viernes, 13 de marzo de 2026

Lo que Napoleón decidió contra los cautivos españoles resulta estremecedor

Napoleón
Napoleón decía de si mismo: “Un hombre como yo, es un dios o un diablo”. Metternich ( Coblenza, 15 de mayo de 1773-Viena, 11 de junio de 1859) decía hablando de Napoleón: “Gran Dios, cuántos reproches debe hacerse este hombre que, en un vano sentimiento de falsa gloria, sacrifica la sangre de millones de hombres.¿Como después de contemplar semejante espectáculo no retrocede de horror ante sí mismo?”
Lo que Napoleón decidió contra los cautivos españoles, algunos de ellos héroes tan admirados por sus enemigos como Palafox, resulta estremecedor. Relata un prisionero inglés que tuvo ocasión de verlos: “Lo peor tratados son los españoles, a quienes Napoleón no reconoce el estatuto de beligerantes. Por los caminos de España y de Francia se arrastran sus tristes cortejos. Atados como esclavos en el mercado, medio muertos de hambre y fatiga, sin calzado, los pies desgarrados, se les obliga a avanzar a palos y matan a tiros a los que se retrasan. Los que llegan a Francia mueren de hambre y sufrimiento en los trabajos forzados. Resulta increíble lo que hacen con ellos si enferman y les llevan a un hospital francés; se niegan a tratarles y de cada cien que entran no salen ni dos. No exagero; lo que digo es exacto.”
Las dos personas que más odiaron a Napoleón y que con más entereza lucharon contra él fueron la reina de Prusia y la de Nápoles. María-Carolina, despojada y perseguida por Napoleón con verdadero ensañamiento, acababa de llegar a Viena tras un largo calvario de huidas y fustigaciones, y su reacción ante la presencia en la corte del hijo de Napoleón fue una manifestación de verdadera debilidad por el niño en el que volcó cariño y mimos. La reina de Nápoles falleció poco después.
María-Carolina era una mujer con enormes defectos y también con cualidades notables, fue la única en reprochar a María Luisa haber abandonado a Napoleón en la derrota: “ El puesto de una mujer está con su esposo, mucho más en la desgracia, tu deber es huir y acudir a su lado”. Para entonces María-Carolina era una pobre vieja destronada y ¿quien hace caso de los consejos y admoniciones de un fracasado, cuando la opinión de todos los demás coincide con nuestros deseos?

Referencia: Perfiles humanos de Juan Antonio Vallejo-Nágera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario