpedos. Intentaba eliminar las pruebas de que el barco transportaba material de guerra.