martes, 17 de marzo de 2026

Los alumnos de hoy estudian más años, cuestan más a la sociedad, pero aprenden menos

Los que dirigen la formación de los jóvenes no intentan establecer lazos de solidaridad entre éstos y la sociedad, sino que quieren formar jóvenes que sientan urgencia de cambiar la sociedad. En otras palabras, desde una institución como la escuela, que es para todos, los pedagogistas actúan según su agenda política, aunque no sea el ideal apoyado por la mayoría de los votantes. Lejos de desempeñar una función neutra y al servicio de los padres, de los alumnos y de la sociedad, los están utilizando para sus propios fines. Así es como la libertad y no el conocimiento se ha convertido en el valor clave de la escuela. Supuestamente, se incrementaría la libertad al destruir la cultura, una idea anarquista. Hay quienes alaban el caos por ver en él posibilidades creativas. Este nuevo “régimen” fue introducido en la escuela sin haberse comprobado de antemano cuáles serían sus resultados, involucrando a la sociedad en un experimento de laboratorio a escala gigantesca para el que no existe ningún tipo de seguridad. Los alumnos de hoy estudian más años, cuestan más a la sociedad, pero aprenden menos. Esto no parece importarles a los pedagogistas, que simplemente niegan los hechos diciendo que los alumnos no habrían aprendido menos sino otras cosas. Lo fraudulento es que no exista el modo de medir estas “otras cosas” y que, por lo mismo, se trata de afirmaciones gratuitas. Después de vaciar a la escuela de su tradición, se abren las puertas al capricho, a la moda, a la comunicación, a lo lúdico, en fin, a cualquier cosa que no requiera el largo aprendizaje previo característico de la cultura. ¿A qué otras cosas supuestamente aprendidas por los alumnos se refieren los que quieren desarrollar la educación? Todos mencionan lo mismo, usar un buscador en internet, saber imprimir un texto en una impresora y no tener miedo a cuestionar los contenidos curriculares. A esto último se lo denomina “haber adquirido pensamiento crítico”. 
Lo moderno se presenta como libre, abierto, sin límites, creativo, lo que se traduce en la práctica como “todo vale”. Cualquier opinión vale lo mismo que las conclusiones de alguien que haya estudiado un campo de conocimientos. En vez de dar énfasis al aprendizaje se desculpabiliza a la ignorancia. La escuela ya no ayuda a los incultos a volverse cultos, sino que les hace creer que son cultos. La diferencia entre el inculto de antes y el de hoy estriba en que el primero sabía que no era culto. Ahora se trata de halagar al inculto. La destrucción de la tradición es la destrucción de la cultura. Si no se enseña a los jóvenes la cultura, deberá volver a hacerse todo desde el principio. Lo que se pretende es empezar desde cero porque así todos los jóvenes quedarían al mismo nivel, precisamente ese nivel cero.

Referencia:Repensar la educación de Inger Enkvist, pedagoga sueca, fue catedrática en la Universidad de Lund

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