Josef Anton Bruckner (Ansfelden, 4 de septiembre de 1824-Viena, 11 de octubre de 1896) fue un compositor, profesor y organista austriaco.Se le considera uno de los últimos representantes del Romanticismo austroalemán. Wagner, que admiraba a Bruckner y al que reconocía como su maestro, señaló en sus memorias: “si alguien tiene ideas sinfónicas después de Beethoven, ese es Bruckner”. Organista provinciano, tosco y desaliñado, ha sido rechazado en sus propuestas de matrimonio por las familias de todas las mujeres a las que ha cortejado. Siempre mantuvo en su corazón el anhelo del matrimonio, pero este nunca llegaba. Ante un abismo de frustraciones y rechazos, comenzó a componer un himno de acción de gracias a Dios, pues siempre le había sostenido “la fe sencilla, sólida y genuina que profesó durante toda su vida”, como afirmó de él Benedicto XVI.
En 1884 tuvo que marchar a Leipzig para estrenar su séptima sinfonía, obteniendo un gran triunfo. Esto lo animó a terminar su monumental Te Deum con la dedicatoria A.M.D.G. (Ad Maiorem Dei Gloriam), como recogió Leopold Nowak, “en agradecimiento por haberme sacado a salvo de tanta angustia en Viena”.
Al fin, pudo volver a Viena y allí el Te Deum tuvo tal éxito que hasta el emperador Francisco José le condecoró por ello. Benedicto XVI señaló el sentido de su obra señalando que “Bruckner pidió al buen Dios que le dejara entrar en su misterio, para poder ascender a sus alturas, para alabar al Señor en el Cielo como lo había hecho en la tierra con su música. Te Deum laudamus, Te Dominum confitemur: esta gran obra resume la fe de este gran músico”.
Justo después de una representación del Te Deum en Berlín en 1887, aparecería su última oportunidad de casarse, y en este caso la joven Ida Buhz y su familia lo aceptaron a pesar de la diferencia de edad. Pero durante los preparativos de la boda, Ida rechazó dejar el protestantismo para convertirse al catolicismo, y Bruckner, por fidelidad a la Iglesia, renunció al matrimonio. Moriría solo, acompañado únicamente por un ama de llaves que lo atendía. Su testamento musical, que no logró terminar, fue su novena sinfonía, titulada Dem lieben Gott (Al Dios amado). El 11 de octubre de 1896 falleció, y se cumplió lo que el gran director Bruno Walter aseveraba: “Mahler siempre buscó a Dios, mientras que Bruckner lo había encontrado”. Fue enterrado en la basílica del monasterio de San Florián, donde estudió de joven y cuyo benedictino ora et labora marcó su vida. En su tumba reza la inscripción “Non confundar in aeternum” (“No estaré para siempre perdido”), la línea final del Te Deum.
Al fin, pudo volver a Viena y allí el Te Deum tuvo tal éxito que hasta el emperador Francisco José le condecoró por ello. Benedicto XVI señaló el sentido de su obra señalando que “Bruckner pidió al buen Dios que le dejara entrar en su misterio, para poder ascender a sus alturas, para alabar al Señor en el Cielo como lo había hecho en la tierra con su música. Te Deum laudamus, Te Dominum confitemur: esta gran obra resume la fe de este gran músico”.
Justo después de una representación del Te Deum en Berlín en 1887, aparecería su última oportunidad de casarse, y en este caso la joven Ida Buhz y su familia lo aceptaron a pesar de la diferencia de edad. Pero durante los preparativos de la boda, Ida rechazó dejar el protestantismo para convertirse al catolicismo, y Bruckner, por fidelidad a la Iglesia, renunció al matrimonio. Moriría solo, acompañado únicamente por un ama de llaves que lo atendía. Su testamento musical, que no logró terminar, fue su novena sinfonía, titulada Dem lieben Gott (Al Dios amado). El 11 de octubre de 1896 falleció, y se cumplió lo que el gran director Bruno Walter aseveraba: “Mahler siempre buscó a Dios, mientras que Bruckner lo había encontrado”. Fue enterrado en la basílica del monasterio de San Florián, donde estudió de joven y cuyo benedictino ora et labora marcó su vida. En su tumba reza la inscripción “Non confundar in aeternum” (“No estaré para siempre perdido”), la línea final del Te Deum.

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