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miércoles, 25 de junio de 2025

¿Por qué fracasó el marxismo en África?

¿Por qué fracasó el marxismo en África? La primera respuesta apuntaría al hundimiento del comunismo en Europa como razón fundamental, pero la verdad es que los marxismos africanos estaban en crisis antes de la entronización de la perestroika y la desbandada del bloque socialista. Y es que todo ocurrió de manera distinta a como predijeron los ideólogos. En el mundo real de los hechos la planificación centralizada de la economía, lejos de superar la era feudal y saltarse la etapa burguesa capitalista, dislocó el sistema tradicional de generación de alimentos, quebró las formas ancestrales de tenencia de tierra, y provocó una dramática disminución de la producción y de la productividad, con su correspondiente secuela de hambrunas y parálisis económica. El partido único marxista, no sólo no se convirtió en la gran fuerza centrípeta para forjar verdaderas naciones, sino devino en un enorme aparato de corrupción y despilfarro, controlado por tribus hegemónicas que acaparaban el poder, se repartían los recursos del Estado como si fueran un botín de guerra y atropellaban a las etnias enemigas con un grado de ferocidad y desprecio por la vida humana infinitamente mayor que el que jamás exhibieron las antiguas metrópolis. Y como era previsible, falló también la solidaridad del Gran Hermano soviético. Moscú mandaba asesores militares, tanques y policías para organizar el aparato totalitario, pero esa ayuda, lejos de fomentar el desarrollo, contribuía a la hipertrofia del Estado y al empobrecimiento galopante de la sociedad, lo que acabó por debilitar y deslegitimar a los mismos regímenes que pretendía fortalecer.
Referencia: La última batalla de la Guerra Fría (Carlos Alberto Montaner)

sábado, 14 de octubre de 2023

El caballo cambió la vida de los indios

El uso del caballo se fue extendiendo de tribu en tribu al norte de México en el periodo comprendido entre 1600 y 1740. Este simple hecho cambió las vidas de los indios a lo largo de los siglos XVIII y XIX, ya que aumentó su movilidad y redujo los costes de transporte. “El efecto inmediato que produjo en los indios conseguir unos cuantos caballos españoles mediante el intercambio o la sustracción, fue disuadirles de su mínima agricultura y que empezasen a depender del búfalo todavía más que antes. Con el caballo podían deambular largas distancias, allanar las tierras de caza de otros grupos e ir a la guerra, por lo que se convirtieron en los moradores de las llanuras”. Los indios cambiaron su dieta a base de semillas y raíces, unas cuantas plantas de cultivo y poca carne, por una compuesta básicamente por las proteínas de la carne del búfalo. El caballo también cambió las viviendas de los indios, que se trasladaron de las cabañas permanentes o semipermanentes a grandes tipis que simbolizaban la nueva vida en las Llanuras.”Una vez que se introdujeron los caballos, los tipis se hicieron más grandes (dado que los caballos podían transportar las largas estacas que hacían falta) y su territorio se expandió. La razón por la que los tipis aumentaron de tamaño fue que siempre había una provisión de piel de búfalo lista para servir de cubierta, y porque se podía usar en prácticamente cualquier terreno o clima”. 
Con anterioridad al caballo, en una estación una tribu se podía desplazar escasamente 50 millas. Pero en los tiempos ecuestres, la misma tribu podía recorrer 500 millas. Además de permitirles atravesar distancias mayores, el caballo también les permitió desplazarse con menos asiduidad, pues las tribus habilitaban campos base permanentes desde los que salían partidas en busca de comida. Debido al profundo impacto del caballo en el estilo de vida indio, no debería sorprender que su mera posesión fuera considerada un símbolo de riqueza y prestigio. A los caballos siempre se les consideró propiedad personal, con plenos derechos de intercambio y herencia. James Willard Schultz, que vivió con los pies negros, subrayó sobre ellos en la década de 1870 que “los caballos suponían la riqueza de la tribu, y quien poseyera una gran manada era comparable a los multimillonarios actuales. Estamos hablando de individuos que poseían desde cien hasta trescientos o cuatrocientos caballos”.
Referencia:El no tan salvaje Oeste escrito por Terry Lee Anderson y Peter Jensen Hill


martes, 4 de abril de 2023

En la guerra de memoria histórica cada grupo desarrolla argumentos para tener derecho a reparaciones

Cada vez que un personaje público hace alguna declaración algo “incorrecta” respecto de alguna comunidad convencida de que tiene derecho a una reparación por sucesos históricos pasados, debe contar con la posibilidad de una demanda. Asistimos no sólo al incremento de comunitarismos de todo tipo, sino a un auténtico retorno a la época de las tribus; y cada una de éstas, sea la que sea, tiene una conciencia tan aguda como unilateral de las consideraciones que se les debe. De modo que el discurso reivindicativo, por no decir paranoico, resulta ser el más eficaz y extendido. En el marco de una guerra de memoria histórica o de un conflicto de intereses simplemente corpoperativista, cada grupo desarrolla los argumentos que se supone que le permiten mostrar al mundo que ocupa el número uno en el hit-parade de los perseguidos, y que, por consiguiente, tiene derecho a reparaciones e incluso a una declaración pública de arrepentimiento, a ser posible muy ceremoniosa y de ámbito nacional…

lunes, 18 de noviembre de 2019

Mentalidad tribal

Robert R. Reilly, director del WestminsterInstitute manifiesta que en la mentalidad tribal de un mundo prefilosófico, el único modo de valorar si algo estaba bien o mal era si se atenía o no a las costumbres de los antepasados. “Uno solo era un miembro de una tribu, con deberes hacia los ancestros y los dioses de la tribu, y nada más. Por lo tanto, nada podía estar bien o mal en sí mismo. La gente que rezaba a otros dioses y vivía según otros estándares simplemente no pertenecían a la misma especie”. “Cuando una tribu conquistaba a otra, el típico modus operandi era la ejecución o la esclavitud. Nadie podía imaginar algún criterio moral que objetara a esta conducta”.


“Una apelación a la humanidad no habría sido inteligible ni para los victoriosos ni para los vencidos, porque ninguno de los dos era capaz de ver a la otra persona como un ser humano. Una tribu vencida podía lamentarse por sus miembros perdidos, comidos o esclavizados, pero no tenía la capacidad de concebir un criterio de justicia que llevara a condenar esas conductas como objetivamente erróneas, porque si hubieran ganado, habrían hecho exactamente lo mismo de acuerdo con sus costumbres tribales”.“La mentalidad tribal, comenta Reilly, es obviamente enemiga del principio de igualdad. Uno no puede decir todos los hombres son creados iguales hasta que uno sabe lo que es el hombre, lo cual exige reconocer las diferencias entre naturaleza y costumbre, lo humano y lo no humano, y entre lo humano y lo divino. Estas diferencias son esenciales para definir lo que es humano”.

Paulo III
En 1537 el Papa Paulo III publicó la bula Sublimis Deus en el que reconocía la plena humanidad de los indios, y condenaba que fueran sometidos a un trato cruel o privados de sus posesiones: “Los indígenas y cualquier otro pueblo que pueda ser descubierto por cristianos, no pueden ser privados de su libertad o de sus propiedades, aunque estén fuera de la fe cristiana; pueden y deben, libre y legítimamente, gozar de su libertad y de la posesión de sus propiedades; en ningún modo deben ser esclavizados”. Igualmente, el emperador Carlos V promulgó las Nuevas leyes de Indias para el buen trato y conservación de los indios, que prohíben la esclavitud e insisten en que los indígenas sean pagados por su trabajo.

viernes, 27 de abril de 2018

El militar tiene valores de un mundo distinto.

La guerra, como han demostrado los teóricos, está relacionada con la economía, la diplomacia y la política; pero esta relación no significa identidad ni similitud. La guerra es totalmente distinta de la diplomacia y de la política porque tienen que hacerla hombres cuyos valores y cuya capacidad no son los de los políticos y los diplomáticos. Son valores de un mundo muy distinto, un mundo muy antiguo que existe en sintonía con el mundo cotidiano, pero que no forma parte de él. Ambos mundos cambian con el paso del tiempo, y el del guerrero sigue los pasos del civil, pero a una cierta distancia. Y esa distancia nunca se anula, pues la cultura del guerrero no puede ser nunca la de la civilización, dice el historiador militar ingles Sir John Desmond Patrick Keegan.



Un general, dice Keegan, puede ser o no objeto de admiración, ya que esta es suscitada por algo más que las simples insignias de superioridad. La admiración radica en la fama que ostente como hombre entre los demás, fama que se ha ido atesorando a lo largo de muchos años a la vista de la tribu que constituye su regimiento. Y esa tribu la componen no solo los oficiales de igual rango, sino también los sargentos y la tropa. “Malo para la tropa” era la descalificación suprema. Un oficial puede ser listo, competente, trabajador; pero si sus soldados abrigan dudas respecto a él, ninguna de tales cualidades cuenta. No forma parte de la tribu.

viernes, 21 de octubre de 2016

El origen de la yihad.

Yihad
Yihad significa "guerra santa". O, más exactamente: significa el esfuerzo legal, obligatorio y comunitario, destinado a expandir los territorios gobernados por musulmanes a expensas de los territorios gobernados por no musulmanes.

El propósito de la yihad, no es extender directamente la fe islámica, sino extender la soberanía del poder musulmán. Yihad es así ofensiva ineludiblemente por naturaleza, con el objetivo eventual de lograr el dominio musulmán sobre todo el planeta.

Probablemente, en un determinado momento de su vida, Mahoma comprendió que la unidad política de los árabes era incompatible con las razias y las contiendas internas; pero si éstas se hubieran suprimido, el problema de encontrar alimentos se habría agravado. ¿Cómo superar esta dificultad? La concepción islámica del yihad, o guerra santa, ha de ser considerada en este contexto. No fue en ningún momento un fenómeno puramente religioso, sino también, al menos en parte, un instrumento político. Constituyó indudablemente una transformación de la vieja tradición nómada de las razias,
cuya explicación ha de buscarse en la situación en que se hallaba Mahoma cuando únicamente tenía bajo su control Medina y unas pocas tribus aliadas. Lo normal era que cada tribu efectuara una razia contra cualquier tribu o familia con la que no mantuviera en aquel momento relaciones amistosas. El funcionamiento del pequeño Estado de Medina era en muchos aspectos similar al de una tribu. Tenía aliados y amigos, e igualmente enemigos, entre las tribus nómadas de la región. Mahoma insistió, por lo menos en la última época de su vida, en que quienes desearan ser plenamente aliados suyos deberían convertirse al islamismo y reconocerle como profeta. En esta situación, la concepción de la guerra santa no significa sino que las incursiones de saqueo de los seguidores de Mahoma se orientan contra los no musulmanes; así pues, a medida que aumentaba el número de tribus próximas a Medina que
 se convertían al Islam, era necesario dirigir estas expediciones más y más lejos. Hay pruebas de que Mahoma era consciente de que el crecimiento de su alianza, al impedir las contiendas entre los miembros, agravaba los problemas alimenticios, y de que hizo preparativos para llevar a cabo razias más amplias hacia Siria, la más próxima de entre las regiones relativamente ricas. El hecho es que sus sucesores, tan pronto como recuperaron el control sobre algunas tribus desafectas, dirigieron grandes expediciones de saqueo contra Siria e Irak.

Algunos musulmanes sostienen que los musulmanes que interpretan su fe de  modo diferente son infieles, y por tanto objetivos legítimos de la yihad. Esta es la razón por la que los propios argelinos, los egipcios o los afganos han sido víctimas, como los americanos o los israelíes, de la agresión yihadista tan a menudo.

El propósito de la yihad, no es extender directamente la fe islámica, sino extender la soberanía del poder musulmán

Algunos musulmanes sostienen que los musulmanes que interpretan su fe de  modo diferente son infieles, y por tanto objetivos legítimos de la yihad

Yihad es así ofensiva ineludiblemente por naturaleza, con el objetivo eventual de lograr el dominio musulmán sobre todo el planeta