La humanidad debe encontrar la forma de seguir viviendo en simbiosis con el entorno que le rodea, aprovechando al máximo todos los recursos disponibles para seguir mejorando continuamente su propio bienestar. La humanidad debe adaptares a la evolución de un planeta que en los últimos 50 mil años ha incorporado a sus transformaciones los cambios provocados por la acción humana. La acción del hombre como ajena a la evolución del planeta es un abstraccionismo hermético e irracional que nos devolvería a la lucha entre el bien y el mal, algo de que los sistemas físicos y naturales están al margen.
El clima siempre ha cambiado, desde el origen de la Tierra, y todos los seres vivos se han adaptado a estos cambios o se han extinguido. Si la velocidad del cambio climático se dispara, también debemos acelerar nuestra capacidad de adaptación con medidas inmediatas y concretas que produzcan efectos igualmente rápidos. Es mucho más urgente adaptarse a los cambios y proceder al mismo tiempo con todas aquellas acciones de mitigación que, sin devolvernos a la época preindustrial o reducirnos a la pobreza, nos permitirán salvar gradualmente aquellas toneladas de CO tan criticadas.
Debemos sopesar el bienestar y las condiciones de vida que tenemos hoy frente a las que nos gustaría tener mañana. Porque no convenceremos a nadie de que retroceda, de que renuncie al nivel de prosperidad que ha alcanzado hasta ahora o que pague precios incalculables por los mismos beneficios o incluso por menos. Son muchas las encuestas en que las cuestiones climáticas y temas medioambientales encabezan las procuraciones, pero si les pedimos a los ciudadanos que renuncien al coche, a la calefacción, a Internet y a los viajes en avión, lo rechazarán rotundamente. Y la respuesta será la misma si les pedimos que paguen precios significativamente más altos por estas mismas comodidades. Podríamos tener más éxito planificando un proceso a largo plazo que nos permita seguir aumentando de manera constante el bienestar durante muchos años sin sobrecargar a los ciudadanos.
Son muchos los factores que influyen an la longevidad, y una calificación sitúa a Suiza, Italia, Japón, Islandia y España a la cabeza de la lista de los estados con los ciudadanos más sanos y longevos, lo que pone de relieve que el parámetro que une a todas estas naciones es su riqueza. En los paises pobres, por muy poco contaminados que estén, la gente muere joven. En Papúa Nueva Guinea, uno de los lugares más vírgenes del planeta, la esperanza de vida al nacer es de sesenta y siete años, muy inferior a la que había en Italia en los albores del boom económico.
Debemos sopesar el bienestar y las condiciones de vida que tenemos hoy frente a las que nos gustaría tener mañana. Porque no convenceremos a nadie de que retroceda, de que renuncie al nivel de prosperidad que ha alcanzado hasta ahora o que pague precios incalculables por los mismos beneficios o incluso por menos. Son muchas las encuestas en que las cuestiones climáticas y temas medioambientales encabezan las procuraciones, pero si les pedimos a los ciudadanos que renuncien al coche, a la calefacción, a Internet y a los viajes en avión, lo rechazarán rotundamente. Y la respuesta será la misma si les pedimos que paguen precios significativamente más altos por estas mismas comodidades. Podríamos tener más éxito planificando un proceso a largo plazo que nos permita seguir aumentando de manera constante el bienestar durante muchos años sin sobrecargar a los ciudadanos.
Son muchos los factores que influyen an la longevidad, y una calificación sitúa a Suiza, Italia, Japón, Islandia y España a la cabeza de la lista de los estados con los ciudadanos más sanos y longevos, lo que pone de relieve que el parámetro que une a todas estas naciones es su riqueza. En los paises pobres, por muy poco contaminados que estén, la gente muere joven. En Papúa Nueva Guinea, uno de los lugares más vírgenes del planeta, la esperanza de vida al nacer es de sesenta y siete años, muy inferior a la que había en Italia en los albores del boom económico.
Referencia: El mundo al revés, todos contra todos de Roberto Vannacci

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