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jueves, 2 de julio de 2026

La tradición es aquello que hemos recibido y queremos transmitir

“La tradición es aquello que hemos recibido y queremos transmitir como un bien a las futuras generaciones. Cuando la experiencia vital nos dice que el mundo no es un lugar habitable ni cordial, evidentemente no queremos trasmitir lo que hemos recibido. Transmitimos en cambio la frustración, la decepción, el cinismo y la falta de amor. La cultura en la que vivimos está tan degradada que es muy difícil educar contra corriente cuando el aire que respiramos, que es la cultura, está tan viciado”, manifiesta Stefano Abbate que es profesor en Filosofía Social.
“Aunque haya familias muy bien dispuestas, hay que entender que el contexto y el ambiente va radicalmente en contra de una transmisión educativa de valores, de virtudes y de bienes recibidos. La familia es el lugar en el que vivimos la experiencia primera de la fe y esta fe, que es un bien recibido, es transmitida bien, entonces la familia debe ser el lugar del amor, de la caridad, en el que una persona se siente amada por su mismo ser y el culto divino se transmite a través de la oración, de los sacramentos y de la vida familiar cotidiana hasta en los momentos más sencillos (comidas, juegos, paseos, vacaciones…)”.
“En la vida cristiana hace falta huir del fariseísmo, que decía Castellani, de la fachada, de una forma burguesa de vivir la fe. Hay que vivir el amor a los padres, abuelos y hermanos. A pesar de las dificultades debe primar una fidelidad que es imagen del amor de Dios.”

martes, 30 de junio de 2026

Los escritores, cineastas, artistas e intelectuales se engañan a sí mismos cuando descuidan la tradición

El filósofo Yuval Harari sostiene que las religiones del mundo, antaño fuerzas de innovación, se han convertido en defensoras del inmovilismo. El Vaticano, escribe Harari, era lo más parecido que la Europa del siglo XII tenía a Silicon Valley. La Iglesia creó las primeras empresas de Europa: los monasterios, lideró la economía europea, inventó la universidad, dio origen a la revolución del tiempo medido con un reloj y es responsable de la noción hasta entonces herética de que todos los humanos son iguales ante Dios, cambiando así las estructuras políticas humanas, las jerarquías sociales e incluso las relaciones de género. Pero hoy, la Iglesia católica hace tiempo que dejó de ser fuerzas creativas para convertirse en fuerzas reactivas. Los científicos inventan nuevas tecnologías, los pensadores sociales progresistas abogan por nuevas formas de vida y los líderes religiosos responden intentando ponerse al día.
Las tradiciones, escribe William Gonch (University of Maryland. Princeton), ya sean religiosas, intelectuales, artísticas o nacionales, suelen ser depósitos de sabiduría, y muchos de nosotros recurrimos a ellas en busca de orientación moral, prácticas religiosas y un sentido de comunidad. Pero hoy en día, incluso aquellos de mentalidad más tradicional, rara vez recurren a ellas en busca de nuevas ideas.El cristianismo, por ejemplo, ha creado numerosas instituciones y patrones de vida social a lo largo de los siglos: universidades, monasterios, hospitales, órdenes mendicantes, gremios, cofradías y mucho más. Llevó a cabo enormes experimentos sociales destinados a alimentar a los hambrientos, a cuidar a los enfermos, a visitar a los presos y a satisfacer otras exigencias de la fe cristiana. Y también transformó la imaginación. La Encarnación reveló el infinito valor de las almas humanas ordinarias y de las acciones cotidianas. Cuando los artistas se enfrentaron a las acciones de Dios y trataron de darles sentido, convirtieron a la gente corriente en protagonistas de sus historias. Del mismo modo, donde un templo antiguo celebraba el triunfo o el sufrimiento de héroes con formas perfectas y musculosas, una vidriera medieval muestra a una mujer corriente dando de comer a los pobres. Tanto en el arte como en la teología, la Iglesia derribó a los poderosos de sus tronos y elevó a los humildes. Esta transformación artística expresó las implicaciones del Evangelio a través de la imaginación de la gente corriente.
Actualmente los escritores, cineastas, artistas e intelectuales se engañan a sí mismos cuando descuidan la tradición, pero es fácil entender por qué muchas de las figuras más creativas de nuestra cultura la ignoran. El problema es que el pensamiento moderno tiende a imaginar las tradiciones como almacenes. Una tradición contiene enseñanzas, prácticas y roles sociales, y nuestra tarea, si formamos parte de ella, es poner en práctica lo que contiene. Si estás dentro de una tradición, ésta parece un gran y sensato apoyo; si estás fuera, puede parecer fácilmente irracional y opresiva. En uno u otro caso, tendemos a verla como algo fundamentalmente inerte que existe fuera de nosotros y que podemos utilizar como queramos.Pero una tradición no es un almacén de normas establecidas. A diferencia de los objetos susceptibles de ser almacenados, una tradición sólo vive en las personas que participan en ella y la transmiten, es decir, en nosotros.

martes, 28 de abril de 2026

Tránsito de la vida a la muerte

Antonio de Gregorio Rocasolano
Antonio de Gregorio Rocasolano (1873-1941), catedrático de Química general de la Universidad de Zaragoza,Einstein visitó su Laboratorio de Investigaciones Bioquímicas cuando vino a España en 1923. Sus creencias católicas se ponen de manifiesto en el libro De la vida a la muerte, en cuyo prólogo comenta que “al estudiar el desarrollo de la vida y el tránsito de la vida a la muerte, surge el impulso religioso que no puede disimularse cuando se medita sobre estas ideas. Es cierto que esta inclinación religiosa origina algunas concepciones fantásticas; pero quien se oriente tomando como guía la Revelación y las enseñanzas del Creador, que quiso hacerse hombre para que pudiéramos comprenderle, queda libre de fantasías inútiles y de vacilaciones perturbadoras de la serenidad espiritual que precisa para interpretar los hechos experimentales que aparecen en el Laboratorio de Química cuando se estudian sin pasión estos problemas biológicos. En el momento actual los eclecticismos doctrinales, las medias tintas, han desaparecido, y en el continuo batallar que es la vida del hombre sobre la tierra, solo quedan en pie, cual gladiadores en plena lucha, la tradición espiritualista de la Iglesia Católica, con toda su fecundidad, difundiendo por el mundo el amor a Dios y al prójimo que enaltece la vida y nos prepara otra mejor, y el materialismo ateo bárbaramente lógico cuando actúa, porque si para el hombre, como para las fieras, no hay más vida que la presente, debe vivir como mejor pueda, aunque para conseguirlo tenga que atropellar todo usando de armas traidoras para derribar eso que sus sabios dirigentes llaman convencionalismos crueles, es decir, cuanto constituye el firme cimiento de la civilización cristiana”.


jueves, 19 de marzo de 2026

La integración europea

La esencia de los procesos que acompañan a la integración europea ha sido descrita por Juan Pablo II en su intervención del 5 de abril de 2001, cuando habló de la construcción de la patria común que no será solo un producto de intereses económicos, sino una comunidad de valores, tradiciones e ideales. En la historia de Europa se han integrado el “personalísmo”, tomado del judaísmo, que acentúa la personalidad de cada persona humana; el sentido romano del Estado de derecho; la valoración griega de la reflexión racional; así como la llamada peculiar del Cristianismo al amor y la fraternidad universal. La unión de estos elementos ha conducido a aquella integración axiológica cuyo peso no puede ignorarse en las aspiraciones a la integración europea.
Las protestas de los trabajadores, inspiradas en el mensaje de la “Solidarnósc” polaca, no tenían solo, ni principalmente, un carácter económico. Su motivación más profunda lo constituía la atención a los derechos del hombre. La doctrina diamante de esta verdad constituye un importante elemento de la herencia cultural de Europa, en cuyo desarrollo tuvo un influjo esencial la tesis judeo-cristiana de la imagen de Dios en el hombre.
En el desarrollo de la cultura europea han tenso un gran papel la poesía y la filosofía, la matemática y el arte, la teología y la mística. La ciencia moderna, de la que siguen siendo símbolo los “Principia” de Newton, nació en el continente europeo. Y en este mismo continente se desarrollaron las iniciativas evangélicas, cuya regla de amor al prójimo se contrapuso de modo radical a las aspiraciones hacia nuevas conquistas. No podemos separarnos de esa tradición para acoger un modelo de hombre unidimensional, sujeto a la ley de la oferta y la demanda. De hecho, esto significaría la deshumanización, en la cual, el hombre es tratado no como persona humana, sino solamente como consumidor, como productos o como “demandante” servido por instituciones burocratizadas.
El fundamento de la unidad europea no puede ser la fe en una fuerza mágica de las instituciones. Tal fundamento hay que buscarlo en una comunidad espiritual radicada en los valores del Evangelio. No se puede derribar las piedras del muro de Berlín para construir una Torre de Babel modernizada, a la que faltasen los cimientos axiológicos que constituyen la esencia de la tradición europea, escribe Jósef Miroslav Zycinski (filósofo, publicista polaco y arzobispo católico).

martes, 17 de marzo de 2026

Los alumnos de hoy estudian más años, cuestan más a la sociedad, pero aprenden menos

Los que dirigen la formación de los jóvenes no intentan establecer lazos de solidaridad entre éstos y la sociedad, sino que quieren formar jóvenes que sientan urgencia de cambiar la sociedad. En otras palabras, desde una institución como la escuela, que es para todos, los pedagogistas actúan según su agenda política, aunque no sea el ideal apoyado por la mayoría de los votantes. Lejos de desempeñar una función neutra y al servicio de los padres, de los alumnos y de la sociedad, los están utilizando para sus propios fines. Así es como la libertad y no el conocimiento se ha convertido en el valor clave de la escuela. Supuestamente, se incrementaría la libertad al destruir la cultura, una idea anarquista. Hay quienes alaban el caos por ver en él posibilidades creativas. Este nuevo “régimen” fue introducido en la escuela sin haberse comprobado de antemano cuáles serían sus resultados, involucrando a la sociedad en un experimento de laboratorio a escala gigantesca para el que no existe ningún tipo de seguridad. Los alumnos de hoy estudian más años, cuestan más a la sociedad, pero aprenden menos. Esto no parece importarles a los pedagogistas, que simplemente niegan los hechos diciendo que los alumnos no habrían aprendido menos sino otras cosas. Lo fraudulento es que no exista el modo de medir estas “otras cosas” y que, por lo mismo, se trata de afirmaciones gratuitas. Después de vaciar a la escuela de su tradición, se abren las puertas al capricho, a la moda, a la comunicación, a lo lúdico, en fin, a cualquier cosa que no requiera el largo aprendizaje previo característico de la cultura. ¿A qué otras cosas supuestamente aprendidas por los alumnos se refieren los que quieren desarrollar la educación? Todos mencionan lo mismo, usar un buscador en internet, saber imprimir un texto en una impresora y no tener miedo a cuestionar los contenidos curriculares. A esto último se lo denomina “haber adquirido pensamiento crítico”. 
Lo moderno se presenta como libre, abierto, sin límites, creativo, lo que se traduce en la práctica como “todo vale”. Cualquier opinión vale lo mismo que las conclusiones de alguien que haya estudiado un campo de conocimientos. En vez de dar énfasis al aprendizaje se desculpabiliza a la ignorancia. La escuela ya no ayuda a los incultos a volverse cultos, sino que les hace creer que son cultos. La diferencia entre el inculto de antes y el de hoy estriba en que el primero sabía que no era culto. Ahora se trata de halagar al inculto. La destrucción de la tradición es la destrucción de la cultura. Si no se enseña a los jóvenes la cultura, deberá volver a hacerse todo desde el principio. Lo que se pretende es empezar desde cero porque así todos los jóvenes quedarían al mismo nivel, precisamente ese nivel cero.

Referencia:Repensar la educación de Inger Enkvist, pedagoga sueca, fue catedrática en la Universidad de Lund

sábado, 13 de diciembre de 2025

Actualmente los derechos humanos socavan los bienes comunes


Grégor Puppinck, doctor en Derecho, especialista en derechos humanos, derecho internacional y derecho de familia afirma que “para redactar una Declaración Universal de los Derechos Humanos, como se hizo en 1948, es necesario ponerse de acuerdo sobre lo que es digno de protección en el hombre y, por lo tanto, sobre lo que es el hombre. No hay derechos humanos sin una antropología subyacente. Sin embargo, según se considere al hombre según la tradición gnóstica o cristiana, se adopta una visión diferente de sus derechos. En 1948, la Declaración Universal no hizo una elección explícita a favor de ninguna de las dos antropologías; a medida que la sociedad se volvió atea, la antropología gnóstica se fue imponiendo gradualmente en detrimento de la otra.
Los derechos humanos así entendidos deberían llamarse los derechos del individuo contra todos, porque funcionan según el principio liberal e individualista de la primacía del bien particular sobre el bien común. Su propósito es defender por principio la libertad individual indeterminada contra los obstáculos sociales. Estos obstáculos son cualquier cosa que limite la capacidad de los individuos para actuar desde el exterior; no solo los reglamentos públicos y su aplicación por las autoridades, sino también las normas religiosas, sociales y culturales. La familia, con las normas sociales que la definen, se considera el primer impedimento a la libertad individual porque educa y, por tanto, condiciona a la persona.
Desde el punto de vista del juez de derechos humanos, los bienes comunes como la cultura, la salud y la seguridad se analizan de manera negativa, como un límite ilegítimo a la libertad individual. Por ello, actualmente los derechos humanos socavan los bienes comunes y no son capaces de protegerlos como bienes en sí mismos.


sábado, 1 de noviembre de 2025

Leer


“Leer a Shakespeare nos muestra a las personas que nos rodean tal y como son, que es mucho más de lo que percibimos de primeras. Otros grandes libros, también, nos introducen en un mundo oculto que está a nuestro alrededor, mostrándonos esa vasta parte del mundo que está escondida.”
 
“Los grandes libros son como un bosque y cuando se está en un bosque la mente tiende a llenarlo de criaturas míticas. Los grandes libros son diferentes de la psicología, la economía, los negocios y otros tipos de conocimiento a los que la gente recurre hoy en día. A diferencia de esas materias, la tradición literaria e intelectual occidental ofrece una sabiduría que no reduce a las personas a explicaciones. Al contrario, cada explicación amplía nuestro sentido de lo que necesitamos aprender, de modo que la lectura de estos libros combina extrañamente la emoción de un nuevo conocimiento con la emoción de la humildad, de ver lo mucho que queda por saber.Antes que nada, pues, una tradición viva restaura el asombro en el mundo. Pero es práctica además de imaginativa, una tradición nos permite hacer cosas”, escribe William Gonch.


domingo, 5 de octubre de 2025

La verdad moral objetiva existe y es universal

Existe un desprecio por la tradición, una incapacidad por comprender las experiencias de nuestros antepasados como el resultado de generaciones que han aceptado las leyes que gobiernan nuestra existencia. La noción que esas tradiciones que son sagradas suministraba a la antigua Grecia una fuente constante de creatividad. Los griegos eran incansables intelectual y políticamente, y no conocían limites en este sentido, salvo lo que les marcaba su sentido de la belleza y del orden de todas las cosas. Tal devoción les ayudaba a protegerse  contra el absurdo de que lo “bueno” es cualquier cosa que la mayoría desee. 
La idea de que el bien y el mal son una invención social, meras convenciones, no es nueva. Porque no solo la verdad es eterna, junto a ella también cabalga la mentira.El hombre necesita la sabiduría, pero compra estupidez. La verdad moral objetiva existe y es universal.

Referencia: Guía políticamente incorrecta de la civilización occidental. José Javier Esparza y Anthony Esolen 

domingo, 28 de septiembre de 2025

Quien no abraza la sabiduría del pasado en tiempos de crisis, la única opción que queda es intentar destruir el presente

John Ronald Reuel Tolkien
Para Tolkien lo más importante que una persona educada puede hacer es entender qué tienen que enseñarnos los grandes pensadores del pasado acerca del la estructura moral del universo. Si nos abrazamos a la tradición, encontraremos la sabiduría para sobrevivir en la actualidad. Tolkien clamaba por un retorno a la tradición. Durante el medio siglo en el que la tecnología pasó de los hermanos Wright a la bomba atómica, Tolkien insistió en que valores más antiguos todavía podían marcar la diferencia en el mundo real.
Filósofos y estudiosos de la cultura siguen debatiendo la mejor forma de definir el modernismo, la mayoría coincide en que la etiqueta hace alusión a una amplia variedad de ideas y perspectivas que se aunaron en una especie de estado de ánimo, un sentimiento de que nada es permanente. Como escribe Marshall Berman, la modernidad “es una unidad paradójica, la unidad de la desunión; nos arroja a todos en una vorágine de perpetua desintegración y renovación, de lucha y contradicción, de ambigüedad y angustia. Ser modernos es formar parte de un universo en el que, como dijo Marx, todo lo sólido se desvanece en el aire”.Esto es, experimentamos lo moderno como la pérdida de las instituciones y filosofías que antes nos guiaban. Esto significa que las viejas certezas han desaparecido. Algunos estudiosos consideran que el período moderno nace plenamente con el final de la Primera Guerra Mundial, cuando buena parte de Europa se encontraba destruida y muchísimos supervivientes empezaban a preguntarse conmocionados por qué las principales civilizaciones del mundo habían ido a la guerra. Otros consideran que sus orígenes se remontan hasta el Renacimiento, cuando Europa redescubrió la filosofía griega y romana y la Iglesia católica perdió su dominio como marco intelectual de referencia.
Muchos observadores entienden el modernismo como el rechazo extremo de los valores tradicionales. Independientemente de los desacuerdos que pudieran existir entre ellos, los principales pensadores modernos compartían el sentimiento de que las generaciones pasadas se habían equivocado en sus respuestas a la mayoría de las grandes preguntas. Una manifestación de ese sentimiento moderno es la declaración de Karl Marx de que la lucha de clases es el único motor significativo de la historia; otra, la insistencia de Sigmund Freud en que todo gira alrededor del instinto sexual. Ambas formas de ver el mundo insistían en que las explicaciones tradicionales de la actividad humana, las emanadas de la religión o la filosofía clásica, no simplemente eran erróneas sino que se habían agotado. El filósofo Friedrich Nietzsche expresó esto de forma sucinta en su famosa declaración de que Dios ha muerto. En el mundo moderno, lo nuevo era casi siempre mejor que lo viejo y lo tradicional. Las ideas que carecían de una base científica sencillamente no tenían ya cabida, y para muchos pensadores de relieve la religión y la filosofía tradicionales pasaron a ser poco más que supersticiones.
Tolkien dirá que quien no abraza la sabiduría del pasado en tiempos de crisis, la única opción que queda es intentar destruir el presente.

martes, 23 de septiembre de 2025

Una trágica ilusión pretender hacer coexistir en un mismo país a comunidades que tienen civilizaciones diferentes

A cada pueblo, su personalidad cultural; a cada cultura, sus valores morales, sus tradiciones políticas y sus normas de comportamiento. Desde hace poco, esta concepción ya no es privativa de los pueblos del Tercer Mundo en lucha contra la supremacía occidental. La suscribe también la fracción de la opinión pública que denuncia la invasión progresiva de Europa por los oriundos de los países subdesarrollados. Para la nueva derecha, actualmente los indígenas son los habitantes del Viejo Continente y los colonos son los millones de hombres que, de acuerdo con la profecía de Houari Boumedienne, abandonan “las partes meridionales pobres del mundo para irrumpir en los espacios relativamente accesibles del hemisferio Norte en busca de la propia supervivencia”. Colonos famélicos sin duda, pero que, con su afluencia masiva, estarían a punto de sumergir y de despersonalizar a los pueblos europeos.
Escribía Michel Poniatowski (Paris-Match, 8 noviembre 1985) que “es una trágica ilusión pretender hacer coexistir en un mismo país a comunidades que tienen civilizaciones diferentes. En tal caso, el conflicto es inevitable. Los grandes conflictos no son conflictos de raza, sino de creencias y de cultura”.

viernes, 22 de agosto de 2025

La fuente de nuestro conocimiento más importante es la tradición

Tanto cuantitativa como cualitativamente, la fuente de nuestro conocimiento que es, con mucho, la más importante es la tradición. La mayor parte de las cosas que sabemos la hemos aprendido por el ejemplo, porque nos las han dicho, por la lectura de libros, porque hemos aprendido a criticar, a recibir y aceptar la crítica, a respetar la verdad. El hecho de que, en su mayor parte, las fuentes de nuestro conocimiento sean tradicionales, condena el antitradicionalismo como fútil. Pero no se debe aducir este hecho para defender una actitud tradicionalista, toda parte de nuestro conocimiento tradicional (y hasta de nuestro conocimiento innato) es susceptible de examen crítico y puede ser abandonada. Sin embargo, sin la tradición el conocimiento sería imposible. El conocimiento no puede partir de la nada ni tampoco de la observación. El avance del conocimiento consiste, principalmente, en la modificación del conocimiento anterior. Aunque a veces podemos avanzar gracias a una observación casual, por ejemplo en arqueología, la significación del descubrimiento habitualmente depende de su capacidad de modificar nuestras teorías anteriores, escribe el filósofo Karl R. Popper.

domingo, 17 de agosto de 2025

El interés por la espiritualidad está aumentando entre los jóvenes de todo el mundo

El interés por la espiritualidad está aumentando entre los jóvenes de todo el mundo; este es uno de los resultados de una encuesta realizada por Footprints Group. "Jóvenes: expectativas, ideales, creencias" realizada por la Pontificia Universidad de la Santa Cruz de Roma, junto con otras siete universidades de todo el mundo y el instituto demoscópico español GAD3. Surge una tendencia hasta ahora ausente en otros estudios, se trata de la presencia minoritaria pero significativa de católicos "por convicción", que viven su fe con autenticidad y que sustituye a la religión "sociocultural", es decir, la que se vive por mera tradición. Esta tendencia está experimentado más fuerza en países que llevan años en medio de un proceso de descristianización, como España e Italia.
Otros datos de la encuesta muestran la oposición de los jóvenes por motivos morales a la guerra (65%) y a la pena de muerte (54%). La corrupción política y los problemas ecológicos son denunciados por cerca del 90% de la muestra, mientras que el 76% considera que la Iglesia es una institución que contribuye al bien de la sociedad. En cuanto a la moral sexual, los jóvenes perciben la pornografía como un amenaza para una relación sana (el 74% está de acuerdo o muy de acuerdo con esta afirmación). Por otro lado sólo el 40% cree que la anticoncepción altera la calidad de la intimidad en la pareja. 

domingo, 27 de julio de 2025

La más importante fuente de nuestro conocimiento es la tradición

Tanto cuantitativa como cualitativamente, la fuente de nuestro conocimiento que es, con mucho, la más importante es la tradición. La mayor parte de las cosas que sabemos la hemos aprendido por el ejemplo, porque nos las han dicho, por la lectura de libros, porque hemos aprendido a criticar, a recibir y aceptar la crítica, a respetar la verdad. El hecho de que, en su mayor parte, las fuentes de nuestro conocimiento sean tradicionales, condena el antitradicionalismo como fútil. Pero no se debe aducir este hecho para defender una actitud tradicionalista, toda parte de nuestro conocimiento tradicional (y hasta de nuestro conocimiento innato) es susceptible de examen crítico y puede ser abandonada. Sin embargo, sin la tradición el conocimiento sería imposible. El conocimiento no puede partir de la nada ni tampoco de la observación. El avance del conocimiento consiste, principalmente, en la modificación del conocimiento anterior. Aunque a veces podemos avanzar gracias a una observación casual, por ejemplo en arqueología, la significación del descubrimiento habitualmente depende de su capacidad de modificar nuestras teorías anteriores, escribe el filósofo Karl R. Popper.

miércoles, 23 de julio de 2025

Patria

José de Espronceda escribe que “cuando los pueblos tienden la vista por la inmensa hoja del tiempo y leen en ella su origen, que la antigüedad ennoblece, sus primeros esfuerzos, la gloria y las hazañas de sus mayores, su orgullo se excita, su pensamiento se engríe, late satisfecho su corazón y tan generoso sentimiento los impele a grandes hechos y maravillosas empresas”, porque es entonces cuando “el espíritu de nacionalidad que crearon las tradiciones forma una necesidad absoluta de todas las necesidades particulares, y crea, en fin, la palabra mágica Patria”.

martes, 15 de julio de 2025

La fuerza dominante en la creación de una cultura común entre personas que tienen una cultura distinta es la religión

TS Eliot escribe “que la fuerza dominante en la creación de una cultura común entre personas que tienen una cultura distinta es la religión… Me refiero a la tradición común del cristianismo que ha hecho de Europa lo que es, y a los elementos culturales comunes que este cristianismo común ha traído consigo…Es dentro del cristianismo donde se ha desarrollado nuestras artes; es el cristianismo donde se han asentado las raíces de las leyes europeas. Es sobre este telón de fondo del cristianismo como todo nuestro pensamiento cobra significado”.
“Debemos a nuestra herencia cristiana muchas más cosas ademas de la fe religiosa. A través de ella seguimos el rastro de la evolución de nuestras artes; a través de ella poseemos nuestro concepto de Derecho Romano, que tanto ha contribuido a la formación del mundo occidental; a través de ella hemos concebido nuestras ideas de la moral pública y privada. Y a través de ella hemos creado nuestras reglas literarias comunes. La unidad del mundo occidental reside en esta herencia, en el cristianismo y en las antiguas civilizaciones de Grecia, Roma e Israel, hasta donde, en deuda con dos mil años de cristiandad, se remonta nuestra ascendencia…..esta unidad en los elementos comunes culturales, durante muchos siglos, constituye el autentico lazo de unión entre nosotros. Ningún sistema político o económico es capaz de proporcionar esta unidad cultural. Si derrochamos o desperdiciamos nuestro común patrimonio cultural, no habrá sistema ni proyecto capaz de ayudarnos o acercarnos los unos a los otros.”
Eliot hace un llamamiento “a los hombres de letras europeos, que tienen una responsabilidad especial en la preservación y transmisión de nuestra cultura común…debemos al menos intentar salvar algo de esos bienes de los cuales somos coadministradores; el legado de Grecia, Roma e Israel, y el legado de Europa durante dos mil años. En un mundo que ha presenciado tanta desolación material, también los bienes espirituales corren un peligro eminente”.
Russell Kirk escribe que de “una Tierra Baldía gobernada, si es que se puede gobernar, por una élite de aburridos positivistas, conductivas y tecnócratas que ignoran cualquier regla e inspiración que no sean las de su estrecho oficio; un mundo cuyo espíritu se ha empobrecido, y cuya carne es, por ello, fácil de empobrecer…este fantasma acecha detrás de las serenas y admonitorias páginas de Notes towards the definition of culture de TS Eliot.” 

sábado, 10 de mayo de 2025

La libertad que se cierra a una verdad objetiva y común

En la encíclica Evangelium vitae, escrita por el Papa Juan Pablo II en 1995, escribe el papa que “cada vez que la libertad, queriendo emanciparse de cualquier tradición y autoridad, se cierra a las evidencias primarias de una verdad objetiva y común, fundamento de la vida personal y social, la persona acaba por asumir como única e indiscutible referencia para sus propias decisiones no ya la verdad sobre el bien o el mal, sino sólo su opinión subjetiva y mudable o, incluso, su interés egoísta.”

lunes, 3 de marzo de 2025

Rusia es una civilización separada

La ruptura de Rusia casi completa de la colaboración con Europa a partir del comienzo de la guerra de Ucrania impulsa necesariamente el vector asiático de la política exterior y económica rusa. Putin en su intervención ante el Club Valdai el 5 de octubre de 2023 decía que “sin lugar a dudas, el código de civilización de Rusia, como el de Europa, se basa en el cristianismo. Y esto, por supuesto, nos une. Pero no vamos a imponer a Europa nuestra presencia si Europa no quiere aceptarla. No somos nosotros los que cerramos la puerta a la comunicación conjunta, es Europa la que se separa de nosotros y crea un nuevo “telón de acero”, no somos nosotros los que lo creamos, sino los europeos quienes lo crean”.La Rusia de Putin, por razones pragmáticas, está intentando restar peso al vector “europeo” de su identidad, así como potenciar el “vector asiático”. No es tanto una cuestión de ideología como una necesidad práctica. Otra necesidad práctica es la de “sublimar” el aislamiento a que el país se ha visto sometido por la acción diplomática coordinada de Occidente,y lo consigue proclamando que Rusia constituye una “civilización independiente”.
Putin explica que “las principales cualidades de una civilización estatal son la diversidad y la autosuficiencia. Aquí están los dos componentes principales, en mi opinión. El mundo moderno es ajeno a cualquier unificación; cada estado y sociedad quiere desarrollar independientemente su propio camino de desarrollo. Se fundamenta en la cultura y las tradiciones,enraizadas en la geografía,la experiencia histórica, tanto antigua como moderna, y en los valores del pueblo. Se trata de una síntesis compleja, en cuyo proceso surge una comunidad civilizatoria única. Su heterogeneidad y diversidad son la clave de su sostenibilidad y el desarrollo. A lo largo de los siglos, Rusia se ha ido configurando como un país de diferentes culturas, religiones y nacionalidades. La civilización rusa no puede reducirse a un denominador común, pero tampoco puede dividirse, porque solo existe en su integridad, en su riqueza espiritual y cultural. Mantener la fuerte unidad de un Estado así no es una tarea fácil.No se puede imponer desde fuera un sistema estatal verdaderamente eficaz y duradero. Surge naturalmente de las raíces civilizatoria de países y pueblos…Estoy convencido de que la humanidad no avanza hacia la fragmentación en segmentos competitivos, ni hacia una nueva confrontación de bloques, sin importar lo que la motive, ni hacia el universalismo desalmado de una nueva globalización, sino que, por el contrario, el mundo está en camino de una sinergia de estados-civilizaciones, de grandes espacios, de comunidades conscientes de su especificidad.(…)Rusia es, por sí misma, una civilización separada. Hay más de 190 naciones, nacionalidades y grupos étnicos que viven en Rusia, tenemos más de 270 idiomas y dialectos. ¿No es esto una civilización?”.


Referencia: Palacios, José Miguel (2023), “Dugin y Putin”

viernes, 14 de febrero de 2025

El deseo moderno de libertad y autonomía es, a menudo, una defensa infantil contra el miedo al amor y al compromiso

Flannery O'Connor 

Los relatos de O’Connor (Flannery O'Connor fue una escritora católica estadounidense del siglo xx, considerada una de las más importantes de la literatura estadounidense del siglo XX) muestran cómo incluso tradiciones antitéticas pueden combinarse para mostrar algo que ninguna de ellas podría haber revelado por sí sola. Al final de su vida, O'Connor reflexionó mucho sobre Freud y el psicoanálisis, que concibe la religión como una neurosis a gran escala. Freud afirmaba que la religión era un mecanismo de defensa contra los deseos frustrados de agresión, sexo y venganza. Pero O'Connor, mirando el relato freudiano del deseo a través de su visión católica, se preguntó: ¿y si el deseo de Dios fuera un deseo auténticamente básico, tan real como los deseos que Freud estudiaba? En ese caso, la concepción de Freud sobre la religión no es un error o un malentendido. Podría ser el propio mecanismo de defensa de Freud contra su deseo de amor trascendente. En un ensayo, O'Connor sugiere que Freud encontró la idea de Dios tan psicológicamente amenazadora que construyó toda una noción de la religión para evitarla. Y en sus últimos relatos nos muestra a personajes cuya búsqueda de autonomía es una defensa neurótica contra sus propios anhelos de Dios.
O'Connor tuvo una intuición crucial, el deseo moderno de libertad y autonomía es, a menudo, una defensa infantil contra el miedo al amor y al compromiso. Su intuición surgió al probar la lente del psicoanálisis y ver lo que añadía a su visión. No podía provenir únicamente de una lente psicoanalítica, ni únicamente de las tradiciones que ella ya poseía (el catolicismo, la cultura del sur de Estados Unidos, la novela gótica). O'Connor confiaba en sus propias tradiciones más que alguien que las viera como reglas y respuestas que había que repetir. Miró a través de su tradición, viendo el mundo a su luz, y se preguntó cómo podría plasmarse esa visión en el arte. Estar dispuestos a arriesgarnos a combinar nuestras tradiciones con otras visiones es una forma más creativa y emocionante de relacionarnos con ellas, una forma que revelará más de aquello que pueden enseñarnos.

jueves, 9 de enero de 2025

Se está cancelando a pensadores como Aristóteles, Kant, Hume o Locke por hacer comentarios políticamente incorrectos

Douglas Murray nos cuenta que “nuestra época se define ante todo por una cosa; un cambio de civilización que viene fraguándose desde hace años”, cambio que supone un intento de destruir todo lo que ha caracterizado a nuestra cultura occidental como si ésta no hubiese generado más que injusticias y males sin cuento y sin mezcla de bien alguno. “En pocas décadas, la tradición intelectual occidental ha pasado de ser elogiada a convertirse en algo vergonzoso, anacrónico e incluso ignominioso. Su relato ha dejado de ser inspirador y nutricio y ha adquirido tintes infamantes”. Esta guerra contra Occidente supone un ataque simplón e irracional a los mejores frutos de esta cultura que no se reconocen como tales,la ciencia,la libertad de mercado,el pensamiento más rico de la historia humana… “todos los aspectos de la tradición intelectual están bajo ataque. La tradición judeocristiana, que fue la piedra angular de la tradición occidental, se halla especialmente expuesta y denostada; pero también la tradición secular e ilustrada…”. Los jóvenes, indica Murray, son educados en el desprecio a la libertad de pensamiento y expresión y en el rechazo al humanismo, al método científico y a la religión tradicional de occidente.
Se está cancelando en todo Occidente a pensadores como Aristóteles, Kant, Hume o Locke por ser hombres blancos que hicieron en su día comentarios que hoy no serían políticamente correctos en materia de razas. Murray destaca cómo en el fondo de lo que se trata es de atacar sistemáticamente la cultura occidental y su confianza en la razón. El trasfondo sería descalificar la verdad y la capacidad del hombre de acceder a ella, para proclamar la primacía total de las emociones como fuente de certeza y el relativismo más absoluto.Murray resalta cómo esos ataques a los grandes intelectuales del pasado no se extiende a aquellos que se han caracterizado por intentar demoler la cultura occidental como es el caso de Marx o Foucault, a pesar de que uno y otro no están exentos de ideas y actuaciones racistas. Murray resalta la incapacidad de esos críticos de Occidente de ser agradecidos a todos los que, con los errores y prejuicios propios de otras épocas, han construido una sociedad libre y sometida al Derecho y han hecho prosperar las ciencias y las artes y han sabido abrirse a todos los pueblos y civilizaciones ofreciendo lo mejor de occidente y a la vez aprendiendo de los demás.

viernes, 1 de noviembre de 2024

Lo que le interesaba a Confucio era un orden social armónico

Confucio no era tanto un filósofo como un protoideólogo. Lo que le interesaba no eran las verdades metafísicas, sino más bien un orden social armónico, dentro del cual los individuos pudieran llevar vidas felices y éticas. Él fue el primero en bosquejar claramente lo que se tiene la tentación de llamar el escenario elemental de la ideología, su nivel cero, y que consiste en reivindicar la autoridad (sin nombre) de alguna importante tradición. Se hacía referencia a un tiempo original en el que esta tradición todavía reinaba por completo (cuando un rey era realmente un rey, un padre realmente un padre, etc.), en contraste con el periodo actual, que aparecía como el tiempo de la decadencia, de la desintegración de los lazos sociales orgánicos, de la creciente brecha entre las cosas y las palabras, entre los individuos y sus títulos o papeles sociales. No sorprende que Confucio representara sus enseñanzas como lecciones trasmitidas desde la antigüedad. Y el hecho de que sea fácil demostrar lo a menudo que hacía exactamente lo contrario al proponer algo totalmente nuevo (la tradición a la que apelaba era lo que Eric Hobsbawm ha llamado una tradición inventada ) hace que su insistencia en que él era un “transmisor y no un creador” sea aún más sintomática, su referencia a la tradición era una necesaria ilusión estructural. De acuerdo con Confucio, la gente vivía sus vidas dentro de parámetros firmemente establecidos por el Cielo (que, más que un significativo Ser Supremo, designa el orden natural superior de las cosas, con sus ciclos y modelos establecidos). Los hombres son, no obstante, responsables de sus acciones, especialmente de su trato a los otros; podemos hacer poco o nada por alterar nuestro predestinado periodo de existencia, pero determinamos lo que conseguimos y lo que nos hace ser recordados. El Cielo gobierna el universo físico a través del ming, o destino, que está más allá del entendimiento y control humano, y gobierna el universo moral, el universo del comportamiento humano, a través de T’ien ming, o el mandato del Cielo. Este mandato está basado en la idea de que el Cielo está ante todo preocupado por el bienestar de los humanos y de la sociedad humana; para poder alcanzar ese bienestar el Cielo instituye el gobierno y la autoridad. El Cielo da su mandato a una familia o a un individuo para que gobierne sobre otros seres humanos con justicia e imparcialidad; los gobernantes tienen que hacer que el bienestar de su pueblo sea su principal preocupación. Cuando los gobernantes o una dinastía fracasan en gobernar de esta manera, el Cielo acaba con su mandato y se lo otorga a otro.
¿No es el Cielo el nombre chino para el gran Otro? En este sentido, ¿no está el gobierno del Partido Comunista legalizado por el “Mandato del Cielo”, que obliga a los comunistas a gobernar de una manera que haga que el bienestar de su pueblo sea su principal preocupación?
Cuando se le preguntaba sobre los principios de la buena gobernanza, Confucio replicaba: “El buen gobierno consiste en que el gobernante sea un gobernante, el ministro un ministro, el padre un padre, y el hijo un hijo”.