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viernes, 3 de mayo de 2024

Es más fácil inventar siniestras intrigas que ser víctima de ellas

Debe de ser más placentero acomodarse en una butaca y escribir historias sensacionales, que sudar la gota gorda toda la vida para reunir el material; más fácil describir la enfermedad y la muerte que combatirlas, o inventar siniestras intrigas que ser víctima de ellas sin previo aviso. Pero ¿por qué no recogen por sí mismos el material esos escritores profesionales? Casi nunca lo hacen. Los novelistas que a toda costa quieren llevar al lector a los bajos fondos, rara vez los frecuentan. Los especializados en la enfermedad y la muerte, raramente pueden ser inducidos a acompañarnos al Hospital donde acaban de despachar a su heroína. Poetas y filósofos que, en sonoros versos y en prosa, saludan como libertadora a la muerte, palidecen a menudo con sólo oír el nombre de ésta su mejor amiga. Es una vieja historia. Leopardi, el más grande poeta de la Italia moderna, que deseaba la muerte en exquisitas rimas desde que era muchacho, fue el primero en huir cuando el cólera apareció en Nápoles. Hasta el gran Montaigne, cuyas serenas meditaciones sobre la muerte bastan para inmortalizarlo, escapó como una liebre cuando surgió la peste en Burdeos. El sombrío viejo Schopenhauer que hizo de la negación de la vida la clave de su sistema, interrumpía siempre toda conversación sobre la muerte, escribe Axel Munthe.

lunes, 18 de septiembre de 2023

Balzac, Dickens y Dostoievski son los grandes novelistas del siglo XIX

Cuando afirmo, escribe Stefan Zweig,que Balzac, Dickens y Dostoievski son los únicos grandes novelistas del siglo XIX, con esta prelación no pretendo en absoluto ignorar la grandeza de ciertas obras de Goethe, Gottfried Keller, Stendhal, Flaubert, Tolstói, Víctor Hugo y otros, algunas de cuyas novelas, tomadas por separado, superan a veces en mucho a las de Balzac y Dickens. Por eso, creo que debo aclarar explícitamente mi profunda y firme convicción de que existe una diferencia entre el autor de una novela y el novelista. Novelista, en el sentido más elevado de la palabra, sólo lo es el genio enciclopédico, el artista universal que construye todo un cosmos, que junto al mundo terrenal crea el suyo propio con sus propios modelos, sus propias leyes de gravitación y su propio firmamento. Impregna tanto con su propio ser cada figura, cada acontecimiento, que no sólo se vuelven típicos para él, sino también meridianos para nosotros, con una fuerza que a menudo nos induce a poner su nombre a hechos y personas, de modo que, por ejemplo, decimos de alguien contemporáneo que es una figura balzaciana, un personaje dickensiano o un carácter dostoievskiano. Cada uno de estos artistas crea una ley de vida, un concepto de la vida, con la plétora de sus figuras, y los destaca con tanta armonía que gracias a él el mundo adopta una nueva forma……Cada uno de estos tres escritores tiene su propia esfera. Balzac, el mundo de la sociedad; Dickens, el mundo de la familia; Dostoievski, el mundo del Uno y del Todo.

domingo, 21 de marzo de 2021

Los novelistas modernos convierten a sus personajes en abstracciones

Evelyn Waugh 

Escribía el novelista británico Evelyn Waugh contestando en un artículo a Edmund Wilson que “ yo creo que a Dios solo se le puede dejar de lado si conviertes a tus personajes en puras abstracciones….los novelistas modernos intentan representar al ser humano en su totalidad, con su alma y su mente, pero mantienen al margen su característica más definitoria, la de ser una criatura de Dios con un fin concreto”.

sábado, 4 de julio de 2020

Ángeles y Miguel Delibes


Angeles Castro y Miguel Delibes.

Esther Tusquets escribe sobre el novelista español Miguel Delibes (1920-2010) que “el pesimismo de Miguel, su irreparable nostalgia, su desacuerdo con la época en que le había correspondido vivir, sus temores y sus obsesiones, quedaban compensados por la vitalidad, el buen humor, el sentido común de Ángeles, su mujer y compañera. Parecía una de esas mujeres que, si el mundo por accidente se parara, sería capaz de ponerlo de nuevo en marcha (que la muerte la parara prematuramente a ella, tan necesaria para los suyos, fue un contrasentido, un despropósito). En ningún momento era a mis ojos tan evidente lo mucho que Ángeles quería a su marido como cuando se burlaba cariñosa de sus preocupaciones y sus manías, se reía de sus temores, banalizaba sus ansiedades. (Era un amor inteligente. De hecho me he preguntado muchas veces si puede existir un verdadero amor que no requiera una considerable dosis de inteligencia)”. 

Esther Tusquets y Miguel Delibes
“Miguel Delibes era lúcido, rápido de mente, recordando cuantos temas surgen en la conversación, interesándose por todo lo que merece interés, pendiente de su familia y sus amigos. Pienso, con envidia, que ha alcanzado ese estadio en que algunas personas están más allá del bien y del mal. Me alegra enormemente saberle tan universalmente querido. Hijos, nietos, parientes, amigos, conocidos, gente que solo sabe de él por su obra, todos le prodigan a chorro cariño, mimo, respeto, cuidados. No creo que casi nadie haya pasado los últimos años de su vida rodeado de tanto amor, tanto genuino amor, de tan, por otra parte, merecido amor”.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

Vio auténtica incertidumbre



La novelista estadounidense Laura Moriarty en su libro “Una acompañante en Nueva York” cuenta la siguiente historia:
“Me gusta follar. A usted quizá no, pero a mí sí. Cora desvió la mirada. Si la muchacha se proponía escandalizarla con su vocabulario, con su despreocupada vulgaridad, lo había conseguido. Y era evidente que le divertía hacerse la mujercita moderna y liberada, dejando atónita y horrorizada a Cora, y a toda su generación. Pero cuando Cora se volvió y miró con severidad el rostro de la muchacha, vio, más que liberación, pura pose y fanfarronería, y debajo de eso una auténtica incertidumbre”.

lunes, 31 de diciembre de 2018

La distancia que separa a un escritor de sus escritos.

Tom Perkins.
El multimillonario estadounidense Tom Perkins, ferviente admirador de Patrick O’Brian, tuvo la idea de mandar una invitación al escritor, en la que le ofrecía, durante quince días por el Mediterráneo, la libre disposición de su espléndido velero, con su capitán y su tripulación. El crucero se hizo, y fue un éxito completo, el exuberante magnate californiano y el escritor iniciaron una amistad que había de durar hasta la muerte. Perkins descubrió con asombro que Patrick O’Brian, maestro de la aventura marítima y poseedor de un tesoro de saber náutico, no tenía absolutamente ninguna experiencia del mar, ni de la vela o de los barcos. 

Patrick O'Brian.
Ahora, después de la muerte del escritor, sus biógrafos no sólo nos han confirmado que no había navegado jamás, sino que han descubierto también que no se llamaba Patrick O’Brian, que se había apropiado de una identidad irlandesa totalmente ficticia, y que al inventarse a sus héroes se inventaba de hecho su propio personaje, para tratar de borrar un pasado cuyo recuerdo le seguía atormentando, dado que se asfixiaba en Londres a causa de un matrimonio desgraciado, se moría de miseria y soñaba con escribir, emprendió la huida a los treinta y cinco años. De repente abandonó a su mujer y a su hijo pequeño, rompió con toda la parentela, los amigos y conocidos. En la soledad de un exilio definitivo, prosiguió las prodigiosas lecturas históricas que iban a permitirle construir su imaginario mundo marino. El pasmo de Perkins ante la ignorancia náutica de su invitado delató la ingenuidad de un industrial cuyas lecturas
se limitan a las cotizaciones de la Bolsa y a los tratados de electrónica. Ningún experto en literatura se asombrará jamás de la distancia que separa a un escritor de sus escritos; por otra parte, no son las hazañas de la vida activa las que producen las grandes obras, sino más bien el fracaso, las penas oscuras, el hastío, la árida insignificancia de los días. Y el genio del novelista reside, como decía Orwell a propósito de D. H. Lawrence, en “la extraordinaria capacidad de conocer por medio de la imaginación lo que no puede ser conocido por medio de la observación”. No obstante, ese saber imaginario del escritor es sobre todo eficaz en la página impresa; al timón de un barco, por el contrario, es de una escasa utilidad.

miércoles, 17 de octubre de 2018

Animalistas.


A los animalistas les ocurre lo que el novelista británico Gilbert Chesterton afirmaba de Lord Yvywood, aquel personaje sin par, político vegetariano, que se movía por las páginas de uno de sus libros La taberna errante: “A lord Yvywood, aseveraba Chesterton, no le interesaban los perros; lo que sí le interesaba era la causa de los perros”.

martes, 7 de noviembre de 2017

En el proceso creador la inteligencia no desempeña más que un papel secundario.


Proust considera que en el proceso creador la inteligencia no desempeña más que un papel secundario. Muchos escritores comparten esta opinión. Colette dijo a Emmanuel Berl: “Es usted demasiado inteligente para ser un buen novelista”. Y Claudel observaba: “La inteligencia no es la cualidad esencial de un artista en mayor medida que la prudencia lo es de un militar”. Lo cual no quiere decir, evidentemente, que para un artista sea más ventajoso ser un imbécil, Proust mismo tenía una inteligencia formidable; pero todos esos escritores saben por experiencia que, en la creación literaria, dice Simon Leys, no es su inteligencia lo
Marcel Proust
que se moviliza, sino más bien su sensibilidad y su imaginación. Lo que importa sobre todo es la inspiración, el “estado de gracia”, la comunicación directa establecida con las fuentes profundas de la memoria y del inconsciente; y para captar esas fuentes a menudo es preferible dar descanso a la inteligencia. Aragon era más inteligente que Eluard, pero Eluard era mejor poeta. La inteligencia no inhibe ese don poético; el don poético simplemente es de otra naturaleza, puede coexistir con una inteligencia mediocre, incluso con una mente confusa.


Henri Michaux dice: “La poesía es un regalo de la naturaleza, una gracia, no un trabajo. La sola ambición de hacer un poema basta para matarlo”. Toda verdadera creación tiene un aspecto extático. Un pintor chino del siglo XVII había adquirido la costumbre de destruir sus pinturas a medida que las acababa, pues era la experiencia espiritual de la ejecución lo que le interesaba, mientras que la obra acabada no era más que el residuo. D. H. Lawrence habló
claramente de esta experiencia: “Esa absorción feliz e intensa en un trabajo que se lleva tan cerca como es posible de la perfección es un estado en el que se está con Dios, y la gente que no lo ha conocido jamás ha orillado la vida”. Sin este éxtasis inspirado, no hay poema. Pero ello entraña un corolario que es subrayado por Jean-François Revel: “El genio poético no solamente es escaso, sino que raras veces se manifiesta en quienes lo poseen”. Los propios poetas se muestran de acuerdo con esto. Ted Hughes estimaba que 
Ted Hughes
incluso los más grandes poetas sólo han escrito tres o cuatro páginas de verdadera poesía, y que el resto es simple versificación. Y Randall Jarrell era más pesimista aún: “Un buen poeta es alguien que, pasando una vida entera en el exterior expuesto a todas las tormentas, consigue hacerse fulminar cuatro o cinco veces por el rayo”. El drama, opina Simon Leys, es que los momentos demasiado breves y demasiado raros en que el artista está “con Dios”, en que el poeta “es fulminado por el rayo”, crean en ellos una inagotable necesidad; y el agotamiento de su inspiración los deja inconsolables. “La recompensa del arte no es ni la gloria, ni el éxito, sino la intoxicación. Y por eso muchos malos artistas son incapaces de renunciar a ella”, decía Cyril Connolly.


lunes, 29 de mayo de 2017

¿Es posible comprender?


¿Hasta qué punto es posible comprender el dolor y el amor de otra persona? ¿Cuánto podemos comprender de los que sufren penas, ausencias y opresiones más profundas que las nuestras? Si comprender consiste en poder ponernos en el lugar de alguien distinto, ¿han podido alguna vez comprender los poderosos y los ricos del mundo a los miles de millones de pobres que viven al margen? ¿Hasta qué punto puede el novelista ver la oscuridad de la vida difícil y dolorosa de su amigo el poeta?