En Suiza, las reformas aprobadas por los liberales moderados, cuya fuerza estaba en las ciudades de los cantones protestantes, chocaron con la indómita oposición de las regiones más rurales de la Confederación, en su mayoría católicas. Cuando los liberales aprobaron una Constitución centralista y empezaron a cerrar monasterios católicos, los cantones conservadores reaccionaron formando en 1834 una “liga especial”, el Sonderbund, en clara violación del tratado federal de 1815. Las tropas federales capturaron el bastión del Sonderbund en Friburgo e instalaron un gobierno liberal, que no tardó en expulsar a los jesuitas, como solían hacer los gobiernos liberales y reformistas en todas partes. En la batalla de Gisikon, la última batalla campal en la que se vería envuelto el ejército suizo, murieron treinta y siete soldados, y otros cien resultaron heridos. Por primera vez en la historia militar estuvieron presentes en el campo de batalla ambulancias tiradas por caballos (anticipando la formación de la Cruz Roja), que se encargaron de retirar a los heridos. Ulteriores escaramuzas provocaron la rendición del Sonderbund el 29 de noviembre de 1847. Unas semanas después se aprobó una nueva Constitución más liberal. La guerra civil suiza fue un preludio de los conflictos que habrían de venir en otros rincones de Europa.

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