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sábado, 15 de agosto de 2026

Hay que volver a Dios para redescubrir lo bello que es vivir

El hombre postmoderno no sabe aprovechar los inmensos recursos de la ciencia, de la técnica, para ser feliz. Buscando su comodidad, queriendo tenerlo todo previsto, ser dueño absoluto y controlarlo todo, jugando a ser Dios, está provocando una gran desertización de la humanidad. Hobbes tiene razón al afirmar que “el hombre es un lobo para el hombre”. Hay que volver a Dios para hacer bella la vida, para redescubrir lo bello que es vivir.
El documento Dignitas infinita de la Iglesia católica dice que “el respeto de la dignidad de todos y de cada uno, es la base indispensable para la existencia misma de toda sociedad que pretenda fundarse en el derecho justo y no en la fuerza del poder. Es sobre la base del reconocimiento de la dignidad humana como se sostienen los derechos humanos fundamentales, que preceden y sustentan toda convivencia civilizada”.


sábado, 13 de junio de 2026

Cuando el hombre no es otra cosa que imagen del hombre

El agnóstico Yuval Noah Harari manifiesta al final de Sapiens el desasosiego que produce el término a que conduce la historia del ser humano sin Dios. “(Nosotros), animales sin importancia, hemos avanzado desde las canoas a los galeones, a los buques de vapor y a las lanzaderas espaciales, pero nadie sabe adónde vamos. Somos más poderosos de lo que nunca fuimos, pero tenemos muy poca idea de qué hacer con todo ese poder. Peor todavía, los humanos parecemos ser más irresponsables que nunca. Somos dioses hechos a sí mismo, con solo las leyes de la física para acompañarnos, no hemos de dar explicaciones a nadie. En consecuencia, causamos estragos a nuestros socios animales y al ecosistema que nos rodea, buscando poco más que nuestra propia comodidad y diversión, pero sin encontrar nunca satisfacción. ¿Hay algo más peligroso que unos dioses insatisfechos e irresponsables que no saben lo que quieren?”.
Joseph Ratzinger manifiesta en su discurso de Subiaco que “donde ya no brilla en el hombre el esplendor de ser imagen de Dios, que es lo que le confiere su dignidad y su inviolabilidad, sino sólo el poder de las capacidades humanas. ¿Pero de qué hombre? Hay que añadir los enormes problemas planetarios; la desigualdad en el reparto de los bienes de la tierra, la creciente pobreza, más aún, el empobrecimiento y explotación de la tierra y de sus recursos naturales, el hambre, las enfermedades que amenazan el mundo entero, el choque de culturas. El hombre ya no es otra cosa que imagen del hombre”.


sábado, 8 de febrero de 2025

Los humanos creamos cosas al convertirlas en objetos de nuestros pensamientos y conversaciones



Charles S. Peirce

Charles S. Peirce, definió “cosa” como todo aquello de lo que podamos hablar y sobre la que podamos pensar. En otras palabras, somos nosotros, los humanos, los sujetos, los seres sensibles y pensantes, quienes (dotados de conocimiento y de autoconciencia) creamos cosas al convertirlas en objetos de nuestros pensamientos y conversaciones. Dicho esto, Peirce sigue los pasos de René Descartes, quien, al buscar la prueba última e incuestionable de la existencia (es decir, para no ser engañado por algún malévolo y astuto ser mitológico que me hiciera creer en la existencia de algo que no es más que un producto de mi imaginación) estableció que esa acción de buscar en particular era la prueba definitiva que cualquiera necesita para estar seguro de existir. Como no puede haber duda sin un ser que dude, ni un pensamiento sin un ser que piense, la experiencia de dudar y de pensar es en sí la prueba, necesaria y suficiente, para estar seguro de existir. Y por ese acto de dudar y de pensar, nosotros, los seres humanos, somos diferentes del resto de la creación, que no piensa.
Las “cosas” destinadas al consumo mantienen su utilidad para el consumidor, su única razón de ser, en la medida en que su capacidad para proporcionar placer no disminuya. Uno no suele jurar lealtad a los bienes de consumo (las “cosas”) que uno compra en una tienda; el consumidor no se compromete a que se queden a vivir con él después de que los placeres y las comodidades que proporcionan se hayan agotado. Proporcionar los placeres o las comodidades prometidas es el único uso de los bienes que se compran. Una vez que ya no proporcionan placeres o comodidades, o una vez que el consumidor/usuario advierte la probabilidad de obtener una mayor satisfacción o en otro sitio, esas cosas pueden ser, deben ser y generalmente son relegadas y sustituidas. Este patrón de cliente-bien de consumo o usuario-utilidad se está aplicando a la interacción entre seres humanos y ha penetrado en todos nosotros, consumidores en una sociedad de consumidores, desde la más tierna infancia y a lo largo de toda la vida. Esa penetración tiene una responsabilidad importante en la fragilidad actual de los lazos humanos y en la liquidez de las asociaciones y las sociedades humanas. Y esa fragilidad y revocabilidad de los vínculos humanos se convierten a su vez en una fuente permanente de miedo a la exclusión, al abandono y a la soledad, que amenazan a tantos en la actualidad y causan tanta ansiedad espiritual e infelicidad, escribe Zygmunt Bauman.

miércoles, 2 de agosto de 2023

Ceder a la comodidad desagrada, deja un mal sabor de boca

Mientras la virtud no está formada, la afectividad puede plantear una resistencia al acto bueno, que habrá que vencer. Con todo, el objetivo no es simplemente conseguir vencerla, sino más bien desarrollar el gusto por ese comportamiento. Cuando se posee la virtud, el acto bueno puede seguir costando, pero se hace con alegría, escribe Rodolfo Valdés. 
Si nos esforzamos habitualmente en vencer la pereza, llega el momento en que hacerlo nos alegra, mientras que ceder a la comodidad nos desagrada, nos deja un mal sabor de boca, añade Valdés. Paralelamente, a una persona justa, llevarse un producto del supermercado sin pagar no solo le resulta prohibido, sino también discordante con sus disposiciones. Esta configuración de la afectividad, que genera la alegría ante el bien y el disgusto ante el mal, no es una consecuencia colateral de la virtud, sino un componente esencial de ella. Por eso la virtud nos hace capaces de disfrutar del bien. 

martes, 14 de septiembre de 2021

Una sociedad libre sería aquella en la que los hombres pudieran verse como semejantes


Escribe el filósofo francés Étienne de La Boétie que “una sociedad libre sería aquella en la que los hombres, no cediendo al deseo de servir-dominar, pudieran verse como semejantes, esto es, como amigos y no como cómplices, usurpadores o traidores; sería aquella en la que los hombres, no cediendo ni a la ambición ni a la envidia, pudieran interiorizar el pensamiento de que no hay condición más miserable que vivir sin tener nada que sea propio, debiendo a otro el gusto, la libertad, el cuerpo y la vida.

Étienne de La Boétie

Nuestra naturaleza, añade de La Boétie, es tal que los comunes deberes de la amistad se llevan una buena parte del curso de nuestra vida. Es razonable amar la virtud, estimar las buenas acciones, reconocer el bien de quien se ha recibido, y a menudo disminuir nuestra comodidad para aumentar el honor y las ventajas de aquel que amamos y lo merece. Así pues, si los habitantes de un país han hallado algún personaje que les haya mostrado fehacientemente una gran previsión para protegerles, una gran audacia para defenderles, una gran solicitud para gobernarlos; si a partir de entonces se acostumbran a obedecerle, y se fían de él tanto como para darle algunos privilegios, no sé si obrarán sabiamente, en tanto que con ello se le desplaza de una posición en la que hacía el bien para ponerlo en situación de poder hacer el mal. 

lunes, 30 de diciembre de 2019

La reducción individual de trabajo por parte de la máquina estimula la demanda de trabajo a largo plazo



En su obra La riqueza de las naciones (1776), el texto fundacional del liberalismo económico, Adam Smith elogiaba la gran variedad de “máquinas bonitas” que estaban instalando los fabricantes para “facilitar y abreviar el trabajo”. Al permitir que “un hombre haga el trabajo de muchos”, predijo, la mecanización daría un gran empuje a la productividad industrial. Los propietarios de fábricas tendrían más beneficios, que entonces invertirían en aumentar sus operaciones, construirían más industrias, comprarían más máquinas, contratarían más empleados. Cada reducción individual de trabajo por parte de la máquina, lejos de ser nociva para los trabajadores, estimularía en realidad la demanda de trabajo a largo plazo. Otros pensadores abrazaron y continuaron el análisis de Smith. Gracias a la mayor productividad producida por equipos que reducen el trabajo físico, predijeron, se multiplicarían los empleos, subirían los salarios y bajarían los precios de los bienes. Los trabajadores tendrían dinero extra en sus bolsillos, que usarían para comprar bienes de los productores que les daban trabajo. Esto proporcionaría incluso más capital para la expansión industrial. De este modo, la mecanización contribuiría a desencadenar un círculo virtuoso, el cual aceleraría el crecimiento económico de la sociedad, aumentaría y distribuiría su riqueza, y ofrecería a sus gentes lo que Smith había denominado “comodidad y lujo”.

viernes, 7 de octubre de 2016

Porque existen preocupaciones, sufrimientos,pobreza, la vida no se vuelve superficial y monótona.

Un amigo se quejaba contra la vida.Una vida llena de sufrimientos y preocupaciones, decía. Unas veces de desgracias provocadas por el propio hombre y otras arrastrados por la naturaleza. 


Mani Shankar Mukherjee(1933) es un escritor muy conocido en lengua bengalí. Sus novela de mayor éxito, que recomiendo personalmente, es Chowringhee.En ella Sankar,que es como generalmente se le conoce, escribe: “si no fuese por esos problemas que nos presenta la vida, la mitad de las alegrías de estar vivo se perderían. Precisamente porque existían las preocupaciones, los sufrimientos, la pobreza, la vida no se volvía superficial y monótona. Ninguno de nosotros está interesado en la historia de la felicidad en este mundo. Los grandes espíritus del mundo, a los que reverenciamos, se forjaron en medio del sufrimiento, ninguno de ellos fue educado en la comodidad ni fue esclavo de las riquezas”.
Russel Street in Chowringhee in Calcutta
Chowringhee Lane.Calcuta
En este mismo libro Shankar cuenta la siguiente historia:
—Entonces, señor, ¿se queda con algunos cestos? —le pregunté. Con una palmadita, llegó su respuesta: —Dame seis, pero no te olvides de mi parte. Vender seis cestos significaba una comisión de una rupia y media. Con el producto de la venta en la mano, le dije: —Esto es lo que saco cuando vendo seis cestos. Tome usted lo que le parezca justo. El hombre echó una calada a su cigarrillo y dijo: —De otro podría haber obtenido un treinta por ciento, pero, dado que eres bengalí, me daré por satisfecho con un veinticinco. A continuación, cogió la totalidad del importe y empezó a lamentarse por la falta de honestidad de los de nuestra raza. —Se ve que estás hecho todo un profesional, ya que afirmas que no sacas más de una rupia y media con la venta de seis cestos. ¿Crees que somos tontos? Yo estaba demasiado desconcertado como para contestar, así que me fui en silencio, perplejo otra vez ante las cosas de este extraño mundo. ¡Increíble! ¿Acaso no era el mismo mundo en el que una vez había descubierto la belleza, donde había conocido a tanta gente respetable, en el que creía que Dios habitaba en el hombre?

Los grandes espíritus del mundo se forjaron en medio del sufrimiento, ninguno de ellos fue educado en la comodidad ni fue esclavo de las riquezas

creía que Dios habitaba en el hombre

si no fuese por esos problemas que nos presenta la vida, la mitad de las alegrías de estar vivo se perderían