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viernes, 30 de mayo de 2025

¿De verdad hemos dejado atrás al guerrero y superado al santo asceta?

“¿De verdad hemos dejado atrás al guerrero y superado al santo asceta? Me temo que solo hemos dejado atrás al guerrero en el sentido de que probablemente huiríamos de él. Y si hemos superado al santo, temo que lo hayamos superado sin inclinarnos ante él”, escribe G. K. Chesterton.
Y añade que “hemos conseguido todo lo bueno que se podía conseguir de las ideas del pasado. Pero no hemos sacado de ellas todo lo que de bueno contienen, y quizás, en este momento, no estemos sacando nada”.

jueves, 6 de junio de 2024

La mayoría querríamos que la guerra desapareciera, pero no va a pasar

La idea de que los jóvenes necesitan disciplina, que dormir en catres curte y forja, ya no está ahí. James Sheehan ha argumentado de forma persuasiva sobre cómo los valores culturales han cambiado enormemente en poco tiempo. Los europeos ya no se ven a sí mismos como guerreros….La mayoría querríamos de forma abstracta que la guerra desapareciera, pero no va a pasar. Hemos visto movimientos consagrados a la paz, recordamos la Liga de la Sociedad de Naciones. O los grandes debates en universidades con jóvenes diciendo que no lucharían por el rey, Las protestas de Vietnam. Pero las ideas cambian cuando te ves amenazado.
“La Primera Guerra Mundial fue algo industrial, cantidades impensables de armas y morteros. Recordamos bien las trincheras, pero la mayoría de los jóvenes murió por artillería, no por armas ligeras. No fue cara a cara. ¿Y quiénes son los héroes, los mitos de esa época? Aviadores, sobre todo. Heroísmo de nombres legendarios en medio de las masas anónimas. Lo mismo en la Segunda, en realidad. O francotiradores. Ahora la guerra son videojuegos, no sé si el espíritu cambiará o cómo…. Antes de la Primera Guerra Mundial la gente pensaba que la guerra era imposible, cosa del pasado, demasiado caras. Impensable entre hermanos socialistas. Hoy decimos que las democracias no luchan entre sí y que dos países con McDonalds no se enfrentan”, manifiesta Margaret  MacMillan, profesora de la Universidad de Oxford.
“Hay que tener cuidado con la complacencia,añade MacMillan. Alemania y Reino Unido eran democracias en cierto modo en 1914, y lucharon. Tenemos que saber que como individuos y sociedades se nos da muy bien hacer cosas que van en contra de nuestros intereses. La irracionalidad es uno de nuestros rasgos más distintivos. El miedo, la ira. A veces es que no hay más remedio que luchar. Y se producen accidentes”.



miércoles, 15 de mayo de 2024

Una realidad dura, infinitamente más dura de soportar, porque encierra la muerte

“Llega un día en que el miedo, la derrota, la muerte de compañeros queridos, hace que el alma del combatiente se pliegue ante la necesidad. La guerra deja entonces de ser un juego, un sueño; el guerrero comprende por fin que la guerra existe realmente. Es una realidad dura, infinitamente más dura de soportar, porque encierra la muerte. El pensamiento de la muerte no puede sostenerse sino por relámpagos, desde que se siente que la muerte es, en efecto, posible. Es verdad que todos los hombres están destinados a morir y que un soldado puede envejecer en los combates; pero en aquellos cuya alma está sometida al yugo de la guerra, la relación entre la muerte y el porvenir no es igual que en los demás hombres. Para los otros la muerte es un límite impuesto de antemano al porvenir, para ellos es el porvenir mismo, el porvenir asignado a su profesión. Que los hombres tengan por porvenir la muerte es algo contrario a la naturaleza. Desde que la práctica de la guerra hace sensible la posibilidad de muerte que encierra cada minuto, el pensamiento se vuelve incapaz de pasar de un día a otro sin atravesar la imagen de la muerte. Entonces el espíritu posee una tensión que no puede soportarse por mucho tiempo; pero cada alba nueva trae la misma necesidad; los días agregados a los días forman años. El alma sufre violencia todos los días. Cada mañana el alma se mutila de toda aspiración, porque el pensamiento no puede viajar en el tiempo sin pasar por la muerte. Así la guerra borra toda idea de fines, hasta la de los fines de la guerra. Borra el pensamiento mismo de poner fin a la guerra”, escribe Simone Weil.

miércoles, 9 de noviembre de 2022

Las personas cultas suministraban las ideologías

La pluma jamás fue más poderosa que la espada. Los guerreros siempre pudieron conquistar a los escritores, pero sin estos no habría habido ni sistemas de gobierno ni economías mayores; ni, menos todavía, habrían existido los grandes imperios históricos del mundo antiguo. Las personas cultas suministraban las ideologías que posibilitaban la cohesión imperial y llenaban sus cuadros administrativos. En China, convirtieron a los conquistadores mongoles en dinastías imperiales, mientras que su ausencia contribuyó a la rápida caída de Gengis Kan y Tamerlán.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

El dron puede estar desempeñando la función de exonerar al operador de responsabilidad moral.


Cuenta Zygmunt Bauman que “el dron llamado Predator,  ha asumido la función de reunir y procesar información. El equipo electrónico del dron es excelente en el cumplimiento de esta función. Pero ¿qué función? Pues al igual que la función manifiesta del hacha es permitir al verdugo ejecutar a un condenado, la función manifiesta de un dron es permitir al operador localizar el objetivo de una ejecución. Pero el dron que sobresale en esa función e inunda al operador con olas de información que no es capaz de digerir, y mucho menos de procesar rápida y velozmente, en tiempo real, puede estar desempeñando también otra función, latente y no expresa, la de exonerar al operador de la culpabilidad moral que podría afectarle cuando estuviera seleccionando a los condenados para una ejecución; y, otra más importante aún, asegurar con antelación al operador que si se produce un error, no será a causa de su inmoralidad. Si muere gente inocente, se tratará de un error técnico, no de un fallo moral o de un pecado. Y, a juzgar por la regulación vigente, no será en ningún caso un crimen. Como apuntan Shanker y Richtel, los sensores de los drones han dado lugar a una nueva clase de guerreros conectados que deben filtrar un mar de información. Pero algunas veces se ahogan en ese mar de datos. Pero ¿no está incluida en el diseño del dron la capacidad de bombardear con información las facultades mentales del operador? ¿Y no es la principal función del dron suministrar todo ese caudal de información al operador? Cuando en febrero de 2011, veintitrés invitados a una boda afgana fueron asesinados, los operadores que pulsaron la tecla culparon a las pantallas, que se habían vuelto borrosas, del bombardeo, pero los operadores no los enfocaron correctamente en medio del remolino de datos, al igual que un oficinista que pierde un importante e-mail entre una gran cantidad de ellos. Y nadie acusaría a ese oficinista de un fallo moral… Desencadenar un cataclismo,incluido, como insiste Anders, un “globocidio”, es hoy en día más plausible que cuando Anders hizo sus advertencias. Al operador rutinario y aburrido se le ha añadido su colega y su probable sustituto o sucesor. Un tipo con la mirada fija embobada, y con la mente desconcertada ante un torbellino de datos”.

jueves, 10 de octubre de 2019

La transformación del islam


Existe una diferencia notable entre la actividad guerrera de Mahoma y la de sus sucesores. En tiempos de Mahoma, cuenta José Javier Esparza, la agresividad de la fe islámica podía perfectamente entenderse como lucha por la supervivencia. Rodeados de enemigos, los musulmanes recurren a la fuerza para asentar su pequeña comunidad en un entorno hostil, proveerse de los recursos necesarios para subsistir, imponerse sobre adversarios que los habían declarado indeseables. Por el contrario, las ofensivas de los sucesores ya no vienen motivadas por la supervivencia. El islam está asentado, domina Medina y La Meca, el entorno árabe ya no es un peligro. 

Muchos autores, entre ellos Tariq Ramadán, subrayan que Mahoma opta siempre que puede por la paz, mientras que sus sucesores, los califas, son indiscutiblemente jefes guerreros. A Mahoma cabe reconocerle, dice Esparza, que luchaba por la supervivencia de su comunidad, pero lo que hacen sus sucesores es lanzarse a una guerra de dominación de las tierras vecinas; guerra motivada por la atracción que las riquezas de Siria, Palestina y Egipto podían suscitar en unas gentes como los árabes, ostensiblemente más pobres. Esta transformación del islam, claramente visible en los hechos, es capital para entender todo lo que vino después.


viernes, 27 de abril de 2018

El militar tiene valores de un mundo distinto.

La guerra, como han demostrado los teóricos, está relacionada con la economía, la diplomacia y la política; pero esta relación no significa identidad ni similitud. La guerra es totalmente distinta de la diplomacia y de la política porque tienen que hacerla hombres cuyos valores y cuya capacidad no son los de los políticos y los diplomáticos. Son valores de un mundo muy distinto, un mundo muy antiguo que existe en sintonía con el mundo cotidiano, pero que no forma parte de él. Ambos mundos cambian con el paso del tiempo, y el del guerrero sigue los pasos del civil, pero a una cierta distancia. Y esa distancia nunca se anula, pues la cultura del guerrero no puede ser nunca la de la civilización, dice el historiador militar ingles Sir John Desmond Patrick Keegan.



Un general, dice Keegan, puede ser o no objeto de admiración, ya que esta es suscitada por algo más que las simples insignias de superioridad. La admiración radica en la fama que ostente como hombre entre los demás, fama que se ha ido atesorando a lo largo de muchos años a la vista de la tribu que constituye su regimiento. Y esa tribu la componen no solo los oficiales de igual rango, sino también los sargentos y la tropa. “Malo para la tropa” era la descalificación suprema. Un oficial puede ser listo, competente, trabajador; pero si sus soldados abrigan dudas respecto a él, ninguna de tales cualidades cuenta. No forma parte de la tribu.

sábado, 18 de noviembre de 2017

La bella muerte del guerrero.

Como señaló Redfield, en su libro La tragedia de Héctor, “Todos los hombres nacen para morir, pero solo el guerrero debe enfrentarse a este hecho en su vida social, puesto que solo cumple con sus obligaciones haciendo frente a los que buscan su muerte. La comunidad se asegura mediante el combate, que es la negación de la comunidad. Esto genera una contradicción en el papel del guerrero. Su comunidad lo mantiene y lo envía a su propia destrucción. En nombre de la comunidad él debe abandonarla y penetrar en el reino de la fuerza. El guerrero solo protege al mundo humano contra la fuerza gracias a que él mismo está obligado a utilizar y sufrir la fuerza”.

La muerte clausura la vida heroica como un telón sombrío,
Viriato, héroe de Hispania
que cae de golpe antes o después. Pero lo que ilumina la existencia del héroe es el empeño en realizar lo aparentemente sobrehumano, arriesgando la vida por amor a la gloria, sin reparar en la muerte, que siempre amenaza y acaba llegando, inevitable y definitiva, dice el escritor Carlos García Gual.


Jean Pierre Vernant ha comentado la “bella muerte” del guerrero, ese que, joven y firme, al morir combatiendo por la patria en la vanguardia del combate, ejemplifica el valor heroico. Incluso cuando queda tendido en tierra, su cadáver hermoso y ensangrentado es un paradigma del máximo valor y la virtud guerrera a los ojos de sus conciudadanos. La muerte le llega a menudo, al héroe solitario, de manera inesperada, en una emboscada o en un lance fatídico, y atrás quedan para la memoria sus triunfos.