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martes, 30 de junio de 2026

Los escritores, cineastas, artistas e intelectuales se engañan a sí mismos cuando descuidan la tradición

El filósofo Yuval Harari sostiene que las religiones del mundo, antaño fuerzas de innovación, se han convertido en defensoras del inmovilismo. El Vaticano, escribe Harari, era lo más parecido que la Europa del siglo XII tenía a Silicon Valley. La Iglesia creó las primeras empresas de Europa: los monasterios, lideró la economía europea, inventó la universidad, dio origen a la revolución del tiempo medido con un reloj y es responsable de la noción hasta entonces herética de que todos los humanos son iguales ante Dios, cambiando así las estructuras políticas humanas, las jerarquías sociales e incluso las relaciones de género. Pero hoy, la Iglesia católica hace tiempo que dejó de ser fuerzas creativas para convertirse en fuerzas reactivas. Los científicos inventan nuevas tecnologías, los pensadores sociales progresistas abogan por nuevas formas de vida y los líderes religiosos responden intentando ponerse al día.
Las tradiciones, escribe William Gonch (University of Maryland. Princeton), ya sean religiosas, intelectuales, artísticas o nacionales, suelen ser depósitos de sabiduría, y muchos de nosotros recurrimos a ellas en busca de orientación moral, prácticas religiosas y un sentido de comunidad. Pero hoy en día, incluso aquellos de mentalidad más tradicional, rara vez recurren a ellas en busca de nuevas ideas.El cristianismo, por ejemplo, ha creado numerosas instituciones y patrones de vida social a lo largo de los siglos: universidades, monasterios, hospitales, órdenes mendicantes, gremios, cofradías y mucho más. Llevó a cabo enormes experimentos sociales destinados a alimentar a los hambrientos, a cuidar a los enfermos, a visitar a los presos y a satisfacer otras exigencias de la fe cristiana. Y también transformó la imaginación. La Encarnación reveló el infinito valor de las almas humanas ordinarias y de las acciones cotidianas. Cuando los artistas se enfrentaron a las acciones de Dios y trataron de darles sentido, convirtieron a la gente corriente en protagonistas de sus historias. Del mismo modo, donde un templo antiguo celebraba el triunfo o el sufrimiento de héroes con formas perfectas y musculosas, una vidriera medieval muestra a una mujer corriente dando de comer a los pobres. Tanto en el arte como en la teología, la Iglesia derribó a los poderosos de sus tronos y elevó a los humildes. Esta transformación artística expresó las implicaciones del Evangelio a través de la imaginación de la gente corriente.
Actualmente los escritores, cineastas, artistas e intelectuales se engañan a sí mismos cuando descuidan la tradición, pero es fácil entender por qué muchas de las figuras más creativas de nuestra cultura la ignoran. El problema es que el pensamiento moderno tiende a imaginar las tradiciones como almacenes. Una tradición contiene enseñanzas, prácticas y roles sociales, y nuestra tarea, si formamos parte de ella, es poner en práctica lo que contiene. Si estás dentro de una tradición, ésta parece un gran y sensato apoyo; si estás fuera, puede parecer fácilmente irracional y opresiva. En uno u otro caso, tendemos a verla como algo fundamentalmente inerte que existe fuera de nosotros y que podemos utilizar como queramos.Pero una tradición no es un almacén de normas establecidas. A diferencia de los objetos susceptibles de ser almacenados, una tradición sólo vive en las personas que participan en ella y la transmiten, es decir, en nosotros.

miércoles, 8 de diciembre de 2021

Hoy se emplea mucho poder sin la sanción de la razón ni de la conciencia del que obedece

En el mundo moderno el poder no es, con frecuencia, tan autoritario como parece haberlo sido en otras épocas; ya no parecen tan necesarias las justificaciones de los gobernantes para ejercer su poder. Por lo menos, para muchas de las decisiones de nuestro tiempo, especialmente las de carácter internacional, no ha sido necesaria la persuasión de las masas; el hecho es, sencillamente, un hecho consumado. Además, las ideologías que están a disposición de los poderosos, muchas veces no son admitidas ni empleadas por ellos. Por lo general las ideologías surgen como respuesta a una deposición efectiva del poder. La frecuente ausencia de legitimación persuasiva y el predominio de la apatía de la masa seguramente son dos de los hechos políticos centrales en las sociedades occidentales de hoy, escribe el sociólogo C. Wright Mills.

lunes, 29 de mayo de 2017

¿Es posible comprender?


¿Hasta qué punto es posible comprender el dolor y el amor de otra persona? ¿Cuánto podemos comprender de los que sufren penas, ausencias y opresiones más profundas que las nuestras? Si comprender consiste en poder ponernos en el lugar de alguien distinto, ¿han podido alguna vez comprender los poderosos y los ricos del mundo a los miles de millones de pobres que viven al margen? ¿Hasta qué punto puede el novelista ver la oscuridad de la vida difícil y dolorosa de su amigo el poeta?