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viernes, 14 de febrero de 2025

El deseo moderno de libertad y autonomía es, a menudo, una defensa infantil contra el miedo al amor y al compromiso

Flannery O'Connor 

Los relatos de O’Connor (Flannery O'Connor fue una escritora católica estadounidense del siglo xx, considerada una de las más importantes de la literatura estadounidense del siglo XX) muestran cómo incluso tradiciones antitéticas pueden combinarse para mostrar algo que ninguna de ellas podría haber revelado por sí sola. Al final de su vida, O'Connor reflexionó mucho sobre Freud y el psicoanálisis, que concibe la religión como una neurosis a gran escala. Freud afirmaba que la religión era un mecanismo de defensa contra los deseos frustrados de agresión, sexo y venganza. Pero O'Connor, mirando el relato freudiano del deseo a través de su visión católica, se preguntó: ¿y si el deseo de Dios fuera un deseo auténticamente básico, tan real como los deseos que Freud estudiaba? En ese caso, la concepción de Freud sobre la religión no es un error o un malentendido. Podría ser el propio mecanismo de defensa de Freud contra su deseo de amor trascendente. En un ensayo, O'Connor sugiere que Freud encontró la idea de Dios tan psicológicamente amenazadora que construyó toda una noción de la religión para evitarla. Y en sus últimos relatos nos muestra a personajes cuya búsqueda de autonomía es una defensa neurótica contra sus propios anhelos de Dios.
O'Connor tuvo una intuición crucial, el deseo moderno de libertad y autonomía es, a menudo, una defensa infantil contra el miedo al amor y al compromiso. Su intuición surgió al probar la lente del psicoanálisis y ver lo que añadía a su visión. No podía provenir únicamente de una lente psicoanalítica, ni únicamente de las tradiciones que ella ya poseía (el catolicismo, la cultura del sur de Estados Unidos, la novela gótica). O'Connor confiaba en sus propias tradiciones más que alguien que las viera como reglas y respuestas que había que repetir. Miró a través de su tradición, viendo el mundo a su luz, y se preguntó cómo podría plasmarse esa visión en el arte. Estar dispuestos a arriesgarnos a combinar nuestras tradiciones con otras visiones es una forma más creativa y emocionante de relacionarnos con ellas, una forma que revelará más de aquello que pueden enseñarnos.

viernes, 8 de noviembre de 2024

El uso de la droga es menos una causa que el síntoma de una profunda alteración

Generalmente han reconocido los patólogos y neurólogos que, en la mayor parte de los casos graves, el uso de la droga es menos una causa que el síntoma de una profunda alteración, de un estado de crisis, de neurosis o de algo parecido en el sujeto. Entre muchos otros estas palabras de un especialista, el doctor Laennec, son formales: “En nuestros países la categoría más frecuente de toxicómanos está constituida por neurópatas y psicópatas, para los cuales la droga no constituye un lujo sino el alimento imprescindible vitalmente, la respuesta a la angustia… la toxicomanía parece entonces como un síntoma más que sumar al síndrome neurótico del sujeto, un síntoma, entre otros, una nueva defensa, muy rápidamente la única verdadera defensa”. 
Actuar las drogas y los estupefacientes (entre los que podemos incluir también el alcohol), los que conducen al individuo a una alienación, a una abertura pasiva a estados que le dan la ilusión de una libertad superior, de una embriaguez y una intensidad desconocida de las sensaciones, pero que en realidad tienen un carácter disolvente y que de ninguna manera le “llevan a otro lugar”. Para esperar de experiencias similares un resultado diferente haría falta disponer de un grado excepcional de actividad espiritual y tener una actitud contraria a la de hombre que las busca y las necesita para escapar a tensiones, traumatismos, neurosis, al sentimiento del vacío y de lo absurdo.

sábado, 3 de agosto de 2024

Neurosis sexual

“Las fobias y las neurosis obsesivo-compulsivas son debidas en parte al esfuerzo por evitar la situación en la que surge la ansiedad”.
En las neurosis sexuales este no lucha contra algo, sino por algo, en el sentido de que lucha por el placer sexual, ya sea en forma de potencia u orgasmo. Pero, desafortunadamente, cuanto más se le da vueltas al placer, más pronto desaparecen las ganas. Es decir, el placer se sustrae de su acceso directo. Ello se debe a que el placer no es el propósito real de nuestra conducta ni tampoco un posible objetivo, sino que es más bien un efecto, un efecto secundario que llega por sí solo, siempre que nos abramos a la vida con nuestra autotrascendencia, es decir, siempre que nos entreguemos a otra persona con amor o al servicio de una cosa. Así, el camino de la obtención de placer y la autorrealización sólo se hace a través de la autoentrega y el autoolvido. Quien considere este camino un rodeo, se verá inclinado a elegir un atajo e ir directo al placer, y está comprobado que este atajo es un callejón sin salida. Aquí podemos observar otra vez cómo el paciente vuelve a entrar en un nuevo círculo vicioso. La lucha por el placer, la lucha por la potencia sexual y el orgasmo, el deseo del placer, es decir, una hiperintención forzada del placer no sólo le priva a uno del propio placer, sino que trae también consigo una hiperreflexión igualmente forzada. Uno empieza a observarse durante el acto sexual y, si puede, espía también a la pareja, con lo cual se habrá perdido la espontaneidad.
El mero desprendimiento de la atención de sí misma, de su capacidad o incapacidad con respecto al orgasmo (o sea, una desreflexión) y la entrega imparcial a su marido habían bastado para provocar el orgasmo por primera vez.
Referencia:En el principio era el sentido de Viktor Frankl.


viernes, 27 de agosto de 2021

Placentera seguridad



En los momentos de crisis histórica, cuando la necesidad de elección genera miedos y neurosis, el hombre anhela cambiar las dudas y agonías que provienen de su responsabilidad moral por visiones deterministas, conservadoras o radicales que le ofrezcan “la paz de la prisión, una placentera seguridad y el sentimiento de haber encontrado, al fin, un lugar en el cosmos”, observa Isaiah Berlín, y añade que nunca como hoy ha sido tan poderoso el anhelo de seguridad.

sábado, 17 de abril de 2021

Autotrascendencia y autodistanciamiento


Por la autotrascendencia, de que el hombre vaya siempre más allá de sí mismo. Pero, aparte de esta autotrascendencia, hay aquí una segunda capacidad específicamente humana; la capacidad de autodistanciamiento. El hombre puede apartarse de sí mismo, oponerse a sí mismo, incluso puede enfrentarse a sí mismo si es necesario, y este autoenfrentamiento no tiene por qué ser siempre un ejercicio heroico, sino que también puede producirse de forma irónica. El humor es, por lo tanto, una capacidad específicamente humana, porque presupone que el hombre puede reír, es más, puede reírse de sí mismo, de sus propios temores. Por ejemplo, yo no le digo al paciente “tenga más agorafobia”, sino que le digo: “Qué tal si en lugar del miedo que tiene al infarto y que ha trasladado a la agorafobia, se propusiera pensar lo siguiente: “Hoy saldré y haré que me dé un infarto, uno de miocardio y otro cerebral; saldré y mostraré a la gente de la calle cómo se pueden sufrir diez colapsos seguidos””. Verá usted como el paciente empezará a reír interiormente en ese momento. Con ello se ha ganado un distanciamiento. El paciente ya no es su síntoma, sino que tiene un síntoma; ya no es un neurótico, sino que tiene una neurosis, y puede manipularla, escribe Viktor Frankl en en su libro “En el principio era el sentido”.


Y añade Frankl que el hombre es hombre gracias a la autotrascendencia que supone buscar un sentido; la autotrascendencia tiene como finalidad esta búsqueda. Un animal no se pregunta cuál es el sentido de su existencia. Y gracias a la capacidad de autodistanciamiento, el segundo fenómeno específicamente humano, el hombre puede reírse de sí mismo, distanciarse de sí mismo, hasta el punto de autoparodiarse y, sobre todo, de parodiar a su propia neurosis. La capacidad humana de reír, un animal no puede reír, la capacidad de reírse además de uno mismo, esta capacidad humana de reírse en la propia cara, en la cara de la neurosis, interviene en la intención paradójica de la misma manera que la autotrascendencia, es decir, la búsqueda de un sentido y el efecto saludable y curativo del sentido encontrado.