Para Alexis de Tocqueville, la democracia no es solo un sistema legal mediante el cual las sociedades se organizan, sino también una cultura y una moral. De ahí que señalase a quienes se aprovechan del descuido de estos aspectos para tratar de destruir la democracia. De esta, nos dijo, hay que ocuparse, pues de lo contrario triunfan los rufianes y corre la sangre. Y ello exige que al pueblo se le instruya, que entienda que el Estado democrático no es una descomunal ventanilla de reclamaciones, sino un proyecto común que exige también sacrificios. “Conocedor de sus verdaderos intereses, escribe, el pueblo comprendería que para aprovechar los bienes de la sociedad hay que someterse a sus cargas”.

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