Mostrando entradas con la etiqueta personaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta personaje. Mostrar todas las entradas

martes, 11 de agosto de 2026

Salir a caminar

Charles Dickens

“Salir a caminar” no era realmente una actividad en sí hasta finales del siglo XVIII.La caminata como actividad de ocio surgió alrededor de la década de 1780. Hasta ese momento, caminar había sido un acto de necesidad, asociado con la pobreza, la vagancia e incluso con intenciones criminales. Muchas personas vivirían y morirían sin haber visto más allá de unos pocos kilómetros cuadrados de paisaje urbano sombrío y sólo un poco más para los que se encontraban en el campo.Caminantes famosos como Charles Dickens hicieron que el pasatiempo de caminar se pusiera de moda.
Se ha escrito mucho sobre el celo religioso con el que Dickens realizaba su “trabajo andante” diario.Recorría un promedio de 19 km por día y a un ritmo notable de más de 6 km por hora, suficiente para que otros "se hicieran a un lado mientras el gran escritor, que siempre parecía estar caminando en contra del pensamiento, avanzaba". Caminar era un engranaje esencial en el proceso creativo de Dickens; un momento para absorber, casi por ósmosis, la idiosincrasia de las calles. Desde incursiones en los barrios marginales de Londres hasta marchas nocturnas impulsadas por el insomnio, sus encuentros proporcionaron la brillantez excéntrica de sus personajes, las instantáneas callejeras retenidas “en orden regular en diferentes estantes de mi cerebro, listas con sus etiquetas para ser mostradas cuando yo las quiero”.


Fuente:Artículo de Lauren Colley, doctora en Literatura Inglesa, Universidad de Notthingham, Reino Unido.


miércoles, 29 de julio de 2026

La verdad novelesca

René Girard, filósofo francés, nos muestra cómo las obras por él analizadas, con el Quijote a la cabeza, ponen al descubierto la “mentira romántica”, consistente en hacer creer a los lectores que el deseo del personaje protagonista es autónomo y original. Por contraposición, la “verdad novelesca” supondría poner al descubierto el origen mimético del deseo del héroe, proyectando idénticas conclusiones sobre nuestros propios anhelos. Desde la historia de la literatura podríamos afirmar que, para que esto sea así, Cervantes ha necesitado primero llevar a cabo una revolucionaria reivindicación del modo de narrar propio de la novela; verosímil, pero no verdadero. Con este fin, el autor alcalaíno guiña constantemente el ojo de forma cómplice al “desocupado lector”: querido amigo, esto que tienes delante, lejos de ser una verdadera crónica, no es otra cosa más que fabulación mía (parece decirle). Así, los juegos irónicos con las voces narrativas o los episodios metaficcionales de la segunda parte vienen a reivindicar un estatuto propio para la ficción en prosa, necesitado de la validación de un lector crítico que asuma el distanciamiento de quien sabe que aquello que lee no es real. La revelación de la verdad novelesca de la que habla Girard solo puede darse tras esta afirmación que Cervantes hace de la verdad poética, con la que se inaugura nada más y nada menos que la novela moderna.

viernes, 11 de octubre de 2024

Balzac, Dickens y Dostoievski

"Los héroes de Balzac son ambiciosos y dominantes, arden en deseos vehementes de poder. Nada les basta, son todos insaciables, todos son ala vez conquistadores del mundo, revolucionarios, anarquistas y tiranos. Tienen un temperamento napoleónico. También los héroes de Dostoievski son fogosos y arrebatados, su voluntad rechaza el mundo y con una soberbia insatisfacción pasan por encima de la vida real para asir la verdadera; no quieren ser ciudadanos ni hombres, sino que en todos ellos centellea bajo la humildad el peligroso orgullo de querer ser un redentor. El héroe de Balzac quiere someter el mundo, el de Dostoievski vencerlo. Ambos tienden a ir más allá de lo cotidiano, se dirigen como una flecha hacia lo infinito. Los personajes de Dickens, por el contrario, son comedidos. Dios mío, ¿qué quieren? Cien libras al año, una buena esposa, una docena de hijos, una mesa bien puesta para acoger a los amigos, un cottage cerca de Londres con vistas a los árboles desde las ventanas, un jardincito y un puñado de felicidad. Su ideal es provinciano, pequeño-burgués, es con lo que nos encontraremos en Dickens. Sus criaturas no desean en el fondo ningún cambio en el orden mundial, no quieren riqueza ni pobreza, sino este cómodo punto medio que como máxima de vida es tan sabia para tenderos y carreteros y tan peligrosa para el artista. Los ideales de Dickens se han contagiado de la palidez del mundo en que vive. Tras su obra no hay un Dios colérico, gigantesco y sobrehumano, creador y domador del caos, sino un observador satisfecho, un ciudadano leal. Lo burgués llena por completo la atmósfera de todas las novelas de Dickens", escribe Stefan Zweig.

miércoles, 10 de julio de 2024

El día que una novela no dé un personaje, un corazón humano,dejará de interesarme la novela

“Hoy día, dice Miguel Delibes, hay tendencias nuevas que tratan de sustituir la humanidad, la anécdota de la novela, por lenguaje y estructura. A mí esto no me basta, y francamente el día que una novela no me dé un personaje, un corazón humano con sus problemas, con sus ambiciones, dejará de interesarme la novela como tal, como un género sociológico que es lo que es para mí.”

jueves, 30 de mayo de 2024

Intrahistoria

Intrahistoria es un concepto acuñado por Miguel de Unamuno para referirse a esa parte desconocida de la vida de los pueblos que nunca sale en los libros ni se estudia en los colegios, “la vida silenciosa de millones de hombres sin historia que a todas horas del día y en todos los países del globo se levantan a una orden del sol y van a sus campos a proseguir la oscura y silenciosa labor cotidiana y eterna que echa las bases sobre las que se alzan los islotes de la Historia”.
En torno al casticismo escribía Unamuno que “esa vida intrahistórica, silenciosa y continua como el fondo mismo del mar, es la sustancia del progreso, la verdadera tradición, la tradición eterna, no la tradición mentida que se suele ir a buscar al pasado enterrado en libros y papeles y monumentos y piedras”. Podríamos pararnos a pensar en aquella forma de hacer historia que condenó Nietzsche y a la que llamó “monumental”, esa que ensalza grandes episodios del pasado, que venera momias, que rinde un culto a lo muerto que ninguna potencia nos deja para construir.Todo el mundo recuerda a esos personajes que copan titulares de prensa y que terminan en los libros de historia, pero nadie se acuerda nunca de la gente que estaba debajo y que llega a nuestros días prácticamente en forma de decorado, de telón de fondo de grandes hazañas. Unamuno pensaba que para comprender la verdadera naturaleza y tradición de los pueblos más nos valdría atender a su desarrollo más común y no a los grandes acontecimientos, a la normalidad y no a la excepción. Quizá sea mucho más eficiente acercarse a la vida del campesino, del obrero del trabajador que leer en los periódicos a qué se dedican las grandes figuras políticas o los personajes más influyentes. Quizá las vidas sencillas digan mucho más de un pueblo que las extraordinarias.


miércoles, 18 de octubre de 2023

El publico conoce al actor a través de los papeles que representa

Irving Singer, profesor estadounidense de filosofía que estuvo en la facultad del Instituto de Tecnología de Massachusetts, escribe: “Como cualquier otra persona, el actor quiere que se le ame por sí mismo, pero el público sólo lo conoce a través de los papeles que representa. El actor siente que lo que el público “ama” es en realidad a los personajes o, a lo sumo, sus caracterizaciones y con seguridad nada más que aquella parte de sí mismo que él introduce para hacer presentes a los personajes. Si triunfa como actor, puede que incluso se identifique con el tipo de personaje que él representa mejor. Eso puede darle la oportunidad de expresar gran parte de su personalidad, pero el papel que él vive con frecuencia encubrirá sus más profundas inclinaciones y hará difícil a cualquiera responder a él como persona.”

martes, 4 de abril de 2023

En la guerra de memoria histórica cada grupo desarrolla argumentos para tener derecho a reparaciones

Cada vez que un personaje público hace alguna declaración algo “incorrecta” respecto de alguna comunidad convencida de que tiene derecho a una reparación por sucesos históricos pasados, debe contar con la posibilidad de una demanda. Asistimos no sólo al incremento de comunitarismos de todo tipo, sino a un auténtico retorno a la época de las tribus; y cada una de éstas, sea la que sea, tiene una conciencia tan aguda como unilateral de las consideraciones que se les debe. De modo que el discurso reivindicativo, por no decir paranoico, resulta ser el más eficaz y extendido. En el marco de una guerra de memoria histórica o de un conflicto de intereses simplemente corpoperativista, cada grupo desarrolla los argumentos que se supone que le permiten mostrar al mundo que ocupa el número uno en el hit-parade de los perseguidos, y que, por consiguiente, tiene derecho a reparaciones e incluso a una declaración pública de arrepentimiento, a ser posible muy ceremoniosa y de ámbito nacional…

miércoles, 23 de marzo de 2022

El hombre adora al líder, en la mujer la relación llega a ser erótica

Barbara Cartland

Cuenta Francesco Alberoni, catedrático de Sociología y que fue presidente de la RAI, la televisión nacional italiana, que las mujeres no tienen mayor interés en mirar la fotografía de un hombre desnudo. Por lo general, esto no las excita sexualmente. A un reportero de la televisión que le preguntaba qué tipo de imagen del hombre consideraba ella más excitante, Barbara Cartland le respondía “completamente vestido, y de ser posible con uniforme”.


Las mujeres llegan a identificarse con los personajes del espectáculo como si fuesen sus conocidos, sus vecinos. Sienten por ellos amor, deseos, antipatías reales. Cuando las adolescentes comienzan a interesarse por la música y hace eclosión en ellas el fanatismo por un cantante, se trata de un amor verdadero, de una pasión verdadera. Este fenómeno existía también en el pasado, con el melodrama y el teatro. Pasó a ser un fenómeno de masas con Rodolfo Valentino y se repitió en nuestra época a raíz del éxito de cantantes como Elvis Presley, cuenta Alberoni. Millares de adolescentes gritaban, lloraban, se desmayaban, pedían besarlo, querían tocarlo, ser tocadas, querían ser poseídas por él. La situación de entusiasmo colectivo, orgiástico, sonoro, no debe ocultar el hecho de que cada una de estas adolescentes deseaba al cantante para sí y que si hubiese podido, habría ido a la cama con él, habría hecho cualquier cosa por él. Pero existe una actitud similar incluso fuera del espectáculo, fuera de la excitación colectiva. Las “fans” del astro siguen amando y deseando a su ídolo durante años. No existe nada parecido en el mundo masculino. El muchacho puede adorar a una cantante, hasta sentirse excitado por ella y desearla. Pero es muy difícil que enloquezca hasta despreciar a todas las demás mujeres. Lo mismo ocurre con respecto a los personajes que poseen el poder, en particular con los líderes carismáticos. El hombre adora al líder, pero su amor carece por completo de erotismo. En la mujer, la relación con el líder llega, con facilidad, a ser erótica. En todos los movimientos colectivos, antiguos y modernos, alrededor del líder ha habido siempre una corte de mujeres sexualmente disponibles. Las italianas deseaban a Mussolini, las alemanas a Hitler, las rusas a Stalin y las americanas a Roosevelt o a John Fitzgerald Kennedy.

martes, 14 de septiembre de 2021

Una sociedad libre sería aquella en la que los hombres pudieran verse como semejantes


Escribe el filósofo francés Étienne de La Boétie que “una sociedad libre sería aquella en la que los hombres, no cediendo al deseo de servir-dominar, pudieran verse como semejantes, esto es, como amigos y no como cómplices, usurpadores o traidores; sería aquella en la que los hombres, no cediendo ni a la ambición ni a la envidia, pudieran interiorizar el pensamiento de que no hay condición más miserable que vivir sin tener nada que sea propio, debiendo a otro el gusto, la libertad, el cuerpo y la vida.

Étienne de La Boétie

Nuestra naturaleza, añade de La Boétie, es tal que los comunes deberes de la amistad se llevan una buena parte del curso de nuestra vida. Es razonable amar la virtud, estimar las buenas acciones, reconocer el bien de quien se ha recibido, y a menudo disminuir nuestra comodidad para aumentar el honor y las ventajas de aquel que amamos y lo merece. Así pues, si los habitantes de un país han hallado algún personaje que les haya mostrado fehacientemente una gran previsión para protegerles, una gran audacia para defenderles, una gran solicitud para gobernarlos; si a partir de entonces se acostumbran a obedecerle, y se fían de él tanto como para darle algunos privilegios, no sé si obrarán sabiamente, en tanto que con ello se le desplaza de una posición en la que hacía el bien para ponerlo en situación de poder hacer el mal. 

domingo, 21 de marzo de 2021

Los novelistas modernos convierten a sus personajes en abstracciones

Evelyn Waugh 

Escribía el novelista británico Evelyn Waugh contestando en un artículo a Edmund Wilson que “ yo creo que a Dios solo se le puede dejar de lado si conviertes a tus personajes en puras abstracciones….los novelistas modernos intentan representar al ser humano en su totalidad, con su alma y su mente, pero mantienen al margen su característica más definitoria, la de ser una criatura de Dios con un fin concreto”.

jueves, 10 de septiembre de 2020

El amor es esfuerzo




El escritor Joël Dicker hace decir a uno de los personajes de la novela “El enigma de la habitación 622”, que “el amor no es tanto alquimia como obra del tiempo. El amor es sobre todo esfuerzo”. 

lunes, 22 de julio de 2019

Actor



El arte del actor, dice Denis Diderot, exige “gran número de cualidades que la naturaleza reúne tan pocas veces en una misma persona, que abundan más los grandes autores que los grandes comediantes”.

“Tengo en alta estima el talento de un gran artista, escribe Diderot, pienso con melancolía que ese hombre es raro… En efecto, es tanto más raro, y tanto más grande cuando aparece, cuanto el oficio ejercido amenaza más a la persona humana, a su integridad, a su elevación. Shakespeare dice (Hamlet, Acto 2.º Escena II) que la naturaleza del comediante es contra natura, que es horrible y, al mismo tiempo, admirable. Lo expresa con una sola palabra: Monstruous. El comediante se expone a perder su rostro, y a perder su alma. Los encuentra falseados o no los encuentra, en el momento en que los necesita para volver a si mismo.
Sus rasgos no se componen, su apariencia y su verba permanecen demasiado libres, desligados, como separados del alma. El alma misma, a menudo desconcertada en exceso por la representación, demasiado ejercitada, gastada más allá de lo normal por imaginarias pasiones, deformada por costumbres ficticias, pisa en falso en la vida real. El ser entero del actor conserva, en este mundo humano, los estigmas de un comercio extraño. Al volver de la escena parece salir de otro mundo.

“Decíais, añade Diderot, que un actor entra en un papel, que se desliza en la piel de un personaje. Me parece que esto no es exacto. Es el personaje quien se acerca al comediante, quien le pide todo lo que necesita para vivir a sus expensas, y que poco a poco lo reemplaza en su piel. El artista trata de dejarle en libertad de acción. No basta con ver bien un personaje, ni con comprenderlo bien, para ser capaz de convertirse en ese personaje. Tampoco es suficiente con poseerlo, para darle vida. Él debe ser el poseedor”.

jueves, 20 de junio de 2019

Los personajes deben diferir


Leonardo da Vinci
Leonardo da Vinci decía que “en las historias, los personajes deben diferir en complexión, edad, tinte, actitud, corpulencia y flaqueza: corpulentos, flacos, altos, bajos, obesos, magros, orgullosos, corteses, viejos, mozos, fuertes y musculosos, enclenques y de poca fibra, joviales, melancólicos; de cabellos crespos o lacios, cortos o luengos; de movimientos vivos o vulgares. Y has de variar las ropas y colores y todo lo que la composición requiera. Peca gravemente el pintor que hace rostros semejantes; y aun es gran defecto reiterar los gestos”. 

miércoles, 17 de octubre de 2018

Animalistas.


A los animalistas les ocurre lo que el novelista británico Gilbert Chesterton afirmaba de Lord Yvywood, aquel personaje sin par, político vegetariano, que se movía por las páginas de uno de sus libros La taberna errante: “A lord Yvywood, aseveraba Chesterton, no le interesaban los perros; lo que sí le interesaba era la causa de los perros”.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Siempre queda en la manga alguna carta que desconocíamos.


C. S. Lewis pensaba que “en la vida real las palabras y actos humanos, si bien se mira, pocas veces salen de un personaje o de lo que nosotros atribuimos a su personaje. (Y ésta es una de las cosas en que la vida se diferencia de las novelas.) Siempre le queda en la manga alguna carta que desconocíamos”.

jueves, 2 de agosto de 2018

En un libro, la realidad depende exclusivamente del mundo creado en ese mismo libro.

El buen lector sabe que no tiene sentido buscar la vida real, la gente real y demás, cuando se trata de novelas. En un libro, la realidad de una persona, de un objeto, o de una circunstancia, depende exclusivamente del mundo creado en ese mismo libro. Un autor original siempre inventa un mundo original; y si un personaje o una acción encajan en el esquema de ese mundo, entonces experimentamos la grata sacudida de la verdad artística, por muy inverosímil que la persona o la cosa puedan parecer al trasladarlas a lo que los críticos, llaman la vida real. No existe vida real para un escritor de genio, debe crearla él mismo, y luego crear las consecuencias.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Alguien nos ha puesto en el mundo.


 Epicteto 
Pascal dice de Epicteto que es uno de los filósofos del mundo que mejor ha conocido los deberes del hombre. Quiere, antes que nada, que este considere a Dios como su principal objeto; que esté persuadido de que lo gobierna todo con justicia; que se someta a él de buen grado, y que le siga voluntariosamente en todo, considerando que todo lo hace con gran sabiduría, que así, esta disposición hará callar todas las quejas y todas las murmuraciones y preparará su mente para soportar con calma los acontecimientos más penosos. 

“No digáis jamás, dice Epicteto: He perdido esto: decid más bien: Lo he devuelto. Mi hijo ha muerto, lo he devuelto. Mi mujer ha muerto, la he devuelto. Y lo mismo con las riquezas y todo lo demás. Pero aquel que me lo quita es un malvado, decís. ¿Por qué os enojáis de que aquel que os lo ha prestado os lo pida? Mientras os permite usarlo, cuidadlo como un bien que pertenece a otro, como un hombre que está de viaje se considera a sí mismo en una hostería. No debéis desear que esas cosas que se hacen, se hagan como vosotros queréis, sino que debéis querer que se hagan como se hacen”. “Acordaos de que estáis aquí como actor y representáis el personaje de una comedia, el que el amo ha querido asignaros. Si os lo ha dado corto, interpretadlo corto; si os lo ha dado largo, interpretadlo largo; si quiere que interpretéis a un mendigo, debéis hacerlo con toda la naturalidad posible: y así en todo. Es cosa vuestra representar bien el personaje que os ha encomendado; pero escogerlo, eso es cosa de otros. Tened siempre ante vuestros ojos la muerte y los males que parecen más insoportables, y nunca pensaréis nada bajo, y no desearéis nada con exceso”. En este fragmento podemos observar que en lo que Pascal coincidía con Epicteto era en su llamada a
Pascal
someternos a la voluntad de Dios de una manera absoluta. Una sumisión que debe nacer de algo que los hombres no podemos olvidar, somos seres contingentes, nuestra existencia no depende de nosotros, sino que nos ha sido dada, y en cualquier momento la podemos perder. Alguien nos ha puesto en el mundo, y nuestras vidas no son otra cosa que el fruto de su voluntad, y a ella, única soberana, deberemos entregarnos.



jueves, 2 de marzo de 2017

Dostoievski

El conocimiento de Dostoievski de la naturaleza humana es una ilustración perfecta de nuestras ideas modernas sobre el ser humano, esa compleja amalgama de cualidades que no puede reducirse a nada más. 

Sin embargo, en Dostoievski el personaje se ha vuelto mucho más fuerte y determinante que cualquier otro aspecto de la vida; domina la novela y deja un sello indeleble en ella. Leemos a Dostoievski para entender a los protagonistas, no la vida en sí. Leer y debatir sobre Los hermanos Karamázov,
esa gran novela, se convierte, a través de los tres hermanos y su medio hermano, en un debate sobre cuatro tipos de personas, cuatro tipos de personajes. Al igual que Schiller cuando cavila sobre tipos de personaje sentimentales e ingenuos, cuando leemos a Dostoievski nos absorbe por completo. Pero al mismo tiempo pensamos: “La vida no es exactamente así”.

lunes, 20 de febrero de 2017

En la belleza, Dios y el diablo combaten, y el campo de batalla es el corazón del hombre.

Paisaje de montaña en China.
No sé si vemos la belleza o si la belleza nos llega a través de formas, que pueden ser verbales o escultóricas, o auditivas en el caso de la música, decía Borges. Walter Pater dijo que todas las artes aspiran a la condición de la música. Ahora, Borges  cree que eso puede explicarse porque en la música el fondo y la forma se confunden. Es decir, usted puede contar el argumento, digamos, de un cuento,posiblemente traicionándolo, o el argumento de una novela, pero no puede contar el argumento de una melodía, por sencilla que sea. Stevenson dijo que un personaje literario no es otra cosa que una sarta de palabras. 
Al mismo tiempo, es necesario que lo sintamos como algo que no sea esa mera sarta de palabras, es necesario que creamos en él, me parece, dice Borges. Es necesario
Borges.
 
que de alguna manera sea real. Sí, porque  que si sentimos a un personaje como a una sarta de palabras, ese personaje no ha sido creado felizmente o acertadamente.Por ejemplo, tratándose de una novela, debemos creer que los personajes viven más allá de lo que el autor nos dice de ellos. Por ejemplo, si pensamos en un personaje cualquiera, un personaje de una novela o de un drama, tenemos que pensar que ese personaje,en los momentos en que no lo vemos, duerme, sueña, cumple con diversas funciones. Porque, si no, sería del todo irreal para nosotros. Hay una frase de Dostoyevski que dice acerca de la belleza: “En la belleza, Dios y el diablo combaten, y el campo de batalla es el corazón del hombre”.